{"id":28210,"date":"2016-10-04T20:08:11","date_gmt":"2016-10-05T01:08:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-1613-20-comentario-por-daniel-salazar\/"},"modified":"2016-10-04T20:08:11","modified_gmt":"2016-10-05T01:08:11","slug":"san-mateo-1613-20-comentario-por-daniel-salazar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-1613-20-comentario-por-daniel-salazar\/","title":{"rendered":"San Mateo 16:13-20 Comentario por Daniel Salazar"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>La distinci&oacute;n de Pedro<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pedro se muestra disconforme con las esperanzas mesi&aacute;nicas de su &eacute;poca <\/strong><\/p>\n<p>A diferencia de lo que sucede en los pasajes paralelos de Marcos 8:27-30 y Lucas 9:18-20, en el evangelio seg&uacute;n San Mateo Jes&uacute;s no les pregunta a sus disc&iacute;pulos qui&eacute;n dec&iacute;an los hombres o la gente que era &eacute;l, sino: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n dicen los hombres que es el Hijo del hombre?&rdquo; De todas maneras los disc&iacute;pulos interpretan que Jes&uacute;s se est&aacute; refiriendo a s&iacute; mismo. Todos y todas, tanto las masas como la &eacute;lite, conoc&iacute;an las profec&iacute;as mesi&aacute;nicas, y Jes&uacute;s era objeto de interpretaci&oacute;n teol&oacute;gica por parte de la gente. La gente asociaba a Jes&uacute;s con sus esperanzas mesi&aacute;nicas. Las obras de este hombre singular que era Jes&uacute;s desafiaban la sensibilidad hermen&eacute;utica de sus contempor&aacute;neos, pero las respuestas aluden a un personaje del pasado. Se identifica y define a Jes&uacute;s por los muertos memorables. Los &ldquo;hombres&rdquo; (v. 13), es decir, aquellos que no conviv&iacute;an con Jes&uacute;s, ten&iacute;an distintas opiniones: unos dec&iacute;an que era Juan el Bautista; otros, que era El&iacute;as; y otros, que era Jerem&iacute;as o algunos de los profetas (v. 14). Y estas respuestas estaban dentro los esquemas tradicionales (de reencarnaci&oacute;n) usuales y consabidos de la &eacute;poca. Pero no reflejaban el sentir m&aacute;s profundo de quienes conviv&iacute;an con Jes&uacute;s. Este es el caso de Pedro.<\/p>\n<p><strong>Pedro rompe con las consabidas interpretaciones teol&oacute;gicas de su tiempo<\/strong><\/p>\n<p>&ldquo;Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?&rdquo; (v.15). El giro de la pregunta de Jes&uacute;s es tan inesperado como el sentido de la misma. A Jes&uacute;s ahora le importa saber la opini&oacute;n de aquellos\/as que lo conocen, o por lo menos, que conviven con &eacute;l, y les ha dado a entender claramente que se identifica con el &ldquo;Hijo del hombre.&rdquo;<\/p>\n<p>&ldquo;Hijo de hombre&rdquo; es una figura mesi&aacute;nica que aparece en el Antiguo Testamento en Daniel 7:13-14. Por el contexto de Daniel 7 y en especial por lo que dicen los vv. 26-27, &ldquo;hijo de hombre&rdquo; (sin art&iacute;culos determinados) se refiere al pueblo de Israel, que cumplir&aacute; la funci&oacute;n de juez y gobernante en el tiempo en que se instaure el reino de Dios. Pero esta figura hab&iacute;a comenzado a interpretarse en un sentido personal y a atribuirse a una persona en particular con capacidad y potencia para salvar, y as&iacute; lo atestiguan por ejemplo los escritos del libro eti&oacute;pico de Enoc de los a&ntilde;os 37 &ndash; 71 AC.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n Jes&uacute;s entiende al &ldquo;Hijo de hombre&rdquo; de modo individual, y en un acto audaz, se identifica con &eacute;l. Pedro sigue en la l&iacute;nea &ldquo;audaz&rdquo; de Jes&uacute;s y procede a identificar y definir a Jes&uacute;s por Jes&uacute;s mismo. Para Pedro, la identidad de Jes&uacute;s no se explica por la reencarnaci&oacute;n de los grandes personajes del Antiguo Testamento, por m&aacute;s nobles y significativos que hubieran sido para la fe de Israel. La persona de Jes&uacute;s exig&iacute;a una nueva identidad que no se dejara atrapar por los perfiles de los h&eacute;roes de la fe jud&iacute;a: El&iacute;as, Jerem&iacute;as, Juan el Bautista, etc. Identificar a Jes&uacute;s implicaba abandonar las viejas estructuras mesi&aacute;nicas y atreverse a crear otras. La persona de Jes&uacute;s exig&iacute;a de sus seguidores pasos in&eacute;ditos y audaces. Una definici&oacute;n que rompiera con los c&aacute;nones sociales, con los estereotipos de esperanza mesi&aacute;nica, que tanto fariseos como saduceos, antes de la aparici&oacute;n de Jes&uacute;s, se hab&iacute;an encargado de volver inocuos para que no constituyeran un desaf&iacute;o para el <em>statu quo<\/em> y su posici&oacute;n de poder en la sociedad.<\/p>\n<p>Es Pedro quien brinda una definici&oacute;n atrevida y audaz. Para Pedro, Jes&uacute;s es &ldquo;el Cristo,&rdquo; o sea, el Ungido de Dios, pero da un paso m&aacute;s. Ninguna de las interpretaciones personales del &ldquo;Hijo de hombre&rdquo; entonces conocidas le atribu&iacute;a una naturaleza o esencia divina. Pedro, en cambio, ve en Jes&uacute;s al &ldquo;Hijo del Dios viviente.&rdquo; No solamente la convivencia con Jes&uacute;s, sino ante todo, la audacia de Jes&uacute;s de identificarse con el &ldquo;Hijo de Hombre,&rdquo; lleva a sus disc&iacute;pulos, y en especial a Pedro, a dar este paso in&eacute;dito, que implica dejar de lado la calma y tranquilidad que se establec&iacute;a con los conocidos y esperados mes&iacute;as, tanto por los l&iacute;deres religiosos, como por el pueblo. La respuesta de Pedro deja traslucir, y es comprensible, el estado emotivo de los disc&iacute;pulos: una mezcla de satisfacci&oacute;n y expectativa con un fuerte grado de incertidumbre respecto de lo que pod&iacute;a ocurrir de ah&iacute; en m&aacute;s.<\/p>\n<p>A diferencia de lo que sucede en los pasajes paralelos de los otros evangelios sin&oacute;pticos, el evangelista Mateo, en estos pocos vers&iacute;culos, nos muestra el &ldquo;proceso psicol&oacute;gico&rdquo; por el que pasan los disc&iacute;pulos, a partir de la identificaci&oacute;n de Jes&uacute;s con el &ldquo;Hijo del hombre,&rdquo; y hasta que logran concebir la idea de Jes&uacute;s como &ldquo;el Cristo, el Hijo del Dios viviente.&rdquo;<\/p>\n<p><strong>Pedro cree en el factor humano <\/strong><\/p>\n<p>La revelaci&oacute;n de la identidad de Jes&uacute;s no viene por los mecanismos religiosos establecidos por el <em>statu quo. <\/em>No viene por medio de una acertada disertaci&oacute;n religiosa de los sacerdotes ni de una doctrina establecida por los escribas o los int&eacute;rpretes de la ley. Tampoco nos llega por medio de movimientos sociales, pol&iacute;ticos, culturales, o de otro tipo. La revelaci&oacute;n de la identidad de Jes&uacute;s surge, casi de manera espont&aacute;nea, de lo m&aacute;s profundo del coraz&oacute;n de un ser humano. A Pedro se le &ldquo;ocurri&oacute;&rdquo; esta idea, y Jes&uacute;s pudo identificar la verdad y la procedencia de la misma. Pedro se dej&oacute; llevar por su impulso e hizo su declaraci&oacute;n. Pedro busc&oacute; en su interior, en lo m&aacute;s profundo de su ser; busc&oacute; en el propio esp&iacute;ritu la respuesta a una situaci&oacute;n que desbordaba los c&aacute;nones de lo considerado normal.<\/p>\n<p>Este tipo de verdad &ndash;revelaci&oacute;n&ndash; no viene por medio de &ldquo;gur&uacute;es&rdquo; ni de esfuerzos religiosos. El Se&ntilde;or se &ldquo;revela&rdquo; en el esp&iacute;ritu inquieto de una persona, cuando en un acto de arrojo se pone a buscar respuestas nuevas a preguntas cuyas respuestas consabidas y aceptadas se han vuelto est&eacute;riles social y espiritualmente. La revelaci&oacute;n es posible en corazones inquietos, insatisfechos, dispuestos a lo in&eacute;dito.<\/p>\n<p><strong>Las condiciones que habilitan para ser el &ldquo;principal&rdquo; de la iglesia <\/strong><\/p>\n<p>Es este paso audaz y atrevido de Pedro, el de no conformarse con las explicaciones consabidas e institucionales, el que Jes&uacute;s valora para se&ntilde;alarlo como el &ldquo;principal&rdquo; de la Iglesia (vv.18-19). Est&aacute; claro que ser &ldquo;principal&rdquo; de la iglesia del Se&ntilde;or no pasa por saber conservar tradiciones, ni por ajustarse a los esquemas teol&oacute;gicos que, entre otras cosas, s&oacute;lo buscan generar seguridad en la conciencia. Pedro rompe los esquemas y sale con una respuesta atrevida. Pedro manifiesta su optimismo en el ser humano, cree en el hombre y en sus posibilidades trascendentes, y ve a Jes&uacute;s &ndash;ser humano&ndash; como &ldquo;el Cristo, el Hijo del Dios viviente.&rdquo; Y precisamente estas son las &ldquo;condiciones&rdquo; de Pedro que llevan al Se&ntilde;or a distinguirlo como el &ldquo;principal&rdquo; de la Iglesia. Su inconformismo y su audacia de dar pasos in&eacute;ditos y transgresores para re-pensar a Jes&uacute;s, lo habilitan para ello.<\/p>\n<p>El &ldquo;principal&rdquo; de la iglesia no es, pues, el que sabe seguir las normas, sino quien es lo suficientemente libre como para hacer, caminando, caminos nuevos cuando los viejos son inoperantes.<\/p>\n<p>El texto termina, en el v. 20, con una nota de prudencia. La audacia y la intrepidez deben saber aguardar su tiempo. La verdad, para ser tal, debe ser dicha a su debido tiempo. &nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La distinci&oacute;n de Pedro Pedro se muestra disconforme con las esperanzas mesi&aacute;nicas de su &eacute;poca A diferencia de lo que sucede en los pasajes paralelos de Marcos 8:27-30 y Lucas 9:18-20, en el evangelio seg&uacute;n San Mateo Jes&uacute;s no les pregunta a sus disc&iacute;pulos qui&eacute;n dec&iacute;an los hombres o la gente que era &eacute;l, sino: &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-1613-20-comentario-por-daniel-salazar\/\" class=\"more-link\">Continue reading<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;San Mateo 16:13-20 Comentario por Daniel Salazar&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-28210","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sermons"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28210","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=28210"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28210\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=28210"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=28210"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=28210"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}