{"id":28220,"date":"2016-10-04T20:08:35","date_gmt":"2016-10-05T01:08:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-171-9-comentario-por-dana-k-nelson\/"},"modified":"2016-10-04T20:08:35","modified_gmt":"2016-10-05T01:08:35","slug":"san-mateo-171-9-comentario-por-dana-k-nelson","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-171-9-comentario-por-dana-k-nelson\/","title":{"rendered":"San Mateo 17:1-9 Comentario por Dana K. Nelson"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Es una historia incre&iacute;ble, &iquest;no?<\/p>\n<p>Tres disc&iacute;pulos estaban con su maestro Jes&uacute;s en un monte alto, y de repente Jes&uacute;s empez&oacute; a brillar. Su rostro resplandeci&oacute; como el sol, sus vestidos se hicieron blancos como la luz, aparecieron profetas a cada lado de &eacute;l, y se oy&oacute; una voz del cielo, la voz de su Padre que dijo: &ldquo;Este es mi hijo amado&rdquo;, o sea, &ldquo;Este es Mi hijo, el Hijo de Dios.&rdquo; Es inexplicable esta experiencia que los tres disc&iacute;pulos tuvieron con su Se&ntilde;or. Una epifan&iacute;a. Una revelaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Pedro nunca, nunca, se olvid&oacute; de lo que pas&oacute;. Cambi&oacute; su vida. Fue un evento muy significativo en su vida. Es evidente porque Pedro escribi&oacute; acerca de lo que sucedi&oacute; en aquella monta&ntilde;a, y mand&oacute; lo que escribi&oacute; a una congregaci&oacute;n, a una congregaci&oacute;n joven para que lo leyera. Encontramos el testimonio de Pedro en la segunda lectura b&iacute;blica para este domingo en 2 Pedro 1:16-21. Fue casi al final de su vida, poco antes de su muerte, que Pedro comparti&oacute; nuevamente su recuerdo de ese momento, de esa epifan&iacute;a, en el monte santo con Jes&uacute;s, y lo hizo para dar esperanza a la congregaci&oacute;n y para fortalecer su fe.<\/p>\n<p>Tomando como base el testimonio que dio Pedro de su experiencia con Jes&uacute;s en el monte santo, el predicador\/la predicadora pueden dar testimonio de su propia experiencia. Se puede meditar sobre una experiencia impactante, personal o comunal, que se haya tenido, y en donde se haya sentido, visto, vivido, la poderosa presencia transformativa de Dios en la vida. Cualquier experiencia de este tipo es una epifan&iacute;a, (o por lo menos una peque&ntilde;a epifan&iacute;a). Y se la puede compartir en un serm&oacute;n para darles a los oyentes esperanza y para fortalecer su fe.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de compartir un breve testimonio, el predicador\/la predicadora puede lanzar preguntas (hipot&eacute;ticas) a los oyentes, por ejemplo: &iquest;Has tenido una experiencia en la que sentiste la presencia de Dios en manera especial? &iquest;Cu&aacute;ndo te sorprendi&oacute; Dios con su gracia? &iquest;Dios te encontr&oacute; en medio de tu vida y se comunic&oacute; contigo? &iquest;Te revel&oacute; algo? O simplemente: &iquest;Cu&aacute;ndo se despert&oacute; en ti la fe? Esos son todos momentos que se pueden designar con la palabra griega <em>kair&oacute;s<\/em>, o sea, momentos decisivos, momentos de Dios, momentos de epifan&iacute;a, momentos de nuestras vidas en que Dios se nos presenta de manera clara. Esos momentos son preciosos regalos de Dios.<\/p>\n<p>Las epifan&iacute;as que hayamos tenido, aun cuando solamente hayan sido breves &ldquo;momentos&rdquo; de revelaci&oacute;n y claridad, son importantes para nuestro peregrinaje en la fe, porque tambi&eacute;n hay tiempos cuando parece que Dios no habla, cuando se siente que Dios est&aacute; muy lejos, o cuando la vida es tan complicada y dif&iacute;cil que no sabemos c&oacute;mo vamos a seguir adelante, o en qu&eacute; direcci&oacute;n debemos ir. Cuando pasamos por esos tiempos en nuestras vidas, tiempos de sequ&iacute;a espiritual, en los que estamos &ldquo;andando en el desierto,&rdquo; es bueno recordar los momentos de epifan&iacute;a que Dios nos ha dado.<\/p>\n<p>La epifan&iacute;a puede ser asombrosa y milagrosa, como la que vivieron Pedro, Juan y Jacobo en el monte alto con Jes&uacute;s brillando y una voz que se escuch&oacute; desde el cielo. O la epifan&iacute;a puede ser algo bien pr&aacute;ctico, como la decisi&oacute;n de responder a un llamado a participar en la misi&oacute;n de Dios en tu comunidad.<\/p>\n<p><strong>Ejemplo de una Epifan&iacute;a Peque&ntilde;a que Sirve para Dar un Testimonio Personal<\/strong><\/p>\n<p>Yo tuve una epifan&iacute;a que nunca olvidar&eacute; a los 14 a&ntilde;os, cuando participaba en un campamento b&iacute;blico para j&oacute;venes y adolescentes. Participar en un retiro o campamento es una linda experiencia que siempre ha llenado mi alma con la presencia de Dios. Pero quiero hablar de un campamento en particular en que pasamos una semana en la naturaleza, con aire limpio, con un lago bonito y azul, con un bosque muy cerquita, leyendo la Biblia, jugando mucho, haciendo dramatizaciones, cantando alabanzas alrededor de una fogata cada noche, creando nuevas amistades, nuevos amigos.<\/p>\n<p>La epifan&iacute;a memorable que experiment&eacute; a los 14 a&ntilde;os en ese campamento fue durante un culto juvenil en un atardecer a la luz del fuego de la fogata, mientras se pon&iacute;a el sol, con bellos colores pintados en el cielo que se reflejaban en el agua del lago. Nuestras voces cantaban alabanzas en armon&iacute;a con las cuerdas de una guitarra, y todo el escenario me puso muy sensible y me abri&oacute; completamente a la presencia directa de Dios, como si no pudiera esconder nada de Dios. La adoraci&oacute;n\/culto\/servicio\/oraci&oacute;n\/meditaci&oacute;n nos ayuda bajar nuestras defensas y a derribar los muros que ponemos entre nosotros y nosotras y Dios, y en el culto del que estoy hablando, me sucedi&oacute; como nunca me hab&iacute;a sucedido hasta entonces. Yo ten&iacute;a un dolor y una carga pesada en mi esp&iacute;ritu por una situaci&oacute;n de conflicto que estaba pasando en mi casa, y durante ese culto debajo de las estrellas y en medio de la bella naturaleza creada por Dios, se desarticularon todas mis defensas, se evapor&oacute; la ilusi&oacute;n de que yo ten&iacute;a el control, y empec&eacute; a llorar.<\/p>\n<p>Dos l&iacute;deres j&oacute;venes se acercaron y me preguntaron en voz baja: &iquest;Qu&eacute; pasa Dana? &ldquo;Es que hay un problema en mi casa,&rdquo; susurr&eacute; para que nadie m&aacute;s me oyera, &ldquo;y ya no s&eacute; qu&eacute; hacer. Es entre mi mam&aacute; y mi hermana. Hay mucho conflicto y me hace llorar. Nada m&aacute;s.&rdquo; Fue lo &uacute;nico que dije. Y cada uno de los l&iacute;deres tom&oacute; una de mis manos y formamos un peque&ntilde;o c&iacute;rculo de tres. Ellos oraron por m&iacute;. Fue una oraci&oacute;n simple, breve y sencilla, en cual entregamos mi problema a Dios; nada m&aacute;s. Pero fue un momento que impact&oacute; mi vida en gran manera. Poder poner mi problema en las manos de Dios fue para m&iacute; en esas circunstancias una revelaci&oacute;n, una epifan&iacute;a.<\/p>\n<p>Tenemos que vivir nuestras vidas cotidianas con los ojos, o&iacute;dos, y mentes abiertos en busca de la luz brillante de Dios, en busca de se&ntilde;ales de su gloria y su reino. A veces la gloria de Dios se nos manifestar&aacute; de una manera llamativa como les sucedi&oacute; a los disc&iacute;pulos en el monte alto con Jes&uacute;s. En aquella circunstancia, la gloria de Dios fue tan brillante y magn&iacute;fica que los disc&iacute;pulos tuvieron que postrarse sobre sus rostros. Este el caso de los hermanos y hermanas en la fe que est&aacute;n convencidos de que Jesucristo mismo los visit&oacute; en un sue&ntilde;o. Pero la gloria de Dios tambi&eacute;n se nos puede manifestar de manera mucho m&aacute;s sencilla, casi escondida, como en un susurro. Es lo que sucede cuando escuchamos o leemos las palabras de Jes&uacute;s &ldquo;Yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as, hasta el fin del mundo&rdquo; (Mateo 28:20b) y sentimos que est&aacute;n dirigidas en forma particular a cada uno de nosotros y nosotras, o cuando cantamos una canci&oacute;n de alabanza que nos gusta y nos llena a rebosar. Cualquiera sea la manera en que Dios se nos manifieste, debemos darle gracias por la oportunidad de sentir un poco de su gloria, y podemos decir, como Pedro a Jes&uacute;s: &ldquo;Se&ntilde;or, bueno es para nosotros que estemos aqu&iacute;&rdquo; (Mateo 17:4).<\/p>\n<p>Los encuentros con Dios son para recordar. Debemos recordarlos porque son sagrados. Porque son regalos preciosos de Dios que nos resucitan, nos sacan de la sequ&iacute;a espiritual del desierto, nos ponen nuevamente en el camino hacia la tierra prometida, y nos hacen creaciones nuevas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es una historia incre&iacute;ble, &iquest;no? Tres disc&iacute;pulos estaban con su maestro Jes&uacute;s en un monte alto, y de repente Jes&uacute;s empez&oacute; a brillar. Su rostro resplandeci&oacute; como el sol, sus vestidos se hicieron blancos como la luz, aparecieron profetas a cada lado de &eacute;l, y se oy&oacute; una voz del cielo, la voz de su &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-171-9-comentario-por-dana-k-nelson\/\" class=\"more-link\">Continue reading<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;San Mateo 17:1-9 Comentario por Dana K. 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