{"id":28230,"date":"2016-10-04T20:08:58","date_gmt":"2016-10-05T01:08:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-1821-35-comentario-por-daniel-salazar\/"},"modified":"2016-10-04T20:08:58","modified_gmt":"2016-10-05T01:08:58","slug":"san-mateo-1821-35-comentario-por-daniel-salazar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-1821-35-comentario-por-daniel-salazar\/","title":{"rendered":"San Mateo 18:21-35 Comentario por Daniel Salazar"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>El perd&oacute;n de coraz&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>Perdonar de coraz&oacute;n ofrece cierta resistencia a ser entendido. &iquest;Qu&eacute; significa? Es una pregunta que el Se&ntilde;or no responde de manera conceptual. La preocupaci&oacute;n de Pedro es cuantitativa y hace dos preguntas al Se&ntilde;or. Primero pregunta: &ldquo;&iquest;cu&aacute;ntas veces perdonar&eacute; a mi hermano que peque contra m&iacute;?&rdquo; (v. 21). Pero Pedro intuye que el Se&ntilde;or tiene algo m&aacute;s que decir al respecto, y de all&iacute; que inmediatamente despu&eacute;s formule la segunda pregunta: &ldquo;&iquest;Hasta siete?&rdquo; (v. 21).<\/p>\n<p>Todo buen jud&iacute;o conoce que el n&uacute;mero &ldquo;7&rdquo; es altamente significativo. Es el n&uacute;mero que simboliza la plenitud de todo cuanto pueda existir. E indica el reposo del Se&ntilde;or. Esto queda asentado desde el inicio mismo del mundo: seg&uacute;n el relato de la creaci&oacute;n de los cielos y la tierra de G&eacute;nesis 1, en seis d&iacute;as hizo las cosas visibles e invisibles, pero el s&eacute;ptimo d&iacute;a es especial pues el Se&ntilde;or entr&oacute; en su &ldquo;reposo.&rdquo; El s&eacute;ptimo d&iacute;a marca una distancia con las cosas creadas, las cuantitativas, que es anticipada mediante la reiteraci&oacute;n de una frase con la misma estructura: &ldquo;Y fue la tarde y la ma&ntilde;ana del primer d&iacute;a&rdquo; (Gn 1:5); &ldquo;y fue la tarde y la ma&ntilde;ana del segundo d&iacute;a&rdquo; (Gn 1:8); etc. El Se&ntilde;or separ&oacute; el d&iacute;a s&eacute;ptimo; lo santific&oacute; dejando de crear cosas materiales. Por eso, la idea es que la persona jud&iacute;a tiene seis d&iacute;as para ocuparse de las cosas materiales, de la cotidianeidad. Y en el d&iacute;a s&eacute;ptimo, es invitada por el Se&ntilde;or a dedicarse a las acciones que buscan la trascendencia.<\/p>\n<p>El Talmud Babil&oacute;nico se&ntilde;ala que se debe perdonar hasta tres veces la misma ofensa del ofensor.<sup>1<\/sup> El ap&oacute;stol Pedro cree superar el desaf&iacute;o cuando pregunta: &ldquo;&iquest;Hasta siete?&rdquo; Jes&uacute;s responde: &ldquo;No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete&rdquo; (v. 22). Y esta respuesta, &ldquo;setenta veces siete,&rdquo; desborda todo lo imaginado. Supone el valor simb&oacute;lico del n&uacute;mero &ldquo;7,&rdquo; pero Jes&uacute;s lo aumenta hasta la exageraci&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;l es el sentido de la respuesta del Se&ntilde;or?<\/p>\n<p>El Maestro procede a contar una par&aacute;bola que da por sentada la cultura esclavista en la que entonces viv&iacute;an sus oyentes. La par&aacute;bola se centra en un funcionario (siervo), que debe a su se&ntilde;or 10.000 talentos (v. 24). Es una deuda impagable. Pero no obstante, el rey, amo y se&ntilde;or, ordena, siguiendo una posibilidad que le daba una ley que reg&iacute;a en la vida real y no s&oacute;lo en el mundo de la par&aacute;bola, que sean vendidos el deudor junto con su mujer e hijos y todo lo que tiene, para que de ese modo se le pague la deuda (v. 25). Su vida ya no le pertenecer&iacute;a; tanto el deudor como su mujer y sus hijos ser&iacute;an esclavos. Ante tal hecho, el siervo se postra y suplica clemencia (v. 26). Tantos son sus gestos y s&uacute;plicas que el amo, &ldquo;movido a misericordia,&rdquo; le perdona toda la deuda, los 10.000 talentos (v. 27).<\/p>\n<p>Pero poco despu&eacute;s, el mismo siervo a quien le es perdonada la millonaria deuda de 10.000 talentos, se encuentra en un caso similar, s&oacute;lo que ahora es &eacute;l quien cumple el rol del amo, y no tiene delante suyo a un siervo, sino a un consiervo que le debe 100 denarios (v. 28). La deuda de 100 denarios no tiene punto de comparaci&oacute;n<sup>2<\/sup> con la deuda de 10.000 talentos que el rey acaba de perdonarle a &eacute;l. Lo &uacute;nico comparable es que el consiervo que le debe 100 denarios suplica y se postra y le ruega exactamente igual a como lo acaba de hacer &eacute;l mismo delante del rey con motivo de su propia deuda de 10.000 talentos (v. 29). Pero el siervo que acaba de ser perdonado por su se&ntilde;or no quiere perdonar ni tener paciencia con su propio deudor y consiervo, sino que lo arroja a la c&aacute;rcel por la reducida deuda de 100 denarios (v. 30). Los dem&aacute;s consiervos, que se entristecen al ver lo que sucede, deciden informan al se&ntilde;or de lo sucedido, y entonces el se&ntilde;or, enojado, manda a llamar al siervo a quien le ha perdonado la deuda de 10.000 talentos, lo recrimina por su actitud, y lo entrega a los verdugos hasta que pague todo lo que debe (vv. 31-34).<\/p>\n<p>El v. 35 nos da la clave de interpretaci&oacute;n. Pedro ha formulado su pregunta inicial interesado quiz&aacute; por dar satisfacci&oacute;n a su impaciencia o intolerancia ante los agravios constantes cometidos por quienes lo rodean. Pedro acepta y cree que debe perdonarse al hermano que ofende. Pero, ante la eventualidad de ofensas constantes o deliberadas por el mismo ofensor, &iquest;c&oacute;mo debe administrarse el perd&oacute;n? Pedro entiende que ante esta eventualidad debe haber, por l&oacute;gica, otro procedimiento. De all&iacute; la pregunta de si hasta siete veces. Y es entonces cuando el Se&ntilde;or responde &ldquo;hasta setenta veces siete,&rdquo;<sup>3<\/sup> y procede despu&eacute;s a narrar la par&aacute;bola para ilustrar su respuesta.<\/p>\n<p>Es un detalle muy significativo el hecho de que en la par&aacute;bola que narra Jes&uacute;s hay un solo se&ntilde;or y todos los dem&aacute;s son siervos del se&ntilde;or y consiervos entre s&iacute;. Uno de los siervos tiene una deuda imposible de pagar, de 10.000 talentos, por m&aacute;s que ese siervo y toda su familia sean esclavos por toda su vida. S&oacute;lo el perd&oacute;n como producto de la misericordia del se&ntilde;or, sin consideraciones cuantitativas de ninguna especie, puede salvarlo. Y el siervo es perdonado. Pero lo que desconcierta es que el siervo perdonado por la misericordia de su se&ntilde;or, no es capaz de mostrar misericordia y perdonar la deuda de su consiervo que es miles de veces inferior a la deuda que le ha sido perdonada a &eacute;l. Al enterarse del acto mezquino y ajeno a toda consideraci&oacute;n de este siervo, el se&ntilde;or con toda raz&oacute;n le pregunta: &ldquo;&iquest;No deb&iacute;as t&uacute; tambi&eacute;n tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?&rdquo; (v. 33). El se&ntilde;or esperaba actos de misericordia por parte del siervo a quien hab&iacute;a perdonado, y no actos de condenaci&oacute;n. Esperaba que el siervo a quien &eacute;l perdon&oacute;, a su vez tambi&eacute;n perdonara a su consiervo.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n nuestro Se&ntilde;or nos demanda misericordia a nosotros y a nosotras. Dios el Padre nos perdon&oacute; en Jesucristo y nos restituy&oacute; a la plena libertad. Esta acci&oacute;n, seg&uacute;n la par&aacute;bola, debiera generar en nosotros y en nosotras capacidad y disposici&oacute;n para realizar acciones liberadoras estimuladas por la misericordia. Acciones de perd&oacute;n sin mediar las especulaciones de orden cuantitativo que surgen en el coraz&oacute;n del hombre por intolerancia o mezquindad. No estamos viviendo un tiempo de juicio intolerante, sino de gracia indulgente. La deuda que nos calificaba como esclavos nos ha sido perdonada por el sacrificio de Jesucristo. Este sacrificio debiera garantizar que, de aqu&iacute; en m&aacute;s, s&oacute;lo realicemos actos rebosantes de humanidad, respeto y perd&oacute;n.<\/p>\n<p>La entrada en el reposo del Se&ntilde;or, dice Hebreos 4, est&aacute; unida a la obediencia al evangelio. Es la entrada en un espacio de amor, perd&oacute;n y libertad, que podemos preludiar y recrear en la historia perdonando &ldquo;hasta setenta veces siete,&rdquo; como nosotros\/as hemos sido perdonados\/as.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><sup>1<\/sup> Albright, William Foxwell, and Christopher Stephen Mann. <em>The Anchor Bible. [Volume 26], Matthew <\/em>(New York: Doubleday &amp; Co, 1971), 222-223.<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> La diferencia entre las deudas es abismal. Un talento equival&iacute;a a un aproximado de 12 &frac12; kilogramos (o 12.500 gramos) de plata. Un denario s&oacute;lo llegaba a 4 gramos de plata. O sea que mientras 100 denarios son 400 gramos de plata, los 10.000 talentos son 125 millones de gramos de plata. Otra manera de decirlo es que la deuda del que deb&iacute;a 10.000 talentos es 31.250.000 veces m&aacute;s grande que la de quien s&oacute;lo debe 100 denarios.<\/p>\n<p><sup>3<\/sup> Puede aludir a la venganza sin l&iacute;mites de Lamec seg&uacute;n Gn 4:24, a la que el Se&ntilde;or contrapone el perd&oacute;n sin l&iacute;mites.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El perd&oacute;n de coraz&oacute;n Perdonar de coraz&oacute;n ofrece cierta resistencia a ser entendido. &iquest;Qu&eacute; significa? Es una pregunta que el Se&ntilde;or no responde de manera conceptual. 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