{"id":28263,"date":"2016-10-04T20:10:31","date_gmt":"2016-10-05T01:10:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-2234-46-comentario-por-yolanda-rosas\/"},"modified":"2016-10-04T20:10:31","modified_gmt":"2016-10-05T01:10:31","slug":"san-mateo-2234-46-comentario-por-yolanda-rosas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-2234-46-comentario-por-yolanda-rosas\/","title":{"rendered":"San Mateo 22:34-46  Comentario por Yolanda Rosas"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>EL M&Aacute;S GRANDE Y EL PRIMER MANDAMIENTO<\/strong><\/p>\n<p>Este texto es parte de la serie de narraciones de conflictos o encuentros de Jes&uacute;s con los l&iacute;deres religiosos de su tiempo que registra Mateo en los cap&iacute;tulos 21 y 22, ocurridos en la semana previa a su muerte.<\/p>\n<p>El cap&iacute;tulo 21 comienza con la entrada de Jes&uacute;s a Jerusal&eacute;n, aclamado por el pueblo como el hijo de David. Le gritaban: &ldquo;&iexcl;Bendito el que viene en el nombre del Se&ntilde;or! &iexcl;Hosana en las alturas!&rdquo; (v. 9). Algunos de los fariseos le pidieron a Jes&uacute;s que callara a sus disc&iacute;pulos (Lc 19:39-40). Les molestaba la alabanza y el honor que recib&iacute;a del pueblo. Otro suceso que caus&oacute; enojo a los l&iacute;deres religiosos fue que Jes&uacute;s entrara en el templo y echara fuera a los que all&iacute; vend&iacute;an y compraban, acus&aacute;ndolos de haber convertido lo que deb&iacute;a ser una casa de oraci&oacute;n en una cueva de ladrones (Mt 21:12-13).<\/p>\n<p><strong>1. La gran pregunta<\/strong><\/p>\n<p>Una vez m&aacute;s los fariseos quisieron tentar a Jes&uacute;s, y uno de ellos, que era int&eacute;rprete de la ley, sabiendo que le estar&iacute;a planteando una cuesti&oacute;n dif&iacute;cil, le pregunt&oacute; cu&aacute;l era el gran mandamiento de la ley (Mt 22:34-36).<\/p>\n<p>Los fariseos, como celosos int&eacute;rpretes de la ley, hab&iacute;an desarrollado una lista de 613 prescripciones, que inclu&iacute;a 365 prohibiciones y 248 obligaciones. Los fariseos se caracterizaban por cumplir los mandamientos de manera literal, y lo mismo demandaban de los dem&aacute;s, convirtiendo el cumplimiento de los mandamientos en algo dif&iacute;cil, pesado y casi imposible. Algunos rabinos ten&iacute;an sus propias ideas acerca de cu&aacute;les eran los mandamientos principales de la ley y as&iacute; lo ense&ntilde;aban. &iquest;Qu&eacute; contestar&iacute;a Jes&uacute;s?<\/p>\n<p>Jes&uacute;s ense&ntilde;a que hay un mandamiento que &ldquo;el primero y grande&rdquo; (v. 38) y otro que es &ldquo;semejante&rdquo; (v. 39). El primero es: &ldquo;Amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n, con toda tu alma y con toda tu mente&rdquo; (v. 37). Y el segundo: &ldquo;Amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo como a ti mismo&rdquo; (v. 39). Dice Jes&uacute;s que &ldquo;de estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas&#8221; (v. 40).<\/p>\n<p>Jes&uacute;s tom&oacute; su primer mandamiento del <em>Shem&aacute; Israel<\/em>, una de las principales plegarias de la religi&oacute;n jud&iacute;a, que los creyentes deben recitar dos veces por d&iacute;a, y que aparece en el Antiguo Testamento en Dt 6:4-5. Y el segundo lo tom&oacute; de Lv 19:18. Entre los eruditos jud&iacute;os contempor&aacute;neos de Jes&uacute;s hab&iacute;a quienes pon&iacute;an a cada una de las 615 prescripciones de la ley en pie de igualdad y a la par. En cambio hab&iacute;a otros, como el int&eacute;rprete de la ley del que nos habla Lc 10:27, que resum&iacute;an la ley en el mandamiento de amar a Dios y amar al pr&oacute;jimo. Jes&uacute;s, con su respuesta, se alinea con el segundo grupo de eruditos jud&iacute;os. Pero hay tambi&eacute;n una diferencia. Jes&uacute;s parece decir que la ley &ldquo;se reduce&rdquo; a la obligaci&oacute;n de amar a Dios y al pr&oacute;jimo. Jes&uacute;s no da por hecho que cada una de las prescripciones de la ley sea reflejo del doble mandamiento del amor, sino que parece insinuar que solamente son v&aacute;lidas las prescripciones que efectivamente sean reflejo del doble mandamiento del amor. Y esto era algo nuevo y sorprendente para los fariseos que fueron a interrogar a Jes&uacute;s.<\/p>\n<p><strong>2. Amar a Dios<\/strong><\/p>\n<p>Dt 6:5, de donde Jes&uacute;s toma su primer mandamiento, dice: &ldquo;Amar&aacute;s a Jehov&aacute;, tu Dios, de todo tu coraz&oacute;n, de toda tu alma y con todas tus fuerzas.&rdquo; El significado es que debemos amar a Dios con la integridad y totalidad de nuestro ser: nuestras emociones, nuestros pensamientos, e incluso nuestras fuerzas f&iacute;sicas. Cabe se&ntilde;alar, sin embargo, que en el enunciado del mandamiento que Mateo pone en boca de Jes&uacute;s dice &ldquo;mente&rdquo; en lugar de &ldquo;fuerzas.&rdquo; El coraz&oacute;n era considerado como el asiento tanto de la voluntad como de la mente, y parecer&iacute;a que el evangelista Mateo a&ntilde;ade la palabra &ldquo;mente&rdquo; para destacar y reforzar el car&aacute;cter &ldquo;consciente&rdquo; del amor a Dios.<\/p>\n<p>El amor a Dios nace del agradecimiento por todo lo que Dios es y ha hecho en nuestras vidas. El amor a Dios se demuestra d&aacute;ndole el primer lugar en nuestras vidas. Sabemos que necesitamos de Dios y de su gracia para vivir, y tenemos que tratar de vivir cada d&iacute;a entreg&aacute;ndonos completamente en sus manos.<\/p>\n<p>Nosotros amamos a Dios porque Dios nos am&oacute; primero (1 Jn 4:19). Dios nos demostr&oacute; su amor poniendo su vida por nosotros y nosotras en Jesucristo (1 Jn 3:16). Porque como dice Jes&uacute;s: &ldquo;Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos&rdquo; (Jn 15:13).<\/p>\n<p>Cabe preguntarnos c&oacute;mo respondemos a ese gran amor de Dios. &iquest;C&oacute;mo podemos acercarnos a Dios?, y &iquest;qu&eacute; podemos darle? Es la pregunta que tambi&eacute;n se hac&iacute;a el profeta Miqueas: &ldquo;&iquest;Con qu&eacute; me presentar&eacute; ante Jehov&aacute; y adorar&eacute; al Dios alt&iacute;simo?&rdquo; (Mi 6:6). Y el mismo Miqueas se respond&iacute;a: &ldquo;Hombre, &eacute;l te ha declarado lo que es bueno, lo que pide Jehov&aacute; de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios&rdquo; (Mi 6:8). Lo que m&aacute;s le agrada a Dios no son los sacrificios ofrecidos como ofrenda seg&uacute;n lo que determina la ley. Dice Samuel: &ldquo;&iquest;Acaso se complace Jehov&aacute; tanto en los holocaustos y sacrificios como en la obediencia a las palabras de Jehov&aacute;? Mejor es obedecer que sacrificar; prestar atenci&oacute;n mejor es que la grasa de los carneros&rdquo; (1 S 15:22).<\/p>\n<p>Pero el cumplimiento de la ley de Dios no es solo vertical y personal; es tambi&eacute;n horizontal y comunitario. El amor a Dios se demuestra en el amor al hermano y a la hermana.<\/p>\n<p><strong>3. Amar al pr&oacute;jimo<\/strong><\/p>\n<p>Jes&uacute;s afirma que amar a Dios con todo el coraz&oacute;n, con toda el alma y con toda la mente es solo el primer mandamiento. Falta el segundo, que tambi&eacute;n debe cumplirse, el amor al pr&oacute;jimo. Si bien Jes&uacute;s toma el mandamiento de amar al pr&oacute;jimo de Lv 19:18, tenemos que verlo en el contexto de Lv 19:13-18, donde se establece que el cumplimiento de este mandamiento se demostraba con acciones pr&aacute;cticas y cotidianas, como:<\/p>\n<ul>\n<li>No oprimirle;<\/li>\n<li>No robarle;<\/li>\n<li>No retenerle el salario;<\/li>\n<li>No maldecirle;<\/li>\n<li>No cometer injusticia en los juicios;<\/li>\n<li>No hablar chismes contra el pr&oacute;jimo;<\/li>\n<li>No atentar contra la vida del pr&oacute;jimo;<\/li>\n<li>No aborrecerle en el coraz&oacute;n;<\/li>\n<li>Reprenderle cuando est&aacute; cometiendo pecado;<\/li>\n<li>No vengarse ni guardar rencor;<\/li>\n<li>Amar al pr&oacute;jimo como a nosotros\/as mismos\/as.<\/li>\n<\/ul>\n<p>El pueblo jud&iacute;o ten&iacute;a muchas leyes humanitarias en favor de los pobres, los hu&eacute;rfanos, las viudas y los extranjeros (Ex 22:21-25). Dios les ped&iacute;a que no enga&ntilde;aran ni angustiaran ni afligieran a estas personas, porque si ellas clamaran a Dios, Dios ciertamente oir&iacute;a su clamor y actuar&iacute;a en su favor. Con el pasar del tiempo el cumplimiento de estas leyes se dej&oacute; de lado, y en la pr&aacute;ctica comenz&oacute; a entenderse al pr&oacute;jimo como otro jud&iacute;o. Los samaritanos, los publicanos, los pecadores, los enfermos, eran odiados y no eran considerados pr&oacute;jimos.<\/p>\n<p><strong>4. El doble mandamiento del amor debe ser cumplido hoy<\/strong><\/p>\n<p>El ap&oacute;stol Pablo, siguiendo a Jes&uacute;s, dice que &ldquo;el cumplimiento de la Ley es el amor&rdquo; (Ro 13:10). Juan, por su parte, en su primera carta, afirma: &ldquo;Si alguno dice: &lsquo;Yo amo a Dios,&rsquo; pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, &iquest;c&oacute;mo puede amar a Dios a quien no ha visto?&rdquo; (1 Jn 4:20). No podemos decir que amamos a Dios a quien no vemos si no amamos tambi&eacute;n a nuestro pr&oacute;jimo, a aquella persona que est&aacute; a nuestro lado, a la que muchas veces discriminamos por ser diferente, por su clase social, su forma de pensar, su cultura, su forma de vivir y expresar su fe, etc.<\/p>\n<p>El ap&oacute;stol Juan tambi&eacute;n afirma en su primera carta que &ldquo;el que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor&rdquo; (1 Jn 4:8). Es como dice el canto popular: &ldquo;Con vosotros est&aacute; y no le conoc&eacute;is.&rdquo;<sup>1 <\/sup>Jesucristo est&aacute; en la persona que sufre hambre, en la que est&aacute; presa, en la que est&aacute; enferma, y muchos\/as pasamos de largo sin reconocer a Cristo en nuestro pr&oacute;jimo. Dios nos va a juzgar por todo eso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><sup>1<\/sup> V&eacute;ase http:\/\/musicatolica.ca\/portal\/node\/429 (consultado: 26 de agosto, 2014). Esta canci&oacute;n es la n&uacute;mero 517 en el <em>Libro de Liturgia y C&aacute;ntico<\/em> desarrollado y recomendado para uso en la Iglesia Evang&eacute;lica Luterana en Am&eacute;rica (Minneapolis: Augsburg Fortress, 1998).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL M&Aacute;S GRANDE Y EL PRIMER MANDAMIENTO Este texto es parte de la serie de narraciones de conflictos o encuentros de Jes&uacute;s con los l&iacute;deres religiosos de su tiempo que registra Mateo en los cap&iacute;tulos 21 y 22, ocurridos en la semana previa a su muerte. 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