{"id":28295,"date":"2016-10-04T20:12:23","date_gmt":"2016-10-05T01:12:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-2711-54-comentario-por-amanda-olson-de-castillo\/"},"modified":"2016-10-04T20:12:23","modified_gmt":"2016-10-05T01:12:23","slug":"san-mateo-2711-54-comentario-por-amanda-olson-de-castillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-2711-54-comentario-por-amanda-olson-de-castillo\/","title":{"rendered":"San Mateo 27:11-54 Comentario por Amanda Olson de Castillo"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">La hora ha llegado.<\/p>\n<p>Y tambi&eacute;n a nosotros y a nosotras nos toca de nuevo leer la historia de la crucifixi&oacute;n de Jesucristo nuestro Se&ntilde;or. En los &uacute;ltimos pasos hacia su cruz, Jes&uacute;s casi no abre la boca, pero s&iacute; escuchamos a la gente que encuentra en su llegada a Jerusal&eacute;n, y que comunican mucho, no s&oacute;lo con sus palabras sino tambi&eacute;n con sus acciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Jes&uacute;s ante Pilato<\/strong><\/p>\n<p>Despu&eacute;s de su juicio delante del Concilio (Mt 26:57-66), Jes&uacute;s lleg&oacute; ante Pilato, que fue el gobernador romano de Judea desde el a&ntilde;o 26 hasta el a&ntilde;o 36 despu&eacute;s de Cristo. Pilato le pregunt&oacute; a Jes&uacute;s inmediatamente si era el Rey de los jud&iacute;os (v. 11). Esta pregunta tambi&eacute;n es mencionada en Marcos 15:2, Lucas 23:3 y Juan 18:33. Jesucristo respondi&oacute; con tres palabras: &ldquo;T&uacute; lo dices&rdquo; (v. 11), y no volvi&oacute; a decir palabra hasta los instantes previos a su muerte (v. 46). Con estas tres palabras, Jes&uacute;s no neg&oacute; la acusaci&oacute;n, pero tampoco respondi&oacute; la pregunta de Pilato. Dej&oacute; que fuera Pilato quien autom&aacute;ticamente hiciera la confesi&oacute;n de que Jes&uacute;s era el Rey de los jud&iacute;os. Aunque Pilato no entendiera qu&eacute; tipo de Rey era Jes&uacute;s, la acusaci&oacute;n era cierta. Jes&uacute;s era el Rey y por eso no pod&iacute;a hablar en contra de la acusaci&oacute;n ni pod&iacute;a ir en contra de la voluntad de su Padre, que es quien hab&iacute;a decidido que Jes&uacute;s bebiera de esta copa (Mt 26:36-46).<sup>1<\/sup><\/p>\n<p>Aunque Pilato sigui&oacute; adelante mencionando la costumbre de soltar un preso durante la fiesta de la Pascua, seg&uacute;n el relato de San Mateo, Pilato sab&iacute;a que Jes&uacute;s era inocente, y que el Concilio o Sanedr&iacute;n lo hab&iacute;a entregado por envidia. Todas las personas en una posici&oacute;n de poder suelen experimentar la tentaci&oacute;n de permanecer en el lugar de poder a toda costa. Los miembros del Sanedr&iacute;n ten&iacute;an el poder de interpretar la ley y de dictar su aplicaci&oacute;n sobre la vida de su pueblo. Jes&uacute;s vino para cambiarlo todo &ndash; sanando, ense&ntilde;ando, etc., con una autoridad que no ten&iacute;an los escribas (Mt 7:29). Esto hizo que los miembros del Sanedr&iacute;n se sintieran amenazados e in&uacute;tiles, por lo menos en sus mentes. Ellos reaccionaron para tratar de preservar su forma de vida y su posici&oacute;n en la sociedad. <\/p>\n<p>Pilato cre&iacute;a que Jes&uacute;s era inocente y a&uacute;n m&aacute;s la esposa de Pilato, quien le pidi&oacute; que no tuviera nada que ver con Jes&uacute;s porque era un hombre justo (v. 19). Pero Pilato sigui&oacute; adelante con el prop&oacute;sito de cumplir con la costumbre de soltar un preso en el d&iacute;a de la fiesta, y pregunt&oacute; a la multitud a qui&eacute;n deb&iacute;a de liberar &ndash; &iquest;a Barrab&aacute;s o a Jes&uacute;s? Uno puede decir que Barrabas representaba la salvaci&oacute;n con una espada, que era la forma en que el pueblo esperaba ser salvado, y que Jes&uacute;s, que hab&iacute;a venido para salvarlos de sus pecados, representaba una forma de salvaci&oacute;n que ellos no esperaban (Mt 1:21).<sup>2&nbsp;<\/sup> La multitud respondi&oacute; con palabras muy diferentes a las que expresaron en el momento en que celebraron la entrada triunfal de Jes&uacute;s a Jerusal&eacute;n (Mt 21:9). La multitud pidi&oacute; la liberaci&oacute;n de Barrabas (v. 21), y respecto de Jes&uacute;s gritaron:&ldquo;&iexcl;Sea crucificado!&rdquo; (vv. 22-23). Seg&uacute;n Deuteronomio 21:22-23 y G&aacute;latas 3:13, la crucifixi&oacute;n era considerada una maldici&oacute;n de Dios. Cuando Pilato pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;qu&eacute; mal ha hecho?,&#8221; la multitud no contest&oacute; dando una raz&oacute;n, sino dando una sentencia (v. 23).<\/p>\n<p>Por alguna raz&oacute;n, Pilato ten&iacute;a miedo de la multitud o quiz&aacute;s podemos decir que su pecado fue el de no usar su poder en contra de una injusticia. En el momento en que Pilato se lav&oacute; las manos, quiso deshacerse ritualmente de su culpa por la sentencia de crucifixi&oacute;n que dict&oacute; contra Jesucristo. Pero &iquest;es posible, como l&iacute;der, lavarse de la culpa de las acciones que uno realiza?, o &iquest;es falta de liderazgo protegerse omitiendo hacer lo que es justo? Esta actitud de Pilato nos juzga tambi&eacute;n a nosotros y a nosotras: &iquest;Acaso no nos pasa muchas veces que vemos una injusticia pero no actuamos por miedo de la reacci&oacute;n de la multitud? En su serm&oacute;n, usted puede explorar el pecado de omisi&oacute;n que cometi&oacute; Pilato al ordenar la crucifixi&oacute;n de Jes&uacute;s sin creer en su culpabilidad. Nosotros y nosotras cometemos el pecado de omisi&oacute;n cuando vemos alguna injusticia y no hacemos nada al respecto para no meternos en problemas. Pero tambi&eacute;n existe otro punto de vista que debemos considerar como l&iacute;deres de la iglesia. Puede haber circunstancias en que efectivamente tengamos que hacer lo mismo que hizo Pilato: lavarnos las manos y dejar que las personas afronten las consecuencias de sus acciones sin que nosotros y nosotras como l&iacute;deres tengamos que tratar de resolver sus problemas. Voy a ilustrarlo con el ejemplo de una conocida f&aacute;bula: Podemos llevar el caballo a donde hay agua, pero no podemos forzarlo a que beba. Hay veces que esta es la mejor forma de ejercer el liderazgo.<\/p>\n<p>La respuesta del pueblo &ldquo;Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos&rdquo; (v. 25) debe ser examinada en el serm&oacute;n, porque esto es exactamente lo que pasa en la cruz. Vemos una vez m&aacute;s en la cruz que la sangre de Jesucristo, por la gracia de Dios, los condena y los salva &ndash; y que tambi&eacute;n nos condena y nos salva a nosotros y a nosotras ahora. Porque tambi&eacute;n somos parte del plan de Dios, y Jes&uacute;s fue a la cruz porque necesitamos un salvador. Necesitamos un salvador porque estamos en pecado y no podemos librarnos a nosotros mismos. Echamos su sangre sobre nosotros y nosotras como condena a nuestra condici&oacute;n de pecadores y pecadoras. Pero por la cruz y por la misma sangre de Jesucristo que nos condena, a la vez recibimos la salvaci&oacute;n. Como predica Pablo: &ldquo;Si fuimos plantados juntamente con &eacute;l en la semejanza de su muerte, as&iacute; tambi&eacute;n lo seremos en la de su resurrecci&oacute;n&rdquo; (Ro 6:5).<\/p>\n<p>La reacci&oacute;n de Pilato tambi&eacute;n nos hace pensar: &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a pasado si Pilato hubiera tomado otra decisi&oacute;n y hubiera soltado a Jes&uacute;s? Pero esta tendencia a especular no nos ayuda en absoluto. El plan de Dios era que Jes&uacute;s fuera a la cruz para salvarnos de nuestros pecados. Mateo lo conecta con el Antiguo Testamento. Las numerosas referencias a textos del Antiguo Testamento que aparecen en nuestra lectura nos confirman que para Mateo el plan de Dios se lleva a cabo en la vida y la muerte de Jesucristo y da cumplimiento a las promesas dadas en el Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>Si yo hubiera hecho esto o si Pilato hubiera actuado de otra manera, todo habr&iacute;a sido diferente. Miramos mucho hacia el pasado en lugar de darnos cuenta de lo que pas&oacute;, y de aprender de lo sucedido y seguir adelante. Vivir siempre dudando cada decisi&oacute;n que tomamos termina en una vida est&aacute;tica.<\/p>\n<p>Pilato, los sacerdotes y ancianos, la multitud, los soldados, los dos ladrones crucificados con &eacute;l, los que pasaban, fueron todos, de un modo u otro, participantes en la crucifixi&oacute;n de Jes&uacute;s. Los soldados usaron su poder para burlarse de Jesucristo en una forma que trae a nuestra mente las profec&iacute;as del Siervo del Se&ntilde;or que sufre que aparecen en el libro de Isa&iacute;as (cap&iacute;tulos 42 y 53). La forma en que las personas se burlaron al momento de pasar y ver a Jesucristo en la cruz nos hace recordar la tentaci&oacute;n de Jesucristo en el desierto (Mt 4:1-11). La gente quer&iacute;a que Jes&uacute;s mostrara que era el Mes&iacute;as cumpliendo con lo que ellos ped&iacute;an. Pero el problema es que pretend&iacute;an que Jes&uacute;s actuara como ellos quer&iacute;an y no como estaba escrito que deb&iacute;a actuar, en la cruz y tres d&iacute;as despu&eacute;s en su resurrecci&oacute;n de entre los muertos. Y otra vez, seg&uacute;n, los vers&iacute;culos 42 y 43, la gente le pidi&oacute; a Jes&uacute;s que se salvara a s&iacute; mismo, ignorando que Jes&uacute;s deb&iacute;a perder su vida en la cruz justamente para salvar la vida de los dem&aacute;s. &Eacute;l era un rey, pero no la clase de rey o de l&iacute;der que primero piensa en s&iacute; mismo y s&oacute;lo despu&eacute;s en la gente a su cargo. Jesucristo es el Mes&iacute;as que pone la vida de todos y todas antes de su propia vida y a&uacute;n m&aacute;s, que da su vida por su pueblo.<\/p>\n<p>Y ahora llegamos a la muerte de Jes&uacute;s. Con la oscuridad y las tinieblas que hubo sobre toda la tierra (v. 45), nos damos cuenta de que Dios Padre estaba de luto por la muerte de su Hijo.<sup>3<\/sup> Esta reacci&oacute;n continu&oacute; despu&eacute;s de que Jesucristo entregara su esp&iacute;ritu. Dios us&oacute; su creaci&oacute;n en una forma que nos hace recordar el D&iacute;a del Se&ntilde;or en el libro de Am&oacute;s (v&eacute;ase por ejemplo Am 8:8-9). El temblor de la tierra y las rocas que se partieron nos muestran que Dios estaba presente en lo que suced&iacute;a con Jes&uacute;s.<sup>4<\/sup><\/p>\n<p>En medio de estas expresiones de la presencia de Dios, Jes&uacute;s finalmente habl&oacute; de nuevo usando las palabras del Salmo 22: &#8220;<em>El&iacute;, El&iacute;<\/em>, &iquest;<em>lama sabactani<\/em>?&#8221; (que significa: &#8220;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o, &iquest;por qu&eacute; me has desamparado?&#8221;) (v. 46). Estas palabras nos demuestran que Jes&uacute;s realmente estaba sufriendo. Pero tambi&eacute;n nos vuelven a indicar que Jesucristo est&aacute; en la cruz tomando nuestros pecados, porque nuestra separaci&oacute;n de Dios es el precio del pecado.<sup>5<\/sup> Mart&iacute;n Lutero, en un serm&oacute;n para el S&aacute;bado de Gloria, dijo: &ldquo;El Se&ntilde;or quita nuestros pecados y estos pecados nos separan de Dios, de la justicia y de todo bien. El Se&ntilde;or tuvo que padecer esta separaci&oacute;n en la cruz para que nosotros nos di&eacute;ramos cuenta de que el sufrimiento de Cristo debe distinguirse de cualquier otro sufrimiento. Esto, sin embargo, es la mejor parte, el hecho de que no se desesper&oacute;, sino que le clam&oacute; a Dios.&rdquo; <sup>6<\/sup><\/p>\n<p>Y el Rey de reyes, el Se&ntilde;or de se&ntilde;ores, entrega su esp&iacute;ritu, y la forma en que lo hace nos sugiere que tiene el control sobre el momento exacto de su propia muerte.<sup>7<\/sup> El centuri&oacute;n y los que estaban con &eacute;l custodiando a Jes&uacute;s, al ver el terremoto y las cosas que hab&iacute;an sido hechas, fueron los primeros en testificar que Jes&uacute;s era el Hijo de Dios (v. 54). Solo con los disc&iacute;pulos, despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n, vamos a ver que Jes&uacute;s no era el Hijo de Dios, tiempo pasado, sino que Jes&uacute;s es el Hijo de Dios, tiempo presente, pero este es un serm&oacute;n para otra oportunidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><sup>1<\/sup> Hare, Douglas R. A. <em>Matthew<\/em> (Louisville: John Knox Press, 1993), 315.<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> Ibid., 316.<\/p>\n<p><sup>3<\/sup> Rogers, Cleon L., Cleon L. Rogers, and Fritz Rienecker. <em>The New Linguistic and Exegetical Key to the Greek New Testament<\/em> (Grand Rapids, Mich: Zondervan Pub. House, 1998), 64.<\/p>\n<p><sup>4<\/sup> Hare, Op. Cit., 324.<\/p>\n<p><sup>5<\/sup> Ibid., 323.<\/p>\n<p><sup>6<\/sup> Luther, Martin, and Irving L. Sandberg. <em>The 1529 Holy Week and Easter Sermons of Dr. Martin Luther<\/em> (St. Louis, Mo: Concordia Pub. House, 1999), 114.<\/p>\n<p><sup>7<\/sup> Rogers, Cleon L., Cleon L. Rogers, and Fritz Rienecker, Op. Cit., 64.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La hora ha llegado. Y tambi&eacute;n a nosotros y a nosotras nos toca de nuevo leer la historia de la crucifixi&oacute;n de Jesucristo nuestro Se&ntilde;or. En los &uacute;ltimos pasos hacia su cruz, Jes&uacute;s casi no abre la boca, pero s&iacute; escuchamos a la gente que encuentra en su llegada a Jerusal&eacute;n, y que comunican mucho, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-2711-54-comentario-por-amanda-olson-de-castillo\/\" class=\"more-link\">Continue reading<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;San Mateo 27:11-54 Comentario por Amanda Olson de Castillo&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-28295","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sermons"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28295","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=28295"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28295\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=28295"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=28295"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=28295"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}