{"id":28301,"date":"2016-10-04T20:12:43","date_gmt":"2016-10-05T01:12:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-281-10-comentario-por-gilberto-ruiz\/"},"modified":"2016-10-04T20:12:43","modified_gmt":"2016-10-05T01:12:43","slug":"san-mateo-281-10-comentario-por-gilberto-ruiz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-mateo-281-10-comentario-por-gilberto-ruiz\/","title":{"rendered":"San Mateo 28:1-10 Comentario por Gilberto Ruiz"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Mateo 28:1-10 contiene dos de los tipos de relatos acerca de la resurrecci&oacute;n que se encuentran en los evangelios del Nuevo Testamento: un relato del sepulcro vac&iacute;o en los vv. 1-7 y un relato de la aparici&oacute;n del Jes&uacute;s resucitado en los vv. 8-10.<\/p>\n<p><strong>El sepulcro vac&iacute;o (vv. 1-7)<\/strong><\/p>\n<p>Las dos mujeres que visitan el sepulcro, Mar&iacute;a Magdalena y la otra Mar&iacute;a, que es la madre de Jacobo y de Jos&eacute;, son dos de las mismas mujeres que seg&uacute;n el evangelio de Mateo fueron testigos de la muerte (27:56) y del entierro de Jes&uacute;s (27:61). Al amanecer del primer d&iacute;a de la semana, es decir, a la madrugada del domingo posterior a la Pascua jud&iacute;a, estas dos mujeres fueron al sepulcro, que seg&uacute;n Mateo hab&iacute;a sido asegurado por medio de un sello sobre la piedra que lo tapaba y estaba protegido por una guardia (27:62-66).<\/p>\n<p>Seg&uacute;n el relato de Mateo, las mujeres no podr&iacute;an haber ido para ungir el cuerpo de Jes&uacute;s (como en Mc 16:1) porque Jes&uacute;s ya hab&iacute;a sido ungido (Mt 26:6-13) y porque el acceso al cuerpo era imposible debido a la piedra sellada y la guardia. Solamente fueron &ldquo;a ver el sepulcro&rdquo; (v. 1). El intento apolog&eacute;tico de Mateo es claro: su narrativa defiende a los disc&iacute;pulos contra los cargos de que fueron ellos quienes robaron el cuerpo de Jes&uacute;s e inventaron la historia de la resurrecci&oacute;n (v&eacute;ase 28:11-15). Lo &uacute;nico que estas mujeres pod&iacute;an hacer frente a la tumba era verla.<\/p>\n<p>De repente, un &aacute;ngel desciende del cielo y quita la piedra que bloqueaba la tumba y se sienta sobre ella, provocando un terremoto en el proceso. La combinaci&oacute;n de la presencia ang&eacute;lica y un terremoto significa la ocurrencia de un evento escatol&oacute;gico grandioso (p.ej. Is 29:6; Hab 3:6; Hag 2:21; Zac 14:4-5; 1 Ts 4:16; Ap 6:12, 8:5; cf. Mt 13:41, 49; 16:27; 24:7, 31; 25:31; 27:54).<\/p>\n<p>El &aacute;ngel les anuncia a las mujeres el gran evento que ha ocurrido: Jes&uacute;s &ldquo;ha resucitado&rdquo; (v. 6). La creencia de que Dios resucitar&iacute;a a los justos de la muerte a la vida eterna exist&iacute;a entre ciertas ramas de la religi&oacute;n jud&iacute;a del primer siglo. Los primeros cristianos sostuvieron esta creencia, pero afirmaron que este gran acontecimiento escatol&oacute;gico proyectado para el final de los tiempos en realidad comenz&oacute; con el acto de Dios de resucitar a Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s de contarles a las mujeres que Jes&uacute;s ha resucitado, el &aacute;ngel les muestra que el sepulcro est&aacute; vac&iacute;o y las manda a decirles a los disc&iacute;pulos que Jes&uacute;s ha resucitado (vv. 6-7). Tambi&eacute;n menciona que Jes&uacute;s se reunir&iacute;a con ellos en Galilea (v. 7), tal como Jes&uacute;s les hab&iacute;a prometido a sus disc&iacute;pulos (26:32).<\/p>\n<p>Los integrantes de la guardia tambi&eacute;n vieron al &aacute;ngel y sintieron el terremoto. Pero mientras que el mensaje del &aacute;ngel le da &ldquo;temor y gran gozo&rdquo; a las mujeres (v. 8), a los guardas les da tanto miedo que casi se mueren. Mateo narra la reacci&oacute;n de los guardas un poco juguetonamente, diciendo que ellos &ldquo;temblaron y se quedaron como muertos&rdquo; (v. 4). El verbo usado para decir que &ldquo;temblaron&rdquo; (<em>eseisth&ecirc;san<\/em>) viene de la misma ra&iacute;z que la palabra &ldquo;terremoto&rdquo; (<em>seismos<\/em>) en v. 2, y al quedarse &ldquo;como muertos,&rdquo; la reacci&oacute;n de los guardas contrasta con el contenido de la noticia que trae el &aacute;ngel. El &aacute;ngel proclama la transformaci&oacute;n de Jes&uacute;s, que estaba muerto pero ahora est&aacute; vivo de nuevo, y sin embargo, estos guardas se quedan como muertos.<\/p>\n<p><strong>La aparici&oacute;n (vv. 8-10)<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>El relato de la aparici&oacute;n de Jes&uacute;s resucitado comienza con la salida de las mujeres del sepulcro para darles a los disc&iacute;pulos la noticia de que Jes&uacute;s ha resucitado (v. 8). Jes&uacute;s se les aparece a las mujeres (v. 9) y les da instrucciones parecidas a las del &aacute;ngel. Les dice que no tengan miedo, que les den la noticia de la resurrecci&oacute;n a los disc&iacute;pulos y que vayan a Galilea para reunirse con &eacute;l (v. 10).<\/p>\n<p>Se registra una diferencia importante entre la reacci&oacute;n de las mujeres frente a Jes&uacute;s y su reacci&oacute;n frente al &aacute;ngel. En el caso de Jes&uacute;s, &ldquo;acerc&aacute;ndose, abrazaron sus pies y lo adoraron&rdquo; (v. 9).&nbsp;La palabra usada en el original griego para su acto de adoraci&oacute;n a Jes&uacute;s es <em>prosekynesan<\/em>, que es una forma del verbo <em>proskyne&ocirc;<\/em>. Connota una reverencia basada en una admiraci&oacute;n profunda y Mateo la utiliza en varios puntos importantes para expresar la disposici&oacute;n apropiada de adoraci&oacute;n hacia Jes&uacute;s (p.ej. 2:11, 14:33, 28:17).<\/p>\n<p>La diferencia en la reacci&oacute;n de las mujeres ante la aparici&oacute;n del &aacute;ngel y la aparici&oacute;n de Jes&uacute;s nos dice algo acerca de c&oacute;mo los primeros cristianos llegaron a conocer al Jes&uacute;s resucitado. La fe de los primeros cristianos en la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s es una consecuencia de su experiencia directa de la presencia de Jes&uacute;s como Se&ntilde;or resucitado.<sup>1<\/sup><\/p>\n<p>Dado que el evento escatol&oacute;gico de la resurrecci&oacute;n est&aacute; acompa&ntilde;ado en este pasaje por un terremoto, quiz&aacute;s convenga reflexionar un poco acerca de c&oacute;mo nos posicionamos frente a los grandes fen&oacute;menos meteorol&oacute;gicos y geol&oacute;gicos. La ciencia moderna nos ha dado maneras sofisticadas de comprender los grandes eventos meteorol&oacute;gicos y geol&oacute;gicos como terremotos, tornados, huracanes, tormentas de nieve y tsunamis, por nombrar algunos pocos. Podemos medir la velocidad del viento del hurac&aacute;n y anticipar su trayectoria, sabemos que los terremotos son causados por el movimiento de las placas tect&oacute;nicas, podemos anticipar las condiciones que causan tormentas de nieve y advertir a la gente para que se prepare, y as&iacute; sucesivamente.<\/p>\n<p>Sin embargo, tener conocimiento sobre estos fen&oacute;menos no es lo mismo que experimentar un hurac&aacute;n, o un terremoto, o un tornado, o lo que sea. La experiencia directa de un evento como estos es otro modo de conocer lo que significa un terremoto, un hurac&aacute;n o cualquier otra gran tormenta. Realmente no hay nada que pueda sustituir el conocimiento de estos fen&oacute;menos que nos da la experiencia directa.<\/p>\n<p>En Mateo 28:1-10, el relato del sepulcro vac&iacute;o en los vv. 1-7 representa el &ldquo;tener conocimiento&rdquo; sobre la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s, mientras que el relato de su aparici&oacute;n en los vv. 8-10 representa la experiencia directa de la resurrecci&oacute;n por parte de las dos mujeres. Fundamentalmente, es la experiencia directa lo que tiene el efecto transformativo para ellas y lo que las lleva a adorar a Jes&uacute;s como Se&ntilde;or resucitado.<\/p>\n<p>Nosotros y nosotras hoy podemos actuar como el &aacute;ngel, anunciando el poder vivificante que tiene Dios de dar vida a los muertos. De hecho, el pasaje nos desaf&iacute;a a difundir la buena nueva de la resurrecci&oacute;n (vv. 7, 10). Pero al incluir la aparici&oacute;n de Jes&uacute;s a las mujeres, el pasaje tambi&eacute;n nos recuerda que nuestras palabras s&oacute;lo pueden aproximarse a la magnitud de las acciones de Dios en el mundo, en nuestra vida y en las vidas de los dem&aacute;s. Quiz&aacute;s el detalle de que Jes&uacute;s se les aparece a las dos primeras testigos de la resurrecci&oacute;n mientras est&aacute;n yendo a darles la noticia a los disc&iacute;pulos nos sugiera tambi&eacute;n que nuestras acciones valen m&aacute;s que nuestras palabras en la difusi&oacute;n de la buena nueva.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><sup>1<\/sup> V&eacute;ase Luke Timothy Johnson, <em>The Writings of the New Testament<\/em> (3<sup>rd<\/sup> ed.; Minneapolis: Fortress, 2010), 95-107.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mateo 28:1-10 contiene dos de los tipos de relatos acerca de la resurrecci&oacute;n que se encuentran en los evangelios del Nuevo Testamento: un relato del sepulcro vac&iacute;o en los vv. 1-7 y un relato de la aparici&oacute;n del Jes&uacute;s resucitado en los vv. 8-10. 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