{"id":28329,"date":"2016-10-04T20:13:52","date_gmt":"2016-10-05T01:13:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-114-20-comentario-por-heydi-tatiana-galarza-mendoza\/"},"modified":"2016-10-04T20:13:52","modified_gmt":"2016-10-05T01:13:52","slug":"san-marcos-114-20-comentario-por-heydi-tatiana-galarza-mendoza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-114-20-comentario-por-heydi-tatiana-galarza-mendoza\/","title":{"rendered":"San Marcos 1:14-20 Comentario por Heydi Tatiana Galarza Mendoza"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Tomando Decisiones Dif&iacute;ciles<\/p>\n<p>Escuchamos decenas de voces todos los d&iacute;as que nos invitan, nos limitan, nos endulzan o nos rega&ntilde;an. Voces que provienen de nuestras familias, de nuestras parejas, de nuestros hijos o hijas, de nuestros padres o madres, voces de nuestro trabajo, de la gente que camina por la calle o de la que est&aacute; sentada al borde con su mirada puesta en nosotros y nosotras. Voces amistosas y voces amenazantes. Voces que son gritos y voces que son silencios.<\/p>\n<p>Sin duda Jes&uacute;s percibi&oacute; esas voces, como cualquiera de nosotros o nosotras. Cuando leemos Mc 1:14-20, en que se relatan dos importantes episodios, escuchamos una serie de voces: Jes&uacute;s alza la voz proclamando la buena nueva y, consecutivamente, camina junto a la gente; all&iacute; donde las personas est&aacute;n en sus labores diarias. Las mira y dialoga con ellas.<\/p>\n<p>Recordemos que estamos en el primer cap&iacute;tulo del evangelio de Marcos que, antes de nuestro pasaje, se inicia con tres hechos importantes. El primero tiene que ver con Juan, llamado el Bautista, por la funci&oacute;n que ejerc&iacute;a: bautizaba a aquellas personas que reconoc&iacute;an sus pecados, se reconciliaban consigo mismas, con su entorno y con Dios, y se convert&iacute;an (Mc 1:4-5). Juan era un hombre valiente, en sus actos y en sus palabras. El segundo hecho es la aparici&oacute;n en escena de Jes&uacute;s. Despu&eacute;s de un largo camino (llega de Nazaret al r&iacute;o Jord&aacute;n), Jes&uacute;s escucha la voz del Bautista y pide ser bautizado. Luego se escucha una voz, dice el texto. Nuevamente nos encontramos con una Voz; esta vez viene de lo alto (de los cielos) y nombra a Jes&uacute;s como al &ldquo;Hijo amado&rdquo; (Mc 1:9-11).<\/p>\n<p>El tercer hecho est&aacute; resumido en dos vers&iacute;culos (Mc 1:12-13): el Esp&iacute;ritu impulsa a Jes&uacute;s al desierto. Podemos interpretar que all&iacute; Jes&uacute;s escuch&oacute; muchas voces, y especialmente una, la de Satan&aacute;s, quien, recordemos, tambi&eacute;n es llamado el &ldquo;padre de la mentira&rdquo; (ver Jn 8:44). Jes&uacute;s estuvo d&iacute;as y d&iacute;as en el desierto escuchando voces falsas y tentadoras, pero lo interesante de todo esto es que Jes&uacute;s tambi&eacute;n escuch&oacute; otras voces: de &aacute;ngeles y de fieras o animales salvajes.<\/p>\n<p>Con todas estas voces interpelantes Jes&uacute;s sigue su caminata y aclara misi&oacute;n. En su condici&oacute;n de ser humano, Jes&uacute;s est&aacute; aprendiendo como todo ser humano. Fue al desierto por las mismas razones por las que muchas personas elegimos en alg&uacute;n momento la soledad. Por una necesidad imperiosa de b&uacute;squeda de algo que no podemos encontrar en el bullicio cotidiano. Jes&uacute;s necesita saber, quiere comprender para seguir caminando.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; retomamos nuestro relato. Ya hicimos menci&oacute;n a Juan, el que bautizaba. En Mc 1:14 el evangelio da una preocupante y triste noticia: &iexcl;arrestaron a Juan! Seguramente quer&iacute;an callar la voz de Juan. Como sucedi&oacute; ayer, y como sucede hoy, Juan est&aacute; en las voces de tantas personas a las que se obliga a hacer silencio. Recordemos a los cuarenta y tres estudiantes de Ayotzinapa en M&eacute;xico. Se los llevaron y los desaparecieron; sin embargo sus voces contin&uacute;an oy&eacute;ndose por todo el mundo. Un rumor que se transforma en tormenta humana cuando un justo es encarcelado. Porque en Ayotzinapa por justicia los hijos del pueblo se est&aacute;n educando, porque la educaci&oacute;n es la mejor arma para luchar contra el poder, la corrupci&oacute;n y los autoritarismos. Justamente cuando existen los medios para que se d&eacute; educaci&oacute;n de calidad y en condiciones socialmente adecuadas, se hace justicia. La justicia entendida como el restablecimiento y sanaci&oacute;n de relaciones, despejando las groseras asimetr&iacute;as sociales y econ&oacute;micas, y entrando en conflicto con los poderosos y los corruptos que no quieren que les toquen sus privilegios mal habidos.<\/p>\n<p>Imagino a Jes&uacute;s caminando por la playa y pensando en Juan y todo lo que le sucedi&oacute; por mantener y vivir seg&uacute;n sus convicciones. Jes&uacute;s tambi&eacute;n sent&iacute;a esa voz interior que lo mov&iacute;a a hacer algo. As&iacute; como Juan fue llamado a predicar y bautizar, Jes&uacute;s percib&iacute;a el llamado a transformar las injusticias, a trastocar las realidades indignas, a sanar los corazones y los cuerpos heridos. S&iacute;, sin duda &eacute;l escuchaba esas voces que se entremezclaban con aquella Voz mayor que le dijo: &ldquo;T&uacute; eres mi Hijo amado, en ti tengo complacencia.&rdquo;<\/p>\n<p>Mientras esas voces le susurraban desde dentro y se un&iacute;an al polvo del camino y a la brisa del lago, Jes&uacute;s mira a aquellos hombres que, al parecer, no ten&iacute;an la intenci&oacute;n de pasar toda su vida en la rutina del trabajo pesquero. Posiblemente Jes&uacute;s los contempl&oacute; por un buen rato y vio sus actitudes. Tal vez escuch&oacute; algo de sus di&aacute;logos, y sinti&oacute; esa empat&iacute;a que solemos sentir cuando encontramos a alguna persona con la que aceptamos asumir retos o que nos ayuda a tomar decisiones. Es por eso que Jes&uacute;s llam&oacute; a Sim&oacute;n y a Andr&eacute;s, y luego a Jacobo (Santiago) y a Juan (hijos de Zebedeo).<\/p>\n<p>Debemos suponer que el reto propuesto por Jes&uacute;s no s&oacute;lo llam&oacute; la atenci&oacute;n de estos cuatro hombres, sino que los puso en movimiento y, sobre todo, logr&oacute; romper con su rutina: &ldquo;Venid en pos de m&iacute;, y har&eacute; que se&aacute;is pescadores de hombres&rdquo; (v. 17). Vaya reto. Esa voz que escucharon esos cuatro hombres un d&iacute;a, mientras realizaban su trabajo, es de aquellas voces que invitan a &ldquo;dejar todo&rdquo; porque &ldquo;desinstalan&rdquo; para recrear y transformar; son de aquellas voces que nos hacen creer nuevamente que podemos trabajar con otros y otras y que somos capaces de transformar, pero en comunidad.<\/p>\n<p>Son esas voces que, de alguna manera, est&aacute;n mostrando el panorama y el espacio donde se asoma la libertad, sin ocultarnos que al momento de desinstalarnos e invitarnos a realizar nuevas y sinceras b&uacute;squedas, tambi&eacute;n nos est&aacute;n diciendo que estos nuevos rumbos tienen sus riesgos. Porque el camino de la libertad y la b&uacute;squeda de la justicia se unen a otras voces que son disonantes y que entran en contradicci&oacute;n con la comodidad, y con las constantes vivencias poco dignas e injustas. Voces que no aceptan la horizontalidad que supone reconocernos con la dignidad de los hijos y de las hijas de Dios.<\/p>\n<p>Todos y todas, sin duda, alguna vez escuchamos la voz que nos dijo: &ldquo;Vengan conmigo.&rdquo; &iquest;Cu&aacute;ntas veces tuvimos el valor de responder con nuestras acciones y asumir el riesgo de caminar junto a este &ldquo;hijo amado&rdquo; que nos habla y que deja que escuchemos su voz y junto a ella tambi&eacute;n otras voces que nos dicen que necesitan de ti, de m&iacute;? Porque si escuchamos con atenci&oacute;n, oiremos voces que nos hacen part&iacute;cipes de historias no siempre agradables o alegres, y escucharemos tambi&eacute;n voces que reflejan esperanza y humanidad. Junto a esas voces cotidianas y a la Voz mayor tenemos que tomar decisiones y no escapar de ellas, y esas decisiones pueden transformar para bien no s&oacute;lo nuestro mundo personal, sino sobre todo nuestros espacios inmediatos, familiares, sociales, culturales y hasta religiosos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tomando Decisiones Dif&iacute;ciles Escuchamos decenas de voces todos los d&iacute;as que nos invitan, nos limitan, nos endulzan o nos rega&ntilde;an. 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