{"id":28334,"date":"2016-10-04T20:14:07","date_gmt":"2016-10-05T01:14:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-121-28-comentario-por-heydi-tatiana-galarza-mendoza\/"},"modified":"2016-10-04T20:14:07","modified_gmt":"2016-10-05T01:14:07","slug":"san-marcos-121-28-comentario-por-heydi-tatiana-galarza-mendoza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-121-28-comentario-por-heydi-tatiana-galarza-mendoza\/","title":{"rendered":"San Marcos 1:21-28 Comentario por Heydi Tatiana Galarza Mendoza"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Una Historia de Relaciones<\/p>\n<p>La narraci&oacute;n del evangelio que nos ofrece Mc 1:21-28 est&aacute; llena de acciones. Jes&uacute;s <strong>camina, entra<\/strong> a la sinagoga, <strong>ense&ntilde;a, responde<\/strong> y <strong>ordena. <\/strong>La gente se <strong>admira<\/strong>, se <strong>asombra<\/strong> y <strong>comenta. <\/strong>Un esp&iacute;ritu impuro <strong>grita<\/strong>, <strong>sacude violentamente<\/strong> a un hombre y <strong>sale<\/strong> de &eacute;l.<\/p>\n<p>Todo esto sucede en un poblado llamado Caperna&uacute;m, que se traduce como &ldquo;aldea del consuelo.&rdquo; Toda la narraci&oacute;n nos cuenta varias historias personales que se vinculan en un ambiente espec&iacute;fico: la sinagoga. S&iacute;, esta narraci&oacute;n est&aacute; llena de historias enlazadas. Son historias que tejen &ldquo;relaciones&rdquo; cuyos hilos son los detalles que se sumergen en estas vidas.<\/p>\n<p>Los dos primeros detalles los encontramos al inicio. El texto indica el d&iacute;a: s&aacute;bado, y el lugar donde entr&oacute; Jes&uacute;s: la sinagoga. El pueblo jud&iacute;o era sumamente respetuoso de este tiempo y de este lugar, y Jes&uacute;s, como jud&iacute;o, cumpl&iacute;a con las ense&ntilde;anzas de su cultura y de su religi&oacute;n. Para este pueblo el d&iacute;a s&aacute;bado era sagrado, como dice el libro del &Eacute;xodo: &ldquo;Acu&eacute;rdate del s&aacute;bado para santificarlo&rdquo; (Ex 20:8).<\/p>\n<p>Es en este espacio sagrado donde suceden cosas importantes. La primera es que Jes&uacute;s empieza a ense&ntilde;ar. El texto lo repite cuatro veces: en el v. 21 con el verbo <em>edidasken<\/em> (traducido como &ldquo;comenz&oacute; a ense&ntilde;ar&rdquo;), en los vv. 22 y 28 con el sustantivo <em>didache<\/em> (traducido como &ldquo;doctrina&rdquo;) y en el v. 22 con el participio <em>didaskon<\/em> (traducido como &ldquo;ense&ntilde;aba&rdquo;). Nos damos cuenta de que el autor quiere llamar nuestra atenci&oacute;n: &iquest;Qu&eacute; es lo que ense&ntilde;aba Jes&uacute;s que provocaba la admiraci&oacute;n de la gente? Por otro lado, el texto tambi&eacute;n cuenta que la gente lo compara con los escribas. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;an olvidado en su discurso los escribas y los maestros de la ley para que la gente ya no les reconociera autoridad para ense&ntilde;ar?<\/p>\n<p>Los jud&iacute;os se reun&iacute;an en la sinagoga los s&aacute;bados. Hombres y mujeres del pueblo, padres y madres de familia, hijos, hijas, hermanos, vecinos, etc. Personas que cultivaban la tierra o realizaban trabajos duros. Muchas de ellas analfabetas, personas sanas y enfermas, con pocos o muchos problemas. Todas se reun&iacute;an. Alguien le&iacute;a el texto sagrado y luego invitaban a un var&oacute;n que tuviera alguna formaci&oacute;n para que comentara la Escritura. En esta ocasi&oacute;n, al parecer, le han pedido a Jes&uacute;s que realice esta acci&oacute;n. Podemos intuir que Jes&uacute;s no se limita a comentar la Escritura. M&aacute;s bien se relaciona directamente con la vida de esa gente, con situaciones que pasan en el pueblo. Jes&uacute;s posiblemente se pone en el lugar de ellos, de sus vivencias cotidianas, y en vez de brindar un discurso magistral, dialoga con cada una de sus historias. Esto es lo que da autoridad a cualquier persona: mostrar una preocupaci&oacute;n sincera y respetuosa por los otros y las otras.<\/p>\n<p>Parece que todo iba bien en ese s&aacute;bado; sin embargo, sucede algo que rompe con esa armon&iacute;a. Intervienen un hombre, un esp&iacute;ritu impuro y unos gritos. El esp&iacute;ritu que habitaba en ese hombre empieza a gritar; se dirige directamente a Jes&uacute;s. Lo llama de dos formas: &ldquo;Jes&uacute;s nazareno&rdquo; y &ldquo;Santo de Dios&rdquo; (v. 24). El esp&iacute;ritu impuro reconoce a Jes&uacute;s y parece que est&aacute; muy enojado porque sabe que este &ldquo;Santo de Dios&rdquo; puede desalojarlo. Para la religi&oacute;n jud&iacute;a era imposible que lo impuro y lo santo vivieran juntos. Todos los seres humanos sabemos que un cuerpo sano no puede convivir con la enfermedad, y todos hemos experimentado en menor o mayor grado la enfermedad.<\/p>\n<p>Los gritos de este esp&iacute;ritu son tambi&eacute;n los del hombre, que no puede m&aacute;s con esa dolencia que lleva adentro. Cuando el dolor o sufrimiento es grande y nos desgarra, el grito es, muchas veces, la &uacute;nica forma de desahogo. Pero cu&aacute;ntos callamos esos dolores hasta que son insoportables. Este elemento nos hace comprender que el esp&iacute;ritu que a gritos le dice a Jes&uacute;s: eres el &ldquo;Santo de Dios&rdquo;, tambi&eacute;n le est&aacute; diciendo que ambos (Jes&uacute;s y este esp&iacute;ritu) no pueden convivir en un mismo espacio. El hombre estaba bajo una posesi&oacute;n que lo da&ntilde;aba. Por eso Jes&uacute;s act&uacute;a de manera inmediata y nuevamente &ldquo;con autoridad&rdquo; lo reprende y le ordena: &ldquo;&iexcl;C&aacute;llate y sal de &eacute;l!&rdquo; (v. 25).<\/p>\n<p>Si nos enfocamos en el hombre que &ldquo;estaba pose&iacute;do,&rdquo; vemos que el esp&iacute;ritu lo sacude violentamente antes de salir. Este hombre an&oacute;nimo era un cuerpo sufriente, un cuerpo violentado. Nuestros cuerpos son capaces de experimentar esta violencia que nos sacude por dentro. Cu&aacute;ntos hombres no saben c&oacute;mo manifestar sus dolores internos y se expresan con violencia. Porque muchas culturas imponen silencio a los varones respecto de su sensibilidad interior, de la misma forma que atribuyen exceso de sacrificio a las mujeres. Todos estos cuerpos tienen cargas interiores intolerables; entonces aparecen los gritos y la violencia que hace que las relaciones se rompan.<\/p>\n<p>A nivel mundial, los porcentajes de las relaciones rotas por violencia son muy altos. Cu&aacute;ntas familias se rompen por violencia dom&eacute;stica. Cu&aacute;ntos traumas se generan por acciones violentas en las sociedades; cu&aacute;nta enfermedad se genera por la violencia que ejerce el ser humano en contra la creaci&oacute;n. Estos son los esp&iacute;ritus impuros que habitan los cuerpos de las personas, pero tambi&eacute;n en los cuerpos sociales y culturales, y que impulsan a gritar y a ser violentos.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s conoce la fr&aacute;gil humanidad y por eso asume el sufrimiento de este hombre y lo ayuda. No puede ser un simple observador del sufrimiento ajeno; utiliza la autoridad de su palabra para hacer que el esp&iacute;ritu impuro, que da&ntilde;a y lastima, salga del cuerpo del hombre, y as&iacute; da consuelo a su vida.<\/p>\n<p>Sin duda m&aacute;s de una vez hemos encontrado en nuestras vidas personas que tienen esta autoridad en sus palabras. Maestros o maestras que fueron capaces de sanarnos con sus palabras, y de sacar de nosotros y nosotras lo negativo, aquello que nos oprim&iacute;a y nos lastimaba.<\/p>\n<p>Esta es la buena noticia que Jes&uacute;s anunci&oacute;, ense&ntilde;&oacute; y actu&oacute; todos los d&iacute;as de su vida. Con este pasaje, &ldquo;Jes&uacute;s nazareno&rdquo;, el &ldquo;Santo de Dios,&rdquo; se da a conocer. Esto sucedi&oacute; en un lugar de Galilea, en un s&aacute;bado cualquiera, junto a gente com&uacute;n, con vidas y problemas comunes. Un tiempo que se transform&oacute; en sagrado cuando un hombre tuvo la delicadeza de acercarse a la gente y generar lazos, reconstruir y sanar relaciones e intercambiar historias. Es all&iacute;, en un pueblito llamado Caperna&uacute;m, donde un hombre concreto recibi&oacute; consuelo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una Historia de Relaciones La narraci&oacute;n del evangelio que nos ofrece Mc 1:21-28 est&aacute; llena de acciones. Jes&uacute;s camina, entra a la sinagoga, ense&ntilde;a, responde y ordena. La gente se admira, se asombra y comenta. Un esp&iacute;ritu impuro grita, sacude violentamente a un hombre y sale de &eacute;l. 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