{"id":28340,"date":"2016-10-04T20:14:19","date_gmt":"2016-10-05T01:14:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-129-39-comentario-por-heydi-tatiana-galarza-mendoza\/"},"modified":"2016-10-04T20:14:19","modified_gmt":"2016-10-05T01:14:19","slug":"san-marcos-129-39-comentario-por-heydi-tatiana-galarza-mendoza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-129-39-comentario-por-heydi-tatiana-galarza-mendoza\/","title":{"rendered":"San Marcos 1:29-39 Comentario por Heydi Tatiana Galarza Mendoza"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Me Duele tu Dolor<\/p>\n<p>Si hay algo que caracteriza al ser humano es poder expresar no s&oacute;lo sus pensamientos sino tambi&eacute;n sus sentimientos. Cuando leemos Mc 1:29-39 encontramos variedad de expresiones de cada una de las personas que el texto va nombrando. Pero hay un hilo que inicia y termina las narraciones de estos vers&iacute;culos. Podemos decir que se traducen como gemidos silenciosos, s&iacute;, estas narraciones son gemidos de cuerpos enfermos que van en busca de sanaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Al inicio de esta porci&oacute;n del evangelio, Jes&uacute;s entra en la casa de su amigo Sim&oacute;n. All&iacute; est&aacute; la suegra de Sim&oacute;n. Mucho se ha dicho de la enfermedad de esta mujer; sin embargo, es m&aacute;s importante tratar de comprender c&oacute;mo ella se sent&iacute;a al estar en cama y con fiebre. Todos hemos experimentado esas fiebres que nos producen dolor en todo el cuerpo y que nos arrebatan las fuerzas. En esa situaci&oacute;n, Jes&uacute;s se entera de este cuerpo que sufre, se acerca y hace contacto con la mujer; no le habla, sino que &ldquo;la tom&oacute; de la mano&rdquo; (v. 31). Jes&uacute;s seguramente sinti&oacute; la fiebre de la mujer al tocarla; sinti&oacute; su dolor y, dice el texto, &ldquo;la levant&oacute;; e inmediatamente se le pas&oacute; la fiebre&rdquo; (v. 31).<\/p>\n<p>Sin duda, este fue un milagro; el segundo que realiza Jes&uacute;s en el evangelio de Marcos. Cuando hablamos de milagros en los evangelios, solemos fijar nuestra mirada en Jes&uacute;s, el maestro y sanador. Sin embargo, &iexcl;qu&eacute; importante resulta no descuidar sus gestos y especialmente tratar de no cerrar la puerta que el mismo Jes&uacute;s abri&oacute; cuando decidi&oacute; que su misi&oacute;n era &ldquo;tocar&rdquo; y perder el temor de acercarse a las personas, especialmente a aquellas como la suegra de Sim&oacute;n, en las que habitaba una dolencia!<\/p>\n<p>La narraci&oacute;n cuenta que luego la mujer se puso a servirles. Era una de las funciones de la mujer en esa &eacute;poca y en esa cultura. Servir. El texto no nos dice m&aacute;s, pero podemos intuir que la mujer sirvi&oacute; a quienes se encontraban en aquella casa con el cari&ntilde;o de cualquier madre, con esa reciprocidad de afecto que se genera cuando alguien nos hace alg&uacute;n bien.<\/p>\n<p>Los verdaderos milagros se dan en estas situaciones, cuando los cuerpos se acercan con respeto y sincera compasi&oacute;n. Un cuerpo sano no tiene precio; por eso eran tan importantes para Jes&uacute;s estos acercamientos a las personas. La suegra de Sim&oacute;n posiblemente hab&iacute;a sido marginada por no cumplir con su sociedad. &iexcl;Qu&eacute; importante resulta preguntarnos dentro de nuestras familias c&oacute;mo solemos marginar a las personas cuando tienen alguna dolencia o cuando ya no &ldquo;nos sirven&rdquo;! Cuando Jes&uacute;s hace que la mujer se levante, tambi&eacute;n est&aacute; restituyendo su dignidad. Es un ejemplo que todos y todas deber&iacute;amos imitar.<\/p>\n<p>El texto nos da otros datos m&aacute;s. Narra que cuando atardeci&oacute;, se acerc&oacute; la gente a Jes&uacute;s con todos sus enfermos y endemoniados, y Jes&uacute;s los san&oacute;. &iexcl;Cu&aacute;ntos males sac&oacute; de los cuerpos de aquella poblaci&oacute;n! Pero lo m&aacute;s importante resulta constatar que Caperna&uacute;m era una sociedad enferma. Si hoy miramos a nuestro alrededor, nos encontramos con situaciones similares; la mayor&iacute;a de nuestros espacios sociales est&aacute;n enfermos y cada uno de nosotros y nosotras somos parte de ellos. Enfermedades f&iacute;sicas, psicol&oacute;gicas y emocionales.<\/p>\n<p>En ese entonces no hab&iacute;a hospitales; los enfermos estaban en las casas. Hoy los hospitales est&aacute;n siempre llenos. En aquellos tiempos y en los actuales, la enfermedad es un s&iacute;ntoma del tipo de sociedades que hemos formado los seres humanos. Hemos roto los espacios naturales sanos. Hoy las personas se agolpan en las salas de los hospitales para ser sanadas, creyendo que los f&aacute;rmacos pueden curar sus dolencias.<\/p>\n<p>En medio de estas sociedades enfermas de ayer y de hoy, Jes&uacute;s realiza seg&uacute;n este texto dos acciones m&aacute;s que nos sorprenden, o al menos deber&iacute;an hacerlo. La primera acci&oacute;n que Jes&uacute;s realiza, luego de haber estado en contacto con tantos cuerpos enfermos, es salir de madrugada e ir a orar a un lugar solitario. Jes&uacute;s necesitaba esos momentos de quietud y de soledad, momentos donde seguramente recordaba sus vivencias junto a tantos cuerpos enfermos y con esp&iacute;ritus impuros. Era un espacio donde se daba el tiempo para acercarse a Aqu&eacute;l a quien llamaba <em>Abba<\/em> (palabra aramea que significa &ldquo;pap&aacute;;&rdquo; ver Mc 14:36) y de quien hab&iacute;a escuchado la voz que le hab&iacute;a dicho: &ldquo;T&uacute; eres mi hijo amado&rdquo; (Mc 1:11b). La oraci&oacute;n era su fortaleza, su espacio vital. De otra forma no hubiera podido sostener su misi&oacute;n de predicar, sanar y ense&ntilde;ar.<\/p>\n<p>La oraci&oacute;n es el necesario di&aacute;logo que revitaliza a todo cristiano y a toda cristiana que decide vivir su misi&oacute;n particular en medio de estas sociedades que han olvidado que el silencio y la soledad son espacios para recrear la propia historia y para comprender las historias de quienes nos rodean. Orar tambi&eacute;n es el espacio donde maduramos nuestras experiencias y donde las experiencias se transforman en sabidur&iacute;a.<\/p>\n<p>La segunda acci&oacute;n sorprendente de Jes&uacute;s es la respuesta que les da a sus amigos cuando le dicen que todos lo estaban buscando. Jes&uacute;s invita a estos cuatro hombres (Sim&oacute;n, Andr&eacute;s, Jacobo o Santiago y Juan) a ir a &ldquo;los lugares vecinos&rdquo; (v. 38); los anima a caminar por toda Galilea. A entrar en las sinagogas y predicar, sanar y expulsar el mal.<\/p>\n<p>Encontramos a Jes&uacute;s con un acto de humildad que pocos maestros tienen. No espera que le den las gracias. S&oacute;lo decide partir porque sabe que las necesidades humanas abundan en cada rinc&oacute;n de su tierra. En Galilea, un territorio f&eacute;rtil, pero da&ntilde;ado por las malas pol&iacute;ticas y los desencuentros constantes con el imperio de turno. Un territorio empobrecido y enfermo. Por eso Jes&uacute;s no pone l&iacute;mites a su misi&oacute;n ni mide tiempos; al contrario, arrebata encuentros, toca a las personas, se acerca a ellas y comparte las energ&iacute;as necesarias para que las personas respiren salud interior y exterior.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s sab&iacute;a que muchos no estar&iacute;an de acuerdo con &eacute;l, pero no le preocupaba, porque sab&iacute;a tambi&eacute;n que la &uacute;nica forma de vivir con dignidad es hacerlo en complicidad con el pr&oacute;jimo, recordando quiz&aacute;s al sabio Eclesiast&eacute;s cuando escribi&oacute;: &ldquo;M&aacute;s valen dos que uno, porque obtienen m&aacute;s fruto de su esfuerzo&rdquo; (Ec 4:9 en la <em>Nueva Versi&oacute;n Internacional<\/em>).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me Duele tu Dolor Si hay algo que caracteriza al ser humano es poder expresar no s&oacute;lo sus pensamientos sino tambi&eacute;n sus sentimientos. 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