{"id":28356,"date":"2016-10-04T20:15:00","date_gmt":"2016-10-05T01:15:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-426-34-comentario-por-neddy-astudillo\/"},"modified":"2016-10-04T20:15:00","modified_gmt":"2016-10-05T01:15:00","slug":"san-marcos-426-34-comentario-por-neddy-astudillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-426-34-comentario-por-neddy-astudillo\/","title":{"rendered":"San Marcos 4:26-34 Comentario por Neddy Astudillo"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">El otro d&iacute;a mi familia y yo visit&aacute;bamos el observatorio de p&aacute;jaros &ldquo;Sand Bluff,&rdquo; ubicado en una reserva forestal al norte de Illinois.<\/p>\n<p>Durante la primavera y el oto&ntilde;o, el observatorio se dedica a poner anillas met&aacute;licas numeradas en las patas de las aves, con el fin de conocer sus rutas migratorias, cu&aacute;nto tiempo viven, cu&aacute;les son sus lugares de cr&iacute;a y otros temas importantes para su conservaci&oacute;n. Gran parte de las aves anilladas en los EEUU han pasado por este lugar; s&oacute;lo un 3% de ellas han sido recapturadas en lugares lejanos. Sin embargo, es muy poco lo que se conoce todav&iacute;a sobre ellas.<\/p>\n<p>En una presentaci&oacute;n al p&uacute;blico, el fundador del observatorio nos explicaba con preocupaci&oacute;n c&oacute;mo en los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os, desde que comenz&oacute; a funcionar el observatorio, la poblaci&oacute;n de p&aacute;jaros migratorios que pasa por ese lugar ha bajado en un 80%.<\/p>\n<p>El aumento de las tormentas, los cambios del clima y la destrucci&oacute;n de su h&aacute;bitat natural por el desarrollo del monocultivo y de nuevas poblaciones humanas, son un peligro para las aves. Las tormentas pueden sacarlas de su curso y exponerlas a situaciones, climas y elementos desconocidos, mientras que la destrucci&oacute;n de su h&aacute;bitat disminuye la posibilidad de encontrar refugio, comida o lugares para hacer sus nidos. Todo esto, sin embargo, puede revertirse, si al buscar el reino de Dios, la humanidad tambi&eacute;n tomara en cuenta a las aves.<\/p>\n<p>El evangelio de hoy nos presenta el reino de Dios como un lugar donde la tierra da sus frutos por s&iacute; sola (v. 28) y los arbustos crecen como si fueran maleza, con igual voluntad preconcebida, dando cobijo desinteresado a las m&aacute;s peque&ntilde;as criaturas (v. 32). El reino de Dios provee en abundancia; all&iacute; nada se pierde. Ni siquiera las semillas que caen junto al camino se pierden, porque sirven de alimento a las aves (Mc 4:4).<\/p>\n<p>La creciente vulnerabilidad de esta abundancia, en diferentes lugares del planeta, nos reta a considerar para qui&eacute;n no ha llegado a&uacute;n el reino de Dios, a mirar las causas y a considerar las maneras de restaurar la tierra.<\/p>\n<p>Hoy sabemos que para que una semilla germine, crezca y&nbsp;d&eacute; fruto se necesitan condiciones ecol&oacute;gicas tanto en el suelo, como en el clima. Son las condiciones que teol&oacute;gicamente reconocemos como voluntad de Dios, para que su reino germine. La tierra no puede dar fruto indefinidamente si no tiene una mezcla correcta de elementos: humedad, nutrientes, bacterias, nitr&oacute;geno, carb&oacute;n, etc. La actividad humana ha puesto en peligro este balance. Ya no siempre se hace posible, ni en todo lugar, disfrutar de la gracia divina de ser testigos del reino de Dios en la tierra.<\/p>\n<p>&iquest;De qu&eacute; otra manera podemos entender la par&aacute;bola de Jes&uacute;s en estos tiempos de crisis ecol&oacute;gica?<\/p>\n<p>La semilla del reino, manifestada en la actitud del\/la creyente, no tiene que producir resultados grandiosos; ella puede ser peque&ntilde;a e insignificante a los ojos de los dem&aacute;s, como una semilla o un arbusto de mostaza. Sin embargo, el poder de Dios, la Sabidur&iacute;a con la cual Dios cre&oacute; la tierra (Proverbios 8:30), se mueve incluso en la m&aacute;s peque&ntilde;a de las semillas y la convierte en bondad para su creaci&oacute;n.<\/p>\n<p>En el caso de las aves en peligro, la soluci&oacute;n puede estar en la ubicaci&oacute;n de alimentos o nidos en las casas y en la siembra de m&aacute;s &aacute;rboles, praderas y flores. La soluci&oacute;n tambi&eacute;n pasa por apagar las luces en los rascacielos, cuando no hay nadie trabajando, ya que los p&aacute;jaros emigran por las noches y cuando ven la luz que ilumina el interior de estos altos edificios, no detectan las ventanas, y al seguir volando, se estrellan contra ellas y mueren. Miles y miles de aves migratorias mueren cada a&ntilde;o de esta manera. Toda luz que se pueda apagar en cualquier casa es una contribuci&oacute;n para detener el calentamiento del planeta y el aumento de tormentas.<\/p>\n<p>Mientras la tierra guarda en s&iacute; la sabidur&iacute;a divina, necesitamos cultivar el reino de Dios en nuestros corazones, para que su semilla germine y produzca frutos en la tierra, como lo dec&iacute;a el evangelio de Juan (15:16) hace unas pocas semanas.<\/p>\n<p>La te&oacute;loga Cristina Conti observaba en su comentario b&iacute;blico c&oacute;mo el llamado de Jesucristo a amarnos unos a otros estaba fundamentado en el amor <em>ag&aacute;pe<\/em>, un amor basado en principios &eacute;ticos y en una voluntad consciente de buscar lo mejor para el otro y la otra.<sup>1<\/sup><\/p>\n<p>Ese &ldquo;otro\/a&rdquo; debe incluir hoy al resto de la tierra, y de manera consciente. El compromiso no puede estar fundamentado en sentimientos que hoy existen y que ma&ntilde;ana desaparecen, cuando ya no nos resulten convenientes. La semilla de mostaza sabe que le toca ser arbusto de mostaza. El p&aacute;jaro migratorio s&oacute;lo deja de volar si est&aacute; herido, pero su voluntad de volar es constante.<\/p>\n<p>Aunque el evangelista nos ense&ntilde;a que la semilla del reino de Dios crece aun mientras dormimos y que nuestra participaci&oacute;n tiene poca importancia (v. 27), la ciencia nos ense&ntilde;a que es necesario que se cumplan ciertas condiciones para que semilla pueda crecer. Con nuestras acciones, podemos trabajar en contra del reino o unirnos fieles a su causa.<\/p>\n<p>No deber&iacute;amos acusar de ingenuos a quienes en el pasado eran capaces de dejarse maravillar por el poder de Dios sembrado en su creaci&oacute;n. Aun cuando hoy podemos explicar estos procesos cient&iacute;ficamente, la actitud de maravillarnos sigue siendo necesaria. Hoy, m&aacute;s que nunca, necesitamos dejarnos cautivar por la vida y por la naturaleza humana y no humana, incluyendo a las aves, que a&ntilde;o tras a&ntilde;o vuelan distancias que nosotros y nosotras nunca podr&iacute;amos caminar, y que despu&eacute;s buscan regresar al mismo lugar, por fe (Salmo 145:15-16), para comer y hacer sus nidos en los pastos, los &aacute;rboles y los techos de nuestras casas. No sabemos de estas aves mucho m&aacute;s de lo que se sab&iacute;a en tiempos del evangelista. De lo que s&iacute; podemos estar seguros y seguras es que hoy, como ayer, se sigue manifestando en ellas la grandeza y la voluntad de Dios para su creaci&oacute;n.<\/p>\n<h4>Notas:<\/h4>\n<p>1. V&eacute;ase https:\/\/www.workingpreacher.org\/preaching.aspx?commentary_id=2460 (consultado: 27 de mayo, 2015).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El otro d&iacute;a mi familia y yo visit&aacute;bamos el observatorio de p&aacute;jaros &ldquo;Sand Bluff,&rdquo; ubicado en una reserva forestal al norte de Illinois. 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