{"id":28357,"date":"2016-10-04T20:15:02","date_gmt":"2016-10-05T01:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-426-34-comentario-por-guillermo-hansen\/"},"modified":"2016-10-04T20:15:02","modified_gmt":"2016-10-05T01:15:02","slug":"san-marcos-426-34-comentario-por-guillermo-hansen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-426-34-comentario-por-guillermo-hansen\/","title":{"rendered":"San Marcos 4:26-34 Comentario por Guillermo Hansen"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">La lectura nos presenta dos par&#225;bolas construidas en torno a im&#225;genes de la naturaleza: la semilla que crece por s&#237; sola y el grano de mostaza.<\/p>\n<p>Ambas aparecen en la secci&#243;n del evangelio dedicada al ministerio de Jes&#250;s en Galilea, haci&#233;ndose eco de un contexto agrario. Aunque sus tem&#225;ticas sean un tanto diferentes, tienen en com&#250;n la referencia al Reino como algo peque&#241;o, escondido, a veces insignificante, pero que crece por el misterioso poder de un Dios cuyo dominio se manifiesta trastocando el tejido ordinario de la vida. El Reino no se construye ni madura por las acciones humanas, sino que es la obra incondicional de Dios que hace brotar algo nuevo desde lo aparentemente banal.<\/p>\n<p>La primera par&#225;bola sobre la semilla es exclusiva del evangelio de Marcos. Es narrada siguiendo cuatro pasos: la acci&#243;n del sembrador, la semilla que germina y crece, la tierra que da fruto por s&#237; misma, y finalmente la re-aparici&#243;n del sembrador para la siega. Si bien la par&#225;bola describe una multiplicidad de acciones&#8211;sembrador que siembra, grano que crece, tierra que hace brotar, cosecha&#8211;la estructura en s&#237; misma indica que el Reino no depende de la acci&#243;n de nadie ni nada en particular, sino que en su conjunto es la obra misteriosa y sorprendente de Dios. La acci&#243;n (humana) de sembrar y segar es solo posible merced al misterio de la vida, que hace lo suyo sin el entendimiento o la intervenci&#243;n directa humana. Cabe preguntarse si el tema central de la par&#225;bola no se pierde en la actualidad, considerando que no somos campesinos galileos del primer siglo. Nuestra cultura cient&#237;fica ha desentra&#241;ado lo que antes era misterioso: los secretos de c&#243;mo una semilla puede germinar, crecer y dar abundante fruto se pueden explicar sin apelar al manto del misterio. Pero aun con nuestros conocimientos actuales sobre biolog&#237;a, gen&#233;tica, agronom&#237;a y ciclos meteorol&#243;gicos&#8211;lo que lleva a un control mayor de los ciclos de crecimiento de plantas y granos&#8211;nuestra actividad humana depende de un misterio mayor que nos sobrepasa, pues de &#233;l somos part&#237;cipes: la gratuidad de la vida. En todo caso, frente a la par&#225;bola, es necesario una cierta &#8220;ingenuidad,&#8221; pues ella habla en la medida en que nos dejamos cautivar por el proceso que relata: al igual que una semilla que crece en la tierra, dando espigas con muchos granos, de la misma manera el Reino de Dios da sus frutos sin que podamos controlar directamente su din&#225;mica.<\/p>\n<p>La segunda par&#225;bola sobre el grano de mostaza aparece tambi&#233;n en los evangelios de Mateo y Lucas, lo que indica la popularidad de la misma en la iglesia primitiva. La par&#225;bola presenta un tono ir&#243;nico, pues obviamente se contrapone a otras met&#225;foras b&#237;blicas que empleaban el s&#237;mbolo del &#225;rbol majestuoso como sin&#243;nimo de poder y grandeza (cfr. la imagen de la majestuosidad del cedro del L&#237;bano, s&#237;mbolo imperial en Ez 17:23, o del &#225;rbol escatol&#243;gico en Dn 4:12).<sup>1<\/sup> El peque&#241;o grano de mostaza, sumado a la imagen de un ordinario arbusto, representa una parodia que invierte un s&#237;mbolo de poder y grandeza (cedros, &#225;rboles gigantes, etc.), desatando la risa en los oyentes. La hilaridad se produce al contrastar dos im&#225;genes (uno supuesto, el otro enunciado), donde la misma figura (una especie vegetal) cumple con una cierta expectativa escatol&#243;gica (&#225;rbol que da cobijo) al mismo tiempo que la socava (un arbusto ordinario, invasivo). De esta forma un arbusto com&#250;n, una planta de jard&#237;n, da una nueva configuraci&#243;n a las expectativas sobre el Reino: sus humildes comienzos (grano de mostaza) y su despatarrado crecimiento socavan expectativas muy humanas y mundanas de grandeza y relevancia. M&#225;s a&#250;n, el arbusto parece invadir al resto de las hortalizas del jard&#237;n, alterando un &#8220;orden&#8221; establecido (la de las plantas y sus frutos en un cuidado jard&#237;n) con un nuevo orden (dar cobijo a multiplicidad de aves, tiernos pajarillos y obtusos pajarracos, donde algunos anidar&#225;n mientras que otros seguir&#225;n su vuelo). A pesar de sus humildes inicios y de su para nada espectacular desarrollo, el arbusto representa un nuevo orden, el dominio de Dios.&nbsp;<\/p>\n<p><b>Sugerencias para la predicaci&#243;n<\/b><br \/>\nSabemos que una buena par&#225;bola se mide por su capacidad de crear un cierto efecto en los oyentes: atenci&#243;n, sorpresa, risas, reflexi&#243;n. Una buena par&#225;bola no se mide por la ense&#241;anza de una teor&#237;a, o la ilustraci&#243;n de una doctrina. M&#225;s bien busca simbolizar c&#243;mo una realidad misteriosa, transcendente e inalcanzable se manifiesta de una manera sorprendente en medio de las m&#225;s ordinarias de las situaciones. Despu&#233;s de escuchar una buena par&#225;bola, nuestra vida adquiere un nuevo cariz. Ya no podemos mirar lo ordinario con los mismos ojos; lo ordinario puede ser el cobijo de lo m&#225;s extraordinario. En suma, una buena par&#225;bola no es tirar del hilo de un barrilete en el intento de arrimar algo lejano; tampoco es un puente que nos permite cruzar hacia otra orilla. Una buena par&#225;bola revela lo impensable haciendo uso de lo pensable.<\/p>\n<p>Ahora bien, las par&#225;bolas de Jes&#250;s se refieren al aspecto central de su proclamaci&#243;n: el Reino de Dios. En efecto, nuestras par&#225;bolas nos indican que el Reino escapa de ser un objeto que pueda ser analizado y comprendido, como si fuera una cosa a nuestra disposici&#243;n. Las par&#225;bolas de Jes&#250;s nos indican que el Reino es un evento del cual se nos invita a participar en forma plena y sin miramientos. Al decir que es evento nos referimos a que el Reino es algo que nos sucede; Dios hilvana su dominio dando vuelta nuestro orden simb&#243;lico. No hay Reino sin Dios, sin gracia, pero tampoco hay Reino sin nuestra participaci&#243;n, sin nuestra sorpresa y respuesta. Participar de este tipo de Reino desaf&#237;a las construcciones que por defecto hacemos de la realidad.<\/p>\n<p>Mas el Reino se manifiesta de una manera especial. En primer lugar, sus comienzos podr&#225;n ser humildes, casi imperceptibles, pero no obstante crece y se manifiesta como un dominio donde en principio se acoge a todos y a todas, gratuitamente. El Reino es generoso. En segundo lugar, el Reino podr&#225; aparecer muchas veces como algo &#8220;ordinario,&#8221; o incluso &#8220;invasivo.&#8221; Pero lo que es despreciable para los ojos del mundo es el germen de lo extraordinario para Dios. En tercer lugar el Reino aparece en forma oculta, escondida. Al igual que Dios, el Reino se oculta en el sentido de que adquiere un &#8220;ropaje&#8221; con el cual podemos vestirnos. El Reino siempre nos sorprende, nos descentra y nos vuelve a centrar. Por &#250;ltimo, el Reino viene a nosotros no para juzgar o condenar, sino para dar vida y gozo. Nuestra respuesta gozosa es un aspecto integral del Reino de Dios.<\/p>\n<p>Al predicar sobre las par&#225;bolas es conveniente no reducirlas a un tono did&#225;ctico o doctrinal, menos a&#250;n a una regla moral. M&#225;s bien se trata de aprender a traducir y aplicar el modelo de la par&#225;bola, refiri&#233;ndonos a hechos o eventos que tienen lugar en la congregaci&#243;n, la comunidad o el pa&#237;s. Las par&#225;bolas ofrecen una suerte de paradigma, a fin de que podamos &#8220;parabolizar&#8221; nuestra realidad, es decir, leer bajo la clave de la gratuidad de Dios eventos que trastocan nuestro orden simb&#243;lico, ocultos bajo el manto de nuestra cotidianeidad. Ellos traslucen las huellas y rastros del caminar salv&#237;fico de Dios entre nosotros y nosotras.<br \/>\n___<br \/>\n<sup>1<\/sup>Ver Funk, Robert y Roy Hoover, eds., The Five Gospels: What Did Jesus Really Say? (San Francisco: HarperCollins Publishers, 1997), p. 59.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La lectura nos presenta dos par&#225;bolas construidas en torno a im&#225;genes de la naturaleza: la semilla que crece por s&#237; sola y el grano de mostaza. Ambas aparecen en la secci&#243;n del evangelio dedicada al ministerio de Jes&#250;s en Galilea, haci&#233;ndose eco de un contexto agrario. 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