{"id":28361,"date":"2016-10-04T20:15:11","date_gmt":"2016-10-05T01:15:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-435-41-comentario-por-neddy-astudillo\/"},"modified":"2016-10-04T20:15:11","modified_gmt":"2016-10-05T01:15:11","slug":"san-marcos-435-41-comentario-por-neddy-astudillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-435-41-comentario-por-neddy-astudillo\/","title":{"rendered":"San Marcos 4:35-41 Comentario por Neddy Astudillo"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">En un viaje al Amazonas, est&aacute;bamos regresando en una canoa hecha de un tronco por el mismo r&iacute;o que, aunque ahora era de aguas tranquilas, m&aacute;s abajo se convert&iacute;a en uno de los saltos m&aacute;s grandes del mundo.<\/p>\n<p>Ven&iacute;amos de admirar la fuerza de ese salto y c&oacute;mo ca&iacute;a, moldeando enormes piedras, creando vientos y corrientes peligrosas para quien estuviera cerca. Para un ser mortal era abrumador presenciar tanto poder y caminar al lado de esta maravilla, aun cuando uno no estuviera en ning&uacute;n peligro.<\/p>\n<p>Sin darnos cuenta, el cielo comenz&oacute; a nublarse y tuvimos que acortar nuestro paseo; ten&iacute;amos que volver r&iacute;o arriba, al sitio donde estaba el campamento, antes de que nos cayera encima el aguacero. Nuestro gu&iacute;a, un anciano de la comunidad ind&iacute;gena cuidadora del salto, iba sentado en la proa, callado, concentrado, mirando hacia lo lejos, como si hubiera m&aacute;s de un r&iacute;o por donde regresar. Pero en poco tiempo nos dimos cuenta de lo que pasaba: el anciano dialogaba con las nubes, d&aacute;ndoles &oacute;rdenes, y tal como era su intenci&oacute;n, llov&iacute;a a nuestra derecha y llov&iacute;a a nuestra izquierda, pero el cielo no se abri&oacute; sobre nosotros hasta que no tuvimos a la vista el campamento. Las gotas de agua eran tan enormes, que s&oacute;lo entonces entend&iacute;: si el aguacero nos hubiera agarrado al comenzar el trayecto, habr&iacute;a llenado r&aacute;pidamente la canoa y nos hubi&eacute;ramos hundido con ella.<\/p>\n<p><strong><em>&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n es este, que aun el viento y el mar lo obedecen?&rdquo;<\/em><\/strong> (v. 41)<\/p>\n<p>Tanto los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s, como mi familia y yo en ocasi&oacute;n de aquel viaje al Amazonas, est&aacute;bamos embarcados, explorando nuevos territorios donde algunos le hablaban al viento y el viento parec&iacute;a obedecer. En el caso de los disc&iacute;pulos, eran tierras gentiles al otro lado del mar de Galilea; tierras misteriosas, con una cultura diferente, temida y rechazada por los jud&iacute;os. Aun cuando Jes&uacute;s les hab&iacute;a dado a los disc&iacute;pulos la autoridad para predicar y expulsar demonios (Mc 3:14-15), no estaba dentro de su idea pasar peligros o enfrentarse a sus miedos para ser testigos de un evento milagroso de una clase que hasta ese momento ellos s&oacute;lo conoc&iacute;an por la Escritura (Ex 14:21). Vivirlo ellos mismos, ahora, les exig&iacute;a entregarse completamente a Cristo, as&iacute; fuera a los gritos: &ldquo;&iexcl;Maestro!, &iquest;no tienes cuidado que perecemos?&rdquo; (v. 38).<\/p>\n<p>Luego de un largo d&iacute;a, la atenci&oacute;n de los disc&iacute;pulos seguramente estaba puesta en lo que parec&iacute;a ser una invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s para aprender cosas nuevas y clarificar alguna par&aacute;bola que a&uacute;n no entendieran. Todo indicaba que lo har&iacute;an c&oacute;modamente, en la privacidad de un bote, y que m&aacute;s tarde, por fin, podr&iacute;an descansar. Pero Jes&uacute;s los llevaba a explorar nuevos horizontes, donde era normal sentirse fuera de control.<\/p>\n<p>El tema del d&iacute;a hab&iacute;a sido el reino de Dios. Y en una de las par&aacute;bolas Jes&uacute;s ya les hab&iacute;a advertido en contra de vivir ahogando la palabra de Dios con preocupaciones que destruyeran el milagro del reino de Dios creciendo en ellos (4:18-19).<\/p>\n<p>Ahora Jes&uacute;s escucha, amorosamente, el clamor de sus disc&iacute;pulos y en vez de dar un discurso sobre la fe, les ense&ntilde;a ya no con par&aacute;bolas ni haci&eacute;ndolos testigos de milagros en favor de otras personas. Jes&uacute;s los hace conocedores del poder de Dios en &eacute;l, el escogido, el Cristo que hab&iacute;a venido a salvarlos tambi&eacute;n a ellos, con poder sobre el mar y dominio sobre los r&iacute;os, seg&uacute;n las promesas del salmista (Sal 39:25). Ese mismo poder tambi&eacute;n lo tendr&iacute;an los disc&iacute;pulos (11:23, 16:17-18), si dejaban a un lado la incredulidad (6:5-6) y el temor y pon&iacute;an su fe en Dios (11:22), para bien de toda la creaci&oacute;n (16:15).<\/p>\n<p><strong>Consideraciones Eco-teol&oacute;gicas<\/strong><\/p>\n<p>Por mucho tiempo, a diferencia de Jes&uacute;s, nos hemos relacionado con la tierra como si fuera un ser inanimado, explot&aacute;ndola y control&aacute;ndola para aumentar nuestras riquezas, mientras que Jes&uacute;s se dirige a ella, habl&aacute;ndole como un ser vivo: &ldquo;&iexcl;Calla, enmudece!&rdquo;&mdash; y ella lo obedece. Al igual que para los disc&iacute;pulos, este es un territorio nuevo para muchos de nosotros y nosotras, y Jes&uacute;s nos pide que sigamos caminando con &eacute;l.<\/p>\n<p>Aunque hoy no pongamos en duda la autoridad de Cristo sobre el mar y los r&iacute;os, s&iacute; desconfiamos de la naturaleza y su capacidad de tener una relaci&oacute;n propia con Cristo.<\/p>\n<p>En los &uacute;ltimos siglos, desde el comienzo del desarrollo cient&iacute;fico e industrial, la mayor&iacute;a de nosotros y nosotras hemos aprendido a ver la naturaleza como un ser involuntario que necesita ser dominado, temido y controlado. Le hemos declarado la guerra a la naturaleza, en vez de trabajar junto con ella hacia una plenitud universal.<\/p>\n<p>Frente al cambio clim&aacute;tico, la subida del nivel del mar y su amenaza a comunidades costeras, tal vez la pregunta, dejando a un lado el temor, no sea &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n es este, que aun el viento y el mar lo obedecen?,&rdquo; sino &ldquo;&iquest;Qu&eacute; nos dicen ahora los vientos, el mar y el clamor de la tierra?&rdquo;<\/p>\n<p>El temor al cambio clim&aacute;tico nos deja a muchos paralizados y deseando que Jes&uacute;s diga de nuevo: &ldquo;&iexcl;Calla, enmudece!&rdquo;<\/p>\n<p>Bien dice Larry Rasmussen, profesor em&eacute;rito de &Eacute;tica Social en el <em>Union Theological Seminary<\/em>:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">La tercera roca desde el sol [la tierra] ya no puede asegurarnos que las temporadas para la siembra y la cosecha sigan siendo estables; que las aguas glaciales sigan alimentando a los grandes r&iacute;os; que los niveles del mar sean lo suficientemente confiables como para permitir la construcci&oacute;n de grandes ciudades; que la flora y la fauna tengan tiempo suficiente como para adaptarse a nuevos insectos predadores y a nuevas enfermedades, as&iacute; como a sequ&iacute;as e inundaciones; &hellip; que habr&aacute; recursos suficientes como para que las futuras generaciones sobrevivan y prosperen en su planeta empobrecido.<sup>1<\/sup><\/p>\n<p>Estamos en una tierra nueva, confrontando retos que nunca tuvimos. &iquest;Estamos como los disc&iacute;pulos, preguntando a Cristo si no le importa que nos ahoguemos? &iquest;O estamos buscando la manera de usar nuestra autoridad moral y religiosa para encontrar salidas inmediatas y proteger a los m&aacute;s vulnerables?<\/p>\n<p>Ante el poder de la naturaleza, el miedo hoy tampoco nos sirve. Lo que tenemos que hacer es buscar conocerla y aprender a trabajar con ella, con fe, porque sigue siendo la primera interesada en escuchar la voz de Dios y obedecerla:<\/p>\n<p>&iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;, que a Cristo reconoces y obedeces? (Mc 3:11-12) &iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;, que a trav&eacute;s de una zarza ardiente entregas a Mois&eacute;s el mensaje de Dios? (Ex 3:2) &iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;, que le salvas la vida a Balaam a trav&eacute;s de una burra? (Nm 22:33) &iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;, que le curas la lepra a Naaman en las aguas del Jord&aacute;n? (2 R 5:14) &iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;, que alimentas a El&iacute;as en el desierto? (1 Rey 17:4-6) &iquest;Y que confirmas la presencia de Dios en el bautismo de Jes&uacute;s a trav&eacute;s de una paloma? (Lc 3:22).<\/p>\n<p>Nuestra fe en Cristo requiere una relaci&oacute;n justa con la naturaleza y una actitud de arrepentimiento cuando nuestros miedos afectan la paz de la tierra.<\/p>\n<h4>Notas:<\/h4>\n<p>1. Larry L. Rasmussen, <em>Earth-Honoring Faith: Religious Ethics in a New Key<\/em> (New York: Oxford University Press, 2013), 5.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un viaje al Amazonas, est&aacute;bamos regresando en una canoa hecha de un tronco por el mismo r&iacute;o que, aunque ahora era de aguas tranquilas, m&aacute;s abajo se convert&iacute;a en uno de los saltos m&aacute;s grandes del mundo. 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