{"id":28478,"date":"2016-10-04T20:20:21","date_gmt":"2016-10-05T01:20:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-1324-37-comentario-por-luis-n-rivera-pagan\/"},"modified":"2016-10-04T20:20:21","modified_gmt":"2016-10-05T01:20:21","slug":"san-marcos-1324-37-comentario-por-luis-n-rivera-pagan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-1324-37-comentario-por-luis-n-rivera-pagan\/","title":{"rendered":"San Marcos 13:24-37 Comentario por Luis N. Rivera-Pag\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Este texto b&iacute;blico tradicionalmente no se ubica en la &eacute;poca de Adviento.<\/p>\n<p>No parece tener nada que ver con las actividades y actitudes t&iacute;picas de las liturgias preparatorias a la Natividad de Jes&uacute;s. Adviento siempre se ha visto como una &eacute;poca de celebraci&oacute;n, una festividad plena de promesas y augurios alegres: el nacimiento del Salvador de la humanidad. Pero este texto del Evangelio seg&uacute;n Marcos m&aacute;s bien preludia la tragedia del arresto y crucifixi&oacute;n de Jes&uacute;s. Jes&uacute;s se apresta a disipar de la mente de sus disc&iacute;pulos las optimistas ilusiones de triunfo y victoria en las cortes imperiales y en los centros de culto y religiosidad.<\/p>\n<p>Las palabras que el movimiento cristiano apost&oacute;lico atribuye a Jes&uacute;s en este pasaje evang&eacute;lico m&aacute;s bien se sit&uacute;an en las tradiciones escriturarias apocal&iacute;pticas. Parecen c&oacute;nsonas con aquellos escritos b&iacute;blicos que anuncian un cataclismo final de la historia. El tono de las palabras de Jes&uacute;s, en una primera lectura, parece m&aacute;s bien sombr&iacute;o y tenebroso.<\/p>\n<p>Hay interpretaciones l&uacute;gubres de esta clase de textos b&iacute;blicos, cargadas de mucha amargura y pesadumbre, con matices, en ocasiones, de hondo resentimiento. Son las visiones que perciben el final de la historia como una sucesi&oacute;n de calamidades, tragedias, violencias y masacres. Es una lectura que en ocasiones incluso ha prohijado o propulsado violencias inhumanas y crueles, como alegados pre&aacute;mbulos a una hecatombe c&oacute;smica.<\/p>\n<p>No es esa, sin embargo, la perspectiva que permea el texto que nos ocupa en esta reflexi&oacute;n exeg&eacute;tica. No es la amargura, sino la esperanza, lo que prevalece en las palabras de Jes&uacute;s. Su objetivo es fortalecer la resistencia espiritual de los disc&iacute;pulos a fin de que al presenciar su arresto y la crucifixi&oacute;n no se aboquen a la desesperaci&oacute;n, el desaliento y la amargura.<\/p>\n<p>No es que el texto, en su contexto b&iacute;blico espec&iacute;fico, pretenda dibujar una visi&oacute;n ingenua e ilusa sobre la historia humana. Todo lo contrario. El cap&iacute;tulo 13 de Marcos se inicia con lo que parece una predicci&oacute;n de la devastaci&oacute;n b&eacute;lica de Jerusal&eacute;n y su famoso templo. Cuando los disc&iacute;pulos, oriundos de Galilea y no habituados a presenciar la portentosa arquitectura de la capital israelita, se impresionan al contemplar maravillados el magn&iacute;fico templo de Jerusal&eacute;n (todav&iacute;a hoy el remanente de sus murallas, el llamado &ldquo;Muro de las Lamentaciones,&rdquo; conserva apariencia majestuosa), Jes&uacute;s les advierte que &ldquo;no quedar&aacute; piedra sobre piedra que no sea derribada&rdquo; (Mc 13:2). No es de la esmerada arquitectura religiosa de la que procede la esperanza humana.<\/p>\n<p>Luego Jes&uacute;s describe los ciclos de violencia que sobrecoger&aacute;n la historia: &ldquo;se levantar&aacute; naci&oacute;n contra naci&oacute;n y reino contra reino&rdquo; (Mc 13:8). Es casi una premonici&oacute;n de las catastr&oacute;ficas guerras que asolaron nuestro mundo durante el siglo veinte, con dos conflagraciones globales y decenas de sangrientos conflictos regionales o locales (Corea, Vietnam, Camboya, Laos, Angola, Mozambique, Israel, Palestina, Jordania, El L&iacute;bano, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Colombia, Ruanda, Sierra Leona, Argelia, Liberia, Etiop&iacute;a, Eritrea, Irak, Ir&aacute;n, Siria, Afganist&aacute;n, India-Pakist&aacute;n-Bangladesh, entre otros). El siglo veintiuno, que inicia un nuevo milenio, no augura, al menos hasta ahora, un futuro m&aacute;s pac&iacute;fico.<\/p>\n<p>Prosigue Jes&uacute;s advirti&eacute;ndoles algo que ya todos sus seguidores y seguidoras conoc&iacute;an a la perfecci&oacute;n cuando el Evangelio seg&uacute;n Marcos se redacta: la proclamaci&oacute;n de las buenas nuevas del Reino de Dios conlleva inevitablemente la persecuci&oacute;n y, en no pocos casos, el martirio de quienes asumen el apostolado cristiano (Mc 13:9-12). La conclusi&oacute;n parece amarga y ardua: &ldquo;ser&eacute;is odiados por todos&rdquo; (Mc 13:13).<\/p>\n<p><strong>Reflexi&oacute;n homil&eacute;tica<\/strong><\/p>\n<p>Sin embargo, el prop&oacute;sito de Jes&uacute;s no parece ser el de asustar o atemorizar a sus disc&iacute;pulos. Las advertencias acerca de su atroz y cruel destino en manos de los poderes imperiales, los cuales ninguna simpat&iacute;a ni paciencia tienen con predicadores de un Dios que no reconoce al c&eacute;sar romano como su representante en la tierra, no constituyen la palabra final de este texto b&iacute;blico. Tampoco sus premoniciones sobre la persecuci&oacute;n que ellos padecer&aacute;n, ni las violencias que asolar&aacute;n continuamente la historia humana, destrozando infinidad de aspiraciones y enso&ntilde;aciones, tienen como objetivo sembrar en los corazones de sus disc&iacute;pulos el terror.<\/p>\n<p>La finalidad de Jes&uacute;s es m&aacute;s bien cultivar una esperanza firme y capaz de soportar y sobrevivir los m&uacute;ltiples atropellos y atrocidades que pondr&aacute;n a prueba la fe en la gracia divina. Se trata de preservar la esperanza contra toda desesperanza. Se trata de confiar en la gracia divina en momentos en los que parad&oacute;jicamente parece imperar la desgracia humana.<\/p>\n<p>Es esa esperanza y esa fe en Dios, a pesar de todos los &aacute;speros pesares venideros, lo que pretende inculcar Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos. Exhortan sus palabras a la lealtad, la fidelidad y la perseverancia, en situaciones donde se requiere un firme caudal de resistencia espiritual.<\/p>\n<p>Adviento es una &eacute;poca festiva. Pero las escrituras mismas advierten contra actitudes ilusas, ingenuas y superficiales. La vida humana implica graves dilemas y desaf&iacute;os, adem&aacute;s de imprevisibles tristezas. Toda la Biblia, desde el G&eacute;nesis hasta el Apocalipsis, es un testimonio dram&aacute;tico de los males que acechan a quienes deciden recorrer a plenitud los senderos del amor, la fe y la esperanza. La proclamaci&oacute;n del evangelio del nacimiento del Redentor no conlleva un optimismo vano y banal. Hay que cuidarse de la banalizaci&oacute;n de la Navidad, de la seducci&oacute;n h&aacute;bilmente dise&ntilde;ada por el consumismo mercantilista.<\/p>\n<p>Lo que predomina en las sagradas escrituras, desde la creaci&oacute;n del mundo, en sus primeras p&aacute;ginas, hasta su culminaci&oacute;n de redenci&oacute;n c&oacute;smica, en sus postreras, es la gracia divina. Esa gracia es el misterio profundo y valioso del Adviento, de la preparaci&oacute;n a recibir la presencia de Dios encarnado, del Cristo que asume en la interioridad de su ser los males que azotan a la humanidad.<\/p>\n<p>De ah&iacute; la unidad, que subyace en la intimidad de las escrituras sagradas, entre la desgracia humana y la gracia divina. Pero no como dicotom&iacute;a de igual densidad o similar trascendencia. La gracia divina prevalece sobre la desgracia humana en el nacimiento humilde y menesteroso del Redentor del mundo. Ese es el mensaje central y esencial de Adviento. Lo principal en Adviento es la preparaci&oacute;n de nuestro ser para acoger en el pesebre de nuestras almas, corazones y mentes al Verbo divino encarnado en el ni&ntilde;o Jes&uacute;s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este texto b&iacute;blico tradicionalmente no se ubica en la &eacute;poca de Adviento. No parece tener nada que ver con las actividades y actitudes t&iacute;picas de las liturgias preparatorias a la Natividad de Jes&uacute;s. Adviento siempre se ha visto como una &eacute;poca de celebraci&oacute;n, una festividad plena de promesas y augurios alegres: el nacimiento del Salvador &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-1324-37-comentario-por-luis-n-rivera-pagan\/\" class=\"more-link\">Continue reading<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;San Marcos 13:24-37 Comentario por Luis N. 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