{"id":28493,"date":"2016-10-04T20:21:06","date_gmt":"2016-10-05T01:21:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-161-8-comentario-por-theodore-w-jennings-jr\/"},"modified":"2016-10-04T20:21:06","modified_gmt":"2016-10-05T01:21:06","slug":"san-marcos-161-8-comentario-por-theodore-w-jennings-jr","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-marcos-161-8-comentario-por-theodore-w-jennings-jr\/","title":{"rendered":"San Marcos 16:1-8 Comentario por Theodore W. Jennings, Jr."},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">La conclusi&oacute;n original del evangelio seg&uacute;n San Marcos se encuentra en los primeros ocho vers&iacute;culos de cap&iacute;tulo 16.<\/p>\n<p>Lo dem&aacute;s fue a&ntilde;adido d&eacute;cadas despu&eacute;s, tal vez porque la conclusi&oacute;n original era demasiado brusca, sorprendente y asombrosa.<\/p>\n<p>Pero en esta oportunidad queremos dejarnos guiar por lo que escribi&oacute; San Marcos precisamente para encontrarnos con su proclamaci&oacute;n fuera de lo usual.<\/p>\n<p>La historia que trata de la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s en Marcos es bastante distinta a la de los dem&aacute;s evangelios. Aqu&iacute; no nos encontramos con Jes&uacute;s resucitado, sino con una tumba vac&iacute;a. En vez del cuerpo de Jes&uacute;s, nos encontramos con &ldquo;un joven sentado al lado derecho&rdquo; (v. 5). En San Lucas son dos hombres y en San Mateo, un &aacute;ngel, pero en Marcos es un joven. Este joven es quien proclama la resurrecci&oacute;n. Las primeras y, de hecho, las &uacute;nicas personas que reciben las buenas noticias de la resurrecci&oacute;n son mujeres, de la misma forma en que estas mujeres son las &uacute;nicas que pueden testificar la muerte de Jes&uacute;s en la cruz. Ellas son las que van al sepulcro para cuidar de una manera digna el cuerpo de Jes&uacute;s, el cuerpo humillado, torturado y matado por las autoridades militares del ej&eacute;rcito romano. Y su reacci&oacute;n al o&iacute;r el evangelio de la resurrecci&oacute;n no es de j&uacute;bilo sino de terror, un terror que las hace huir de la tumba sin decir nada a nadie.<\/p>\n<p>Si queremos entender correctamente el evangelio seg&uacute;n San Marcos es preciso fijarnos en estas caracter&iacute;sticas tan particulares de su narraci&oacute;n del evento clave de nuestra fe.<\/p>\n<p>Seg&uacute;n este evangelio, que es el primero de los evangelios que fue escrito, el evangelio de la resurrecci&oacute;n no produce confianza, tranquilidad, optimismo, ni calma, sino terror. &iquest;Por qu&eacute; ser&aacute;? Si prestamos atenci&oacute;n a esta circunstancia, tambi&eacute;n nuestra proclamaci&oacute;n va a tener un car&aacute;cter muy diferente a lo que estamos acostumbrados a proclamar o escuchar en el Domingo de la Resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Comencemos con las mujeres.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; es importante recordar que las mujeres son las &uacute;nicas que pueden ser fuente de la fe fundada en la cruz y la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s. Cualquier proclamaci&oacute;n cristiana tiene su base aqu&iacute;, con ellas. Todos los hombres hab&iacute;an huido del escenario de la muerte de su l&iacute;der. Solamente unas mujeres quedaron para ver, de lejos. Y &uacute;nicamente ellas se atreven a acudir a la tumba donde hab&iacute;a sido depositado el cuerpo de Jes&uacute;s. Ellas fueron al sepulcro para dar su &uacute;ltimo servicio al cuerpo de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>Pero hay tal vez dos problemas aqu&iacute;. Uno es que el cuerpo de Jes&uacute;s ya hab&iacute;a sido preparado para su entierro. Nos acordamos de la mujer que derram&oacute; aceite sobre la cabeza de Jes&uacute;s (Mc 14:8) antes de su salida al monte de los Olivos. Esa mujer se anticip&oacute; a ungir el cuerpo de Jes&uacute;s para la sepultura. Y Jes&uacute;s hab&iacute;a agregado que dondequiera que se predicara el evangelio, en todo el mundo, tambi&eacute;n se contar&iacute;a lo hecho por esta mujer, para memoria de ella (Mc 14:9).<\/p>\n<p>El otro problema es que Jes&uacute;s les hab&iacute;a dicho a sus seguidores que iba a ser resucitado al tercer d&iacute;a. Tal vez las mujeres se han olvidado de esto, o no lo han cre&iacute;do.<\/p>\n<p>En el sepulcro, como dijimos, no encuentran a Jes&uacute;s sino a un joven. &iquest;Qu&eacute; joven ser&aacute;?<\/p>\n<p>Ya hab&iacute;a aparecido un joven en la historia del arresto de Jes&uacute;s. En Getseman&iacute;, cuando lleg&oacute; la polic&iacute;a para prender a Jes&uacute;s, tambi&eacute;n un joven fue prendido, pero dejando la s&aacute;bana con la que se cubr&iacute;a el cuerpo, este joven consigui&oacute; huir desnudo (Mc 14:51-52). Quiz&aacute;s se trate del mismo joven que las mujeres encuentran en el sepulcro de Jes&uacute;s. El &uacute;nico en compartir el destino de Jes&uacute;s al ser arrestado ahora est&aacute; en el sepulcro, de nuevo en el lugar de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>Si es as&iacute;, entonces su desnudez en el jard&iacute;n y su ropa blanca en el sepulcro pueden ser s&iacute;mbolos de la muerte (desnudez) y la resurrecci&oacute;n (ropa blanca) de los seguidores de Jes&uacute;s que aprendieron que se les exig&iacute;a el martirio, es decir, que dieran testimonio en el lugar de Jes&uacute;s, muriendo con &eacute;l y compartiendo con &eacute;l el destino de seres humanos sentados &ldquo;al lado derecho.&rdquo;<\/p>\n<p>Tal vez sea pues el m&aacute;rtir quien anuncia el evangelio a las mujeres. Y el evangelio es que no deb&iacute;an buscar a Jes&uacute;s en el sepulcro: &ldquo;Ha resucitado, no est&aacute; aqu&iacute;&hellip; &Eacute;l va delante de vosotros a Galilea; all&iacute; lo ver&eacute;is, como os dijo&rdquo; (vv. 6-7).<\/p>\n<p>&ldquo;A Galilea.&rdquo; El lugar donde todo empez&oacute;. Donde Jes&uacute;s y sus seguidores hab&iacute;an sanado a los enfermos, echado fuera a los demonios, y enfrentado a las autoridades con audacia. La misi&oacute;n va a empezar de nuevo. Y all&aacute; vamos a encontrarlo. Tal vez no podamos encontrarlo de otra manera. &Uacute;nicamente en la misi&oacute;n de la justicia y la misericordia para con todos los desamparados. No en los templos donde se celebran las tradiciones religiosas. Tampoco en la tumba del pasado, como lo pretend&iacute;an las mujeres que fueron a buscar al Jes&uacute;s de la historia. &Eacute;l no est&aacute; ah&iacute;. &Eacute;l est&aacute; delante de nosotros y nosotras. Tenemos que alcanzarlo, participando en su misi&oacute;n.<\/p>\n<p>Todos y todas tenemos que empezar de nuevo. Tal vez la segunda vez vamos a entender. &iquest;Entender qu&eacute;?<\/p>\n<p>&ldquo;Si alguno quiere venir en pos de m&iacute;, ni&eacute;guese a s&iacute; mismo, tome su cruz y s&iacute;game&rdquo; (Mc 8:34).<\/p>\n<p>Jes&uacute;s dijo esto como explicaci&oacute;n de sus palabras respecto a que el Hijo del hombre, la nueva humanidad, ser&iacute;a entregado a las autoridades, y que lo iban a matar, pero que resucitar&iacute;a tres d&iacute;as despu&eacute;s (Mc 8:31).<\/p>\n<p>La resurrecci&oacute;n muestra definitivamente que Jes&uacute;s ten&iacute;a raz&oacute;n. Y quiere decir que nosotros y nosotras tenemos que aceptar el mismo destino. Se nos pide que dejemos a nuestros familiares y a nuestras posesiones para seguirlo. Y m&aacute;s a&uacute;n, se nos pide que estemos dispuestos a enfrentar a las autoridades del mundo y estemos preparados para morir.<\/p>\n<p>No es dif&iacute;cil entender porqu&eacute; huyen con terror las mujeres disc&iacute;pulas que oyen el evangelio de la resurrecci&oacute;n, pero este es el camino que vamos a tener que recorrer si de verdad queremos ser disc&iacute;pulos y disc&iacute;pulas de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>Es un mensaje asombroso, sorprendente, e incluso espantoso. Si bien el premio es la resurrecci&oacute;n, el costo es extremadamente exigente.<\/p>\n<p>Con raz&oacute;n otros han preferido un mensaje de la resurrecci&oacute;n menos exigente.<\/p>\n<p>Pero gracias a Dios, los cristianos y las cristianas de los primeros siglos lo entendieron perfectamente bien. Por eso tenemos la historia de los m&aacute;rtires. Aun en el siglo cuarto, Atanasio puede decirles a los que ten&iacute;an dudas sobre el evangelio que vieran por s&iacute; mismos c&oacute;mo los cristianos no ten&iacute;an temor frente a la muerte. Aun hombres pobres, mujeres y ni&ntilde;os enfrentaban la crueldad del imperio sin temor.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n hoy en d&iacute;a hay quienes tienen el valor en el nombre de la venida de un reino de justicia y misericordia de enfrentar todo lo que destruye la vida y la dignidad del ser humano sin otras armas que su fe, su visi&oacute;n y su compromiso. Tal vez sea junto con ellos y con ellas que podremos encontrar a quienes han recibido el mensaje del joven que estaba en el sepulcro de Jes&uacute;s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La conclusi&oacute;n original del evangelio seg&uacute;n San Marcos se encuentra en los primeros ocho vers&iacute;culos de cap&iacute;tulo 16. 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