{"id":28526,"date":"2016-10-04T20:22:11","date_gmt":"2016-10-05T01:22:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-21-7-8-20-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/"},"modified":"2016-10-04T20:22:11","modified_gmt":"2016-10-05T01:22:11","slug":"san-lucas-21-7-8-20-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-21-7-8-20-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/","title":{"rendered":"San Lucas 2:[1-7] 8-20 Comentario por Nancy Elizabeth Bedford"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>La Se&ntilde;al del Ni&ntilde;o en el Pesebre<\/strong><\/p>\n<p>Jes&uacute;s nace en un contexto de vigilancia imperial. Seg&uacute;n Lucas, Augusto C&eacute;sar decreta que las personas sujetas al imperio en &ldquo;todo el mundo&rdquo; (v. 1) sean censadas. No se trata de un requerimiento inocente. El censo permite que el imperio compute con precisi&oacute;n cu&aacute;ntas personas est&aacute;n bajo su dominio y cu&aacute;les son sus posesiones, con el objetivo de recolectar impuestos y en algunos casos de imponer el servicio militar. Lucas da a entender que el C&eacute;sar se atribuye una autoridad rayana con lo divino, pues en la tradici&oacute;n b&iacute;blica, el derecho a censar al pueblo suele entenderse como un derecho propio de Dios (por ejemplo en el censo de N&uacute;meros 1). El imperio sigue su rumbo de acuerdo a su l&oacute;gica de cuantificaci&oacute;n y control de sus s&uacute;bditos. Sin embargo, bajo las mismas narices del imperio, y nada menos que durante el per&iacute;odo de empadronamiento que se ha establecido, Dios revela un se&ntilde;or&iacute;o muy diferente al de los se&ntilde;ores imperiales. En ese preciso momento hist&oacute;rico, &ldquo;Dios con nosotros y nosotras&rdquo; se manifiesta en Bel&eacute;n a trav&eacute;s de una se&ntilde;al imprevista: un ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, envuelto en pa&ntilde;ales, colocado en un pesebre.<\/p>\n<p>Mar&iacute;a, que todav&iacute;a no se ha casado con Jos&eacute;, da luz a su primog&eacute;nito. Lucas explica que Mar&iacute;a coloca al ni&ntilde;o en un pesebre, pues la pareja no ha podido encontrar refugio en un mes&oacute;n. Es dif&iacute;cil no revestir la escena de sentimentalismos, pues hemos internalizado im&aacute;genes dulzonas de una sagrada familia reluciente, rodeada de simp&aacute;ticos animales. En los pesebres que armamos en &eacute;pocas navide&ntilde;as en nuestras casas o iglesias no solemos destacar las evidencias de la sangre, el sudor y las l&aacute;grimas que suelen formar parte de las escenas de parto. Al leer este texto conviene que recordemos que el parto no es tarea f&aacute;cil, tal como el mismo texto b&iacute;blico afirma en diversos textos. El ap&oacute;stol Pablo se refiere m&aacute;s de una vez a los &ldquo;dolores de parto&rdquo; (Ro 8:22; G&aacute; 4:19). Seg&uacute;n el Evangelio de Juan, Jes&uacute;s mismo habla del dolor y la angustia del parto, seguido por el gozo de que haya nacido un hijo (Jn 16:21). En cambio Lucas no se refiere a esos dolores, si bien est&aacute;n impl&iacute;citos. Tampoco menciona a una partera que pudiera haber ayudado a Mar&iacute;a, una joven madre que no ha tenido experiencias anteriores de parto y maternidad. Ni siquiera se nos dice que Jos&eacute; haya asistido en el proceso. El evangelista es parco y hasta minimalista. Simplemente nos presenta con un hecho: nace el beb&eacute; en un entorno menos que ideal. Ni siquiera menciona el nombre del ni&ntilde;o.<\/p>\n<p>Mientras tanto, &ldquo;en la misma regi&oacute;n&rdquo; (v. 8) se van dando algunos hechos adicionales que al igual que el nacimiento del ni&ntilde;o y la correspondiente &ldquo;se&ntilde;al del pesebre,&rdquo; escapan la vigilancia del imperio. De modo sorprendente, se est&aacute; haciendo la voluntad de Dios tanto en el cielo como en la tierra. Unos pastores que est&aacute;n afuera, cuidando de sus reba&ntilde;os, de pronto reciben la visita de un mensajero de Dios. El &nbsp;&aacute;ngel les anuncia el dato del nacimiento del ni&ntilde;o en Bel&eacute;n (&ldquo;casa de pan&rdquo;), que es presentado como Salvador, Mes&iacute;as (Cristo) y Se&ntilde;or (v. 11). Les da una marca de la identidad del beb&eacute; que &ldquo;les&rdquo; ha nacido&#8211;que ha nacido &ldquo;para&rdquo; ellos (v. 12). La se&ntilde;al no tiene que ver con su estirpe, ni con sus caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas, sino con su lugar social: est&aacute; &ldquo;acostado en un pesebre&rdquo; (v. 12). Lucas muestra h&aacute;bilmente que este acercamiento de Dios en medio de la vulnerabilidad es una buena noticia. Es una buena nueva para los pastores, que glorifican y alaban a Dios por lo que han visto y o&iacute;do. Y tambi&eacute;n lo es para los &aacute;ngeles, que dan gloria a Dios porque Dios quiere paz con justicia para los seres humanos. El desaf&iacute;o en esta Navidad es descubrir c&oacute;mo y porqu&eacute; esta &ldquo;se&ntilde;al&rdquo; tambi&eacute;n es una buena noticia para nosotros y nosotras en nuestro tiempo y nuestro lugar.<\/p>\n<p>Vale la pena detenernos en esta se&ntilde;al del ni&ntilde;o en el pesebre que para Lucas es tan importante que la menciona tres veces en este corto pasaje. Primero, Mar&iacute;a envuelve a su primog&eacute;nito en pa&ntilde;ales y lo coloca en el pesebre (v. 7). Luego, el &aacute;ngel les comunica a los pastores que encontrar&aacute;n al ni&ntilde;o envuelto en pa&ntilde;ales y colocado en un pesebre. Interpreta el dato de una manera significativa: les dice que este hecho les servir&aacute; de &ldquo;se&ntilde;al&rdquo; (v. 12). Finalmente, luego de la aparici&oacute;n de la multitud de las huestes celestiales envueltas en luz que alaban al Dios del cielo y de la tierra (v. 14), los pastores salen apurados para verificar lo ocurrido. As&iacute; es que encuentran a Mar&iacute;a, a Jos&eacute; y &ldquo;al ni&ntilde;o acostado en el pesebre&rdquo; (v. 16).<\/p>\n<p>&iquest;En qu&eacute; sentido el ni&ntilde;o en el pesebre es una &ldquo;se&ntilde;al&rdquo;? &iquest;Se&ntilde;al de qu&eacute;? Los pastores verifican que el Salvador, Mes&iacute;as y Se&ntilde;or (v.&nbsp; 11) anunciado por el &aacute;ngel no es otra cosa que un ser humano peque&ntilde;o y vulnerable de carne y hueso, que necesita del mimo materno y de la protecci&oacute;n que significa el hecho de envolverlo en pa&ntilde;ales. Su lugar social no es el palacio ni una cuna principesca, sino un pesebre. Hoy esta &ldquo;se&ntilde;al&rdquo; es una buena noticia para nosotros y nosotras porque nos comunica que la l&oacute;gica de Dios no se basa en la vigilancia ni en el control caracter&iacute;sticos de los imperios de todos los tiempos. Dios se nos manifiesta (v. 15) en la vulnerabilidad de lo peque&ntilde;o, de lo profundamente humano, de lo humilde y de lo sencillo.&nbsp; La &ldquo;se&ntilde;al del pesebre&rdquo; subvierte nuestras expectativas y nos demuestra que el se&ntilde;or&iacute;o de Dios (v. 11) no se basa en las imposiciones ni los autoritarismos, sino que se manifiesta &ldquo;desde abajo&rdquo; en solidaridad absoluta con nuestra fr&aacute;gil condici&oacute;n humana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Se&ntilde;al del Ni&ntilde;o en el Pesebre Jes&uacute;s nace en un contexto de vigilancia imperial. Seg&uacute;n Lucas, Augusto C&eacute;sar decreta que las personas sujetas al imperio en &ldquo;todo el mundo&rdquo; (v. 1) sean censadas. No se trata de un requerimiento inocente. 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