{"id":28579,"date":"2016-10-04T20:24:36","date_gmt":"2016-10-05T01:24:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-315-17-21-22-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/"},"modified":"2016-10-04T20:24:36","modified_gmt":"2016-10-05T01:24:36","slug":"san-lucas-315-17-21-22-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-315-17-21-22-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/","title":{"rendered":"San Lucas 3:15-17, 21-22 Comentario por Nancy Elizabeth Bedford"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>Fiesta de los Sentidos<\/strong><\/p>\n<p>El pueblo estaba repleto de expectativas. La gente hab&iacute;a estado observando el accionar prof&eacute;tico de Juan el Bautista, escuch&aacute;ndolo predicar y respondiendo multitudinariamente a su llamado al bautismo. El acto de la inmersi&oacute;n en el r&iacute;o Jord&aacute;n se&ntilde;alaba contrici&oacute;n y el deseo de vivir generosamente y con sentido. Juan actuaba con la autoridad de uno de los grandes profetas de la Biblia hebrea. No era extra&ntilde;o entonces que comenzara a circular una pregunta: &iquest;No ser&iacute;a Juan tal vez el Cristo, el Mes&iacute;as de Dios, enviado para liberar al pueblo del yugo imperial? (v. 15). A pesar de la &ldquo;se&ntilde;al del pesebre&rdquo; que hab&iacute;a marcado el nacimiento de Jes&uacute;s como un Salvador y Mes&iacute;as cercano a la tierra y a la vulnerabilidad (Lc 2:11-12), para la gente la situaci&oacute;n no hab&iacute;a mejorado en las tres d&eacute;cadas subsiguientes. Los impuestos eran pesados y la lucha por la vida diaria era dura. Las imposiciones, tanto del gobernador romano en Judea como de los herodianos en otros sectores de Palestina (Lc 3:1), eran abrumadoras. Era peligroso cuestionar abiertamente las estructuras de poder y su l&oacute;gica injusta, como hac&iacute;a Juan, y de hecho esto fue lo que llevar&iacute;a a Juan primero a la c&aacute;rcel y m&aacute;s tarde a una ejecuci&oacute;n sumaria (ver Lc 3:19-20 y 9:9).<\/p>\n<p>Juan responde a la expectativa de la gente anunciando la venida de alguien que no solamente bautizar&iacute;a en agua como &eacute;l, sino tambi&eacute;n &ldquo;en Esp&iacute;ritu Santo y fuego&rdquo; (v. 16). Poco despu&eacute;s, Jes&uacute;s aparece en escena de manera p&uacute;blica y definitiva. Se suma al pueblo y es bautizado por Juan (v. 21). Lucas no presenta ning&uacute;n tipo de explicaci&oacute;n acerca de por qu&eacute; Jes&uacute;s se bautiza, sino que encuadra la acci&oacute;n dram&aacute;ticamente como un momento de manifestaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>En su relato, Lucas apela a los elementos (agua, fuego, tierra, aire) para subrayar la materialidad de la presencia del Esp&iacute;ritu y la inmediatez de la bendici&oacute;n del Padre sobre la persona y el ministerio de Jes&uacute;s de Nazaret.&nbsp; Seg&uacute;n la profec&iacute;a de Juan, repleta de referencias de corte apocal&iacute;ptico, Jes&uacute;s habr&iacute;a de bautizar en el Esp&iacute;ritu a sus seguidores y seguidoras, utilizando el soplo del viento (aire en movimiento) para aventar la cosecha (fruto de la tierra), as&iacute; como el fuego para consumir aquello que no fuera fruct&iacute;fero y vivificante. En el lenguaje b&iacute;blico, el viento, el fuego, el agua y el verdor de la tierra est&aacute;n vinculados &iacute;ntimamente con el Esp&iacute;ritu. Al hablar de Jes&uacute;s y del bautismo, Lucas emplea met&aacute;foras pneumatol&oacute;gicas (referidas al Esp&iacute;ritu Santo). As&iacute; como para Lucas la gestaci&oacute;n de Jes&uacute;s se encuadra como obra del Esp&iacute;ritu (Lc 1:35), lo mismo suceder&aacute; con su ministerio (por ejemplo, Lc 4:1 y 18). Para el evangelista, el Esp&iacute;ritu de Dios no es solamente un don enviado a la naciente iglesia en Pentecost&eacute;s, sino una presencia y una fuerza que jam&aacute;s puede ser separada de la persona de Jes&uacute;s. Por consiguiente, tanto el bautismo de Jes&uacute;s como el nuestro son s&iacute;mbolos y promesas de la fiel presencia de Dios Esp&iacute;ritu en nuestras vidas y sociedades.<\/p>\n<p>El mismo Jes&uacute;s que seg&uacute;n Juan ha de bautizar &ldquo;en Esp&iacute;ritu Santo y fuego,&rdquo; es bautizado en el agua del r&iacute;o Jord&aacute;n. Jes&uacute;s demuestra de modo concreto su voluntad de compartir los caminos y destinos de su gente, someti&eacute;ndose como &ldquo;todo el pueblo&rdquo; (v. 21) al bautismo de Juan. Su solidaridad es bendecida por una voz que viene &ldquo;del cielo&rdquo; (v. 22), es decir por aquella dimensi&oacute;n trascendente que vinculamos con Dios y que tiene que materializarse para que la podamos ver, o&iacute;r o palpar. Dios es presentado como un Padre que ama a su Hijo y que est&aacute; complacido&mdash;dicho de otro modo, &ldquo;feliz de la vida&rdquo;&mdash;con &eacute;l. El lenguaje utilizado apunta a la relaci&oacute;n &iacute;ntima y filial de Jes&uacute;s con Dios Padre, y retiene ecos de pasajes como Is 42:1 (descripci&oacute;n del Siervo de Dios sobre quien Dios ha puesto su Esp&iacute;ritu) y Sal 2:7 (el reino del ungido de Yahv&eacute;, al cual Dios le declara: &ldquo;Mi hijo eres t&uacute;; yo te engendr&eacute; hoy&rdquo;). Este lenguaje bautismal y filial, que aparece con variantes en los cuatro evangelios, as&iacute; como la gran comisi&oacute;n a los disc&iacute;pulos y las disc&iacute;pulas de bautizar en el nombre singular del &ldquo;Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo&rdquo; (Mt 28:19), est&aacute;n en la ra&iacute;z de lo que m&aacute;s tarde se llamar&iacute;a &ldquo;teolog&iacute;a trinitaria.&rdquo; Donde act&uacute;a Jes&uacute;s, tambi&eacute;n lo hacen el Padre y el Esp&iacute;ritu, no de manera sucesiva sino simult&aacute;nea; no de manera confusa sino armoniosa; no de manera m&uacute;ltiple sino singular.<\/p>\n<p>El Esp&iacute;ritu de Dios se presenta en la escena de modo corporal y visible, en la forma de una paloma. &nbsp;La imagen del Esp&iacute;ritu de Yahv&eacute; que reposa sobre la figura mesi&aacute;nica como Esp&iacute;ritu de sabidur&iacute;a, inteligencia, consejo, poder, conocimiento y temor de Dios, aparece en Is 11:1-10. Se vincula con su capacidad de discernimiento, su voluntad de traer justicia a los pobres y las promesas escatol&oacute;gicas acerca de la reconciliaci&oacute;n de toda la creaci&oacute;n. El &ldquo;benepl&aacute;cito&rdquo; del Padre y la presencia palpable del Esp&iacute;ritu no tienen que ver simplemente con un sentimiento. Tienen que ver con el llamado mesi&aacute;nico de Jes&uacute;s de traer justicia y reconciliaci&oacute;n, no solamente entre los seres humanos y Dios, o entre los seres humanos mismos, sino tambi&eacute;n entre los seres humanos y el resto de la creaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Todos los sentidos est&aacute;n involucrados en estos hechos: o&iacute;mos, vemos y palpamos la presencia del Dios trino que se nos acerca y comparte nuestros caminos. Nuestras pr&aacute;cticas de bautismo son se&ntilde;al de compromiso concreto y activo con el proyecto del reino de Dios y del seguimiento de Jes&uacute;s por el Esp&iacute;ritu. Nos remiten al bautismo de Jes&uacute;s, se&ntilde;al de su solidaridad con la vivencia humana y de la presencia de Dios, quien tambi&eacute;n a nosotros y nosotras nos declara con benepl&aacute;cito que somos sus hijas e hijos, selladas y sellados por el acompa&ntilde;amiento del Esp&iacute;ritu Santo que se hace palpable en nuestras vidas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fiesta de los Sentidos El pueblo estaba repleto de expectativas. La gente hab&iacute;a estado observando el accionar prof&eacute;tico de Juan el Bautista, escuch&aacute;ndolo predicar y respondiendo multitudinariamente a su llamado al bautismo. El acto de la inmersi&oacute;n en el r&iacute;o Jord&aacute;n se&ntilde;alaba contrici&oacute;n y el deseo de vivir generosamente y con sentido. 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