{"id":28580,"date":"2016-10-04T20:24:38","date_gmt":"2016-10-05T01:24:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-315-17-21-22-comentario-por-nicolas-panotto\/"},"modified":"2016-10-04T20:24:38","modified_gmt":"2016-10-05T01:24:38","slug":"san-lucas-315-17-21-22-comentario-por-nicolas-panotto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-315-17-21-22-comentario-por-nicolas-panotto\/","title":{"rendered":"San Lucas 3:15-17, 21-22 Comentario por Nicol\u00e1s Panotto"},"content":{"rendered":"<p>El pasaje comienza enmarcando el ambiente.<\/p>\n<p>El foco est&aacute; puesto en la gente y sus sentimientos: se sent&iacute;an con expectativas y presentaban suposiciones. No era cualquier pregunta la que se hac&iacute;an. Nada m&aacute;s ni nada menos que el gran interrogante por el Salvador prometido. &iquest;Era este el Cristo, el Mes&iacute;as, aquel que tanto esperamos desde tiempos remotos y de quien nuestros padres y madres nos han hablado tantas veces? &iquest;Es &eacute;ste el que salvar&iacute;a nuestro pueblo de todos los males que venimos cargando hace ya tantos siglos? Ciertamente no era cualquier pregunta. No era una simple expectativa. En ese solo gesto se concentraba toda la historia de un pueblo: la pasada, la presente y la futura. La gente esperaba esto de Juan. Pero &eacute;l deja en claro que su ministerio no puede ni por cerca compararse con lo que el verdadero Mes&iacute;as realizar&iacute;a.<\/p>\n<p>Y aqu&iacute; entra en escena el Esp&iacute;ritu. Su rol en este pasaje se vincula con la realizaci&oacute;n de las expectativas mesi&aacute;nicas, as&iacute; como lo confirman muchos textos del Antiguo Testamento (Ez 36:26ss; Is 44:3; Jl 3:1, entre otros). La imagen del fuego tampoco es fortuita; todo lo contrario. Ella evoca a las teofan&iacute;as, as&iacute; como a la columna de fuego que gu&iacute;a al pueblo de Israel en el desierto o la revelaci&oacute;n a Mois&eacute;s en la zarza.<\/p>\n<p>En este sentido, es interesante notar que Lucas no pone el &eacute;nfasis del relato en el bautismo, el cual se menciona muy brevemente en el vers&iacute;culo 21. Pone, s&iacute;, centralidad en la teofan&iacute;a. M&aacute;s a&uacute;n, aparece otra imagen muy recurrente en este autor: Jes&uacute;s orando. Cada suceso central de su caminar ministerial, el cual Lucas relata cual historiador puntilloso, va acompa&ntilde;ado de un momento de quietud, meditaci&oacute;n o ruego (6:12; 9:18; 11:1; 23:46).<\/p>\n<p>&ldquo;El cielo se abri&oacute;&rdquo;, es una expresi&oacute;n muy com&uacute;n en la literatura apocal&iacute;ptica de la &eacute;poca. Con ello, el bautismo se transforma en un suceso que se proyecta m&aacute;s profundamente en su significado. Representa el cumplimiento de las expectativas hist&oacute;ricas del pueblo (Is 42:1-4) &ndash;aquellas presentes en el inicio del relato&ndash; y la imaginaci&oacute;n de un futuro que traer&iacute;a consigo las transformaciones tan esperadas para la vida de la comunidad.<\/p>\n<p>Este pasaje es muy rico en la diversidad de elementos que nos presenta. Podemos percibir la emotividad de sus actores, personas que se congregan tras un deseo, una esperanza. Por otro lado, toda la narraci&oacute;n se dibuja en el tel&oacute;n de fondo de la historia de Israel, donde convergen elementos religiosos, pol&iacute;ticos, sociales, teol&oacute;gicos y culturales. Por &uacute;ltimo, la acci&oacute;n directa de Dios a trav&eacute;s de hechos cercanos a la tradici&oacute;n de la gente en sus im&aacute;genes, pero a su vez sorprendentes y extraordinarios.<\/p>\n<p>Cotidianeidad e historia; pol&iacute;tica y creencia; gestos y milagros; todo forma parte de la misma trama, que va teji&eacute;ndose poco a poco en el relato.<\/p>\n<p>Hay varios elementos conclusivos que podr&iacute;amos rescatar de este pasaje. En primer lugar, como en innumerables historias en los Evangelios, llama la atenci&oacute;n el <em>locus teol&oacute;gico<\/em> que se conforma en este relato. Dicho lugar se construye en la convergencia de todos los elementos enunciados anteriormente, desde los m&aacute;s peque&ntilde;os hasta los m&aacute;s complejos. Desde los sentimientos y afectos cotidianos hasta las elucubraciones teol&oacute;gicas m&aacute;s profundas. Lo central es que as&iacute; se edifica la fe y as&iacute; se sigue a Jes&uacute;s. El relato pudo haber comenzado por la apertura del cielo y el descenso de la paloma. Pero no. El contexto hist&oacute;rico y los sentimientos de la gente no se mencionan por casualidad. Ello se debe a que <em>toda manifestaci&oacute;n divina y enunciaci&oacute;n de la fe tiene su contexto, en el cual convergen historias, expectativas, teolog&iacute;as, discusiones, sentimientos, gestos, etc<\/em>. Y con ello no nos referimos a la verdad de Perogrullo sobre el hecho del &ldquo;contexto social&rdquo; del lenguaje de la fe, como un simple escenario. Nos referimos a la importancia de los sentidos, los sue&ntilde;os y los gestos. En otros t&eacute;rminos, <em>el escenario de la fe es nuestro propio cuerpo<\/em>, en su multiplicidad de movimientos, en su poder inherente para sentir, doler, resistir y dar, en su irremediable necesidad de ser junto al otro\/a, en su capacidad constitutiva de ir &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; de lo que se nos presenta como dado e infranqueable. As&iacute; es la fe: abierta, sorpresiva, sensible, humana, placentera, como propia nuestra corporalidad.<\/p>\n<p>Por, es central en este pasaje la figura del Esp&iacute;ritu. Su acci&oacute;n cumple diversas facetas. Por un lado, se revela como figura que confirma el mesianismo de Jes&uacute;s, sello de las expectativas del pueblo. Por otro, tambi&eacute;n act&uacute;a como sujeto que bautiza a los y las creyentes, a trav&eacute;s de la persona de Jes&uacute;s. Esto es sumamente significativo. Los y las presentes van al desierto a cumplir con el ritual de purificaci&oacute;n y conversi&oacute;n propios de la tradici&oacute;n jud&iacute;a, seguramente por verse imposibilitados\/as de hacerlo dentro de las estructuras y normativas oficiales del Templo, por ser parte de la masa excluida de los centros urbanos. Por todo esto, el bautismo de Jes&uacute;s posee una significaci&oacute;n que va m&aacute;s all&aacute; de cualquier rito establecido.<\/p>\n<p>Podr&iacute;amos mencionar tres elementos importantes sobre el significado de este bautismo en el Esp&iacute;ritu:<\/p>\n<li><em>La vinculaci&oacute;n con la historia de la salvaci&oacute;n<\/em>. Volvemos a lo que dijimos al inicio: la menci&oacute;n de las expectativas del pueblo no es coincidencia. M&aacute;s bien, est&aacute;n all&iacute; como un punto de partida para la comprensi&oacute;n de la historia que le sigue: una serie de interrogantes, de gestos y de sentimientos a los cuales el bautismo mesi&aacute;nico de Jes&uacute;s responde. &Eacute;l es la respuesta a tales sentimientos y deseos. El &ldquo;impulso&rdquo; y la din&aacute;mica de la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu, se vincula directa y estrictamente con esa historia, que responde a un pasado construido por un largo peregrinar, un deseo presente y a una expectativa futura. Por ende, el <em>contenido<\/em> de este bautismo se vincula directamente con distintos aspectos centrales que evocan esta tradici&oacute;n, especialmente los que refiere el relato: la fe como un elemento vinculado a los aspectos m&aacute;s b&aacute;sicos y cotidianos de la vida, un sentido de resistencia frente a los contextos sociales vigentes y un profundo deseo de transformaci&oacute;n.<\/li>\n<li><em>Una pr&aacute;ctica anti-dogm&aacute;tica<\/em>. La acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu tiene que ver con un quiebre con los modelos tradicionales y establecidos de vivir la religi&oacute;n. Se manifiesta en la periferia, en el desierto, en los espacios &ldquo;fuera&rdquo; de las fronteras que resguardan los centros de poder, sea pol&iacute;tico o religioso. Pero tambi&eacute;n existe una <em>reapropiaci&oacute;n<\/em> de los ritos. Y esto es importante a tener en cuenta: no hay solo una instancia que crea algo totalmente nuevo sino que se gesta una <em>resignificaci&oacute;n<\/em> de las pr&aacute;cticas comunes del momento. Esto indica dos cuestiones importantes. Primero, una vinculaci&oacute;n con la historia, con la tradici&oacute;n. De all&iacute; se nutren las expectativas del pueblo ya mencionadas. Pero recordemos que estamos hablando de un lugar que precisamente se encontraba excluido de los sectores que representaban a quienes dicen qu&eacute; es y qu&eacute; no es la vida, la fe, lo social, etc. Por ende, esta resignificaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas rituales implica una resignificaci&oacute;n de las comprensiones religiosas y sociales <em>desde su reverso<\/em>. Ello, en segundo lugar, representa un acto de <em>inclusi&oacute;n<\/em>. Quienes est&aacute;n fuera, en la periferia, son incluidos en un rito del cual no eran parte, por impuros, por no aptos, entre otras razones. Pero en este caso, los\/las excluidos\/as son los actores centrales de los &ldquo;nuevos ritos&rdquo; de la fe, gestos que no representan nuevos dogmas; por el contrario, son instancias anti-dogm&aacute;ticas. No son pr&aacute;cticas que dejan intactas las costumbres dominantes o que simplemente forman una instancia por fuera, sino que transforman los mismos s&iacute;mbolos <em>apropiados injustamente<\/em> por ciertos sectores. Ya no es la dureza de una pr&aacute;ctica cuya exclusividad legitima el poder de unos pocos. M&aacute;s bien, es la fe reconocida en la din&aacute;mica del Esp&iacute;ritu, din&aacute;mica que se crea desde los m&aacute;rgenes, desde fuera de los &oacute;rdenes establecidos.<\/li>\n<li><em>Una espiritualidad vinculada a la plenitud de la vida<\/em>. Como punto concluyente de los dos mencionados hasta aqu&iacute;, este bautismo implica una apuesta por la plenitud de la vida. Responde a un deseo de liberaci&oacute;n, de cambio, de transformaci&oacute;n, representado en las expectativas de los y las presentes. Por ello, este bautismo no significa el apego a un rito, a una religi&oacute;n, a un c&oacute;digo moral, sino a un marco mucho m&aacute;s amplio, vinculado con derribar las fronteras de exclusi&oacute;n y de opresi&oacute;n. En conclusi&oacute;n, la verdadera religi&oacute;n tiene que ver con el deseo de la vida plena, de la inclusi&oacute;n y de una espiritualidad que promueve la libertad, construida fuera de los espacios cerrados y excluyentes del dogma (religioso, pol&iacute;tico y social)<\/li>\n<p><em>Que &eacute;ste sea nuestro compromiso: aprender a vivir una espiritualidad que se atreva a ir m&aacute;s all&aacute; de las fronteras que hemos aprehendido, fronteras trazadas de forma absoluta, que hacen de la vida a la medida de un cerco impenetrable e infranqueable. Que nuestra religi&oacute;n no sean ritos vaciados en su mecanismo rutinario sino una pr&aacute;ctica cuyo significado se oriente a amar la vida en su plenitud, a incluir a todos y todas sin excepci&oacute;n, y que abogue por la liberaci&oacute;n de quienes se encuentran cautivos en cercos que limitan la libertad.<\/em><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pasaje comienza enmarcando el ambiente. El foco est&aacute; puesto en la gente y sus sentimientos: se sent&iacute;an con expectativas y presentaban suposiciones. No era cualquier pregunta la que se hac&iacute;an. 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