{"id":28596,"date":"2016-10-04T20:25:21","date_gmt":"2016-10-05T01:25:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-421-30-comentario-por-francisco-javier-giotia-padilla\/"},"modified":"2016-10-04T20:25:21","modified_gmt":"2016-10-05T01:25:21","slug":"san-lucas-421-30-comentario-por-francisco-javier-giotia-padilla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-421-30-comentario-por-francisco-javier-giotia-padilla\/","title":{"rendered":"San Lucas 4:21-30 Comentario por Francisco Javier Giot\u00eda Padilla"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Este domingo, el cuarto domingo despu&eacute;s de Epifan&iacute;a, es el final del periodo lit&uacute;rgico que celebra la llegada de la Palabra de Dios al lugar donde vivimos.<\/p>\n<p>La llegada de Dios al pesebre, encarnado en el ni&ntilde;o Jes&uacute;s (Lc 2:1-7), es la fuerza que, como un temblor de tierra, va a estremecer a toda la creaci&oacute;n y a todo lo creado, de modo que se vea y se conozca la justicia de Dios. Las palabras y testimonios de los pastores (Lc 2:8-20), de Elizabeth (Lc 1:39-45), de Mar&iacute;a (Lc 1:45-55), de Zacar&iacute;as (Lc 1:67-79) y de Sime&oacute;n (Lc 2:29-32), encuentran en el inicio del ministerio de Jes&uacute;s su confirmaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El cap&iacute;tulo 4 de Lucas da cuenta del poder de Jes&uacute;s frente al diablo y su capacidad de trastocar las cosas (vv. 1-13). Jes&uacute;s, en respuesta al diablo, presenta las cosas desde los planes y prop&oacute;sitos de Dios: las necesidades f&iacute;sicas (vv. 2-4), el poder y las riquezas (vv. 5-8) y la fe que sustenta nuestro ser y prop&oacute;sito en la vida (vv. 9-12), se pueden vivir desde la gracia y la justicia que inaugura este predicador llamado Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>La justicia de la que hablamos se articula y se expresa en la visita de Jes&uacute;s a la sinagoga (vv. 16-20). Las promesas mesi&aacute;nicas, la buena noticia del jubileo o del &ldquo;a&ntilde;o agradable del Se&ntilde;or,&rdquo; la fuerza de la liberaci&oacute;n del pueblo en Egipto, llegan otra vez, se hacen accesibles a todos los seres humanos en este hombre llamado Jes&uacute;s (v. 21). Esta es una justicia parcializada en favor del amor, de los pobres, los quebrantados de coraz&oacute;n, los cautivos, los ciegos y las personas oprimidas. Es una justicia que, sin excluir a nadie, se planta sin embargo a favor de las personas que han sido descartadas y que son consideradas como desechables de la sociedad.<\/p>\n<p>Debemos recordar todo esto al leer los primeros versos del evangelio de hoy: &ldquo;Entonces comenz&oacute; a decirles: &#8211;Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Todos daban buen testimonio de &eacute;l y estaban maravillados de las palabras de gracia que sal&iacute;an de su boca. Dec&iacute;an: &#8211;&iquest;No es este el hijo de Jos&eacute;?&rdquo; (vv. 21-22). Ciertamente es el hijo de Jos&eacute;; y es, adem&aacute;s, el Hijo de Dios. Dios mismo llega a los materiales de la creaci&oacute;n, a las experiencias y eventos de la vida y de la historia, para traernos una justicia diferente: la justicia de Dios que se entrega para el amor y no la justicia del ser humano que reclama desquite, poder y privilegios.<\/p>\n<p>La justicia que Jes&uacute;s proclama levanta oposici&oacute;n. Sus palabras provocan, al inicio, reacciones mixtas que se vuelven, de repente, viscerales y tempestuosas.[1] Esto es lo que documenta Lucas en los vv. 23-30. El asunto es que, de acuerdo con las costumbres de la &eacute;poca, el grupo &iacute;ntimo de Jes&uacute;s&mdash;compuesto por su familia y vecindario&mdash;deb&iacute;a recibir privilegiadamente sus favores y los resultados de su poder.[2] Jes&uacute;s, sin embargo, proclama este favor especial, no para su gente, sino para los despose&iacute;dos y las despose&iacute;das. Jes&uacute;s expande este proyecto de proclamaci&oacute;n y establecimiento de la justicia de Dios m&aacute;s all&aacute; de los linderos de su grupo para incluir a todas las gentes, incluso a los gentiles.[3]<\/p>\n<p>Los ejemplos que Jes&uacute;s le presenta a la gente de su comunidad de gentiles despose&iacute;dos que recibieron el favor de Dios en lugar de los israelitas (vv. 24-27) enfatizan el rumbo y la personalidad de su ministerio y constituyen la causa del descontento y la furia: &ldquo;Al oir estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira. Levant&aacute;ndose, lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despe&ntilde;arlo&rdquo; (vv. 28-29). La localizaci&oacute;n nos hace recordar las tentaciones (Lc 4:5, 9). La ciudad es la que en este caso ha cedido a las tentaciones del diablo.<\/p>\n<p>La predicaci&oacute;n de este domingo puede enfatizar varias cosas: (1) la radicalidad de la justicia y del favor de Dios en su llegada para inaugurar el reino en el ministerio de Jesucristo (v. 21); y (2) el rechazo de esta oferta radical e incondicional en favor de las personas marginadas y despose&iacute;das (vv. 28-29). La manera como el contraste entre oferta y recibimiento se traduce en el texto en determinados afectos, emociones y reacciones puede servirnos tanto para el contenido como para la entrega del serm&oacute;n.<\/p>\n<p>&iquest;Puedes imaginarte como un familiar o una vecina de Jes&uacute;s mientras este te excluye de lo que supuestamente te corresponde&mdash;los privilegios y beneficios de su poder y justicia&mdash;para d&aacute;rselos en cambio a viudas, pobres, encarcelados, ciegos, y marginados de ciudades lejanas? &iquest;Puedes verte a la vez como un ciego o una viuda lejana que recibe&mdash;sin aparente raz&oacute;n ni causa&mdash;los beneficios del poder y la justicia de Dios encarnada en el Maestro?<\/p>\n<p>Esta no es una invitaci&oacute;n a crear dualismos&mdash;caricaturas de lo bueno y lo malo&mdash;sino a documentar los afectos, pensamientos y sentires que conviven y luchan, todos a la vez, en nuestros propios corazones. Somos tanto los vecinos excluidos como las personas ciegas distantes que recibimos la visi&oacute;n en este mundo que se sorprende con la llegada del Mes&iacute;as. El serm&oacute;n puede nutrirse de una imaginaci&oacute;n que visualice a los personajes en cada momento del texto, de modo que toda la congregaci&oacute;n se vea dibujada, asumida y desafiada a ponerse del lado de la justicia de Dios.<\/p>\n<p>[1] Fred B. Craddock, <em>Luke<\/em> (Louisville: John Knox Press, 1990), 62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>[2] Charles H. Talbert, <em>Reading Luke: A Literary Theological Commentary on the Third Gospel <\/em>(New York: Crossroad, 1989), 57.<\/p>\n<p>[3] Robert C. Tannehill, <em>Luke (<\/em>Nashville: Abingdon Press, 1996), 94.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este domingo, el cuarto domingo despu&eacute;s de Epifan&iacute;a, es el final del periodo lit&uacute;rgico que celebra la llegada de la Palabra de Dios al lugar donde vivimos. La llegada de Dios al pesebre, encarnado en el ni&ntilde;o Jes&uacute;s (Lc 2:1-7), es la fuerza que, como un temblor de tierra, va a estremecer a toda la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-421-30-comentario-por-francisco-javier-giotia-padilla\/\" class=\"more-link\">Continue reading<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;San Lucas 4:21-30 Comentario por Francisco Javier Giot\u00eda Padilla&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-28596","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sermons"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28596","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=28596"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28596\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=28596"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=28596"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=28596"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}