{"id":28597,"date":"2016-10-04T20:25:23","date_gmt":"2016-10-05T01:25:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-421-30-comentario-por-nicolas-panotto\/"},"modified":"2016-10-04T20:25:23","modified_gmt":"2016-10-05T01:25:23","slug":"san-lucas-421-30-comentario-por-nicolas-panotto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-421-30-comentario-por-nicolas-panotto\/","title":{"rendered":"San Lucas 4:21-30 Comentario por Nicol\u00e1s Panotto"},"content":{"rendered":"<p>Esta secci&oacute;n comienza con una expresi&oacute;n de asombro: &ldquo;&iquest;No es este el hijo de Jos&eacute;?&rdquo; (v. 22).<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo pueden esas &ldquo;hermosas palabras&rdquo; salir de la boca del hijo del carpintero que todos conocemos?, era seguramente lo que pasaba por la mente de los presentes. El paralelo de Mc 6:3 lo evidencia m&aacute;s claramente: &ldquo;&iquest;No es este el carpintero, hijo de Mar&iacute;a, hermano de Jacobo, de Jos&eacute;, de Judas y de Sim&oacute;n? &iquest;No est&aacute;n tambi&eacute;n aqu&iacute; con nosotros sus hermanas?&rdquo;<\/p>\n<p>Esta sorpresa refleja muchos elementos importantes a considerar. &iquest;C&oacute;mo entender que el ministerio de un profeta surja de alguien ubicado en los estratos socio-econ&oacute;micos m&aacute;s bajos de la regi&oacute;n? All&iacute; habitan los supuestos ignorantes e iletrados. Esos sectores tambi&eacute;n representan la impureza religiosa. Son aquellos que est&aacute;n obligados a trabajos cuya ejecuci&oacute;n se contrapone a las normas de higiene y pureza de la religiosidad oficial, y con ello la exclusi&oacute;n. M&aacute;s a&uacute;n, de all&iacute; provienen los &ldquo;mixtos&rdquo;, aquellos y aquellas que en un pasado se mezclaron con los extranjeros, violando &ndash;seg&uacute;n las interpretaciones m&aacute;s fundamentalistas&ndash; la pureza racial del pueblo.<\/p>\n<p>Pero tal vez lo que resalta m&aacute;s de este vers&iacute;culo, al igual que en sus paralelos, es la menci&oacute;n de <em>lo familiar<\/em>. Muchos afirman que la menci&oacute;n de Jos&eacute;, en este caso, se vincula con la genealog&iacute;a de Lc 3:21-37, la cual evidencia no s&oacute;lo la vertiente dav&iacute;dica sino ad&aacute;mica de Jes&uacute;s. Pero tambi&eacute;n tomemos en cuenta el impacto narrativo del texto. El enviado no llega de las nubes ni posee un origen m&iacute;tico. Pertenece a una familia del pueblo. Es hijo de Jos&eacute;, el carpintero, quien alguna vez ha arreglado la mesa del comedor o enderezado la puerta de la casa de alguno de los presentes. Es hijo de Mar&iacute;a, a quien cruzaban todos los d&iacute;as con su tinaja de agua caminando por las calles de tierra. Es, en definitiva, <em>uno m&aacute;s<\/em>.<\/p>\n<p>Las palabras del v. 24, uno de los m&aacute;s citados &ndash;ya casi como clich&eacute;&ndash;, sin duda habr&aacute;n producido un fuerte impacto entre quienes lo escucharon. Por un lado, Jes&uacute;s se estaba llamando a s&iacute; mismo profeta. No solo eso, sino que inmediatamente menciona la historia de El&iacute;as, uno de los profetas m&aacute;s importantes de la tradici&oacute;n jud&iacute;a, quien adem&aacute;s se esperaba &ndash;desde una de las corrientes teol&oacute;gicas m&aacute;s fuertes del momento&ndash; que volviera como Mes&iacute;as. Mt 16:14, como respuesta a otra famosa pregunta (&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n dicen los hombres que es el Hijo del hombre?&rdquo;), vincula, precisamente, la percepci&oacute;n del pueblo sobre el ministerio de Jes&uacute;s con este profeta.<\/p>\n<p>Pero lo que llam&oacute; m&aacute;s la atenci&oacute;n del p&uacute;blico &ndash;al punto del hast&iacute;o y reacci&oacute;n violenta&ndash; fue el giro que hizo Jes&uacute;s a la historia del profeta. Hace hincapi&eacute; sobre el relato de la viuda de Sarepta (1 R 17:7-24), el cual tiene mucho paralelo con el encuentro de Jes&uacute;s y la samaritana (Jn 4:7-27). Es la historia de una extranjera, viviendo en las fronteras de Israel, que responde &ndash;a pesar de su extrema pobreza&ndash; al pedido de El&iacute;as. Es recibido y acogido, a pesar de que contaba s&oacute;lo con un poco de alimento para su hijo. Pero su respuesta no fue en vano, ya que fue bendecida por su gesto.<\/p>\n<p>Una extranjera, una impura, puesta como ejemplo por Jes&uacute;s. &iquest;C&oacute;mo no iba a causar la molestia de los presentes? Ellos se cre&iacute;an el palad&iacute;n de la pureza, el reflejo de la verdadera piedad. Pero seg&uacute;n Jes&uacute;s, lejos estaban de ello. Podr&iacute;amos mencionar tres elementos que nos deja esta acci&oacute;n. Primero, el lugar de Israel es cuestionado como &uacute;nico portador de la verdadera fe. Esto sigue en sinton&iacute;a con las fuertes cr&iacute;ticas de Jes&uacute;s a la religiosidad de aquel tiempo, la cual hab&iacute;a perdido la piedad que la constitu&iacute;a originalmente, para transformarse en un fin en s&iacute; misma, donde los rituales eran enarbolados en su sola repetici&oacute;n, y sus administradores como poseedores de la verdad absoluta.<\/p>\n<p>En segundo lugar, los extranjeros &ndash;los otros, los distintos, los impuros&ndash; son ubicados dentro de la historia de la salvaci&oacute;n. Como podemos ver en los relatos que Jes&uacute;s evidencia en esta historia, as&iacute; como muchos otros en el Antiguo Testamento, este tema no es nada nuevo en la tradici&oacute;n jud&iacute;a. La misi&oacute;n particular de Israel no se vinculaba con alg&uacute;n estatus racial o socio-pol&iacute;tico particular. Esta cosmovisi&oacute;n comenz&oacute; a preponderar a partir de Esdras y Nehem&iacute;as, frente a la necesidad de reconstruir Israel tras el exilio. Por el contrario, su elecci&oacute;n se basaba en el cumplimiento de su misi&oacute;n, que no era m&aacute;s que ser una comunidad ejemplar, basada en pr&aacute;cticas de igualdad, amor, solidaridad y justicia. De aqu&iacute; sabemos que Israel, desde sus inicios, represent&oacute; un conglomerado de diversos pueblos y grupos que se congregaban alrededor de la fe en Yahv&eacute;. Por todo esto, el punto central de la fe no se depositaba en la pertenencia a una etnia particular sino a un <em>pueblo<\/em>. Todo pueblo es en s&iacute; compuesto y constituido por una heterogeneidad de sujetos, grupos y elementos, y su especificidad se deposita en la manera en que conviven.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; es, entonces, lo que hace a este grupo &ldquo;pueblo de Dios&rdquo; y seguidores\/as de la fe en Israel? Aqu&iacute; el tercer punto. Tal como lo denunci&oacute; Isa&iacute;as (29:13), no son los ritos y costumbres religiosas, sino &ndash;como vimos en Lc 4:14-21&ndash; <em>la promoci&oacute;n de una vida anclada en la justicia, la solidaridad con el pr&oacute;jimo y la liberaci&oacute;n de los cautivos<\/em>. Esto despierta muchas preguntas. &iquest;En d&oacute;nde reside, entonces, la elecci&oacute;n de Dios? &iquest;Qui&eacute;nes son los que tienen fe realmente? &iquest;Qu&eacute; lugar poseen los ritos y las costumbres religiosas en esta manera de ver la vida? &iquest;Qui&eacute;nes est&aacute;n realmente &ldquo;dentro&rdquo; y &ldquo;fuera&rdquo;?<\/p>\n<p>Esto nos hace reflexionar sobre nuestra manera de comprender la fe hoy. Sabemos que es com&uacute;n que las particularidades religiosas tiendan a aislarse en su propia especificidad, enarbol&aacute;ndose portadoras de la verdad absoluta y &uacute;nicas voceras del Dios trascendente. Su defensa llega a la violencia m&aacute;s absurda, como sucedi&oacute; en este mismo relato, con quienes se olvidaron de la piedad para arrojar a Jes&uacute;s desde la cumbre del monte. Esto ya pasaba en tiempos de Jes&uacute;s, y es lo que precisamente denuncia en esta historia. Esto no quita importancia a las pr&aacute;cticas religiosas en s&iacute;. Lo que debemos tener bien en claro, desde nuestra tradici&oacute;n cristiana, es que ellas no deben transformarse en un fin en s&iacute; mismo, <em>sino servir a la promoci&oacute;n de la justicia, la solidaridad y el amor al pr&oacute;jimo<\/em>. Por ende, las pr&aacute;cticas deben ir transform&aacute;ndose en la medida en que no sirvan a estos objetivos centrales. M&aacute;s a&uacute;n, si creemos que la fe tiene que ver con la solidaridad y el amor al pr&oacute;jimo, entonces debemos considerar que los marcos religiosos particulares no son el &uacute;nico criterio para reconocer la acci&oacute;n de Dios en la historia y la fe de los dem&aacute;s.<\/p>\n<p><em>Que &eacute;ste sea nuestro compromiso: aprender a vivir la fe en el seguimiento a Jes&uacute;s, no desde los ritos vac&iacute;os sino desde la plenitud de las pr&aacute;cticas de amor, entrega y solidaridad al pr&oacute;jimo, comprometidos y comprometidas con la promoci&oacute;n de la justicia en donde nos encontramos. Que esta apertura nos de la humildad para ir m&aacute;s all&aacute; de nuestras creencias particulares, para ver la mano extendida del Dios amoroso en quienes nos rodean.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta secci&oacute;n comienza con una expresi&oacute;n de asombro: &ldquo;&iquest;No es este el hijo de Jos&eacute;?&rdquo; (v. 22). &iquest;C&oacute;mo pueden esas &ldquo;hermosas palabras&rdquo; salir de la boca del hijo del carpintero que todos conocemos?, era seguramente lo que pasaba por la mente de los presentes. 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