{"id":28666,"date":"2016-10-04T20:28:30","date_gmt":"2016-10-05T01:28:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-1038-42-comentario-por-lisandro-orlov\/"},"modified":"2016-10-04T20:28:30","modified_gmt":"2016-10-05T01:28:30","slug":"san-lucas-1038-42-comentario-por-lisandro-orlov","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-1038-42-comentario-por-lisandro-orlov\/","title":{"rendered":"San Lucas 10:38-42 Comentario por Lisandro Orlov"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">S&oacute;lo una cosa es necesaria<\/p>\n<p>La primera frase de este episodio ya nos ubica en la dimensi&oacute;n teol&oacute;gica desde la cual debemos comprender la escena. &ldquo;Aconteci&oacute; que, yendo de camino&rdquo;&hellip; hacia Jerusal&eacute;n y hacia la cruz. Este caminar, con sus encuentros y desencuentros, con las casas amigas y los enfrentamientos con quienes tienen el control ideol&oacute;gico de las Escrituras y se sienten due&ntilde;os de la voluntad de Dios, nos proporciona la clave desde la cual debemos escuchar el relato. En ese caminar Jes&uacute;s de Nazaret va revelando su identidad y su posici&oacute;n de vida, su perspectiva teol&oacute;gica y el proyecto del Reino. Al revelarnos su identidad tambi&eacute;n nos va revelando la identidad de Aquel que le da una misi&oacute;n.<\/p>\n<p><strong>Camino de cruz e identidad<\/strong><\/p>\n<p>En ese camino hacia la cruz iremos tambi&eacute;n nosotros y nosotras construyendo nuestra reflexi&oacute;n teol&oacute;gica. La teolog&iacute;a de la cruz coloca el centro de nuestra atenci&oacute;n en el sufrimiento de Dios por gestar una nueva creaci&oacute;n. Sufrimiento que se nutre en su plena comuni&oacute;n con todo ser humano. Esa identidad de cruz que nos revela Dios siempre ser&aacute; un esc&aacute;ndalo para quienes son seguidores de la teolog&iacute;a de la gloria. Esa cruz es el gran milagro a trav&eacute;s del cual se nos revela Aquel que se hace vulnerable por nuestra liberaci&oacute;n. El momento de mayor humillaci&oacute;n de Dios es la mayor y m&aacute;s importante revelaci&oacute;n de su gloria. Revelaci&oacute;n parad&oacute;jica, porque nos compele a ver y actuar all&iacute; donde la teolog&iacute;a de la gloria tiene horror de mirar. La gloria de Dios se manifiesta en asumir nuestras muchas debilidades.<\/p>\n<p>Este caminar de Jes&uacute;s de Nazaret hacia Jerusal&eacute;n y hacia la cruz es siempre una realidad que ofende nuestra comprensi&oacute;n de la gloria y pone en tela de juicio todo aquello que consideramos correcto, y enjuicia todo sistema de m&eacute;ritos y purezas religiosos. Esta cruz cuestiona todo aquello que consideramos que nos hace merecedores del amor de Dios porque pensamos que hemos hecho algo digno. La cruz destruye todo aquello que queremos poner delante de Dios para comprar y negociar su amor y su aceptaci&oacute;n. Hacemos nuestra la tesis de Lutero que afirma: &ldquo;<em>El amor de Dios no encuentra, sino crea, aquello que le place.<\/em>&rdquo;<sup>1<\/sup><\/p>\n<p><strong>La diacon&iacute;a de Marta<\/strong><\/p>\n<p>Teniendo en mente esta ubicaci&oacute;n en la geograf&iacute;a teol&oacute;gica, podemos comprender que este no es el relato de Marta y Mar&iacute;a, sino que el personaje principal sobre el cual todos los focos de atenci&oacute;n est&aacute;n puestos es Marta. Este es el relato de Marta. Recordemos que en la escena anterior un int&eacute;rprete de la Ley ha puesto a Jes&uacute;s de Nazaret a prueba. El encuentro es ahora con &ldquo;una mujer llamada Marta;&rdquo; ella es la protagonista y todo lo dem&aacute;s es un comentario a su actitud. Es en su casa que se desarrolla la escena y podemos pensar que en esa casa se reun&iacute;a la primera comunidad dom&eacute;stica de fe y que Marta presid&iacute;a las celebraciones lit&uacute;rgicas que all&iacute; se realizaban. Adem&aacute;s la palabra &ldquo;diacon&iacute;a&rdquo; aparece en el v. 40 en la descripci&oacute;n de las tareas dom&eacute;sticas que Marta est&aacute; realizando sin la cooperaci&oacute;n de su hermana. El original griego que la versi&oacute;n Reina Valera 1995 traduce como &ldquo;quehaceres&rdquo; es el sustantivo <em>diakonia<\/em> y el original griego que Reina Valera 1995 traduce como &ldquo;servir&rdquo; es el verbo <em>diakoneo.<\/em><\/p>\n<p>Marta representa en el contexto cristiano a quienes a&uacute;n comprenden el mensaje de Jes&uacute;s de Nazaret desde la Ley. Su presencia produce una preocupaci&oacute;n por todo aquello que se impone por tradici&oacute;n para atender a un invitado y la pregunta que hace: <em>&ldquo;Se&ntilde;or, &iquest;no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?&rdquo;<\/em> pone de manifiesto que esa diacon&iacute;a y ese servicio se hace por cumplir un mandato y no por amor y alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>Marta quiere agradar y complacer a Jes&uacute;s de Nazaret por el camino equivocado. El centro de su preocupaci&oacute;n es el activismo por el activismo mismo. Creer que se llega a Dios por aquello que hacemos al cumplir reglamentos y leyes. Al cuestionar la diacon&iacute;a de Marta vivida como una imposici&oacute;n y no como una gracia, tambi&eacute;n se cuestionan nuestras diacon&iacute;as. La pobre Marta ha transformado su diacon&iacute;a en un nuevo &iacute;dolo que ha desplazado a Jes&uacute;s de Nazaret. Este nuevo &iacute;dolo de la acci&oacute;n es la mediaci&oacute;n para agradar a Dios y no es ya la escucha de la promesa que nos pone en acci&oacute;n.<\/p>\n<p>Marta le atribuye a esa &ldquo;su&rdquo; diacon&iacute;a que nace de &ldquo;su&rdquo; cumplimiento del Mandato el poder para alcanzar aquella &uacute;nica realidad que necesitamos. Nosotros y nosotras tambi&eacute;n nos agitamos por muchas cosas y cantidad de actividades que nos llevan de un lado al otro en el cumplimiento de deberes y obligaciones. Somos esclavos del deber y de la eficacia t&eacute;cnica, pero sin esp&iacute;ritu, sin colocar esa acci&oacute;n a los pies de la cruz de Jes&uacute;s que es el &uacute;nico lugar posible para contemplar los alcances de nuestra acci&oacute;n de servicio. Si nuestros afanes y preocupaciones no nacen de la sangre de Jes&uacute;s derramada en la cruz y de las muchas sangres derramadas en esa cruz por m&aacute;rtires, confesores y disc&iacute;pulos, en nada nos hemos de diferenciar de las eficaces iniciativas de la sociedad civil. Esta cruz y esta sangre de comuni&oacute;n y compromiso le agregan a nuestra acci&oacute;n un plus que ninguna organizaci&oacute;n de la sociedad civil o gubernamental le puede otorgar.<\/p>\n<p><strong>Mar&iacute;a empoderada <\/strong><\/p>\n<p>Mar&iacute;a, la hermana de Marta, es el personaje secundario ubicado en los m&aacute;rgenes del relato, aun cuando podamos rescatar su empoderamiento para ocupar a los pies de Jes&uacute;s de Nazaret un lugar de discipulado reservado a varones. Al sentarse como disc&iacute;pula a los pies de Jes&uacute;s para escuchar su palabra, Mar&iacute;a se convierte en una transgresora en cuestiones de g&eacute;nero. Esa trasgresi&oacute;n es alentada sin ser cuestionada por Jes&uacute;s y nos indica el car&aacute;cter inclusivo y nada patriarcal de la tradici&oacute;n primera del cristianismo. Muchas veces tenemos miedo a las transgresiones en cuestiones de g&eacute;nero y de identidades. S&oacute;lo estamos dispuestos a realizar acciones como las de Marta, que no cuestiona nada ni a nadie.<\/p>\n<p><strong>Conclusi&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>Todo lo que hace Marta es tan l&oacute;gico, tan razonable, tan esperable, que frente al proyecto parad&oacute;jico y trasgresor de Jes&uacute;s de Nazaret se transforma en locura. Sabemos que quienes hemos contemplado a Jes&uacute;s de Nazaret desde el pie de su cruz hemos contemplado a Dios mismo y que no podemos pedir ver a Dios fuera de aquello que nos revela Jes&uacute;s de Dios en esa cruz de la coherencia. Mar&iacute;a eligi&oacute; la parte buena y nosotros y nosotras estamos llamados tambi&eacute;n a escoger esta mejor parte: la escucha en fe del proyecto del Reino que se hace presente ahora y aqu&iacute;.<\/p>\n<p><strong>Oraci&oacute;n comunitaria<\/strong><\/p>\n<p><em>Ll&aacute;manos una vez m&aacute;s, Se&ntilde;or, a ser servidores y&nbsp;servidoras de tu hospitalidad.&nbsp;Porque t&uacute; nos acogiste primero y te hiciste pr&oacute;jimo de nosotros y nosotras. Conc&eacute;denos la gracia y la fortaleza para extender tu acogida a todas y todos, y conc&eacute;denos la sabidur&iacute;a de colocarnos a tus pies, escuchar tu voz una y otra vez, y renovarnos en tu presencia. Para que tu Reino venga una vez m&aacute;s y se establezca en medio de todos los pueblos, de todas las personas y de&nbsp;todos los grupos en situaci&oacute;n de vulnerabilidad. Am&eacute;n.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><sup>1<\/sup>Tesis 28 de &ldquo;La Disputaci&oacute;n de Heidelberg&rdquo; que puede encontrarse en el Volumen 1 de las <em>Obras de Mart&iacute;n Lutero<\/em>, Versi&oacute;n castellana directa de Carlos Witthaus (Buenos Aires: Editorial Paidos, 1967), 31.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>S&oacute;lo una cosa es necesaria La primera frase de este episodio ya nos ubica en la dimensi&oacute;n teol&oacute;gica desde la cual debemos comprender la escena. &ldquo;Aconteci&oacute; que, yendo de camino&rdquo;&hellip; hacia Jerusal&eacute;n y hacia la cruz. 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