{"id":28672,"date":"2016-10-04T20:28:52","date_gmt":"2016-10-05T01:28:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-111-13-comentario-por-lisandro-orlov\/"},"modified":"2016-10-04T20:28:52","modified_gmt":"2016-10-05T01:28:52","slug":"san-lucas-111-13-comentario-por-lisandro-orlov","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-111-13-comentario-por-lisandro-orlov\/","title":{"rendered":"San Lucas 11:1-13 Comentario por Lisandro Orlov"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">No nos dejes caer en la tentaci&oacute;n<\/p>\n<p>Muchos de nuestros libros de liturgia y colecciones de oraciones son un claro ejemplo de la permanente necesidad que tenemos de maestros y maestras de oraci&oacute;n. Una y otra vez necesitamos regresar a las fuentes y los modelos de plegarias que nos protejan de caer en la tentaci&oacute;n de alejar a Dios de nuestra realidad. Mientras que Jes&uacute;s de Nazaret intenta mostrarnos que hay una presencia en nuestra vida cotidiana, con nuestras muchas palabras vanas pareciera que pretendemos colocar a Quien nos incita al di&aacute;logo en la distancia. Mientras que Jes&uacute;s nos ense&ntilde;a a dialogar con Aquel que se hace pr&oacute;jimo en una perspectiva casi infantil, porque en la palabra &ldquo;Padre&rdquo; se esconde la forma coloquial y dom&eacute;stica de la forma en que un ni&ntilde;o peque&ntilde;o llama a su padre en la intimidad, hay quienes han rodeado el nombre de Dios con palabras como &ldquo;Omnipotent&iacute;simo Se&ntilde;or&rdquo;, &ldquo;Poderoso Dios&rdquo; y para culminar con &ldquo;Padre Celestial&rdquo; coloc&aacute;ndolo en una dimensi&oacute;n desconocida y lejana. &iexcl;Que Dios no nos deje caer en esta tentaci&oacute;n!<\/p>\n<p><strong>La oraci&oacute;n y el m&eacute;todo de ver, juzgar y actuar<\/strong><\/p>\n<p>La oraci&oacute;n nos introduce de pleno en una determinada perspectiva de &ldquo;ver, juzgar y actuar&rdquo;. Tenemos que evitar caer en la tentaci&oacute;n de transformar nuestra vida de oraci&oacute;n en una presentaci&oacute;n acad&eacute;mica e intelectual de abstracciones teol&oacute;gicas. Tambi&eacute;n tenemos que evitar caer en la tentaci&oacute;n de pensar la vida de oraci&oacute;n en una perspectiva m&aacute;gica. No somos los due&ntilde;os del Cristo que sana y salva y no podemos transformar a Dios en un t&iacute;tere de nuestras oraciones. Debemos pedir a Dios que no nos deje caer en la tentaci&oacute;n de considerarnos los due&ntilde;os de sus tiempos y de sus milagros. No podemos transformar el accionar profundamente pol&iacute;tico de Dios en una mera acci&oacute;n individual y en una espectacular manifestaci&oacute;n de lo maravilloso.<\/p>\n<p>Cuando vivimos la oraci&oacute;n nos metemos en lo profundo del <strong>&ldquo;ver&rdquo;<\/strong> esta realidad concreta posible de ser perfeccionada. La vida contemplativa es la que nos permite considerar en forma descarnada y sin m&aacute;scaras el <strong>&ldquo;juzgar<\/strong>&rdquo; las dificultades y obst&aacute;culos que impiden que el Reino venga y que la voluntad de Aquel que se hace historia se cumpla. Toda vida real y genuina de oraci&oacute;n termina en una acci&oacute;n transformadora que supera todo asistencialismo. La oraci&oacute;n nos lleva a <strong>&ldquo;actuar<\/strong>&rdquo; de acuerdo con el plan del Reino que queremos que venga.<\/p>\n<p><strong>La oraci&oacute;n y la perspectiva c&oacute;smica<\/strong><\/p>\n<p>Esta oraci&oacute;n que llamamos el &ldquo;<em>Padrenuestro<\/em>&rdquo; nos coloca en primer lugar en una perspectiva despojada de todo lenguaje barroco que han alejado siempre a Dios y en la dimensi&oacute;n de lo cotidiano, en el centro mismo de nuestra vida diaria. Esa dimensi&oacute;n es profundamente social, superadora de todo individualismo. Nos invita a levantar la mirada de lo personal y privado para contemplar la acci&oacute;n del Reino que necesariamente va m&aacute;s all&aacute; de nuestras necesidades particulares para adentrarnos en las de todo el mundo en una perspectiva c&oacute;smica. El Padrenuestro tiene siempre esa dimensi&oacute;n totalizadora y global donde nada ni nadie queda excluido o excluida, en especial las personas m&aacute;s vulnerables a la opresi&oacute;n y al estigma.<\/p>\n<p><strong>Bautismo y renovaci&oacute;n de la santificaci&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>La santificaci&oacute;n del nombre de Dios no se realiza con un desfile pomposo de palabras que ya hoy nadie utiliza y que pareciera que cuanto m&aacute;s largas m&aacute;s santidad destilan. La santificaci&oacute;n del nombre de Dios se realiza con la implantaci&oacute;n de la equidad y la justicia en nuestras relaciones humanas. Esa santificaci&oacute;n es la renovaci&oacute;n cotidiana del compromiso del bautismo en el cual renunciamos a las tentaciones pomposas de este orden injusto y asumimos la tarea de ser promotores de paz, justicia y equidad. Esa es la santificaci&oacute;n en perspectiva social que abarca pero supera todo sentimiento de santificaci&oacute;n privada y personal. No puede haber santificaci&oacute;n personal sin esa dimensi&oacute;n comunitaria.<\/p>\n<p><strong>Venga tu Reino<\/strong><\/p>\n<p>El pedir cada d&iacute;a que venga el Reino es consecuencia inmediata de la acci&oacute;n de santificaci&oacute;n del nombre de Dios. Una y otra son equivalentes. No se puede dar el uno sin el otro. Tambi&eacute;n esta es una renovaci&oacute;n cotidiana de nuestro compromiso bautismal de ser agentes en el establecimiento de esta dimensi&oacute;n donde la soberan&iacute;a es inclusiva e incondicional y est&aacute; fundamentada en la gracia totalizadora de Dios. Esa santificaci&oacute;n y ese Reino necesitan de agentes transformadores en acciones fundadas en un ver y juzgar desde esta perspectiva.<\/p>\n<p><strong>La comunidad que es perdonada para perdonar<\/strong><\/p>\n<p>Perdonar es siempre dif&iacute;cil para la comunidad que asume el hambre y las necesidades de las y los hermanos que son ignorados y olvidados por los sistemas que viven con reglas totalmente opuestas a los valores del Reino y a cualquier signo de fraternidad inclusiva. Pero este perd&oacute;n dif&iacute;cil nos abre la mente y el coraz&oacute;n para mirar desde esta perspectiva a todos los seres humanos. El abrazo de la paz que repetimos cada domingo al terminar el Padrenuestro en la Gran Plegaria Eucar&iacute;stica (por razones teol&oacute;gicas este es para m&iacute; el momento y lugar de la liturgia en que debe compartirse &ldquo;la paz,&rdquo; pero la r&uacute;brica puede variar seg&uacute;n la iglesia de que se trate) es el signo visible de este compromiso bautismal. La legitimidad de nuestras mesas est&aacute; fundamentada en esta reconciliaci&oacute;n que hace de nuestras comunidades espacios radicalmente inclusivos.<\/p>\n<p><strong>Conclusi&oacute;n: Redimir es liberar<\/strong><\/p>\n<p>Todas estas acciones tienen riesgos y son parte del camino de la cruz. La santificaci&oacute;n del nombre e identidad de Dios necesita de agentes promotores, la voluntad de Dios para cumplirse necesita de obreros y obreras, la reconciliaci&oacute;n y el perd&oacute;n comunitario necesitan de gestos visibles de comuni&oacute;n. La gran tentaci&oacute;n en la que no podemos caer es la de pensar que promover justicia, equidad e inclusividad se puede realizar sin correr graves riesgos de cruz. La tentaci&oacute;n en la que no queremos caer es pensar el Padrenuestro en perspectiva privada sino que queremos ser liberados para pensar en la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, comunitaria, global y revolucionaria que significa el mirar esta realidad cotidiana, familiar, y concreta con los ojos del ni&ntilde;o y de la ni&ntilde;a que mira a Aquel que es fuente de unidad como el amigo que camina a nuestro lado y que nos permite ver, juzgar y actuar solamente por la mediaci&oacute;n del&nbsp; partir el mismo pan y compartir la misma mesa en el mismo espacio.<\/p>\n<p><strong>Oraci&oacute;n comunitaria<\/strong><\/p>\n<p><em>Fuerza en la que encontramos unidad, donde las diversidades se encuentran para trabajar por un mundo m&aacute;s justo y comunidades de fe m&aacute;s inclusivas. Conc&eacute;denos el don de ver y discernir tu presencia y tu voluntad. Ay&uacute;danos a juzgar con claridad los nudos de conflictos, a ponerles nombres a esos obst&aacute;culos y encontrar en tu mirada los puentes y caminos de di&aacute;logo. Acomp&aacute;&ntilde;anos en toda acci&oacute;n que transforma las crisis en oportunidades, los conflictos en posibilidades, y los problemas en respuestas construidas en comunidad. T&uacute; nos llamas a ser esa comuni&oacute;n que se atreve a ver para discernir tu presencia, a juzgar para planificar siguiendo tu voluntad, y a actuar para transformar el pan cotidiano, que clama por tu Reino, con sed de perdonar y ser perdonados, para no caer en la tentaci&oacute;n de condenar y excluir. Porque el Reino de la paz en justicia te pertenece, la Gloria de la Cruz nos une en lazos de paz y el Poder se pone al servicio de tu voluntad. Ahora y siempre. Am&eacute;n.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No nos dejes caer en la tentaci&oacute;n Muchos de nuestros libros de liturgia y colecciones de oraciones son un claro ejemplo de la permanente necesidad que tenemos de maestros y maestras de oraci&oacute;n. 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