{"id":28681,"date":"2016-10-04T20:29:11","date_gmt":"2016-10-05T01:29:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-1213-21-comentario-por-leticia-guardiola-saenz\/"},"modified":"2016-10-04T20:29:11","modified_gmt":"2016-10-05T01:29:11","slug":"san-lucas-1213-21-comentario-por-leticia-guardiola-saenz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-1213-21-comentario-por-leticia-guardiola-saenz\/","title":{"rendered":"San Lucas 12:13-21 Comentario por Leticia Guardiola-S\u00e1enz"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>El Texto en su Mundo B&iacute;blico<\/strong><\/p>\n<p>Cada Evangelio, adem&aacute;s de narrar la historia de Jes&uacute;s desde un contexto particular, es el reflejo de la experiencia de vida de la comunidad que lo produjo.<\/p>\n<p>Esto se hace particularmente notorio en el Evangelio de Lucas cuando se habla de las relaciones entre ricos y pobres, o de la administraci&oacute;n de las riquezas, o del deber que el rico tiene de compartir sus bienes para cuidar de los desamparados. El &eacute;nfasis que Lucas da a este tema nos hace pensar que la comunidad de Lucas era un grupo mixto que estaba luchando por integrarse. No solo estaba en el proceso de combatir la discriminaci&oacute;n &eacute;tnica como comunidad integrada por creyentes jud&iacute;os, samaritanos y de otros grupos gentiles, sino que estaba lidiando con y tratando de sanar la brecha de la gran disparidad econ&oacute;mica existente entre los miembros que viv&iacute;an en la opulencia y aquellos que viv&iacute;an en la extrema pobreza. Parte de esta realidad hace eco en algunas de las populares par&aacute;bolas de Lucas, tales como &ldquo;el vecino generoso&rdquo; (10:25-37), &ldquo;los hermanos sin herencia&rdquo;<sup>1<\/sup> (15:11-32), &ldquo;el mayordomo deshonesto&rdquo; (16:1-13), y &ldquo;L&aacute;zaro y el hombre rico&rdquo; (16:19-31), entre otras.<\/p>\n<p>Con este contexto en mente abordamos ahora el texto de Lucas 12:13-21, o la que podemos llamar la par&aacute;bola del &ldquo;rico ego&iacute;sta.&rdquo; Una primera lectura de este texto nos permite distinguir tres posibles momentos dentro del relato: primero, la interacci&oacute;n de Jes&uacute;s con un hombre de la multitud que le pide que intervenga en una disputa familiar, invitaci&oacute;n que Jes&uacute;s rechaza; segundo, la exhortaci&oacute;n que Jes&uacute;s les ofrece tanto a los hermanos como a la multitud, por medio de un sabio consejo en respuesta a la primera petici&oacute;n; y tercero, la ilustraci&oacute;n que Jes&uacute;s relata a la multitud sobre un hombre rico ego&iacute;sta, para que todos y todas aprendan la lecci&oacute;n contra la avaricia.<\/p>\n<p>En los vers&iacute;culos previos a nuestro pasaje encontramos a Jes&uacute;s en medio de la multitud, exhort&aacute;ndola a cuidarse de la hipocres&iacute;a de los fariseos y a confesar su fe sin temor. Es en medio de esta multitud que se escucha la voz de un hombre pidi&eacute;ndole a Jes&uacute;s que intervenga para que su hermano comparta con &eacute;l la herencia. No contamos con m&aacute;s detalles sobre la historia. Solo podemos especular que quiz&aacute;, igual que en el caso de la par&aacute;bola de &ldquo;los hermanos sin herencia,&rdquo; un hermano se ha gastado ya su herencia y ahora le pide a Jes&uacute;s que medie para que su hermano mayor le d&eacute; una porci&oacute;n de la doble herencia que por ley recib&iacute;a como el primog&eacute;nito. Jes&uacute;s reh&uacute;sa jugar el papel que cualquier otro rabino en su lugar habr&iacute;a podido asumir; es evidente que Jes&uacute;s no quiere desviarse de su misi&oacute;n atendiendo a una petici&oacute;n posiblemente motivada por la avaricia.&nbsp;<\/p>\n<p>En lugar de perder tiempo en litigios, Jes&uacute;s les da un consejo que constituye el punto central de la per&iacute;copa: &ldquo;Mirad, guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee&rdquo; (v. 15).<\/p>\n<p>Acto seguido Jes&uacute;s relata la par&aacute;bola del &ldquo;rico ego&iacute;sta,&rdquo; un hombre que al parecer est&aacute; solo en el mundo, y cuya su vida consiste &uacute;nicamente en la abundancia de bienes que posee&mdash;con orgullo dice: &ldquo;mis bienes,&rdquo; &ldquo;mis frutos,&rdquo; &ldquo;mis graneros,&rdquo; &ldquo;mi alma&rdquo;&mdash;una vida ego&iacute;sta diametralmente opuesta a lo que Jes&uacute;s acaba de aconsejar. Si todo lo que tenemos son posesiones y no buscamos compartirlas, somos pobres para con Dios, pues nos hemos separado y cortado de la comunidad y del tesoro de compartir.<\/p>\n<p><strong>El Texto desde Nuestra Realidad<\/strong><\/p>\n<p>Resulta interesante leer los diferentes t&iacute;tulos que este pasaje ha recibido en varias de las traducciones de la Biblia en espa&ntilde;ol: &ldquo;el rico insensato,&rdquo; &ldquo;el rico tonto,&rdquo; &ldquo;el rico est&uacute;pido,&rdquo; &ldquo;advertencia contra la avaricia,&rdquo; &ldquo;el peligro de las riquezas.&rdquo; Casi todos estos t&iacute;tulos se centran en catalogar al hombre ficticio de la par&aacute;bola, pero no al supuesto personaje real que dialoga con Jes&uacute;s. El t&iacute;tulo que m&aacute;s se acerca al mensaje central de la par&aacute;bola es &ldquo;advertencia contra la avaricia.&rdquo;<\/p>\n<p>Es impresionante la facilidad que tenemos hoy en d&iacute;a para adquirir bienes a bajo costo; no hace falta ser una persona rica para tener una abundancia abrumadora de bienes, y no solo de productos locales sino tambi&eacute;n de bienes que podemos adquirir de cualquier parte del mundo. Basta con observar la proliferaci&oacute;n de negocios de <em>self-storage <\/em>(auto-almacenamiento, o tambi&eacute;n llamado servicio de guardamuebles o bauleras) que se ha dado en mi ciudad para reconocer que la abundancia de bienes nos est&aacute; ahogando en nuestras casas y por lo tanto es necesario crear espacios alternos donde seguir acumulando. Cuando los bienes abundan, pero no buscamos con qui&eacute;n compartirlos, las posesiones pierden su sentido pr&aacute;ctico y de servicio, y se tornan en preocupaci&oacute;n, en carga econ&oacute;mica, en obsesi&oacute;n que consume la vida.<\/p>\n<p><strong>El Texto para la Predicaci&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>Si prestamos atenci&oacute;n a los tres momentos que el texto nos ofrece, podemos encontrar varias semillas para la predicaci&oacute;n. En el primer momento, cuando el hombre le pide a Jes&uacute;s que intervenga en su disputa familiar, me parece interesante la petici&oacute;n que surge sin mayores detalles. &iquest;Por qu&eacute; Lucas usa a este personaje? &iquest;Por qu&eacute; el hombre busca la mediaci&oacute;n de Jes&uacute;s? &iquest;Acaso cree que es un caso que amerita justicia y que solo Jes&uacute;s puede conced&eacute;rsela? &iquest;Ser&aacute; posible que el hombre quiera manipular a Jes&uacute;s movi&eacute;ndolo a compasi&oacute;n? Jes&uacute;s responde casi con indignaci&oacute;n, como ofendido porque se le ha pedido hacer algo que no tiene nada que ver con su misi&oacute;n. No queda clara la raz&oacute;n por la que el hombre aborda a Jes&uacute;s, pero s&iacute; es claro que en muchas ocasiones invocamos la ayuda de Dios para acumular posesiones. &iquest;De qu&eacute; manera estamos buscando a Jes&uacute;s?<\/p>\n<p>En esta era de alto consumismo, el consejo que encontramos en el segundo momento del texto nos puede ayudar a discernir que, ya desde el primer siglo, cuando todav&iacute;a el volumen de consumo de bienes no hab&iacute;a alcanzado los niveles que hoy tenemos, las posesiones han creado la falsa ilusi&oacute;n de que tener m&aacute;s es equivalente a ser m&aacute;s feliz. La lucha contra la avaricia no es contra los objetos en posesi&oacute;n, sino contra el lugar que dichos objetos tienen en nuestro coraz&oacute;n. La pregunta es: &iquest;qu&eacute; es lo que me est&aacute; dando vida hoy?<\/p>\n<p>Y por &uacute;ltimo, el tercer momento nos ofrece un desaf&iacute;o, el de responder a la pregunta: &iquest;qu&eacute; significa ser rico para con Dios?<\/p>\n<h3>Notes<\/h3>\n<p>1. Esta par&aacute;bola es m&aacute;s conocida como del &#8220;hijo pr&oacute;digo,&#8221; pero se trata de un t&iacute;tulo que resalta a uno solo de los hermanos. Por ello es que he preferido llamarla la par&aacute;bola de los &#8220;hermanos sin herencia.&#8221; Este t&iacute;tulo destaca en cambio el hecho de que ambos se encuentran con las manos vac&iacute;as al final, uno porque ha derrochado la herencia, y el otro porque no sab&iacute;a que ten&iacute;a una. A pesar de que el hijo mayor permanece en casa, no se sabe heredero; al contrario, vive como esclavo de su padre, resentido por lo que su hermano ha derrochado. Esta par&aacute;bola, al igual que las otras que hablan sobre la administraci&oacute;n de las posesiones, nos muestra respuestas alternativas a la forma en que nos relacionamos con los bienes materiales y las subsecuentes consecuencias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Texto en su Mundo B&iacute;blico Cada Evangelio, adem&aacute;s de narrar la historia de Jes&uacute;s desde un contexto particular, es el reflejo de la experiencia de vida de la comunidad que lo produjo. 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