{"id":28682,"date":"2016-10-04T20:29:20","date_gmt":"2016-10-05T01:29:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-1213-21-comentario-por-david-cortes-fuentes\/"},"modified":"2016-10-04T20:29:20","modified_gmt":"2016-10-05T01:29:20","slug":"san-lucas-1213-21-comentario-por-david-cortes-fuentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-1213-21-comentario-por-david-cortes-fuentes\/","title":{"rendered":"San Lucas 12:13-21 Comentario por David Cort\u00e9s-Fuentes"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">El ministerio pastoral est&aacute; lleno de ocasiones en las cuales tenemos la necesidad de intervenir y mediar en disputas familiares.<\/p>\n<p>A menudo la necesidad surge alrededor de cambios importantes que afectan a la mayor&iacute;a de los miembros de la familia. Tanto el nacimiento y bautismo de un miembro de la familia como el fallecimiento y funeral de otro son circunstancias en las cuales suele esperarse que participemos activamente en la toma de decisiones de la familia. Este privilegio de participar en la toma de decisiones de la familia lleva consigo la gran responsabilidad de ser sensibles a los sentimientos, emociones y valores de la familia as&iacute; como la de responder y actuar de acuerdo con los valores m&aacute;s altos de integridad y fidelidad a los que nos llama el Evangelio.<\/p>\n<p>Como no todos los involucrados en la toma de decisiones de la familia entienden los valores desde la misma perspectiva, a veces estas ocasiones tambi&eacute;n pueden generar conflictos, tanto dentro de la familia como entre la familia y el pastor o pastora. En estas situaciones preferir&iacute;amos no intervenir antes que hacernos responsables de que el conflicto empeore. Sin embargo, parece ser que los l&iacute;deres religiosos no tenemos la opci&oacute;n de no intervenir cuando somos invitados o emplazados a intervenir por personas que esperan que nuestras opiniones sean sabias, inspiradoras y justas.<\/p>\n<p>La escena en Lucas 12:13-21 presenta a Jes&uacute;s respondiendo a un hombre que le pide que intervenga en una disputa familiar. Como suced&iacute;a con muchos otros rabinos y l&iacute;deres religiosos de la antig&uuml;edad, tambi&eacute;n Jes&uacute;s es invitado a tomar parte y ayudar en la soluci&oacute;n de una disputa familiar. Esta era una pr&aacute;ctica com&uacute;n desde una &eacute;poca muy antigua. En Deuteronomio 21:15-17 encontramos un ejemplo que ilustra lo que debe hacerse en un caso de conflicto y debate muy particular.<\/p>\n<p>La respuesta de Jes&uacute;s citada en el vers&iacute;culo 14 da la impresi&oacute;n de que el Se&ntilde;or no desea intervenir en la disputa. Por un lado, Jes&uacute;s con su respuesta se niega a jugar el papel de juez o partidor de bienes en disputas hereditarias. Por otro lado, en el peque&ntilde;o discurso en los vers&iacute;culos 15 a 21 Jes&uacute;s aborda el tema que parece ser la ra&iacute;z de la pol&eacute;mica sobre la herencia entre el hombre y su hermano: la necedad de la avaricia.<\/p>\n<p>La par&aacute;bola sobre el hombre rico que se comporta de manera ego&iacute;sta despu&eacute;s de que su heredad ha producido en abundancia, ilustra lo trivial y f&uacute;til de una vida cuyo centro es el af&aacute;n desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas. La par&aacute;bola se caracteriza por la repetici&oacute;n de la primera persona singular en los verbos, y el uso reiterado de los pronombres posesivos &ldquo;mi&rdquo; y &ldquo;mis.&rdquo; La actitud del hombre apunta hacia la fantas&iacute;a de que el futuro y la seguridad tienen su garant&iacute;a en la cantidad de las riquezas. Depositar la esperanza y la confianza en las riquezas es una de las expresiones m&aacute;s comunes de idolatr&iacute;a. El dinero toma el lugar de Dios y su protecci&oacute;n. Los valores del Reino de los Cielos son reemplazados por los valores que est&aacute;n a la venta, de qui&eacute;n posee m&aacute;s, y de qui&eacute;n controla los recursos.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento est&aacute; repleto de ense&ntilde;anzas de Jes&uacute;s que advierten acerca de la vanidad de la riqueza y de lo f&uacute;til que es depender de las posesiones como garant&iacute;a para el futuro. Son muy conocidas sus ense&ntilde;anzas en el Serm&oacute;n del Monte (Mateo 5:1-7:29 y su paralelo en Lucas 6:20-49). En ese serm&oacute;n est&aacute;n contenidas las bienaventuranzas que afirman la felicidad (<em>makarios<\/em>) de los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, y los perseguidos (Lucas 6:20-22), mientras que lamentan la abundancia de los ricos que disfrutan el presente sin consideraci&oacute;n del futuro (Lucas 6:23-26). Tambi&eacute;n Jes&uacute;s ense&ntilde;a sobre el tesoro en el cielo y da forma al famoso dicho de que &ldquo;donde est&aacute; vuestro tesoro, all&iacute; estar&aacute; tambi&eacute;n vuestro coraz&oacute;n&rdquo; (Lucas 12:32-34). Jes&uacute;s exhorta a sus disc&iacute;pulos a que en lugar de amontonar riquezas, aprendan a compartir y a dar limosnas de una forma que ayude de verdad al necesitado y afirme su dignidad (Mateo 6:1-4). Jes&uacute;s ense&ntilde;a a los disc&iacute;pulos a pedir por &ldquo;el pan nuestro de cada d&iacute;a&rdquo; (Lucas 11:3) sin olvidar que tanto la comida como el vestido son provistos por el Padre que sabe que necesitamos todo esto (Lucas 12:22-30). Es m&aacute;s, Jes&uacute;s ense&ntilde;a que para quienes buscan el reino de Dios, todas las dem&aacute;s cosas les ser&aacute;n a&ntilde;adidas (Lucas 22:31). Finalmente, es muy conocido otro dicho de Jes&uacute;s: &ldquo;No pod&eacute;is servir a Dios y a las riquezas&rdquo; (Lucas 16:13).<\/p>\n<p>Jes&uacute;s no evade la invitaci&oacute;n para intervenir en la disputa de los hermanos en lo que respecta a la repartici&oacute;n de una herencia. Es cierto que sus palabras no resuelven el problema inmediato y espec&iacute;fico. Jes&uacute;s no se convierte en juez y partidor. Pero sus ense&ntilde;anzas se dirigen a la ra&iacute;z del problema oculto en la disputa. El problema al que Jes&uacute;s se dirige es el de la avaricia. En este caso espec&iacute;fico podemos referirnos a la avaricia que se interpone en las mejores relaciones familiares. Sin embargo, la ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s es tan inclusiva y profunda que no se aplica solamente al caso de los dos hermanos que se disputan una herencia. Las palabras del vers&iacute;culo 21 con las que Jes&uacute;s resume la moraleja de la par&aacute;bola del hombre rico contrastan dos tipos de actitudes. Por un lado est&aacute;n quienes acumulan tesoros para s&iacute; mismos. Por otro lado est&aacute;n quienes son ricos para con Dios. Si tomamos este ejemplo particular, el primer caso puede ser ilustrado por el hombre rico de la par&aacute;bola, que personifica la avaricia. Y si la avaricia representa a los que acumulan tesoros para s&iacute; mismos, lo opuesto representar&iacute;a a quienes son ricos para con Dios. Pero, &iquest;tenemos alg&uacute;n ejemplo en el Evangelio de lo opuesto a la avaricia?<\/p>\n<p>Hay una historia en Lucas que bien puede ilustrar lo opuesto a la avaricia del hombre rico de la par&aacute;bola de Jes&uacute;s. Me refiero a la historia de Zaqueo (Lucas 19:1-10), que era jefe de los publicanos y rico. Zaqueo puede servirnos de paradigma de la ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s resaltada por Lucas en el texto para este domingo. Despu&eacute;s de haber hospedado a Jes&uacute;s en su casa, Zaqueo se pone en pie y dice: &ldquo;Se&ntilde;or, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguien, se lo devuelvo cuadruplicado&rdquo; (Lucas 19:8). Zaqueo es uno de los tantos perdidos a los que Jes&uacute;s vino a buscar y a salvar, y con su respuesta generosa se convirti&oacute; en un ejemplo de alguien que se vuelve &ldquo;rico para con Dios.&rdquo;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El ministerio pastoral est&aacute; lleno de ocasiones en las cuales tenemos la necesidad de intervenir y mediar en disputas familiares. A menudo la necesidad surge alrededor de cambios importantes que afectan a la mayor&iacute;a de los miembros de la familia. 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