{"id":28725,"date":"2016-10-04T20:31:34","date_gmt":"2016-10-05T01:31:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-1425-33-comentario-por-guillermo-hansen\/"},"modified":"2016-10-04T20:31:34","modified_gmt":"2016-10-05T01:31:34","slug":"san-lucas-1425-33-comentario-por-guillermo-hansen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-1425-33-comentario-por-guillermo-hansen\/","title":{"rendered":"San Lucas 14:25-33 Comentario por Guillermo Hansen"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Nuestro texto consta de dos per&#237;copas bien definidas y distintas en su naturaleza.<\/p>\n<p>La primera (vv. 26-27) contiene dichos de Jes&#250;s que seg&#250;n muchos investigadores se remontar&#237;an a palabras originales del nazareno (especialmente v. 26). La segunda (vv. 28-32) consta de dos ejemplos ilustrativos indirectamente relacionados con lo anterior, posiblemente derivados de la rica tradici&#243;n jud&#237;a y helen&#237;stica de sabidur&#237;a proverbial, con un a&#241;adido redaccional referido a los bienes (v. 33; t&#237;pico de Lucas). Si bien las dos per&#237;copas se iluminan mutuamente y realzan el tema del seguimiento de Jes&#250;s, es aconsejable que el predicador se concentre en la primera parte dado su tono pol&#233;mico y su transparencia respecto al costo del discipulado &#8211;tema central de estos pasajes.<\/p>\n<p>En la estructura general del evangelio de Lucas nuestro texto se sit&#250;a en medio del viaje o subida a Jerusal&#233;n. Durante este per&#237;odo se nos presentan las ense&#241;anzas de Jes&#250;s sobre el reino o dominio de Dios. Tal ense&#241;anza inevitablemente est&#225; cargada de pol&#233;mica. No solo con las autoridades y poderosos de la &#233;poca, sino tambi&#233;n entre los mismos seguidores de Jes&#250;s.<\/p>\n<p>El primer pasaje comienza con un dato que no es menor: a Jes&#250;s lo segu&#237;a una muchedumbre (ochlos = gent&#237;o, multitud, conjunto de personas indiferenciadas), presumiblemente atra&#237;dos por el mensaje, las curaciones y la fama de Jes&#250;s. Y es a esta muchedumbre a quien el nazareno dirige sus palabras: &#8220;Si alguno viene donde mi y no odia a su padre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser disc&#237;pulo m&#237;o&#8221; (v. 26).&nbsp; El segundo pasaje finaliza con un tono similar, esta vez referido a los bienes: &#8220;Pues, de igual manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser disc&#237;pulo m&#237;o&#8221; (v. 33). El hecho de que el evangelio de Lucas presenta estas palabras dirigidas a la muchedumbre indica que el discipulado cristiano implica un pasaje, una transici&#243;n, desde el anonimato y pasividad de ser &#8220;muchedumbre&#8221; a la realizaci&#243;n de nuestra subjetividad como disc&#237;pulos. Encierra una din&#225;mica de maduraci&#243;n, de decisi&#243;n, de compromiso cuyo momento sobresaliente es el encuentro cara a cara con (la palabra de) Jes&#250;s: &#8220;y volvi&#233;ndose [a ellos] le dijo&#8230;&#8221; (v. 25b).<\/p>\n<p>Naturalmente el verbo &#8220;odiar&#8221; (miseo) resalta en la primera parte. La radicalidad y el esc&#225;ndalo de esta expresi&#243;n no deben atemperarse: indica reniego, repudio, rechazo, renuncia. Sin embargo, si consideramos la totalidad del evangelio como asimismo el contexto de este pasaje, es claro que este odio no hace referencia a una actitud o disposici&#243;n psicol&#243;gica o emocional. El odio como menosprecio y negaci&#243;n del otro\/a como persona no es lo que nos hace disc&#237;pulos de Jes&#250;s &#8211;al contrario (cfr. Lc. 6:27). Menos a&#250;n puede el odio sostenerse como justificaci&#243;n de nuestra fe en Jes&#250;s &#8211;como si la intensidad o extensi&#243;n del odio fuera una prueba de nuestra fe. M&#225;s bien las palabras de Jes&#250;s refieren a una crisis de lealtades, al cuestionamiento radical de estructuras de poder que nos desvirt&#250;an como personas plenas. Por ello es necesario tener muy presente el contexto social de la predicaci&#243;n de Jes&#250;s, donde las relaciones de parentesco patriarcales creaban situaciones de dominaci&#243;n y subordinaci&#243;n antag&#243;nicas a la realidad de los nuevos lazos &#8216;familiares&#8217; proclamados por Jes&#250;s.&nbsp; Ser cristiano trasciende los lazos de sangre pues el dominio de Dios implica una nueva red de relaciones sociales.&nbsp; &nbsp;<\/p>\n<p><b>Sugerencias para la predicaci&#243;n<\/b><\/p>\n<p>El mayor desaf&#237;o para el predicador es respetar y ser fiel al contexto y las palabras pol&#233;micas de Jes&#250;s en relaci&#243;n a las otras &#225;reas de la vida donde encontramos valor, como por ejemplo, relaciones familiares y de parentesco. Conocemos el mandamiento de honrar al padre y a la madre, &#191;contradice Jes&#250;s al mandamiento? No, si consideramos que el mandamiento principal es honrar a Dios (Dt. 5:6s); el resto se deriva de all&#237;. Honrar nuestros lazos familiares no implica por ello una subordinaci&#243;n a otras autoridades, sino honrar uno de los contextos donde nos descubrimos como personas y donde se manifiesta el amor de Dios (para que seamos felices en el suelo que Dios nos da, como dice Dt. 5:16). Este es el prop&#243;sito de la familia: servir y honrar a Dios creando un contexto de amor, protecci&#243;n y libertad; no erguirse como &#250;ltima autoridad demandando una obediencia exclusiva. Muchas veces, empero, la familia puede convertirse en un n&#250;cleo excluyente, en un sometimiento a una jerarqu&#237;a sexual y social que contradice el plan de Dios &#8211;un plan radicalmente igualitario y liberador.<\/p>\n<p>El llamado de Jes&#250;s es a una nueva libertad, la libertad del discipulado. Esta libertad, sin embargo, es costosa y requiere coraje. Nos induce a una revisi&#243;n de vida y, eventualmente, a la aventura de una transici&#243;n y transformaci&#243;n tanto de nuestras identidades como de nuestras relaciones sociales. Todos nosotros tenemos la tendencia a ser &#8216;muchedumbre&#8217;, seguidores ya sea de lo tradicional o de lo &#8216;milagrero&#8217;, de lo que nos permite seguir (sobre)viviendo sin mayores costos. Pero cuando Jes&#250;s se torna a nosotros, nos convierte en sujetos abiertos a una decisi&#243;n. Nos pregunta: &#191;d&#243;nde se centran nuestros corazones? &#191;En qu&#233; se basan nuestras lealtades? &#191;Qu&#233; nos hace realmente personas?<\/p>\n<p>Por ello el mensaje de Jes&#250;s no debe interpretarse como una cruzada anti-familia, y menos a&#250;n como un llamado al ascetismo &#8211;como bien indicaron los reformadores. Se trata m&#225;s bien de discernir cual es el centro de nuestra existencia, de descubrirnos como parte de un entramado mayor, del plan liberador de Dios que nos convoca como sujetos plenos para amar en libertad. Es desde este descubrimiento que podemos revisar ahora los compromisos e instituciones en las que vivimos (incluyendo el lugar que ocupan los &#8216;bienes&#8217; y los intereses materiales), y encarar la vida familiar como un espacio donde se manifiesta nuestra vocaci&#243;n cristiana &#8211;no como un peso y una obligaci&#243;n dictada por la tradici&#243;n o las costumbres.&nbsp; Nuestras relaciones familiares son, al decir de Lutero, pr&#243;jimos para ser amados, un espacio de respeto e igualdad donde tambi&#233;n se manifiesta la libertad otorgada por Dios.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestro texto consta de dos per&#237;copas bien definidas y distintas en su naturaleza. 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