{"id":28734,"date":"2016-10-04T20:31:59","date_gmt":"2016-10-05T01:31:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-151-10-comentario-por-marisa-strizzi\/"},"modified":"2016-10-04T20:31:59","modified_gmt":"2016-10-05T01:31:59","slug":"san-lucas-151-10-comentario-por-marisa-strizzi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-151-10-comentario-por-marisa-strizzi\/","title":{"rendered":"San Lucas 15:1-10 Comentario por Marisa Strizzi"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>Para Comenzar a Pensar<\/strong><\/p>\n<p>El tema del presente pasaje es nuevamente Jes&uacute;s y la gente que se le acerca &ndash;con qui&eacute;nes se junta y, seg&uacute;n le recriminan, con qui&eacute;nes come. La f&oacute;rmula de estos indeseables es: &ldquo;publicanos y pecadores.&rdquo; Nuevamente, en primer plano, aparecen los atentos espectadores cr&iacute;ticos. La f&oacute;rmula de esta polic&iacute;a religiosa es: &ldquo;fariseos y escribas.&rdquo; Como de costumbre, Jes&uacute;s responde en par&aacute;bolas. Las par&aacute;bolas de Lucas 15 &ndash;la oveja perdida, la moneda perdida, y el hijo que retorna (esta &uacute;ltima no incluida este domingo) &ndash; tienen temas recurrentes: p&eacute;rdida, b&uacute;squeda y reencuentro, arrepentimiento.&nbsp;<\/p>\n<p>Debemos recordar aqu&iacute; que el Evangelio de Lucas presta especial atenci&oacute;n a la relaci&oacute;n entre escribas y fariseos, y Jes&uacute;s. Notemos que este relato sobre Jes&uacute;s y los publicanos y pecadores tiene un antecedente importante en este Evangelio: Jes&uacute;s llama a Lev&iacute; el publicano; &eacute;ste lo sigue y, luego, le ofrece un banquete en su casa. All&iacute;, Jes&uacute;s come en compa&ntilde;&iacute;a de otros publicanos &ndash;mientras tanto, escribas y fariseos observan y murmuran&hellip; (Lc 5:25-31). Lucas nos muestra tambi&eacute;n, en otro pasaje, a Jes&uacute;s refiri&eacute;ndose a esas mismas murmuraciones cuando dice: &ldquo;Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dec&iacute;s: &lsquo;&Eacute;ste es un hombre comil&oacute;n y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores&rsquo;&rdquo; (Lc 7:34).&nbsp; En el contexto inmediato del pasaje, tambi&eacute;n conviene reparar en que el cierre del cap&iacute;tulo previo coloca en boca de Jes&uacute;s la advertencia: &ldquo;Quien tenga o&iacute;dos para o&iacute;r, oiga&rdquo; (Lc 14:35). Lo interesante es que tal cierre funciona a la vez como apertura. Se trata, en realidad, de un puente que interpela, de un lado, al auditorio de las par&aacute;bolas previas (los convidados a las bodas, la gran cena, el costo del discipulado, la sal que pierde el sabor) y, del otro lado, a publicanos y pecadores que, precisamente, se acercan para o&iacute;r a Jes&uacute;s, y, especialmente, a &ldquo;los de siempre&rdquo;: escribas y fariseos que murmuran (Lc 15:1).&nbsp;<\/p>\n<p>Recibir a los segregados en el contexto de la comensalidad, tiene una radical significancia en el contexto social, pol&iacute;tico y religioso de Jes&uacute;s. Asociarse con personas socialmente despreciadas resulta revulsivo para los representantes del <em>establishment<\/em> religioso; en realidad, contrar&iacute;a las sabias advertencias de la tradici&oacute;n. La literatura sapiencial, p. ej., previene claramente sobre la asociaci&oacute;n con quienes andan por sendas torcidas: los imp&iacute;os, los malos&nbsp; (Pr 1:10-15; 2:12-15; 4:14-19). Aun as&iacute;, Jes&uacute;s parece deso&iacute;r estos consejos.<strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>Temas Eje para la Predicaci&oacute;n<\/strong>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El Valor de lo Perdido<\/strong><\/p>\n<p>Estas par&aacute;bolas nos brindan una idea acerca de c&oacute;mo es Dios a trav&eacute;s de las buenas noticias en Jes&uacute;s: lo que se pierde, debe ser buscado, hallado, salvado y su encuentro celebrado. Porque lo que se pierde es precioso. Perder una oveja de cien, est&aacute; por debajo de los c&aacute;lculos de riesgo de cualquier negocio &ndash;especialmente, si para buscar a esa &ldquo;una&rdquo; debemos dejar por las suyas a las noventa y nueve que s&iacute; tenemos. Quiz&aacute; tenga m&aacute;s sentido preocuparse por una dracma de diez, aunque, seguramente, merezca m&aacute;s un &ldquo;ya va a aparecer en alg&uacute;n rinc&oacute;n, cuando no la busque&hellip;&rdquo; Dar vuelta la casa y celebrar con amigas y vecinas, ya es un poco demasiado (una vez que encontramos la moneda, &iquest;la vamos a gastar en el festejo?). No obstante, las par&aacute;bolas llevan bien el mensaje: las p&eacute;rdidas que parecen no merecer una b&uacute;squeda tienen especial importancia.&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El Gran Buscador<\/strong><\/p>\n<p>Ovejitas y monedas funcionan muy bien en la par&aacute;bola para que nos quede claro que toda iniciativa es de quien busca. Es dif&iacute;cil imaginar ovejas y monedas arrepinti&eacute;ndose de haberse perdido; por lo tanto parecen no funcionar simb&oacute;licamente en esa direcci&oacute;n. (La par&aacute;bola siguiente, que no nos ocupa aqu&iacute;, corrige esta &ldquo;falta&rdquo;: all&iacute; el hijo vuelve arrepentido).&nbsp; Esa restricci&oacute;n del texto que nos ocupa, nos lleva sin embargo a poner el &eacute;nfasis en quien busca &ndash;que es tambi&eacute;n quien encuentra y quien promueve la celebraci&oacute;n. Ahora bien, el tema del arrepentimiento es tra&iacute;do a colaci&oacute;n por Jes&uacute;s a la luz del relato de las dos par&aacute;bolas. As&iacute;, el tema del arrepentimiento aparece en referencia a las dos &ldquo;f&oacute;rmulas&rdquo; de Lucas: por un lado, a &ldquo;fariseos y escribas&rdquo; incapaces de comprender la din&aacute;mica de Dios que plantea Jes&uacute;s; por el otro, a &ldquo;pecadores y publicanos&rdquo; que se acercan a Jes&uacute;s para participar de tal din&aacute;mica (o&iacute;rlo y comer con &eacute;l, seg&uacute;n vv. 1-2). Nuestra tendencia es siempre interpretar todo como si fu&eacute;ramos los seres humanos el centro y motor de toda acci&oacute;n, pero el relato completo nos ayuda a considerar la &ldquo;din&aacute;mica divina.&rdquo; Dios &ndash;el gran buscador&ndash; tiene la iniciativa en este proceso de b&uacute;squeda, reencuentro, arrepentimiento y celebraci&oacute;n; a nosotros\/as nos queda reconocernos perdidos\/as.<strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>Algunas Ideas Finales<\/strong>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>&#8211; Fariseos y escribas, publicanos y pecadores nos ayudan a pensar sobre nosotros\/as mismos\/as<\/strong>. En este relato, &ldquo;fariseos y escribas&rdquo; encarnan el abanico de nuestros males: la necesidad constante de trazar la l&iacute;nea que divide nosotros\/as de ellos\/as, de ser autosuficientes, de creernos del lado correcto, de querer administrar la vida de los\/as otros\/as.&nbsp; Por otra parte, &ldquo;publicanos y pecadores&rdquo; encarnan el germen de nuestras mejores chances: o&iacute;r al que viene, recibir a quien nos busca, invitarlo a nuestra mesa, poder arrepentirnos.&nbsp;<\/p>\n<p><strong>&#8211; No son ellos; somos nosotros\/as<\/strong><em>.<\/em> El papel de los fariseos nos ilustra que quienes creen no haberse extraviado est&aacute;n perdidos. Es m&aacute;s &ndash;y creo que conocemos bien esta situaci&oacute;n, quienes creen que no est&aacute;n perdidos, &iexcl;generalmente aseguran que los perdidos son los otros! S&oacute;lo se da cuenta de que es buscado quien reconoce que est&aacute; extraviado &ndash;y eso, se llama arrepentimiento.&nbsp;<\/p>\n<p><strong>&#8211; Ser encontrados\/as no depende de nuestros esfuerzos personales<\/strong><em>.<\/em> M&aacute;s all&aacute; de nuestros bien o malintencionados esfuerzos, nuestro lado es siempre el de lo perdido, lo buscado y lo encontrado. La aceptaci&oacute;n, el recibimiento y la celebraci&oacute;n se nos otorgan siempre de antemano: lo que hagamos despu&eacute;s, es s&oacute;lo respuesta.&nbsp;<\/p>\n<p><strong>&#8211; Se nos busca desde siempre y por siempre<\/strong><em>.<\/em> Adem&aacute;s, no importa qu&eacute; tan lejos una est&aacute; cuando se da cuenta de que est&aacute; perdida. Perderse no es una cuesti&oacute;n de distancia. Existen muchos casos de personas extraviadas en el bosque que han sido halladas muertas por exposici&oacute;n e inanici&oacute;n muy cerca del camino que dejaron. Pero hasta aqu&iacute; llega la met&aacute;fora, porque quienes se pierden en el bosque dependen de los recursos humanos disponibles para ser encontrados. Ahora bien, quien extrav&iacute;a el sendero en la vida y se reconoce perdido, comprende el mensaje de Jes&uacute;s: lo perdido, desde siempre ya est&aacute; siendo buscado, est&aacute; siendo aceptado, y su regreso es siempre causa de inmenso regocijo. Esta es la buena noticia que tenemos que poder recibir y desparramar. &ldquo;Quien tenga o&iacute;dos para o&iacute;r, oiga.&rdquo;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Comenzar a Pensar El tema del presente pasaje es nuevamente Jes&uacute;s y la gente que se le acerca &ndash;con qui&eacute;nes se junta y, seg&uacute;n le recriminan, con qui&eacute;nes come. La f&oacute;rmula de estos indeseables es: &ldquo;publicanos y pecadores.&rdquo; Nuevamente, en primer plano, aparecen los atentos espectadores cr&iacute;ticos. 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