{"id":28736,"date":"2016-10-04T20:32:03","date_gmt":"2016-10-05T01:32:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-151-10-comentario-por-guillermo-hansen\/"},"modified":"2016-10-04T20:32:03","modified_gmt":"2016-10-05T01:32:03","slug":"san-lucas-151-10-comentario-por-guillermo-hansen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-151-10-comentario-por-guillermo-hansen\/","title":{"rendered":"San Lucas 15:1-10 Comentario por Guillermo Hansen"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Los textos para este domingo presentan dos par&#225;bolas, la oveja y la dracma (moneda) perdidas.<\/p>\n<p><b>Comentarios al texto<\/b><\/p>\n<p>Esta &#250;ltima se halla s&#243;lo en el evangelio de Lucas. Estos pasajes nos exponen a uno de los m&#233;todos discursivos m&#225;s comunes de Jes&#250;s, la par&#225;bola. El evangelista Lucas las sit&#250;a en este estadio del ministerio de Jes&#250;s a fin de ilustrar una dimensi&#243;n central del ministerio del nazareno: su h&#225;bito de comer y fraternizar con &#8220;pecadores&#8221; (vv. 1-2), gente de dudosa reputaci&#243;n social y religiosa, esc&#225;ndalo para la mentalidad moralizante del establishment social y religioso de la &#233;poca (representados por los fariseos y los escribas). Las par&#225;bolas ilustran as&#237; no solo la conducta y misi&#243;n de Jes&#250;s, sino un aspecto central de una concepci&#243;n y experiencia de Dios que se acerca en forma preferencial a los &#8216;pecadores&#8217;, a los marginales. Para Dios nada ni nadie carece de valor, especialmente cuando lo comparamos con la escala de valores que la sociedad, los usos y las costumbres establecen como &#8216;normal&#8217;.<\/p>\n<p>Hay dos temas centrales en este conjunto de par&#225;bolas: lo que estaba perdido (apollymi) es hallado, y el gozo (chair&#x14D;) que produce el reencuentro. La primera par&#225;bola hace un uso explicito de la hip&#233;rbole, una suerte de exageraci&#243;n respecto a hechos mundanos que realza un sentido teol&#243;gico espec&#237;fico que desaf&#237;a las convenciones y conductas ordinarias: por ejemplo, el pastor va en busca de una oveja extraviada dejando a las otras 99 casi a merced de su propia suerte. As&#237; se subraya tanto la actitud del pastor (quien no hace un c&#225;lculo normal de costos y beneficios), como la importancia intr&#237;nseca de lo que se halla (moment&#225;neamente) extraviado.&nbsp;<\/p>\n<p>La segunda par&#225;bola, el dracma perdida (un dracma, moneda corriente en los territorios helenizados, correspond&#237;a al salario de un d&#237;a de trabajo), repite los temas de lo perdido que es intensa y cuidadosamente buscado, como tambi&#233;n el gozo producido por el hallazgo\/reencuentro. Precisamente un rasgo caracter&#237;stico que aparece en el evangelio de Lucas &#8211;sobre todo en las par&#225;bolas&#8211;&nbsp; es la noci&#243;n de alegr&#237;a y regocijo. En los comentarios aleg&#243;ricos que cierran las dos par&#225;bolas en cuesti&#243;n, el evangelio habla de la &#8220;alegr&#237;a en el cielo&#8221; (v. 7) y de &#8220;la alegr&#237;a ante los &#225;ngeles de Dios&#8221; (v. 10). Hablamos aqu&#237;, entonces, de la alegr&#237;a del propio Dios.<\/p>\n<p>Es importante recalcar que al acercamos a una par&#225;bola debemos dejar siempre lugar para la intenci&#243;n primaria de la misma: &#233;sta debe &#8216;jugar&#8217; con nuestras mentes, con nuestras expectativas, con nuestros presupuestos. Solo as&#237;, cuando llegamos a participar como oyentes de la trama presentada, podemos vislumbrar los contornos del dominio o reino de Dios. Por ello las par&#225;bolas abren ante nosotros un nuevo mundo, un nuevo conjunto de posibilidades, estableciendo una ruptura con nuestras formas corrientes de pensamiento y vida. La par&#225;bola siempre invita a una relectura de nuestras vidas y, por ende, a un nuevo posicionamiento fruto de la irrupci&#243;n liberadora de Dios.<\/p>\n<p><b>Sugerencias para la predicaci&#243;n<\/b><\/p>\n<p>Todos atesoramos algo en la vida, y experimentamos un sentido de p&#233;rdida cuando algo se va. Pero las dos par&#225;bolas que nos presenta Jes&#250;s no refieren tanto a lo que nosotros consideramos una p&#233;rdida o un tesoro, sino al car&#225;cter de Dios mismo. En primer lugar, lo que pareciera ser insignificante para nosotros es significativo para Dios. &#191;Por qu&#233; Jes&#250;s se acercaba tanto a los pecadores, se sentaba con los publicanos? &#191;No es esto contaminarse con lo inmoral, apartarse de las cosas de Dios? Los as&#237; llamados justos siempre se escandalizan ante lo que parece una conducta y c&#225;lculo desorbitados: dejar todo para ir al encuentro de lo perdido y marginal. Pero Dios es diferente, su c&#225;lculo es distinto. Lo que Dios &#8216;atesora&#8217; es lo perdido; Dios se arriesga en busca de lo extraviado.<\/p>\n<p>En segundo lugar, los relatos tambi&#233;n hablan de la a&#241;oranza del propio Dios. No importa por cu&#225;nto tiempo nos hemos extraviado, no importa cu&#225;n lejos nos hemos ido, no importa cu&#225;n profundo son los valles donde nos hemos perdido. Dios nos recuerda siempre, y por ello viene tras nosotros.&nbsp; Ninguna situaci&#243;n de desesperaci&#243;n y dolor puede borrar la opci&#243;n preferencial de Dios por lo vulnerable, peque&#241;o y olvidado. Porque siempre nos recuerda y atesora, la esperanza es posible, m&#225;s a&#250;n en medio de nuestro extrav&#237;o y perdici&#243;n.<\/p>\n<p>En tercer lugar, la p&#233;rdida y el alejamiento no s&#243;lo produce dolor y agon&#237;a en las personas, sino que es el mismo Dios quien experimenta vac&#237;o y dolor. Esta es la cruz del propio Dios. Este vac&#237;o no se llena ni remplaza con nada &#8211;como si las 99 ovejas o las 9 monedas restantes fueran un consuelo. Tampoco se consuela Dios con la presencia de los justos y el canto de los &#225;ngeles. Estos no reemplazan la a&#241;oranza por lo que se ha ido, lo que est&#225; perdido.&nbsp; Tal es la a&#241;oranza y amor de Dios que se hace uno de nosotros, al punto tal de abrazar en la cruz a todos los abandonados, a los considerados &#8216;malditos&#8217; y alejados de Dios. Solo en el reencuentro con lo que ha sido &#8216;descartado&#8217;, Dios halla su propia alegr&#237;a, Dios puede ser plenamente el Dios de la vida.<\/p>\n<p>Al recordar que los pecadores tambi&#233;n denotan un lugar social, debemos preguntarnos d&#243;nde nos encontramos hoy. &#191;Asumimos que somos por derecho propio, trayectoria o biograf&#237;a, los favoritos de Dios? &#191;Somos solidarios con lo que el mundo considera casos perdidos?&nbsp; &#191;Celebramos cada vida que es afirmada de la manera en que Dios celebra un reencuentro? Si el evangelio nos recuerda de la a&#241;oranza de Dios por nosotros, de su incansable b&#250;squeda, de una alegr&#237;a que brota de un encuentro pr&#225;cticamente inesperado, &#191;reconocemos que no somos m&#225;s que pecadores (extraviados) que han sido perdonados (reencontrados)?&nbsp; &#191;Vivimos nuestra fe con la humildad que se deriva de este hecho? &#191;Nos abre los ojos a los excluidos y desheredados?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los textos para este domingo presentan dos par&#225;bolas, la oveja y la dracma (moneda) perdidas. Comentarios al texto Esta &#250;ltima se halla s&#243;lo en el evangelio de Lucas. Estos pasajes nos exponen a uno de los m&#233;todos discursivos m&#225;s comunes de Jes&#250;s, la par&#225;bola. 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