{"id":28750,"date":"2016-10-04T20:32:45","date_gmt":"2016-10-05T01:32:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-1619-31-comentario-por-francisco-javier-pelaez-diaz\/"},"modified":"2016-10-04T20:32:45","modified_gmt":"2016-10-05T01:32:45","slug":"san-lucas-1619-31-comentario-por-francisco-javier-pelaez-diaz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-1619-31-comentario-por-francisco-javier-pelaez-diaz\/","title":{"rendered":"San Lucas 16:19-31 Comentario por Francisco Javier Pelaez-Diaz"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Este pasaje, conocido como la par&aacute;bola del rico y L&aacute;zaro, refleja c&oacute;mo Lucas entiende la atenci&oacute;n especial que Dios da a los pobres, a los sufrientes y marginados, y tambi&eacute;n expone una severa cr&iacute;tica hacia los ricos y poderosos.<\/p>\n<p>De manera m&aacute;s espec&iacute;fica, denuncia una de las tendencias m&aacute;s comunes en los seres humanos, la de cerrar los ojos a las necesidades de otras personas, especialmente cuando nos encerramos en la seguridad y comodidad de nuestras posesiones.&nbsp;<\/p>\n<p>Esta par&aacute;bola habla del cambio en las condiciones de un hombre rico cuyo nombre no se especifica y las de un mendigo, que es identificado como L&aacute;zaro. Mientras ambos est&aacute;n vivos, esta condici&oacute;n es de comodidad, privilegio social, lujo y extrema abundancia, en el primer caso, y de pobreza, aguda necesidad, sufrimiento y humillaci&oacute;n, en el segundo. As&iacute; lo indican, por ejemplo, los detalles acerca de la capacidad del rico de ofrecer un &ldquo;banquete con esplendidez&rdquo; cada d&iacute;a (v. 19), adem&aacute;s de la calidad y caracter&iacute;sticas de la ropa que vest&iacute;a, que refleja no s&oacute;lo su capacidad econ&oacute;mica, sino su condici&oacute;n de ser alguien socialmente muy respetado (vestir de color p&uacute;rpura no s&oacute;lo era caro, sino que indicaba alg&uacute;n tipo de honor reconocido por las autoridades romanas). En el caso de L&aacute;zaro, los detalles acerca del hambre aguda reflejada en la expresi&oacute;n de que &ldquo;ansiaba saciarse de las migajas que ca&iacute;an de la mesa del rico&rdquo; (v. 21), as&iacute; como la menci&oacute;n de las llagas en su cuerpo, que hablan de un sufrimiento f&iacute;sico, se agregan al humillante y excluyente hecho de estar rodeado y tocado por perros que eran considerados animales inmundos. Cuando el rico y L&aacute;zaro mueren, estas condiciones cambian radicalmente para ambos. El rico va al Hades, donde sufre tormentos, y el mendigo va al seno de Abraham, donde recibe consuelo.&nbsp;<\/p>\n<p>Algunos comentaristas indican que la par&aacute;bola no es completamente clara respecto a las razones por las cuales dichas condiciones cambiaron en sentido opuesto. Argumentan que dado que no hay juicios morales acerca de ninguno de los dos personajes, no se sabe con absoluta certeza si el sufrimiento del rico se debe a su falta de sensibilidad respecto a las necesidades del mendigo, y tampoco se sabe si el consuelo que recibe el mendigo tiene algo que ver con su car&aacute;cter moral o con el simple hecho de ser pobre. Sin embargo, la interpretaci&oacute;n m&aacute;s com&uacute;n, que sugiere que la ense&ntilde;anza de esta par&aacute;bola tiene que ver con las responsabilidades y la sensibilidad hacia los m&aacute;s d&eacute;biles, marginalizados y pobres, se sostiene. Basta con recordar el c&aacute;ntico de Mar&iacute;a en Lucas 1:52-53, que dice: &ldquo;quit&oacute; de los tronos a los poderosos y exalt&oacute; a los humildes. A los hambrientos colm&oacute; de bienes y a los ricos envi&oacute; vac&iacute;os.&rdquo; Ciertamente que cuando el rico clama a Abraham y le pide que env&iacute;e a L&aacute;zaro a refrescarlo con agua, Abraham responde en un tono hasta cierto punto neutral: &ldquo;Hijo, acu&eacute;rdate de que recibiste tus bienes en tu vida, y L&aacute;zaro, males; pero ahora este es consolado aqu&iacute;, y t&uacute; atormentado&rdquo; (v. 25).&nbsp; El tono no es condenatorio. No dice, por ejemplo: &ldquo;por cuanto cerraste tu coraz&oacute;n hacia L&aacute;zaro a quien ve&iacute;as sufrir estando postrado a la puerta de tu casa, ahora est&aacute;s recibiendo tormentos.&rdquo; El tono no es condenatorio, pero la respuesta a la petici&oacute;n del rico es clara y contundente: No, no vas a recibir consuelo alguno. La siguiente parte del pasaje aclara a&uacute;n m&aacute;s la causa por la que se revirti&oacute; su suerte al morir.<\/p>\n<p>El rico pide que L&aacute;zaro sea enviado para que prevenga a sus cinco hermanos acerca de lo que les espera. Aqu&iacute; salta la pregunta: &iquest;qu&eacute; quiere decir la expresi&oacute;n &ldquo;para que les testifique a fin de que no vengan ellos tambi&eacute;n a este lugar de tormento&rdquo; (v. 28)? &iquest;Cu&aacute;l es el contenido del testimonio que el rico pide que L&aacute;zaro comunique a sus hermanos que a&uacute;n est&aacute;n vivos? La respuesta de Abraham sugiere que el contenido del testimonio est&aacute; directamente relacionado con lo que dicen la ley y los profetas: &ldquo;A Mois&eacute;s y a los Profetas tienen; &iexcl;que los oigan a ellos!&rdquo; (v. 29). Y esto nos remite a la interacci&oacute;n que Jes&uacute;s tuvo con un int&eacute;rprete de la ley, y que motiv&oacute; la par&aacute;bola del Buen Samaritano: &ldquo;&iquest;Haciendo qu&eacute; cosa heredar&eacute; la vida eterna? [pregunt&oacute; el int&eacute;rprete de la ley]. [Jes&uacute;s] dijo: &iquest;Qu&eacute; est&aacute; escrito en la ley? &iquest;C&oacute;mo lees?&nbsp; Aqu&eacute;l, respondiendo, dijo: Amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu pr&oacute;jimo como a ti mismo&rdquo; (Lc 10:25-27). Por lo tanto, al pedir que L&aacute;zaro testifique esto a sus hermanos, el rico reconoce claramente que &eacute;l decidi&oacute; ignorar el mandato de la ley mientras estaba en vida. Decidi&oacute; no amar al pr&oacute;jimo como a &eacute;l mismo.<\/p>\n<p>A pesar de la respuesta negativa que recibe de Abraham, el rico insiste en que si alguien viniera de entre los muertos a prevenirles, sus hermanos se arrepentir&iacute;an. La respuesta de Abraham es cruda pero realista: Si no quieren o&iacute;r a Mois&eacute;s ni a los profetas, nada los har&aacute; cambiar. Esta respuesta sugiere que la actitud de los hermanos del rico es exactamente la misma que la del rico, es decir, han decidido ignorar la ley y los profetas. Las razones de tal decisi&oacute;n quiz&aacute; sean las mismas que las del rico. Es probable que sus hermanos est&eacute;n igualmente ocupados en disfrutar de sus bienes materiales, o sus posiciones de privilegio, sin importarles nadie m&aacute;s que ellos mismos. Es obvio que el rico est&aacute; preocupado por sus hermanos; de otra manera no hubiera hecho la petici&oacute;n a Abraham. El rico y sus hermanos decidieron cerrar sus ojos a las necesidades y sufrimiento de su pr&oacute;jimo precisamente porque estaban encerrados en su mundo de comodidad, seguridad, ego&iacute;smo y autosatisfacci&oacute;n.<\/p>\n<p>En una sociedad que promueve cada vez con m&aacute;s fuerza el bienestar propio y la autosatisfacci&oacute;n, cerr&aacute;ndonos a las necesidades de quienes nos rodean, esta par&aacute;bola representa un importante recordatorio de lo que Dios espera de nosotros y de nosotras: que abramos nuestros ojos y nuestros corazones a nuestro pr&oacute;jimo, especialmente a nuestro pr&oacute;jimo sufriente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este pasaje, conocido como la par&aacute;bola del rico y L&aacute;zaro, refleja c&oacute;mo Lucas entiende la atenci&oacute;n especial que Dios da a los pobres, a los sufrientes y marginados, y tambi&eacute;n expone una severa cr&iacute;tica hacia los ricos y poderosos. 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