{"id":28768,"date":"2016-10-04T20:33:35","date_gmt":"2016-10-05T01:33:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-181-8-comentario-por-manuel-villalobos-mendoza\/"},"modified":"2016-10-04T20:33:35","modified_gmt":"2016-10-05T01:33:35","slug":"san-lucas-181-8-comentario-por-manuel-villalobos-mendoza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-181-8-comentario-por-manuel-villalobos-mendoza\/","title":{"rendered":"San Lucas 18:1-8 Comentario por Manuel Villalobos Mendoza"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>El Dios que hace justicia<\/strong><\/p>\n<p>Las par&aacute;bolas de Jes&uacute;s tienen el poder de lograr que las personas que las escuchan o leen se identifiquen con los personajes. En algunas par&aacute;bolas descubrimos inmediatamente qui&eacute;n es el personaje que representa a Dios, y cu&aacute;les son los personajes que se oponen a la voluntad de Dios. La par&aacute;bola que com&uacute;nmente se conoce como la par&aacute;bola del &ldquo;juez y la viuda&rdquo;, nos presenta dos personajes antag&oacute;nicos: uno que representa al Dios de la justicia y el otro que reta al mismo Dios. La audiencia tiene que meterse en el drama de la par&aacute;bola para darse cuenta de cu&aacute;l es el personaje cuyo comportamiento se debe imitar y cu&aacute;l es el personaje cuyo comportamiento se debe evitar.<\/p>\n<p>En esta par&aacute;bola, Lucas nos presenta uno de sus temas favoritos, que es la oraci&oacute;n: &ldquo;Para inculcarles que hace falta orar siempre sin cansarse, les cont&oacute; una par&aacute;bola&rdquo; (Lc 18,1). Lucas es el evangelista que m&aacute;s veces presenta a Jes&uacute;s orando e invitando a la comunidad a poner en pr&aacute;ctica la oraci&oacute;n (Lc 3:21; 5:16; 6:12; 9:28-29; 11:1-13; 22:32; 22:39-46; 23:46). Nuestra par&aacute;bola para este domingo sigue dentro de la &oacute;ptica del camino. El autor del tercer evangelio, fiel a su narrativa, omite todo dato sobre la ocasi&oacute;n y las circunstancias de la par&aacute;bola. Lucas solo centra su atenci&oacute;n en la necesidad que tiene la comunidad de orar siempre. La oraci&oacute;n\/fe que Lucas requiere es hacer prevalecer la justicia ante jueces que se oponen a las exigencias del evangelio de Jes&uacute;s.&nbsp;<\/p>\n<p>La par&aacute;bola del juez que viv&iacute;a en una ciudad sin nombre, con un sistema en el que la justicia rara vez llegaba a las personas excluidas, no tiene nada de raro. Lo ins&oacute;lito de la par&aacute;bola es que ese juez sin nombre, sin familia, ahora vive como enemigo ac&eacute;rrimo del Dios que imparte justicia. En el segundo libro de las Cr&oacute;nicas, Josafat designa jueces en cada territorio de Jud&aacute; y les da las siguientes indicaciones: &ldquo;Mirad lo que hac&eacute;is; porque no juzg&aacute;is en nombre de los hombres, sino en nombre de Jehov&aacute;, el cual est&aacute; con vosotros cuando juzg&aacute;is. Sea, pues, con vosotros el temor de Jehov&aacute;; mirad lo que hac&eacute;is, porque en Jehov&aacute;, nuestro Dios, no hay injusticia ni acepci&oacute;n de personas ni admisi&oacute;n de cohecho&rdquo; (2 Cr 19:6-7). El juez ideal -seg&uacute;n la Biblia- ser&iacute;a entonces un juez que teme a Dios, y que act&uacute;a solamente como instrumento de la justicia de Dios en favor de las personas de la comunidad, porque en definitiva la justicia le pertenece a Dios.<\/p>\n<p>Lucas, en su par&aacute;bola, presenta muy negativamente la figura del &ldquo;juez,&rdquo; ya que dicho individuo act&uacute;a como la persona necia que ha decidido vivir sin Dios: &ldquo;Dice el necio en su coraz&oacute;n: &lsquo;No hay Dios.&rsquo; Se han corrompido e hicieron abominable maldad; &iexcl;no hay quien haga el bien!&rdquo; (Sal 53:1). Resulta escandaloso que este juez sin nombre, literalmente afirme y desaf&iacute;e a Dios cuando confiesa de manera p&uacute;blica que no teme a Dios ni respeta a las personas que buscan justicia. &ldquo;Hab&iacute;a en una ciudad un juez que ni tem&iacute;a a Dios ni respetaba a hombre&rdquo; (Lc 18:2). Lucas no solamente presenta al juez que no teme a Dios una vez, sino dos veces (Lc 18:4). As&iacute; que no podemos tomar ligeramente la actitud injusta de este juez inicuo, que vive sin Dios, sin comunidad y sin ley. Por lo tanto, este juez injusto no puede ni debe ser la imagen de Dios, porque se ha separado de la justicia de Dios, al no hacer prevalecer la justicia en favor de las personas pobres y excluidas de la comunidad, como es el caso de la viuda.&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La viuda que clama d&iacute;a y noche para que se haga justicia<\/strong><\/p>\n<p>&ldquo;Hazme justicia de mi adversario&rdquo; (Lc 18:3) no es solo el grito de la viuda de nuestra par&aacute;bola, sino que esta demanda se ha convertido en el grito eterno de todas las personas que claman d&iacute;a y noche al Dios de la justicia. Este es el grito de millones y millones de personas que del norte al sur, y del este al oeste, recurren una vez m&aacute;s al Dios de la justicia, cuando los sistemas injustos al igual que las personas injustas, desoyen el clamor de las nuevas viudas. &ldquo;Hacer justicia&rdquo; se repite en la par&aacute;bola en cuatro ocasiones (Lc 18:3, 5, 7, 8). Sabemos que Dios hace justicia sin tardanza a las personas elegidas, si claman a Dios d&iacute;a y noche (Lc 18, 7). En la par&aacute;bola de este domingo, Dios no es el &uacute;nico que hace justicia, sino que tambi&eacute;n una viuda, sin nombre y sin apellido, hace justicia, porque que se le haga justicia contra su enemigo es m&eacute;rito de la perseverancia de la viuda en su reclamo. Esta viuda es el modelo de todas las personas marginadas, que luchan por un mundo m&aacute;s justo. Tambi&eacute;n esta viuda es la imagen misma de Dios.<sup>1<\/sup><\/p>\n<p>La par&aacute;bola encaja perfectamente en la situaci&oacute;n de aquellos -y de estos- tiempos en los que las viudas sufren y experimentan todo tipo de abusos econ&oacute;micos. Ya desde tiempos antiguos, las Escrituras Hebreas dan testimonio de que Dios escucha el clamor de las viudas y sale en su defensa contra sistemas injustos y jueces corruptos, que abusan de ellas: &ldquo;A ninguna viuda ni hu&eacute;rfano afligir&eacute;is, porque si t&uacute; llegas a afligirlos, y ellos [ellas] claman a m&iacute;, ciertamente oir&eacute; yo su clamor, mi furor se encender&aacute; y os matar&eacute; a espada; vuestras mujeres ser&aacute;n viudas, y hu&eacute;rfanos [hu&eacute;rfanas] vuestros hijos [hijas]&rdquo; (Ex 22:22-24). El profeta Am&oacute;s maldice a las personas que &ldquo;convierten en ajenjo el juicio y echan por tierra la justicia&rdquo; (Am 5:7) y a las que aborrecen al reprensor en la puerta de la ciudad y detestan al que habla lo recto (Am 5:10). La viuda de nuestra par&aacute;bola, como una verdadera profetisa, desaf&iacute;a y denuncia al juez corrupto, que ha convertido todo el sistema judicial en veneno.&nbsp;<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo fue que la viuda se hizo justicia? A menudo se banaliza la acci&oacute;n de la viuda en relaci&oacute;n con el juez y con su enemigo an&oacute;nimo. Err&oacute;neamente se ha le&iacute;do e interpretado que es el juez quien al final le &ldquo;hace justicia&rdquo; a la viuda, para que no siga molestando (Lc 18:5). A decir verdad, no es el juez quien le hace justicia. &iexcl;Es la viuda quien se hace justicia contra su enemigo y pone al juez en su lugar! El verbo que se ha traducido como &ldquo;molestar&rdquo; en 18:5 es en realidad un verbo fuerte y violento. El verbo griego <em>hypopiazo <\/em>pertenece al mundo del boxeo, as&iacute; que la traducci&oacute;n ser&iacute;a &ldquo;dejar el ojo morado&rdquo; o &ldquo;noquear&rdquo; al contrincante. S&oacute;lo dos veces aparece este verbo en todas las Escrituras cristianas (la otra vez es en 1 Co 9:27) y en ambas el significado es de agresi&oacute;n. La viuda, como &ldquo;boxeadora&rdquo;, ha mandado al juez a la lona y ha desenmascarado a quien es responsable de impartir justicia. As&iacute; que la idea que a menudo se hace de la viuda, de ser &ldquo;callada,&rdquo; &ldquo;d&oacute;cil,&rdquo; &ldquo;sumisa&rdquo; y &ldquo;abnegada,&rdquo; y de vivir con resignaci&oacute;n la opresi&oacute;n de sus enemigos, debe desaparecer en nuestra interpretaci&oacute;n. Lucas en esta par&aacute;bola nos presenta el prototipo de lo que debe ser la mujer de fe. Esta mujer act&uacute;a como Dios, pelea con jueces injustos, y se hace justicia contra enemigos poderosos. Cuando imitemos a la viuda que se hace justicia, entonces podremos estar seguros de que cuando venga el hijo de la humanidad efectivamente encontrar&aacute; una fe activa en la tierra (Lc 18,8).<\/p>\n<p><br clear=\"all\" \/><\/p>\n<p><sup>1<\/sup>Esta idea ha sido elaborada, con gran detalle y erudici&oacute;n, por Barbara Reid en <em>Parables for Preachers. <\/em><em>The Gospel of Luke. Year C <\/em>(Collegeville: The Liturgical Press, 2000), 227-236.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Dios que hace justicia Las par&aacute;bolas de Jes&uacute;s tienen el poder de lograr que las personas que las escuchan o leen se identifiquen con los personajes. En algunas par&aacute;bolas descubrimos inmediatamente qui&eacute;n es el personaje que representa a Dios, y cu&aacute;les son los personajes que se oponen a la voluntad de Dios. 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