{"id":28826,"date":"2016-10-04T20:36:15","date_gmt":"2016-10-05T01:36:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-2413-35-comentario-por-gilberto-ruiz\/"},"modified":"2016-10-04T20:36:15","modified_gmt":"2016-10-05T01:36:15","slug":"san-lucas-2413-35-comentario-por-gilberto-ruiz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-lucas-2413-35-comentario-por-gilberto-ruiz\/","title":{"rendered":"San Lucas 24:13-35 Comentario por Gilberto Ruiz"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Durante la temporada de Pascua leemos los relatos de las apariciones de Jes&uacute;s resucitado que se han conservado en el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>El relato de Lucas 24:13-35 afirma que Jes&uacute;s resucitado se hace presente ante todos los seguidores y las seguidoras de Jes&uacute;s que experimentan p&eacute;rdidas y dificultades, y no solamente ante los disc&iacute;pulos que tuvieron las experiencias narradas en el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>El pasaje se puede dividir en cuatro secciones: el encuentro de Jes&uacute;s con los dos disc&iacute;pulos en el camino a Ema&uacute;s (vv. 13-16), su conversaci&oacute;n mientras caminaban juntos (vv. 17-27), la comida que comparten en Ema&uacute;s (vv. 28-32) y el regreso a Jerusal&eacute;n para reunirse con los otros disc&iacute;pulos (vv. 33-35).<sup>1<\/sup><\/p>\n<p>El vers&iacute;culo clave de la primera secci&oacute;n que comprende los vv. 13-16 es el &uacute;ltimo. Nos dice que los dos disc&iacute;pulos que iban hacia Ema&uacute;s no pudieron reconocer a Jes&uacute;s cuando se les acerc&oacute; y se puso a caminar con ellos, a pesar de que hablaban de las cosas que acababan de sucederle a Jes&uacute;s. El motivo de la aparici&oacute;n divina que no se reconoce inicialmente tiene precedentes en la Escrituras jud&iacute;as, como cuando Abraham acoge tres hombres sin darse cuenta de que son &aacute;ngeles (Gn 18:1-22). La narraci&oacute;n de Lucas ha establecido una situaci&oacute;n de iron&iacute;a. El lector o la lectora saben que se trata de Jes&uacute;s, pero los personajes del relato no. El suspenso para el lector y la lectora est&aacute; en que no sabemos cu&aacute;ndo y c&oacute;mo estos disc&iacute;pulos se dar&aacute;n cuenta de que Jes&uacute;s est&aacute; en medio de ellos.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s inicia la conversaci&oacute;n que ocurre en los vv. 17-27 pregunt&aacute;ndoles de qu&eacute; ven&iacute;an hablando y porqu&eacute; estaban tristes. La respuesta del disc&iacute;pulo que se llama Cleofas indica que ellos suponen que Jes&uacute;s es uno de los muchos peregrinos que hab&iacute;an ido a Jerusal&eacute;n para la fiesta de la Pascua jud&iacute;a. La palabra traducida como &ldquo;forastero&rdquo; (<em>paroikeis<\/em>) se aplicaba justamente a un visitante extranjero temporario.<sup>2<\/sup><\/p>\n<p>En la respuesta de Cleofas en el v. 18 se advierte la sorpresa que le genera el hecho de que el forastero no est&eacute; al corriente de lo que ha sucedido. De manera conmovedora, su actitud de sorpresa revela lo devastado que est&aacute; Cleofas. &iquest;C&oacute;mo puede Cleofas esperar que cualquiera de los miles de visitantes a Jerusal&eacute;n en esos d&iacute;as supiera lo que hab&iacute;a sucedido con Jes&uacute;s? Cuando uno est&aacute; pasando por un momento de profundo dolor y tristeza, se hace dif&iacute;cil aceptar que los dem&aacute;s sigan adelante con sus vidas y no compartan nuestro dolor. La iron&iacute;a de la pregunta de Cleofas a Jes&uacute;s es que los eventos a los que alude le pasaron a este mismo &ldquo;forastero&rdquo; con quien est&aacute; hablando.<\/p>\n<p>En el original griego, la pregunta de Jes&uacute;s a Cleofas en el v. 19 (&ldquo;&iquest;Qu&eacute; cosas?&rdquo;) es formulada con una sola palabra (<em>poia<\/em>). En contraste, la respuesta de Cleofas y del otro disc&iacute;pulo a esta pregunta ocupa seis vers&iacute;culos (vv. 19-24). Por medio de la forma larga de esta respuesta, la narraci&oacute;n de Lucas sigue indicando que estos disc&iacute;pulos est&aacute;n sumamente afligidos y extenuados por lo que ha sucedido.<\/p>\n<p>Cleofas y su compa&ntilde;ero explican los eventos de los d&iacute;as anteriores. En el v. 21, lamentan que sus esperanzas no se han cumplido, ni siquiera en este &ldquo;tercer d&iacute;a,&rdquo; el d&iacute;a en que Jes&uacute;s mismo hab&iacute;a predicho que resucitar&iacute;a (9:22; 18:33; 24:7). La &uacute;ltima frase de su resumen termina con el detalle de que los que fueron al sepulcro &ldquo;no lo vieron&rdquo; (v. 24), reforzando as&iacute; la idea de que sus esperanzas hab&iacute;an quedado frustradas. La iron&iacute;a que Lucas ha puesto en marcha es intensa: estos dos disc&iacute;pulos est&aacute;n experimentando una aparici&oacute;n de Jes&uacute;s resucitado precisamente en el tercer d&iacute;a, y sin embargo se desesperan por el &ldquo;error&rdquo; de haber colocado su fe y esperanza en Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>Las palabras de Jes&uacute;s en el v. 25 no son particularmente simp&aacute;ticas hacia ellos. Les dice que son &ldquo;insensatos y tardos de coraz&oacute;n.&rdquo; Su opini&oacute;n es que &ldquo;todas las Escrituras&rdquo; revelan un Mes&iacute;as cuya gloria viene a trav&eacute;s del sufrimiento (v. 25-27). Entre los jud&iacute;os en Palestina en el primer siglo hab&iacute;a varias expectativas mesi&aacute;nicas diferentes, pero la idea de un mes&iacute;as sufriente iba en contra de estas expectativas. Los que llegaron a creer que Jes&uacute;s era el Mes&iacute;as tuvieron que interpretar las Escrituras de una manera nueva con el fin de poder ver c&oacute;mo Jes&uacute;s las cumpli&oacute;. En los vv. 25-27, Lucas atribuye a Jes&uacute;s, quien &ldquo;les declaraba en todas las Escrituras lo que de &eacute;l dec&iacute;an&rdquo; (v. 27), la pr&aacute;ctica de la interpretaci&oacute;n cristol&oacute;gica del Antiguo Testamento desarrollada por los primeros cristianos.<\/p>\n<p>A pesar del conocimiento de las Escrituras que les muestra Jes&uacute;s, los disc&iacute;pulos contin&uacute;an sin reconocerlo, y por lo tanto, el suspenso sigue aumentando. S&oacute;lo despu&eacute;s de que le ofrecen su hogar para pasar la noche y de que comparten con &eacute;l el pan, reconocen a Jes&uacute;s y el suspenso se termina (vv. 28-32). Jes&uacute;s se manifiesta m&aacute;s plenamente en medio de ellos en este acto de hospitalidad y compa&ntilde;erismo.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de esta revelaci&oacute;n, ellos vuelven a Jerusal&eacute;n con la intenci&oacute;n de contarles a los dem&aacute;s disc&iacute;pulos lo que les ha pasado (vv. 33-35). Y resulta que all&iacute; los once los estaban esperando con la noticia de lo que Cleofas y el otro disc&iacute;pulo ya hab&iacute;an experimentado por s&iacute; mismos, que &ldquo;ha resucitado el Se&ntilde;or verdaderamente&rdquo; (v. 34). Les dicen a los once c&oacute;mo hab&iacute;an reconocido a Jes&uacute;s &ldquo;al partir el pan&rdquo; (v. 35).<\/p>\n<p>El texto nunca nos informa sobre la identidad del disc&iacute;pulo que camina con Cleofas. Se han propuesto varias teor&iacute;as al respecto, que sugieren que este disc&iacute;pulo puede ser Pedro o la esposa de Cleofas. Independientemente de quien sea el otro disc&iacute;pulo de quien habla Lucas, el hecho de que este disc&iacute;pulo se queda sin identificaci&oacute;n nos invita a ponernos en su lugar. Todos y todas sabemos lo que es experimentar la p&eacute;rdida y la desilusi&oacute;n. En otras palabras, sabemos lo que se siente al estar en el camino a Ema&uacute;s que estos disc&iacute;pulos estaban transitando. El pasaje afirma que Jes&uacute;s se hace presente en medio de nosotros y nosotras incluso en esos momentos de desesperaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El pasaje tambi&eacute;n sugiere que para los cristianos y las cristianas, la esperanza puede encontrar su acicate y su motivaci&oacute;n en las Escrituras y en el acto de compartir la mesa con otros y otras, incluyendo al extranjero. Podemos leer las Escrituras para aprender c&oacute;mo la obra de Dios es convertir una y otra vez la experiencia del sufrimiento en una experiencia de liberaci&oacute;n y de gloria. M&aacute;s que nada, en nuestra comuni&oacute;n de unos con otros, y en la oferta sincera de nuestra hospitalidad y compa&ntilde;erismo hacia el extranjero, la presencia de Jes&uacute;s resucitado se hace plenamente visible en el mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<sup>1<\/sup> Joseph A. Fitzmyer, <em>The Gospel According to Luke<\/em> (X&ndash;XXIV) (Anchor Bible 28 A; New York: Doubleday, 1985), 1559.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> Fitzmyer, <em>Luke<\/em>, 1564.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante la temporada de Pascua leemos los relatos de las apariciones de Jes&uacute;s resucitado que se han conservado en el Nuevo Testamento. 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