{"id":28855,"date":"2016-10-04T20:37:29","date_gmt":"2016-10-05T01:37:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-11-9-10-18-comentario-por-julia-lambert-fogg\/"},"modified":"2016-10-04T20:37:29","modified_gmt":"2016-10-05T01:37:29","slug":"san-juan-11-9-10-18-comentario-por-julia-lambert-fogg","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-11-9-10-18-comentario-por-julia-lambert-fogg\/","title":{"rendered":"San Juan 1:(1-9), 10-18 Comentario por Julia Lambert Fogg"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">El evangelio de San Juan es distinto.<\/p>\n<p>Tiene una perspectiva &uacute;nica. San Marcos empieza su evangelio con el ministerio de Jes&uacute;s predicando el reino de Dios, cuando Jes&uacute;s tiene como 30 a&ntilde;os. San Mateo y San Lucas, por su parte, empiezan sus evangelios con el anuncio del nacimiento de Jes&uacute;s. San Juan nos lleva al principio de todo&mdash;antes de que fuera hecha la creaci&oacute;n. &nbsp;<\/p>\n<p>San Juan empieza con una reflexi&oacute;n que nos remite al G&eacute;nesis. G&eacute;nesis 1:1-2:4 cuenta que &ldquo;dijo Dios&hellip; y fue as&iacute;&rdquo; (Gn 1:3, 1:7). El hablar de Dios es potente. Llama a la existencia a lo que no existe. La frase &ldquo;dijo Dios,&rdquo; que tantas veces se repite en G&eacute;nesis 1, resulta en la creaci&oacute;n de la luz (Gn 1:3), del firmamento (Gn 1:7), y de todo ser vivo (Gn 1:11-28). El evangelista San Juan denomina &ldquo;Verbo&rdquo; al hablar de Dios: &ldquo;Todas las cosas por medio de &eacute;l fueron hechas, y sin &eacute;l nada de lo que ha sido hecho fue hecho&rdquo; (1:3). La buena noticia que trae el evangelista Juan es que el Verbo de Dios ha llegado al mundo de los seres humanos (1:9). Entre nosotros y nosotras, el Verbo revelar&aacute; a Dios mismo.&nbsp;<\/p>\n<p>El evangelista sigue desarrollando la presentaci&oacute;n del Verbo a trav&eacute;s de ciertos s&iacute;mbolos (la luz, el agua, el pan, el pastor, la oveja, la vi&ntilde;a). Los primeros dos s&iacute;mbolos vienen de G&eacute;nesis 1. En nuestra lectura, Juan usa el s&iacute;mbolo de la luz para explicar qu&eacute; es y qui&eacute;n es el Verbo. En el Verbo estaba &ldquo;la vida&hellip; [que] era la luz de los hombres&rdquo; (v. 4). La vida que estaba en el Verbo (v. 4) es, a la vez, la vida que Dios dio a la creaci&oacute;n por el Verbo al principio y la vida de la <em>nueva<\/em> creaci&oacute;n&mdash;la vida de aquellos y aquellas que al nacer &ldquo;de nuevo,&rdquo; &ldquo;de agua y del Esp&iacute;ritu&rdquo; (Jn 3:3-8), reciben la potestad de ser hechos hijas e hijos de Dios (v. 12). &nbsp;<\/p>\n<p>Pero hay una diferencia entre la luz llamada a la existencia en G&eacute;nesis 1 y la luz del Verbo en Juan 1. En G&eacute;nesis, la luz se llama &ldquo;d&iacute;a&rdquo; y a las tinieblas se las llama &ldquo;noche.&rdquo; El uno no tiene poder sobre el otro. El d&iacute;a y la noche est&aacute;n en equilibrio; simplemente marcan el tiempo. En cambio, en el evangelio de San Juan, el equilibrio se ha perdido. Hay una lucha entre el Verbo que es la luz de la vida, y las tinieblas del enemigo que lo amenazan (1:12; 5:18; 7:1; 10:39). Desde los primeros vers&iacute;culos, San Juan declara la victoria del Verbo: &ldquo;La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron&rdquo; (v. 5). &nbsp;<\/p>\n<p>San Juan tambi&eacute;n usa im&aacute;genes de Proverbios 8 para explicar y presentar al Verbo. En Proverbios 8, hay una figura que personifica la inteligencia de Dios. Esa inteligencia, esa figura, llamada &ldquo;la Sabidur&iacute;a&rdquo; (o &ldquo;<em>Sof&iacute;a<\/em>&rdquo; en Griego), levanta su voz en las plazas para ense&ntilde;ar la senda recta a los j&oacute;venes. Pronuncia la llamada de Dios: &ldquo;Escuchad, porque voy a decir cosas excelentes, voy a abrir mis labios para cosas rectas. Porque mi boca dice la verdad&rdquo; (Pr 8:6-7). El primero que da testimonio en el evangelio de San Juan es &ldquo;un hombre enviado por Dios, el cual se llamaba Juan&rdquo; (v. 6). Este Juan es el primer testigo; no es la luz, ni el autor del evangelio (v. 8). Juan, el testigo, anuncia a Jes&uacute;s, al Verbo hecho carne (v. 14), que viene a traer &ldquo;la gracia y la verdad&rdquo; (vv. 14 y 17) y a darnos a conocer a Dios (v. 18), no solo con sus palabras, sino tomando la misma forma que los hijos e hijas de Dios&mdash;la forma de su creaci&oacute;n, el ser humano.&nbsp;<\/p>\n<p>Como Jes&uacute;s es el Verbo de Dios hecho carne, sirve al mundo a trav&eacute;s de sus palabras, y el mundo recibe o rechaza a Jes&uacute;s en el momento de encontrarlo, escucharlo y verlo (vv. 10-12). &nbsp;<\/p>\n<p>Resulta que al leer este evangelio, nosotros y nosotras, sus lectores y lectoras, nos hacemos disc&iacute;pulos y disc&iacute;pulas. Al leer Juan 1:1-9 en voz alta, proclamamos a Jes&uacute;s y nos hacemos sus testigos, como San Juan el Bautista. Al celebrar la eucarist&iacute;a en los servicios de Navidad, escuchamos al Verbo, comemos el pan de la vida, bebemos la sangre de Cristo (Jn 6), creemos en el milagro de la encarnaci&oacute;n, y vemos a los hijos e hijas de Dios que participan de la celebraci&oacute;n. El evangelista nos hace testigos de la creaci&oacute;n nueva, de quienes reciben la potestad de ser hechos hijos e hijas de Dios (1:12). As&iacute;, llegando al v. 15, podemos declarar con Juan: &ldquo;&Eacute;ste es de quien yo dec&iacute;a: &lsquo;El que viene despu&eacute;s de m&iacute; es antes de m&iacute;, porque era primero que yo.&rsquo;&rdquo;&nbsp;<\/p>\n<p>La visi&oacute;n del evangelista San Juan es &uacute;nica y fant&aacute;stica: la revelaci&oacute;n de Dios en su Verbo encarnado. Empezamos la narraci&oacute;n mirando el universo por los ojos de Dios y la terminamos mirando a Dios por ojos humanos. As&iacute; se revela Dios. Verme a m&iacute;, dice el Verbo encarnado, es ver a Dios mismo (Jn 14:9). &ldquo;A Dios nadie lo ha visto jam&aacute;s; el unig&eacute;nito Hijo, que est&aacute; en el seno del Padre, &eacute;l lo ha dado a conocer&rdquo; (v. 18).<\/p>\n<p>San Juan desarrolla otro tema clave en este pasaje del segundo domingo despu&eacute;s de Navidad: el tema de recibir (ver, escuchar, comer, beber) o rechazar (ser ciego, ser sordo, no comer, no beber). Primero el evangelista nota que todo lo que existe, existe por el Verbo. Pero una parte de la creaci&oacute;n no reconoce su origen en el Verbo. &ldquo;En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de &eacute;l; pero el mundo no lo conoci&oacute;&rdquo; (v. 10). Recibir a Dios no es solo una acci&oacute;n del cuerpo, como abrir una puerta y ya est&aacute;. Recibir a Dios Verbo es permitir a Dios que entre en uno mismo o en una misma. Hay que tomar al Verbo por los ojos, los o&iacute;dos, la boca y el cuerpo.<\/p>\n<p>Recibir al Verbo es pertenecer a Dios mismo. &ldquo;Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios&rdquo; (v. 12). El mismo Verbo que en el principio estaba con Dios y que era Dios, por medio de quien todas las cosas fueron hechas, ahora hace una familia solo por la gracia de Dios. Estos familiares &ldquo;no nacieron de sangre, ni por voluntad de carne, ni por voluntad de var&oacute;n, sino de Dios&rdquo; (v. 13). La acci&oacute;n de componer a la familia de Dios es una acci&oacute;n directa&mdash;como la de decir: &ldquo;Sea la luz&rdquo; (Gn 1:3). Esta acci&oacute;n de Dios significa que las formas humanas de familia que experimentamos (por el divorcio; por el casamiento en segundas nupcias; al ser adoptados; al ser criados por t&iacute;os o la abuelita, o como hu&eacute;rfanos; al ser separados en una frontera o por la guerra, hasta ser uno de los ni&ntilde;os o ni&ntilde;as que pasan sus vidas buscando al padre o a la madre que se vio obligado a dejarlos atr&aacute;s) no son nuestra identidad final. Hay alguien que nos puede hacer leg&iacute;timos, queridos, miembros de una gran familia querida, honrada, y hecha por la gracia de Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El evangelio de San Juan es distinto. Tiene una perspectiva &uacute;nica. San Marcos empieza su evangelio con el ministerio de Jes&uacute;s predicando el reino de Dios, cuando Jes&uacute;s tiene como 30 a&ntilde;os. San Mateo y San Lucas, por su parte, empiezan sus evangelios con el anuncio del nacimiento de Jes&uacute;s. 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