{"id":28868,"date":"2016-10-04T20:38:04","date_gmt":"2016-10-05T01:38:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-129-42-comentario-por-elizabeth-gareca-gareca\/"},"modified":"2016-10-04T20:38:04","modified_gmt":"2016-10-05T01:38:04","slug":"san-juan-129-42-comentario-por-elizabeth-gareca-gareca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-129-42-comentario-por-elizabeth-gareca-gareca\/","title":{"rendered":"San Juan 1:29-42 Comentario por Elizabeth Gareca Gareca"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">El texto se ubica dentro la primera semana de actividad p&uacute;blica de Jes&uacute;s y abarca dos d&iacute;as con tem&aacute;ticas muy entrelazadas.<\/p>\n<p>Es posible ver la divisi&oacute;n del texto entre estos dos d&iacute;as. El primer d&iacute;a (vv. 29-34) est&aacute; caracterizado por el testimonio de Juan Bautista con respecto a Jes&uacute;s y el segundo d&iacute;a (vv. 35-42) por el seguimiento de los primeros disc&iacute;pulos. Una frase que une lo que sucede en estos dos d&iacute;as es la que se pone en boca de Juan: &ldquo;&iexcl;Este es el Cordero de Dios!&rdquo; El primer d&iacute;a pareciera que lo dice p&uacute;blicamente, dando respuesta concreta a los enviados de los fariseos (1:26). Ese testimonio da cuenta de la relaci&oacute;n filial de Jes&uacute;s con el Padre (divinidad) (v&eacute;ase tambi&eacute;n 1:34). Por lo tanto, si antes Juan les hab&iacute;a respondido: &ldquo;en medio de vosotros est&aacute; uno a quien vosotros no conoc&eacute;is&rdquo; (1:26), ahora, viendo a Jes&uacute;s, puede indicar concretamente qui&eacute;n es (humanidad). El testimonio de Juan de que Jes&uacute;s &ldquo;es el Hijo de Dios&rdquo; (1:34) est&aacute; basado en la experiencia de su bautismo y ligada a la presencia del Padre y del Esp&iacute;ritu Santo. Juan cumple con la funci&oacute;n de ser testigo, adem&aacute;s de bautizar con agua como preludio al bautismo &ldquo;con Esp&iacute;ritu Santo&rdquo; (1:33) que viene con Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>El segundo d&iacute;a, comienza con la misma frase de Juan, esta vez dirigida a dos disc&iacute;pulos suyos (1:29). Si consideramos que ellos ya escucharon la misma frase el d&iacute;a anterior, es l&oacute;gico que ahora quisieran seguir a Jes&uacute;s y verificar lo que su maestro les desvel&oacute;. A diferencia de lo que sucedi&oacute; con Felipe (1:43) o con los dem&aacute;s disc&iacute;pulos (seg&uacute;n el relato de los evangelios sin&oacute;pticos), los disc&iacute;pulos de Juan son ellos mismos quienes toman la iniciativa de seguir a Jes&uacute;s y buscan descubrir lo m&aacute;s humano de una persona, o sea d&oacute;nde vive. Ambos d&iacute;as se relacionan por dos actitudes b&aacute;sicas cristianas: testimonio y seguimiento, los cuales son el producto ineludible de la epifan&iacute;a de Dios.<\/p>\n<p><strong>&iquest;Qui&eacute;n es Jes&uacute;s?<\/strong><\/p>\n<p>El t&iacute;tulo que le da Juan dos veces en este texto es &ldquo;Cordero de Dios,&rdquo; y est&aacute; inspirado, quiz&aacute;, en el himno de esperanza del &ldquo;c&aacute;ntico del Siervo&rdquo; (Is 52,13-53,12) que es comparado con un cordero capaz de liberar o redimir. Este c&aacute;ntico y otros similares originaron, en el ambiente jud&iacute;o, una larga espera del Mes&iacute;as que salvar&iacute;a al pueblo instaurando un reino de paz y justicia. Para Juan, Jes&uacute;s es el Cordero que salva a toda la humanidad estableciendo, as&iacute;, el nuevo pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Otro t&iacute;tulo para Jes&uacute;s que usa Juan es &ldquo;Hijo de Dios.&rdquo; En ambientes jud&iacute;os, esto significaba un t&iacute;tulo real. Un Rey era como el hijo adoptivo de Dios. No obstante, el testimonio de Juan (1:19-28) no s&oacute;lo se refiere a la humanidad de Jes&uacute;s (lo mira; es real), sino que tambi&eacute;n incluye su divinidad (exist&iacute;a antes que &eacute;l).<\/p>\n<p>Si el testimonio de Juan el bautista (1:34) es producto de la presencia del Esp&iacute;ritu en el momento del bautismo, el de Andr&eacute;s (1:41) proviene de haber conocido su morada y de haberse quedado con &eacute;l. Esta convivencia cercana le hace confesar o afirmar a su hermano Sim&oacute;n: &ldquo;hemos encontrado al Mes&iacute;as&rdquo;. Ese era un testimonio m&aacute;s sencillo que el de Juan, pero igual de contundente. El evangelio de Juan se caracteriza por el hecho de que el testimonio es una confesi&oacute;n de lo que se cree. No s&oacute;lo los testigos de los hechos pueden dar testimonio, sino toda persona que cree, incluso,sin haber visto (20:29).<\/p>\n<p>Los verbos m&aacute;s repetidos en esta per&iacute;copa son ver, conocer, o&iacute;r y encontrar. Todos ellos nos hablan de un conocimiento que entra por los sentidos y est&aacute; lejos de ser abstracto. &iexcl;Es toda una experiencia! Un verbo griego por dem&aacute;s atractivo que aparece en este texto es <em>emblepo<\/em>. La versi&oacute;n Reina Valera 1995 lo traduce con el verbo &ldquo;mirar&rdquo;, pero en realidad habr&iacute;a que traducirlo como &ldquo;mirar fijamente,&rdquo; con el sentido metaf&oacute;rico de &ldquo;mirar con la mente.&rdquo; Aparece dos veces: para describir la mirada de Juan a Jes&uacute;s (1:36) y la mirada de Jes&uacute;s a Sim&oacute;n Pedro (1:42). Posibilita un conocimiento que s&oacute;lo puede ser fruto del discernimiento.<\/p>\n<p><strong>Concluyendo&hellip;<\/strong><\/p>\n<p>Jes&uacute;s es &ldquo;el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo&rdquo; (1:29). Su entrega tiene una dimensi&oacute;n universal. Juan bautiza como pre&aacute;mbulo a la manifestaci&oacute;n de Jes&uacute;s a Israel (1:31), el pueblo que cree firmemente en la promesa de Dios y espera fervientemente a un Mes&iacute;as salvador.<\/p>\n<p>Los dos disc&iacute;pulos que tienen la oportunidad de conocer la morada de Jes&uacute;s salen de all&iacute; para hacer el anuncio de que encontraron al Mes&iacute;as, y as&iacute; convidan a los que a&uacute;n no lo conocen. Este anuncio testimonial de Andr&eacute;s (el otro disc&iacute;pulo no es identificado por el nombre), debe inspirar a toda iglesia prof&eacute;tica y misionera de Cristo.<\/p>\n<p>Nuestra convicci&oacute;n debe nacer &ndash;al igual que la de Andr&eacute;s&ndash; de la experiencia del encuentro con Jes&uacute;s mismo, y debe llevarnos a salir a nuestras comunidades y familias con el anuncio de qui&eacute;n es &eacute;l. Ese movimiento de p&eacute;ndulo o de vaiv&eacute;n entre Jes&uacute;s y el mundo debe ser practicado permanentemente por todo seguidor o seguidora que haya reconocido a Jes&uacute;s como el Mes&iacute;as de Dios.<\/p>\n<p>Hoy encontramos la humanidad de Jes&uacute;s en cada persona que vive en los m&aacute;rgenes de la sociedad. Si mirando esa realidad de las personas marginadas de la sociedad experimentamos la presencia de Jes&uacute;s, seremos buenos\/as disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s. Pero no cualquier mirada nos revelar&aacute; esa verdad, sino aquella &ndash;<em>emblepo&ndash; <\/em>que es obra del discernimiento. &iexcl;Las miradas a veces expresan tanto! Sin embargo, con la tecnolog&iacute;a y la virtualidad vamos perdiendo la capacidad de encuentro a trav&eacute;s de las miradas y del contacto humano con el\/la otro\/a.<\/p>\n<p>Finalmente, la pregunta de Jes&uacute;s: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; busc&aacute;is?&rdquo; (1:38) interpela nuestro discipulado cristiano, muchas veces realizado a cierta distancia. En ocasiones escuchamos frases como &ldquo;soy cristiano pero no fan&aacute;tico,&rdquo; es decir, creemos en Cristo pero hasta por ah&iacute;; no nos comprometemos con &eacute;l, no hemos sido capaces de conocer su morada y acercarnos verdaderamente a &eacute;l, no hemos compartido la experiencia de su presencia en nosotros\/as. Una canci&oacute;n de la misa campesina nicarag&uuml;ense reza as&iacute;: &ldquo;vos sos el Dios de los pobres, el Dios humano y sencillo, el Dios que suda en las calles, el Dios de rostro curtido.&rdquo;<sup>1<\/sup> Una composici&oacute;n de los a&ntilde;os 80 que acompa&ntilde;&oacute; muy bien toda la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n que se desarroll&oacute; en Am&eacute;rica Latina. Es el reconocimiento de Dios en las situaciones m&aacute;s humanas e inhumanas de hoy.<\/p>\n<p>Es necesario detenerse y tomar el pulso a nuestro testimonio y seguimiento; solo as&iacute; nos constituiremos en disc&iacute;pulos y disc&iacute;pulas capaces de contagiar el entusiasmo de haber encontrado al Mes&iacute;as humano y de transmitir una luz de esperanza de una nueva humanidad. La invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s: &ldquo;Venid y ved&rdquo; (1:39) es un convite personal a presenciar y gozar de &eacute;l. Jes&uacute;s no les dice: &ldquo;vivo a la vuelta de la esquina bajando media cuadra&hellip;.&rdquo;, sino que los invita a que lo conozcan. Eso es para nosotros\/as la Eucarist&iacute;a o la Santa Cena, el regocijo de su presencia en nuestras vidas. Si cada vez que gozamos de esa experiencia somos conscientes de ello, estamos aceptando la enunciaci&oacute;n de Juan de que Jes&uacute;s es el &ldquo;cordero de Dios&rdquo; que nos salva, incluso m&aacute;s dos mil a&ntilde;os despu&eacute;s, y de quien debemos dar testimonio real.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><sup>1<\/sup>V&eacute;ase http:\/\/www.youtube.com\/watch?v=l07dX6wQ96M (consultado: 23 de noviembre, 2013).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El texto se ubica dentro la primera semana de actividad p&uacute;blica de Jes&uacute;s y abarca dos d&iacute;as con tem&aacute;ticas muy entrelazadas. Es posible ver la divisi&oacute;n del texto entre estos dos d&iacute;as. 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