{"id":28874,"date":"2016-10-04T20:38:23","date_gmt":"2016-10-05T01:38:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-143-51-comentario-por-dario-barolin\/"},"modified":"2016-10-04T20:38:23","modified_gmt":"2016-10-05T01:38:23","slug":"san-juan-143-51-comentario-por-dario-barolin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-143-51-comentario-por-dario-barolin\/","title":{"rendered":"San Juan 1:43-51 Comentario por Dar\u00edo Barolin"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">El texto de este domingo nos invita a conocer a dos de los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s: Felipe y Natanael.<\/p>\n<p>Nuestro texto viene a continuaci&oacute;n del relato que incluye el llamado y seguimiento de dos disc&iacute;pulos de Juan, uno de ellos llamado Andr&eacute;s, y el anuncio que le hace Andr&eacute;s a su hermano Pedro de que hab&iacute;an encontrado al Mes&iacute;as (1:35-41).<\/p>\n<p>Para reforzar la continuidad de un relato con el otro, el evangelista construy&oacute; ambos con elementos similares, aunque no en el mismo orden. A nivel de vocabulario, aparecen palabras similares como: &ldquo;venir y ver,&rdquo; &ldquo;seguir,&rdquo; &ldquo;encontrar,&rdquo; etc. A nivel tem&aacute;tico, en ambos casos el primer disc&iacute;pulo comparte con el otro el haber encontrado al Mes&iacute;as; en los dos casos Jes&uacute;s reconoce al invitado antes de haberlo encontrado; etc.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, estos dos relatos est&aacute;n organizados en una l&iacute;nea de tiempo, con la intenci&oacute;n de preparar a los lectores y a las lectoras para el momento culminante que se nos contar&aacute; en el episodio siguiente. Ser&aacute; en Can&aacute; de Galilea, donde Jes&uacute;s desarrollar&aacute; su primera se&ntilde;al, la de transformar agua en vino (2:11). Luego aparecer&aacute;n otras se&ntilde;ales que tambi&eacute;n ir&aacute;n revelando la identidad mesi&aacute;nica de Jesucristo, su hacedor (ver 2:23; 4:48-54; 6:14; 11:15, 42; 12:37; 20:30).<\/p>\n<p>El esquema temporal est&aacute; organizado a partir de la repetici&oacute;n en 1:29, 35 y 43 de la expresi&oacute;n &ldquo;al d&iacute;a siguiente&rdquo; y de la utilizaci&oacute;n del complemento circunstancial de tiempo &ldquo;al tercer d&iacute;a&rdquo; al comienzo de 2:1. Tenemos as&iacute; una sucesi&oacute;n de hechos que culminan al s&eacute;ptimo d&iacute;a:<br \/>D&iacute;a 1: 1:19-28<br \/>D&iacute;a 2: 1:29-34<br \/>D&iacute;a 3: 1:35-42<br \/>D&iacute;a 4: 1:43-51<br \/>D&iacute;a 7: 2: 1-11<\/p>\n<p>As&iacute; como los d&iacute;as previos est&aacute;n estructurados como preparaci&oacute;n para la relevaci&oacute;n de la primera se&ntilde;al de Jes&uacute;s, tambi&eacute;n la relaci&oacute;n de Jes&uacute;s con sus disc&iacute;pulos debe leerse en la misma direcci&oacute;n. Justamente al culminar el relato de la primera se&ntilde;al, el narrador nos informa que Jes&uacute;s &ldquo;manifest&oacute; su gloria; y sus disc&iacute;pulos creyeron en &eacute;l&rdquo; (2:11). En tal sentido, nuestra propuesta es que tanto las manifestaciones de Felipe como las de Natanael en relaci&oacute;n con Jes&uacute;s deben entenderse como expresiones correctas pero al mismo tiempo limitadas sobre la identidad de Jesucristo. En segundo lugar, s&oacute;lo en el seguimiento a Jes&uacute;s los disc&iacute;pulos podr&aacute;n ir creciendo desde su propia imagen del Mes&iacute;as hasta la que Dios revela en Jesucristo.<\/p>\n<p>&nbsp;El texto para este domingo puede ser dividido en tres momentos:<br \/>1) el encuentro de Jes&uacute;s con Felipe (vv. 43-44);<br \/>2) el encuentro de Felipe con Natanael (vv. 45-46) y<br \/>3) el encuentro de Jes&uacute;s con Natanael (vv. 47-51).<\/p>\n<p><strong>1) Jes&uacute;s llama a Felipe <\/strong><\/p>\n<p>Despu&eacute;s de haber estado en la zona de Betania (la versi&oacute;n Reina Valera 1995, siguiendo otros manuscritos, dice &ldquo;Bet&aacute;bara&rdquo;), donde Juan bautizaba (ver 1:28, 35), Jes&uacute;s quiso ir a Galilea (v. 43). No sabemos si en el camino o ya en Galilea encuentra a Felipe y s&oacute;lo basta que Jes&uacute;s le diga &ldquo;S&iacute;gueme&rdquo; (v. 43), para que Felipe lo siga.<\/p>\n<p>El llamado de Felipe es breve y no ofrece m&aacute;s informaci&oacute;n que su lugar de origen. Felipe es originario de Betsaida, que tambi&eacute;n era la ciudad de Andr&eacute;s y Pedro (v. 44). El evangelio ni siquiera registra la respuesta de Felipe al llamado de Jes&uacute;s. Solamente por lo que le dice a Natanael sabemos de su respuesta positiva. Despu&eacute;s s&iacute; Felipe ocupar&aacute; un lugar de relevancia entre los disc&iacute;pulos (ver Juan 6:5-7; 12:21-22; 14:8-9).<\/p>\n<p>Si comparamos esta secci&oacute;n de nuestro texto con el relato previo sobresale el hecho de que Andr&eacute;s y el otro disc&iacute;pulo siguen a Jes&uacute;s a partir de la indicaci&oacute;n que les da Juan de que Jes&uacute;s es el &ldquo;Cordero de Dios&rdquo; (1:36-37). En el caso de Felipe, es Jes&uacute;s quien lo encuentra y lo llama.<\/p>\n<p><strong>2) Felipe y Natanael<\/strong><\/p>\n<p>Haciendo lo mismo que Andr&eacute;s, que una vez llamado por Jes&uacute;s conduce a Sim&oacute;n Pedro hacia Jes&uacute;s (1:41-42), Felipe lleva la noticia a Natanael. Andr&eacute;s se refiri&oacute; a Jes&uacute;s como el Mes&iacute;as (1:41). Ahora Felipe, al llamar a Natanael, explica un poco m&aacute;s el t&iacute;tulo de Mes&iacute;as: &ldquo;Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Mois&eacute;s, en la Ley, y tambi&eacute;n los Profetas: a Jes&uacute;s hijo de Jos&eacute;, de Nazaret&rdquo; (v. 45). Lo que quiere decir Felipe es que en Jes&uacute;s se daba cumplimiento a las expectativas mesi&aacute;nicas de Israel.<\/p>\n<p>La designaci&oacute;n de Jes&uacute;s realizada por Felipe no es incorrecta, pero se queda corta. Las lectoras y los lectores sabemos que el origen hist&oacute;rico de Jes&uacute;s describe solamente la mitad de su identidad. Por el pr&oacute;logo (1:1-18) y las palabras de Juan (1:19-34) sabemos que adem&aacute;s de ser hijo de Jos&eacute; y nacido en Nazaret, Jes&uacute;s exist&iacute;a en el principio y que estaba con Dios, etc.<\/p>\n<p>Por otro lado, la menci&oacute;n de Nazaret es muy importante a la hora de comprender la cristolog&iacute;a juanina. Es cierto que el evangelista Juan pone &eacute;nfasis en el car&aacute;cter divino de Jes&uacute;s, pues era lo que algunos cuestionaban. Pero habr&iacute;a sido un error negar el car&aacute;cter hist&oacute;rico y humano de Jes&uacute;s, tal como posteriormente lo har&iacute;an los docetistas. El error de los primeros docetistas es precisamente el que tendr&aacute; que corregir la primera carta de Juan.<\/p>\n<p>La menci&oacute;n de Nazaret es adem&aacute;s lo que conduce a Natanael a cuestionar el entusiasmo de Felipe. Natanael no es tan presuroso como Sim&oacute;n Pedro. Responde prejuiciosamente sobre el origen de Jes&uacute;s: &ldquo;&iquest;De Nazaret puede salir algo bueno?&rdquo; (v. 46). Felipe no argumenta al respecto. Solamente lo invita a ir y confirmarlo por s&iacute; mismo.<\/p>\n<p>La respuesta de Felipe a Natanael &ldquo;ven y ve&rdquo; (v. 46) es casi id&eacute;ntica a la de Jes&uacute;s a los dos disc&iacute;pulos de Juan cuando les dijo &ldquo;venid y ved&rdquo; (1:39). &Eacute;sta est&aacute; en plural y aquella en singular. Lo relevante es que parece que hay respuestas que no se pueden dar sin el encuentro directo con Jesucristo. Solamente eso despeja las dudas y permite conocer qui&eacute;n es Jes&uacute;s.<\/p>\n<p><strong>3) Jes&uacute;s y Natanael<\/strong><\/p>\n<p>En el di&aacute;logo siguiente, Felipe queda fuera de la escena. Ahora el encuentro es entre Natanael y Jes&uacute;s. Antes de que Natanael pueda decir nada, es Jes&uacute;s quien toma la iniciativa y lo saluda: &ldquo;&iexcl;Aqu&iacute; est&aacute; un verdadero israelita en quien no hay enga&ntilde;o!&rdquo; (v. 47; ver tambi&eacute;n Sal 32:2 e Is 53:9). Esta menci&oacute;n no deja de ser enigm&aacute;tica; es posible que sea una referencia a Jacob quien en Gn 27:35-36 es descripto dos veces como quien enga&ntilde;a. Siguiendo esta l&iacute;nea, hay quienes ven en Natanael de alguna manera una representaci&oacute;n de todo Israel. Raymond Brown dice: &ldquo;Boismard&hellip; ha popularizado otra interpretaci&oacute;n de &lsquo;israelita de veras&rsquo;, partiendo de la antigua etimolog&iacute;a popular (err&oacute;nea) que explica el nombre de &acute;Israel&acute; en t&eacute;rminos de &lsquo;ver a Dios&rsquo;. Natanael merecer&iacute;a el nombre de &lsquo;Israel&rsquo; porque ver&aacute; a Dios, del mismo modo que Jacob vio a Dios cara a cara, cuando su nombre fue cambiado por el de Israel (Gn 32,27-30).&rdquo;<sup>1<\/sup><\/p>\n<p>Sin embargo, lo m&aacute;s rico est&aacute; todav&iacute;a por venir. Natanael, sospechando estar frente a un charlat&aacute;n, le pregunta a Jes&uacute;s: &ldquo;&iquest;De d&oacute;nde me conoces?&rdquo; (v. 48). Y Jes&uacute;s le contesta que lo hab&iacute;a visto cuando estaba sentado debajo de la higuera, antes de que fuera llamado por Felipe (v. 48).<\/p>\n<p>Las manifestaciones de conocimiento sobrenatural son utilizadas en el evangelio para mostrar el car&aacute;cter divino de Jes&uacute;s. De hecho es esto justamente lo que lleva a Natanael a creer que Jes&uacute;s es el hijo de Dios (v. 49). No obstante Natanael, tal como sucedi&oacute; anteriormente con los otros disc&iacute;pulos, tiene una visi&oacute;n de Jes&uacute;s en la que se captan algunos elementos que luego el evangelio mostrar&aacute; como acertados, pero tambi&eacute;n otros, como los t&iacute;tulos de &ldquo;Rab&iacute;&rdquo; y &ldquo;Rey de Israel,&rdquo; que ser&aacute;n problematizados.<\/p>\n<p>La respuesta final de Jes&uacute;s en el v. 51 parece una referencia clara al sue&ntilde;o de Jacob en Betel, narrado en Gn 28:10-22. En su sue&ntilde;o Jacob ve &aacute;ngeles bajando y subiendo por una escalera. Sin embargo en Juan se produce un cambio respecto de aquel texto: Jes&uacute;s toma el lugar de Betel. Despu&eacute;s del sue&ntilde;o narrado en Gn 28, Jacob define al lugar como &ldquo;casa de Dios y puerta del cielo&rdquo; (Gn 28:17). Seg&uacute;n el evangelio, es Jes&uacute;s quien es la casa de Dios; en &eacute;l habita Dios, y &eacute;l mismo es la puerta del cielo (Ver Jn 14:6).<\/p>\n<p>Por otro lado, a diferencia de todos los t&iacute;tulos que le dan a Jes&uacute;s los disc&iacute;pulos llamados por &eacute;l, Jes&uacute;s mismo prefiere llamarse &ldquo;Hijo del hombre.&rdquo; Este t&iacute;tulo aparecer&aacute; repetidas veces en los primeros 13 cap&iacute;tulos del evangelio: 1:51; 3:13-14; 5:27; 6:27, 53, 62; 8:28; 9:35; 12:23, 34; 13:31.<\/p>\n<p>La respuesta de Jes&uacute;s a Natanael en el v. 51 no est&aacute; dirigida, sin embargo, s&oacute;lo a &eacute;l. La respuesta est&aacute; en segunda persona plural: &ldquo;os digo.&rdquo; Cuando Jes&uacute;s los recibe, sus disc&iacute;pulos s&oacute;lo tienen una incipiente comprensi&oacute;n de la identidad de Jes&uacute;s. En el camino Jes&uacute;s les ir&aacute; mostrando cosas mayores que ir&aacute;n revelando la aut&eacute;ntica identidad de Jesucristo.<\/p>\n<p><strong>Conclusi&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>El texto para este domingo nos invita a pensar en c&oacute;mo se va formando el grupo de disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s. Algunos son &ldquo;conducidos&rdquo; por Juan y vienen por su propia voluntad (Andr&eacute;s, el otro disc&iacute;pulo), otros son llamados (Felipe) y otros son convidados por los disc&iacute;pulos (Sim&oacute;n Pedro, Natanael). Este grupo de disc&iacute;pulos se acerca con una comprensi&oacute;n de qui&eacute;n es Jes&uacute;s basada en las expectativas mesi&aacute;nicas de su tiempo y condicionados por su contexto. Jes&uacute;s no rechaza esas &ldquo;pre-comprensiones.&rdquo; Al contrario, las recibe. Pero a lo largo del ministerio de Jes&uacute;s se ir&aacute;n revelando como parciales o inadecuadas. Es en el seguimiento que se conoce verdaderamente quien es Jes&uacute;s; el conocimiento acabado de qui&eacute;n es Jes&uacute;s no es el punto de partida para la comuni&oacute;n con &eacute;l.<\/p>\n<h3>Notas:<\/h3>\n<p>1 Raymond Brown, <em>El Evangelio seg&uacute;n Juan. Introducci&oacute;n, traducci&oacute;n y notas<\/em>, 305.<\/p>\n<h3><strong>Bibliograf&iacute;a Utilizada:<\/strong><\/h3>\n<p>Brown, Raymond. <em>El Evangelio seg&uacute;n Juan. Introducci&oacute;n, Traducci&oacute;n y Notas.<\/em> Madrid: Cristiandad, 1999.<\/p>\n<p>Bultmann, Rudolph. <em>The Gospel of John. A Commentary<\/em>. Oxford: Basil Blackwell, 1971.<\/p>\n<p>Croatto, Severino. &ldquo;Jes&uacute;s a la luz de las tradiciones del &eacute;xodo. La oposici&oacute;n Mois&eacute;s\/Jes&uacute;s en Jn. 6.&rdquo; <em>RIBLA<\/em> 17 (1994): 35-46.<\/p>\n<p>Moloney, Francis J., y Daniel J. Harrington. <em>The Gospel of John<\/em>. Collegeville, Minn: Liturgical Press, 1998.<\/p>\n<p>Richard, Pablo. &ldquo;Claves para una re-lectura hist&oacute;rica y liberadora (cuarto evangelio y cartas).&rdquo; <em>RIBLA <\/em>17 (1994): 7-34.<\/p>\n<p>Sloyan, Gerard. <em>Giovanni.<\/em> Torino: Claudiana, 2008.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El texto de este domingo nos invita a conocer a dos de los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s: Felipe y Natanael. Nuestro texto viene a continuaci&oacute;n del relato que incluye el llamado y seguimiento de dos disc&iacute;pulos de Juan, uno de ellos llamado Andr&eacute;s, y el anuncio que le hace Andr&eacute;s a su hermano Pedro de que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-143-51-comentario-por-dario-barolin\/\" class=\"more-link\">Continue reading<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;San Juan 1:43-51 Comentario por Dar\u00edo Barolin&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-28874","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sermons"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28874","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=28874"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28874\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=28874"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=28874"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=28874"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}