{"id":28880,"date":"2016-10-04T20:38:39","date_gmt":"2016-10-05T01:38:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-21-11-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/"},"modified":"2016-10-04T20:38:39","modified_gmt":"2016-10-05T01:38:39","slug":"san-juan-21-11-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-21-11-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/","title":{"rendered":"San Juan 2:1-11 Comentario por Nancy Elizabeth Bedford"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>En el Comienzo hubo Fiesta<\/strong><\/p>\n<p>El Evangelio de Juan comienza con el pr&oacute;logo sobre la Palabra hecha carne.&nbsp; Sigue con el encuentro con Juan el Bautista, &ldquo;la voz de uno que clama en el desierto&rdquo; (1:23). Describe el descenso del Esp&iacute;ritu &ldquo;como paloma&rdquo; (1:32) en el bautismo de Jes&uacute;s, el &ldquo;Cordero de Dios&rdquo; (1:29 y 36). Se nos anuncia que el Esp&iacute;ritu morar&aacute; y permanecer&aacute; en &eacute;l (1:33) y har&aacute; posible todo lo dem&aacute;s. De inmediato, Jes&uacute;s llama a sus primeros disc&iacute;pulos. Por lo tanto, cuando llegamos a nuestro texto, todo parece listo para que comience de lleno el ministerio de Jes&uacute;s. Si bien ya ha sembrado algunas pistas, el evangelista Juan todav&iacute;a no nos ha dejado saber de qu&eacute; manera Jes&uacute;s va a mostrarles las &ldquo;cosas mayores&rdquo; y el &ldquo;cielo abierto&rdquo; (1:50-51) a sus disc&iacute;pulos y disc&iacute;pulas, y por ende a nosotros y nosotras. Lo har&aacute; llev&aacute;ndonos por un camino que al principio pareciera un desv&iacute;o: la celebraci&oacute;n de unas bodas en Can&aacute;, a las que asiste Jes&uacute;s junto a su madre y un grupito de seguidores y seguidoras. Este relato acerca de un acto alegre y festivo donde Jes&uacute;s termina siendo quien provee milagrosamente el vino&mdash;y no cualquier vino, sino un vino excelente&mdash;es la bisagra que nos conecta con todo el resto de su ministerio. Como subraya el evangelista Juan, es un &ldquo;principio de se&ntilde;ales&rdquo; por el cual &ldquo;manifest&oacute; su gloria,&rdquo; provocando la fe de sus disc&iacute;pulos (v. 11). &nbsp;<\/p>\n<p>La escena de las bodas de Can&aacute; evoca im&aacute;genes b&iacute;blicas tales como el banquete escatol&oacute;gico, el vino nuevo en odres nuevos, la &uacute;ltima cena o la vid y los p&aacute;mpanos. &nbsp;El problema que surge en la fiesta, tal como lo presenta de manera sucinta la madre de Jes&uacute;s, es que se han quedado sin vino (v. 3). La respuesta de Jes&uacute;s a Mar&iacute;a nos descoloca: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tiene que ver esto con nosotros, mujer? A&uacute;n no ha llegado mi hora&rdquo; (v. 4). Decirle &ldquo;mujer&rdquo; a su madre, si bien no es una falta de respeto, marca una cierta distancia: lo que vaya a hacer Jes&uacute;s de aqu&iacute; en m&aacute;s, cuando &ldquo;llegue su hora&rdquo; de actuar en el mundo en respuesta a su llamado, no ser&aacute; f&aacute;cil para Mar&iacute;a ni para el resto de su familia (mencionados en el v. 12). La din&aacute;mica familiar est&aacute; por cambiar. Las se&ntilde;ales y acciones mesi&aacute;nicas de Jes&uacute;s, si bien desbordan de vida abundante, parad&oacute;jicamente lo terminar&aacute;n llevando a la muerte en la cruz. Aunque la muerte no tenga la &uacute;ltima palabra y desde el principio Juan nos d&eacute; a entender que Jes&uacute;s es la resurrecci&oacute;n y la vida (11:25), no ser&aacute; f&aacute;cil para su madre sobrellevar el destino de su hijo. Por ahora, Mar&iacute;a responde serenamente. Simplemente les indica a quienes sirven en la fiesta que sigan las instrucciones de Jes&uacute;s, y as&iacute; lo hacen. Jes&uacute;s les pide que llenen unas tinajas con agua, y cuando sacan un poco y se lo hacen probar al encargado del banquete, resulta que es vino, y del bueno.<\/p>\n<p>La idea de que el agua puede ser reemplazada por vino no es inusitada en el contexto cultural de Jes&uacute;s. Por ejemplo, Fil&oacute;n de Alejandr&iacute;a, fil&oacute;sofo y contempor&aacute;neo jud&iacute;o de Jes&uacute;s, interpreta de modo sugestivo el texto de Gn 14:18, donde Melquisedec saca pan y vino, los bendice y se los ofrece a Abram. Para Fil&oacute;n, ese vino que Melquisedec ofrece &ldquo;en lugar del agua&rdquo; representa una &ldquo;bebida pura&rdquo; para nuestras almas, que les permite una &ldquo;divina intoxicaci&oacute;n que es m&aacute;s sobria que la sobriedad misma.&rdquo;[1] A diferencia de lo que ofrece Melquisedec, sin embargo, aqu&iacute; la cantidad de vino es enorme. En cada una de las seis grandes vasijas de piedra que se usaban para los ritos de purificaci&oacute;n habr&iacute;an cabido unos 80 litros de l&iacute;quido. Quiere decir que en t&eacute;rminos actuales se tratar&iacute;a del equivalente a cientos de botellas&mdash;pr&aacute;cticamente una bodega entera. No hace falta espiritualizar el vino: es simplemente vino para disfrutar en la fiesta. A su vez, tiene un valor simb&oacute;lico, pues el gesto de Jes&uacute;s alude a la abundancia y la plenitud de la econom&iacute;a divina, a la forma de ser y de actuar de Dios en el mundo.<\/p>\n<p>La abundancia sorprendente aparece a lo largo de todo el evangelio de Juan, tanto antes como despu&eacute;s de la muerte de Jes&uacute;s. Su disc&iacute;pula Mar&iacute;a de Betania le unge los pies en un gesto extravagante, utilizando &ldquo;una libra de perfume de nardo puro&rdquo;: la casa entera se llena del aroma (12:3). Nicodemo provee &ldquo;como cien libras&rdquo; de un compuesto de mirra y de &aacute;loes para embalsamar el cuerpo del Crucificado (19:39). El Resucitado les indica a los disc&iacute;pulos que han salido a pescar d&oacute;nde echar la red, y Pedro saca la red &ldquo;llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres&rdquo; (21:6-11). El ejemplo tal vez m&aacute;s conocido de la abundancia vinculada al accionar de Jes&uacute;s es la alimentaci&oacute;n de las miles de personas que Juan describe en el cap&iacute;tulo 6. Jes&uacute;s multiplica los cinco panes de cebada y los dos pescados aportados por un muchacho, de tal modo que todas las personas presentes se sacian y aun as&iacute; sobran doce cestas de pan.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s, el &ldquo;agua viva&rdquo; (4:10), el &ldquo;pan de vida&rdquo; (6:48) y la &ldquo;vid verdadera&rdquo; (15:1), sacia de manera profunda el hambre y la sed de los seres humanos. De modo anticipado, quienes participan de su fiesta, experimentan algo de la promesa escatol&oacute;gica de Dios: &ldquo;aquel d&iacute;a&rdquo; en el cual &ldquo;cada uno de vosotros convidar&aacute; a su compa&ntilde;ero, debajo de su vid y debajo de su higuera&rdquo; (Zac 3:10). En las bodas de Can&aacute; nos encontramos con un Jes&uacute;s que comienza su ministerio en una fiesta. Lo que pod&iacute;a parecer un desv&iacute;o al comienzo de su ministerio resulta ser una clave para entender el car&aacute;cter festivo y abundante de la buena noticia. Jes&uacute;s ha venido a traernos una vida que inunda todos los sentidos y que responde a nuestras necesidades tanto f&iacute;sicas como espirituales (Jn 10:10).<\/p>\n<p>[1] Fil&oacute;n de Alejandr&iacute;a, <em>Legum Allegoriae <\/em>III, citado en C. H. Dodd, <em>Interpretaci&oacute;n del Cuarto Evangelio, <\/em>(Madrid: Cristiandad, 1978), 300.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el Comienzo hubo Fiesta El Evangelio de Juan comienza con el pr&oacute;logo sobre la Palabra hecha carne.&nbsp; Sigue con el encuentro con Juan el Bautista, &ldquo;la voz de uno que clama en el desierto&rdquo; (1:23). 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