{"id":28902,"date":"2016-10-04T20:39:33","date_gmt":"2016-10-05T01:39:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-314-21-comentario-por-j-manny-santiago\/"},"modified":"2016-10-04T20:39:33","modified_gmt":"2016-10-05T01:39:33","slug":"san-juan-314-21-comentario-por-j-manny-santiago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-314-21-comentario-por-j-manny-santiago\/","title":{"rendered":"San Juan 3:14-21 Comentario por J. Manny Santiago"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">&iquest;Vino Jes&uacute;s a condenar a la humanidad o a sanar a la humanidad?<\/p>\n<p>Esta es la pregunta que nos toca explorar en este Cuarto Domingo de Cuaresma. Aunque parezca simple su respuesta, la verdad es que muchas personas a trav&eacute;s de la historia de la iglesia han dicho que Jes&uacute;s vino a salvar la humanidad, pero en realidad han actuado y siguen actuando como si Jes&uacute;s las hubiese enviado a condenar la humanidad. Entonces, &iquest;salvaci&oacute;n o condenaci&oacute;n?<\/p>\n<p><strong>Contexto<\/strong><\/p>\n<p>La lectura que nos ocupa en este domingo contiene uno de los vers&iacute;culos m&aacute;s conocidos del Nuevo Testamento. Juan 3:16, &ldquo;<em>De tal manera am&oacute; Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unig&eacute;nito, para que todo aquel que en &eacute;l cree, no se pierda, sino que tenga vida eterna,<\/em>&rdquo; es repetido innumerables veces por toda persona que conoce la Biblia. Sin embargo, creo que es importante prestar atenci&oacute;n al contexto de la lectura antes de sumergirnos en una ex&eacute;gesis que se centre en un solo verso.<\/p>\n<p>La per&iacute;copa para este domingo es parte de una conversaci&oacute;n m&aacute;s extensa que Jes&uacute;s sostiene con Nicodemo. Este hombre, a quien el autor del evangelio nos presenta como un estudioso de la Tor&aacute;, viene a Jes&uacute;s con la necesidad de aprender un poco acerca de su mensaje. Es interesante notar que Nicodemo llega a Jes&uacute;s &ldquo;de noche&rdquo; (Jn 3:2). Recordemos que el evangelio de Juan presenta al pueblo religioso jud&iacute;o como uno que ha quedado en la ceguera espiritual al no haber podido reconocer al enviado de Dios (Jn 1:10-13). En este caso, Nicodemo representa a quienes, habiendo sido expuestos al mensaje de luz que trae Jes&uacute;s, a&uacute;n no lo han podido reconocer.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; se necesita, entonces, para poder ver la luz? Un nuevo nacimiento (Jn 3:3). Una traducci&oacute;n m&aacute;s correcta ser&iacute;a &ldquo;nacido de arriba&rdquo;, o sea, de Dios. Solamente quienes han nacido de Dios podr&aacute;n ver a Dios. &iquest;Qui&eacute;nes son estas personas que han nacido de Dios? Seg&uacute;n leemos en las Escrituras, toda persona viviente, pues Dios ha creado a toda la humanidad (Gn 1:26-28; 2:7, 18-22). Por lo tanto, afirmar que solamente unos pocos son nacidos &ldquo;de arriba&rdquo; es ir en contra de la omnipotencia creadora de Dios. Es muy importante que tengamos en mente este punto mientras leemos y analizamos el texto para este d&iacute;a.<\/p>\n<p><strong>&iquest;Sanidad o condenaci&oacute;n? <\/strong><\/p>\n<p>Despu&eacute;s de haber identificado el contexto de la lectura, podemos pasar a considerar la parte del discurso de Jes&uacute;s que nos ocupa para este domingo. Aqu&iacute; es donde encontramos el tan citado Juan 3:16.<\/p>\n<p>Demos, entonces, una ojeada a la construcci&oacute;n del texto. En primer lugar, tenemos que Jn 3:14-15 ponen la crucifixi&oacute;n de Jes&uacute;s en el contexto de la historia de la liberaci&oacute;n del pueblo israelita. Cuando Mois&eacute;s en el desierto levanta la serpiente (Nm 21:4-9), lo hace con la intenci&oacute;n de liberar al pueblo de la mordedura venenosa de las serpientes que los atacaban. Seg&uacute;n esta historia de N&uacute;meros 21, es Dios quien libera y sana al pueblo de sus heridas de serpiente, y aqu&iacute; en Juan 3 el evangelista nos est&aacute; diciendo que, con la crucifixi&oacute;n de Jes&uacute;s, Dios prosigue el trabajo de liberaci&oacute;n que hace con su pueblo.<\/p>\n<p>El texto del evangelio contin&uacute;a con una afirmaci&oacute;n acerca de la raz&oacute;n por la cual Cristo vive en medio de su pueblo. Dios ha enviado a Cristo para que el mundo sea salvo o sanado por &eacute;l (Jn 3:17). En el Nuevo Testamento es com&uacute;n que &ldquo;sanado&rdquo; y &ldquo;salvo&rdquo; se usen de manera indistinta. O sea, a los efectos teol&oacute;gicos la salvaci&oacute;n es sanaci&oacute;n, pero no se habla de salud en el sentido m&eacute;dico del t&eacute;rmino, sino en el sentido de estar en un estado de integridad hol&iacute;stica. A Dios le interesa nuestra integridad como seres humanos. Por lo tanto, Cristo acept&oacute; venir a vivir entre el pueblo precisamente para mostrarnos la v&iacute;a hacia una vida completa, de integridad humana, en que podamos ser de manera efectiva quienes Dios nos ha creado para ser.<\/p>\n<p>La per&iacute;copa sigue exponiendo la forma en que una persona puede ser condenada. Hay que prestar atenci&oacute;n a esta parte, porque por lo general se la ha ignorado. Juan 3:18-19 dice: &ldquo;<em>El que en &eacute;l cree, no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha cre&iacute;do en el nombre del unig&eacute;nito Hijo de Dios. Y esta es la condenaci&oacute;n: la luz vino al mundo, pero los hombres amaron m&aacute;s las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas<\/em>.&rdquo; Debemos fijarnos en qui&eacute;n condena. Al rev&eacute;s de lo que muchas personas creen, no es Dios quien condena. Por el contrario, es el mismo ser humano quien toma la decisi&oacute;n de condenarse por no querer ver la luz.<\/p>\n<p>Volvemos aqu&iacute; al contexto en el que se da este pasaje. Nicodemo viene de noche a Jes&uacute;s. Luego de que Jes&uacute;s le indica cu&aacute;l es la raz&oacute;n por la cual ha venido al mundo, Nicodemo regresa a la noche. No querer reconocer que a Dios le interesa la salvaci&oacute;n, la sanidad y la integridad del ser humano, nos pone ya en un estado de condenaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La lectura para este domingo termina se&ntilde;alando que quienes hacen lo malo &ndash; o sea, quienes no est&aacute;n interesados ni interesadas en vivir, ense&ntilde;ar y proclamar con sus acciones el evangelio de amor, compasi&oacute;n, sanidad e integridad hol&iacute;stica de Jes&uacute;s &ndash; no quieren vivir en la luz. Estas personas se condenan a s&iacute; mismas por no querer abrirse al amor extravagante de Dios en Cristo.<\/p>\n<p><strong>Conclusi&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>El texto del evangelio para este domingo se presta para hacer una reflexi&oacute;n profunda acerca de la forma en que proclamamos el mensaje cristiano. &iquest;Estamos condenando a la gente o proclamamos liberaci&oacute;n, sanidad e integridad? Por muchos siglos, la iglesia ha proclamado condenaci&oacute;n, alej&aacute;ndose de esta manera del coraz&oacute;n del evangelio. Es importante que el predicador o la predicadora presenten claramente el mensaje central de esta lectura: Dios ama al mundo y quiere que vivamos en la luz de ese amor. Mientras la iglesia camina con Cristo durante estos cuarenta d&iacute;as de reflexi&oacute;n que constituyen la Cuaresma, es necesario que nos paremos a pensar en qu&eacute; forma estamos proclamando el evangelio. Este domingo nos ofrece una buena oportunidad para detenernos en el camino y escoger la senda que nos lleva a un evangelio liberador.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&iquest;Vino Jes&uacute;s a condenar a la humanidad o a sanar a la humanidad? Esta es la pregunta que nos toca explorar en este Cuarto Domingo de Cuaresma. 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