{"id":28930,"date":"2016-10-04T20:40:44","date_gmt":"2016-10-05T01:40:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-651-58-comentario-por-manuel-villalobos-mendoza\/"},"modified":"2016-10-04T20:40:44","modified_gmt":"2016-10-05T01:40:44","slug":"san-juan-651-58-comentario-por-manuel-villalobos-mendoza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-651-58-comentario-por-manuel-villalobos-mendoza\/","title":{"rendered":"San Juan 6:51-58 Comentario por Manuel Villalobos Mendoza"},"content":{"rendered":"<h3>Comer y beber con placer el cuerpo de Jesus<\/h3>\n<p>Las ense&ntilde;anzas canibalescas de Jes&uacute;s acerca de la necesidad de comer su carne y de beber su sangre para que el mundo tenga vida causan horror entre los observantes ac&eacute;rrimos de la ley mosaica. Los jud&iacute;os, &ldquo;el pueblo de la Ley,&rdquo; celebraban y se enorgullec&iacute;an de que el pueblo de Israel fuera alimentado por medio de las ense&ntilde;anzas de la Tor&aacute;. Seg&uacute;n esta creencia, los jud&iacute;os, como &ldquo;pueblo de la Ley,&rdquo; fueron alimentados, nutridos y sostenidos por el &ldquo;alimento de sus libros sagrados,&rdquo; que anal&oacute;gicamente se convert&iacute;a en &ldquo;man&aacute; de vida&rdquo; cuando se adher&iacute;an totalmente a la Ley de Mois&eacute;s. Pero Jes&uacute;s se est&aacute; distanciando de estas ense&ntilde;anzas, y ahora su carne\/cuerpo y sangre se ofrecen como &uacute;nica v&iacute;a para la persona creyente de &ldquo;tener vida.&rdquo;<\/p>\n<p>Al darnos la respuesta de Jes&uacute;s a los jud&iacute;os cuando preguntan &ldquo;&iquest;C&oacute;mo puede este darnos a comer su carne?&rdquo; (v. 52), Juan, en el original griego, sustituye el verbo comer (<em>phagein<\/em>) por otro verbo m&aacute;s radical para evitar posibles equ&iacute;vocos de que Jes&uacute;s &ldquo;estar&iacute;a hablando metaf&oacute;ricamente&rdquo; de su carne y de su sangre. Jes&uacute;s declara enf&aacute;ticamente que la persona que quiera tener vida, y por consiguiente, ser disc&iacute;pulo\/a de Jes&uacute;s tiene que <em>trogein<\/em> (comer, masticar, roer, devorar, morder) la carne de Jes&uacute;s y beber de su sangre. Juan utiliza este verbo en los vv. 54, 56, 57, y 58 para indicar la importancia de la carne\/cuerpo de Jes&uacute;s que ser&aacute; (re)partida y violentada como s&iacute;mbolo de solidaridad con la persona que libremente reciba la carne\/cuerpo de Jes&uacute;s con sus implicaciones &eacute;ticas (Jn 1:5.11; 2:18-20; 3:14; 5:16-18).<\/p>\n<p>Al comer la carne\/cuerpo y beber la sangre de Jes&uacute;s el creyente participa de su liturgia de la vida, donde el Hijo de la Humanidad promete habitar no solo con su Padre Dios sino con la comunidad que libremente lo reciba. El binomio &ldquo;carne y sangre&rdquo; como elementos c&uacute;lticos sacrificiales aparece frecuentemente en las escrituras hebreas. Sabemos que en los antiguos sacrificios, la sangre de la v&iacute;ctima era derramada sobre el altar (con sentido expiatorio) y la carne era consumida por el oferente y sus participantes, como s&iacute;mbolo de uni&oacute;n, amistad y fidelidad entre los comensales y Dios (Dt 12:27). Pero Dios hab&iacute;a prohibido expl&iacute;citamente que en dichos sacrificios se bebiera la sangre de la v&iacute;ctima (Gen 9:4-5), porque en ella reside la vida, y &eacute;sta pertenece exclusivamente a Dios (Lv 17:10-14; Dt 12:23-24; 1 Sam 14:33). En nuestro texto, Jes&uacute;s est&aacute; sustituyendo el antiguo sacrificio. Ahora &ldquo;comer su cuerpo y beber su sangre,&rdquo; en lugar de ser una liturgia prohibida, se convierte en el s&iacute;mbolo del amor de Jes&uacute;s por los suyos. Pero este nuevo culto de Jes&uacute;s provoca murmuraciones y conflictos entre los jud&iacute;os que, al parecer, siguen anclados en sus cultos punitivos y vengativos del pasado que no producen vida sino muerte.<\/p>\n<p>En Isa&iacute;as 9:20 se emplea una imagen canibalesca: &ldquo;cada cual come la carne de su propio brazo&rdquo; (seg&uacute;n la versi&oacute;n <em>Biblia de las Am&eacute;ricas<\/em>). Con esta imagen, el profeta se refiere a las luchas internas entre los dos reinos, el del Norte y el del Sur. Y parece ser que Juan, en su texto, est&aacute; trayendo a la memoria la imagen utilizada por Isa&iacute;as con la finalidad de mostrar la divisi&oacute;n\/separaci&oacute;n que est&aacute; experimentando la comunidad ju&aacute;nica respecto de la sinagoga jud&iacute;a.<sup>1<\/sup> De hecho, los problemas, divisiones y confrontaciones entre Jes&uacute;s y los jud&iacute;os de la sinagoga de Caperna&uacute;m son la triste realidad que domina todo el cap&iacute;tulo 6, sobre todo en los vv. 41.52.60-71. Por otra parte, hacer que el enemigo coma su propia carne y beba su propia sangre es un gesto cruel y de venganza extrema de Yahv&eacute; que libera a Israel de sus opresores (Is 49:26). Esta misma imagen aparece tambi&eacute;n en Ezequiel 39:17-20, donde se nos narra que tras la batalla escatol&oacute;gica, Yahv&eacute; ofrece un banquete a las aves del cielo para que se harten de carne y de sangre de pr&iacute;ncipes y h&eacute;roes en el d&iacute;a del juicio, cuando Yahv&eacute; muestre su gloria (v&eacute;anse tambi&eacute;n Sof 1:17; Zac 9:15).<\/p>\n<p>En nuestro evangelio de hoy, Juan se distancia del aspecto punitivo o vengativo que ten&iacute;a anteriormente el &ldquo;comer la carne&rdquo; y &ldquo;beber la sangre&rdquo; de la divinidad. Aqu&iacute; Jes&uacute;s&mdash;como nuevo oferente&mdash;representa a la nueva humanidad que entra en solidaridad con su proyecto de vida al comer su carne\/cuerpo y beber de su sangre. La liturgia de Jes&uacute;s no es un acto de venganza ni de odio, sino de amor para todo el mundo. Y por escandaloso que suene, el sacrificio de la carne\/cuerpo y sangre de Jes&uacute;s se hace en todos los cuerpos hambrientos y sedientos de ser alimentados, tocados y celebrados. No debemos olvidar que la misi&oacute;n y la orden dada por Jes&uacute;s a todos los cuerpos es comer, beber, deleitarse del cuerpo de Jes&uacute;s para poder tener vida. Para ser m&aacute;s radical, &ldquo;comer la carne de Jes&uacute;s y beber su sangre&rdquo; es deleitarse en el placer que produce el cuerpo, al satisfacer las necesidades m&aacute;s primarias y esenciales que suponen el comer y el beber. Tristemente, el miedo al cuerpo de Jes&uacute;s y a nuestro propio cuerpo, sigue causando esc&aacute;ndalo y pavor dentro de nuestra comunidad de fe.<\/p>\n<p>El miedo al cuerpo, no solo al de Jes&uacute;s sino a nuestro propio cuerpo\/carne y a nuestros propios deseos, es producto de la filosof&iacute;a griega que conden&oacute; al cuerpo a las sombras de la muerte por ser supuestamente contrario al esp&iacute;ritu. Contra esta idea (poco evang&eacute;lica), Jes&uacute;s nos invita a deleitarnos en la experiencia de su propio cuerpo. El deleite que produce el comer y el beber &ldquo;con&rdquo; y &ldquo;del&rdquo; cuerpo del otro y de la otra es la &uacute;nica manera de experimentar vida. Solo el cuerpo que no tiene miedo a sus deseos es capaz de abrazar al otro cuerpo para experimentar placer\/amor. Comer y beber del cuerpo de Jes&uacute;s es una tarea heroica, porque implica vivir sin miedo al otro cuerpo y a nuestro propio cuerpo. Ahora m&aacute;s que nunca debemos celebrar el placer que produce nuestro cuerpo, cuando entra en relaci&oacute;n con otro cuerpo, cuando se come al otro cuerpo, cuando bebe del otro cuerpo.<\/p>\n<p>Comer la carne\/cuerpo y beber la sangre de Jes&uacute;s es entrar en relaci&oacute;n con la humanidad misma del Hijo de la Humanidad, que se hace vulnerable y se expone abiertamente a su comunidad, sin miedo y sin pavor de su propio cuerpo. Comer la carne\/cuerpo y beber la sangre de Jes&uacute;s es volver a tocar las marcas de sus clavos, acariciar sus manos, meter nuestros dedos en su costado, para deleitarnos con el placer que produce tocar el cuerpo (y cualquier cuerpo) resucitado de Jes&uacute;s; y poder exclamar con Tom&aacute;s: &ldquo;&iexcl;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o!&rdquo; (Jn 20:28). Comer la carne\/cuerpo y beber la sangre de Jes&uacute;s, es la invitaci&oacute;n eterna a recuperar el cuerpo de Jes&uacute;s: sus deseos, sus tristezas, sus pasiones, sus emociones, sus miedos, sus dolores, sus preocupaciones, sus luces, sus sombras, y sobre todo, sus deseos sexuales. Comer la carne\/cuerpo y beber la sangre de Jes&uacute;s es entrar en un mundo de relaciones f&iacute;sicas de solidaridad con los cuerpos marcados por las llagas del odio, de la intolerancia y del racismo. Comer la carne\/cuerpo y beber la sangre de Jes&uacute;s implica abrirse al otro cuerpo, celebrar el otro cuerpo, y darse al otro cuerpo como muestra del amor de Dios que habita en todos los cuerpos. Pero para esto es justo y necesario que nuestras &ldquo;liturgias des-corporizadas&rdquo; y &ldquo;espiritualoides&rdquo; abandonen sus miedos, sus temores y sus aberrantes pretensiones de querer normar a cada cuerpo, suprimir los deseos que produce el cuerpo, y sobre todo, condenar al cuerpo que se atreve a experimentar placer y goce. Solo la persona que abrace su cuerpo y experimente placer, dolor, alegr&iacute;a y deseo podr&aacute; entender la propuesta revolucionaria de Jes&uacute;s: &ldquo;El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna&rdquo; (v. 54), o como podr&iacute;amos decir tambi&eacute;n: &ldquo;El cuerpo que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida plena.&rdquo;<\/p>\n<h5>Notas:<\/h5>\n<p>1. Esta idea ha sido elaborada y propuesta con gran erudici&oacute;n por el biblista mexicano Ricardo L&oacute;pez Rosas, &ldquo;Carne de Todos, Carne Para Todos. Notas en la Literatura Ju&aacute;nica&rdquo;, en <em>Pan Para Todos. Estudios en Torno a la Eucarist&iacute;a <\/em>(M&eacute;xico: Universidad Pontificia de M&eacute;xico, 2004), 105-130.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comer y beber con placer el cuerpo de Jesus Las ense&ntilde;anzas canibalescas de Jes&uacute;s acerca de la necesidad de comer su carne y de beber su sangre para que el mundo tenga vida causan horror entre los observantes ac&eacute;rrimos de la ley mosaica. 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