{"id":28935,"date":"2016-10-04T20:41:00","date_gmt":"2016-10-05T01:41:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-656-69-comentario-por-manuel-villalobos-mendoza\/"},"modified":"2016-10-04T20:41:00","modified_gmt":"2016-10-05T01:41:00","slug":"san-juan-656-69-comentario-por-manuel-villalobos-mendoza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-656-69-comentario-por-manuel-villalobos-mendoza\/","title":{"rendered":"San Juan 6:56-69 Comentario por Manuel Villalobos Mendoza"},"content":{"rendered":"<h3>Las palabras escandalosas de Jesus<\/h3>\n<p>El lenguaje nos hace presentes ante la realidad que vivimos y ante las otras personas. Por medio de las palabras expresamos nuestros sentimientos, emociones, deseos, envidias y propuestas. Los fil&oacute;sofos desde hace unas d&eacute;cadas nos han ense&ntilde;ado que tambi&eacute;n se pueden hacer &ldquo;cosas con palabras,&rdquo;<sup>1<\/sup> porque algunas de ellas son &ldquo;perfomativas,&rdquo; es decir, exigen y demandan una acci&oacute;n concreta de la persona que es interpelada. Se trata de las palabras que afectan a la persona que las escucha una vez que son enunciadas y pronunciadas. En el caso de Jes&uacute;s, sus palabras performativas demandan una adhesi&oacute;n total a su propuesta liberadora. Pero, al parecer, ni la comunidad an&oacute;nima, ni los jud&iacute;os, ni los disc&iacute;pulos, ni los doce, ni &ldquo;el que lo iba a entregar&rdquo; (Jn 6:71), est&aacute;n dispuestos a darle su adhesi&oacute;n a la propuesta de Jes&uacute;s &ldquo;que da vida.&rdquo;<\/p>\n<p>Al inicio del cap&iacute;tulo 6, con la &ldquo;multiplicaci&oacute;n de los panes y de los peces,&rdquo; las palabras de Jes&uacute;s suscitaron y atrajeron a multitudes de personas an&oacute;nimas que buscaban el pan perecedero y quer&iacute;an &ldquo;apoderarse de &eacute;l y hacerlo rey&rdquo; (Jn 6:15). Jes&uacute;s escapa a esas ideas idol&aacute;tricas de la comunidad y, en vez de dejar que lo hagan rey, prefiere convertirse en &ldquo;pan&rdquo; partido y repartido para dar vida. Jes&uacute;s y sus palabras performativas reorientan a esa comunidad y retan a esa gente an&oacute;nima a que no coronen reyes ef&iacute;meros&mdash;que esclavizan y oprimen, sino a que se nutran del pan que da el verdadero Padre gratuitamente. Pronto esa comunidad an&oacute;nima desaparece, porque encuentra dif&iacute;cil dar su adhesi&oacute;n, fe y fidelidad al tipo de mesianismo que Jes&uacute;s propone. En un segundo momento, aparecen los jud&iacute;os, que anclados en su ley, en su tradici&oacute;n y en su idea de Dios, se escandalizan por las palabras de Jes&uacute;s de querer dar a comer su carne y a beber su sangre. Al final del cap&iacute;tulo 6, en la parte que constituye el evangelio para este domingo, las palabras performativas de Jes&uacute;s encuentran obst&aacute;culo, no entre la multitud an&oacute;nima, ni entre los jud&iacute;os, sino entre sus mismos disc&iacute;pulos. Parece que la propuesta de vida de Jes&uacute;s no es asimilada ni digerida por nadie. Da la impresi&oacute;n de que Jes&uacute;s fracasa en su misi&oacute;n. Sin embargo, Jes&uacute;s se mantiene firme en su propuesta liberadora, aunque se quede totalmente solo.<\/p>\n<p>El evangelista Juan ya nos hab&iacute;a anunciado en su pr&oacute;logo que no ser&iacute;a f&aacute;cil aceptar las palabras performativas de Jes&uacute;s (Jn 1:11-13; 3:11-21), as&iacute; que a estas alturas no deber&iacute;a sorprendernos que algunos quieran retirarse de su presencia. Los disc&iacute;pulos, en el cap&iacute;tulo 6, han sido los testigos privilegiados de las palabras performativas de Jes&uacute;s, y las palabras performativas pronunciadas por Jes&uacute;s cuando se anunci&oacute; como el &ldquo;Yo soy&rdquo; (Jn 6:20) lograron quitarles el miedo. Tristemente, las palabras performativas de Jes&uacute;s ahora encuentran resistencia y rechazo por parte de sus amigos. Al parecer, los disc&iacute;pulos y los doce no han sido capaces de entender qui&eacute;n es de verdad Jes&uacute;s y qu&eacute; tipo de acciones concretas requieren y demandan sus palabras.<\/p>\n<p>Dice nuestro texto que &ldquo;muchos de sus disc&iacute;pulos dijeron: &mdash;Dura es esta palabra; &iquest;qui&eacute;n la puede o&iacute;r?&rdquo; El adjetivo <em>skleros<\/em> del original griego, que es traducido como &ldquo;duro,&rdquo; no significa duro de entender en el &aacute;mbito intelectual, sino que conlleva m&aacute;s bien la idea de que lo que propone Jes&uacute;s es inaceptable y ofensivo. No es que las palabras de Jes&uacute;s resulten dif&iacute;ciles de entender; son m&aacute;s bien las palabras performativas de Jes&uacute;s, que demandan y requieren una acci&oacute;n concreta a favor de los hambrientos, las que resultan inaceptables y ofensivas para los disc&iacute;pulos. Con las cr&iacute;ticas y murmuraciones que hacen los disc&iacute;pulos respecto de las palabras performativas de Jes&uacute;s, tristemente est&aacute;n cambiando de maestro y de ense&ntilde;anzas. Las murmuraciones pertenecen a los jud&iacute;os, que no entend&iacute;an ni quer&iacute;an comer el pan y beber la sangre de Jes&uacute;s. Pero evidentemente los jud&iacute;os no son los &uacute;nicos que encuentran dif&iacute;cil y &ldquo;dura&rdquo; la propuesta de vida de Jes&uacute;s; tambi&eacute;n la comunidad de Jes&uacute;s comparte el mismo pecado de desinter&eacute;s por la comunidad.<\/p>\n<p>En cierta forma podr&iacute;amos entender que la multitud an&oacute;nima busque a Jes&uacute;s solamente para llenar su est&oacute;mago, o que los jud&iacute;os rechacen las palabras provocativas de Jes&uacute;s por ser contrarias a la ley de Mois&eacute;s, &iquest;pero los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s? La comunidad de Jes&uacute;s no tiene excusa ni perd&oacute;n por no aceptar las palabras escandalosas del maestro porque ha convivido durante m&aacute;s tiempo con &eacute;l. Para ser honestos, a estas alturas del relato (a nosotros\/as como lectores\/as) no nos sorprende la propuesta escandalosa de Jes&uacute;s; lo que nos resulta dif&iacute;cil de entender es que los disc&iacute;pulos, los doce y &ldquo;el que lo iba a entregar&rdquo; no hayan realizado ning&uacute;n progreso en el camino discipular, sino que sigan anclados en sus categor&iacute;as pasadas y juzguen a Jes&uacute;s de acuerdo con ellas. Pero tambi&eacute;n tenemos que reconocer que no es f&aacute;cil aceptar las palabras performativas de Jes&uacute;s, justamente porque demandan acciones de justicia y de vida a favor de la comunidad.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s deber&iacute;amos tener compasi&oacute;n de los disc&iacute;pulos y los doce por no querer comprometerse con la propuesta liberadora de Jes&uacute;s. Muchas veces nuestra comunidad de fe y nuestras liturgias se han quedado ancladas en el pasado, con rituales atrayentes, pero sin frutos de justicia. Nuestros discursos teol&oacute;gicos e interpretaciones b&iacute;blicas muy a menudo nacen en el escritorio, en la academia o en &ldquo;los libros liberadores con pastas opresivas,&rdquo; cuyos autores son las &uacute;nicas personas que se benefician de sus publicaciones. Solo rara vez sucede que esas &ldquo;buenas noticias&rdquo; llegan a la comunidad hambrienta que sigue buscando desesperadamente a Jes&uacute;s en la cotidianidad de su vida. Nuestro discipulado debe ser fuertemente reorientado y retado a estar en la misma l&iacute;nea de Jes&uacute;s que se sigue dando como pan, cuerpo, carne, sangre y esp&iacute;ritu, para que la comunidad tenga vida. Si no damos vida con nuestras palabras y acciones a favor de la comunidad quiz&aacute;s deber&iacute;amos cuestionarnos si somos de verdad disc&iacute;pulos\/as de Jes&uacute;s o no. Frecuentemente hemos confesado y tomado a la ligera el nombre de Jes&uacute;s, sin asumir ning&uacute;n compromiso social a favor de: sus pobres, sus hambrientos, sus migrantes y sus despreciados de la sociedad. Resulta f&aacute;cil y sencillo profesar mec&aacute;nicamente como Pedro: &ldquo;t&uacute; eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente&rdquo; (v. 69), pero lo importante es que nuestras acciones y comportamientos no revelen otra cosa.<\/p>\n<h5>Notas:<\/h5>\n<p>1. John Langshaw Austin, <em>C&oacute;mo hacer Cosas con Palabras. Palabras y Acciones <\/em>(Barcelona: Paid&oacute;s,1990)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las palabras escandalosas de Jesus El lenguaje nos hace presentes ante la realidad que vivimos y ante las otras personas. Por medio de las palabras expresamos nuestros sentimientos, emociones, deseos, envidias y propuestas. 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