{"id":28950,"date":"2016-10-04T20:41:37","date_gmt":"2016-10-05T01:41:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-831-36-comentario-por-guillermo-hansen\/"},"modified":"2016-10-04T20:41:37","modified_gmt":"2016-10-05T01:41:37","slug":"san-juan-831-36-comentario-por-guillermo-hansen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-831-36-comentario-por-guillermo-hansen\/","title":{"rendered":"San Juan 8:31-36 Comentario por Guillermo Hansen"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">El texto de Juan nos servir&aacute; en esta oportunidad para conmemorar el d&iacute;a de la Reforma concentr&aacute;ndonos en tres temas que aparecen en boca de Jes&uacute;s: verdad, libertad y esclavitud.<\/p>\n<p>Por supuesto no se trata de bautizar a la Reforma con una santidad de la cual careci&oacute;; m&aacute;s bien se trata de ver en este evento una lucha o puja en torno a estas tres tem&aacute;ticas tan presentes en el evangelio de Juan. De este modo, conmemorar el esp&iacute;ritu de la Reforma significa preguntarnos constantemente sobre el estado de nuestra existencia entre la libertad, la verdad y la esclavitud.&nbsp;<\/p>\n<p>Jes&uacute;s proclama que permanecer en su palabra es lo que hace al disc&iacute;pulo suyo, un disc&iacute;pulo que conocer&aacute; la verdad y esta lo har&aacute; libre (v. 31b-32). Cabe notar aqu&iacute; el movimiento presente en estos vers&iacute;culos: es el seguimiento de Jes&uacute;s y su palabra lo que nos va haciendo disc&iacute;pulos en el andar. El discipulado se nos presenta como un compromiso de vida, como una praxis que ir&aacute; revelando su verdad. En efecto, no aparece en el evangelio un concepto filos&oacute;fico o abstracto de verdad, sino la promesa de que esta ser&aacute; conocida por aquellos y aquellas que le dan espacio. En este seguimiento, en este aferrarse a la palabra, la verdad es conocida en tanto que es practicada. Siguiendo la usanza hebrea, &ldquo;conocer&rdquo; denota as&iacute; una experiencia o encuentro personal, una encarnaci&oacute;n&ndash;la palabra debe &ldquo;hacerse espacio,&rdquo; &ldquo;prenderse,&rdquo; &ldquo;contenerse,&rdquo; &ldquo;hallar cabida&rdquo; (el verbo griego usado en Juan 8:37 es <em>chorein<\/em>). Por ello la &ldquo;verdad&rdquo; no apunta a un momento de espont&aacute;nea iluminaci&oacute;n mental, al resultado de una pedagog&iacute;a, o al entendimiento de ciertas proposiciones. M&aacute;s bien la verdad es lo que se ir&aacute; conociendo a trav&eacute;s de un proceso, de un movimiento que hace gradualmente transparente nuestra vocaci&oacute;n humana: la de ser imagen de Dios.&nbsp; El nombre de esa transparencia, de esa verdad, es Cristo Jes&uacute;s, el camino, la verdad y la vida. La venida de Dios hacia la materia, la existencia, la persona. Esto es la verdad.<\/p>\n<p>Al camino, al seguimiento y a la verdad se les une en Juan la noci&oacute;n de libertad. Verdad y libertad se encuentran estrechamente unidas, pues el compromiso con la verdad no deja de ser una apuesta, algo que s&oacute;lo ser&aacute; confirmado en el futuro, no en el pasado ni en el presente.&nbsp; A esto alude el evangelio de Juan en la respuesta dada por los &ldquo;jud&iacute;os&rdquo; seg&uacute;n el v. 33, quienes parecen renegar de la propuesta hecha por Jes&uacute;s: &iquest;Por qu&eacute; necesitamos ser libres? &iquest;Acaso no somos descendencia de Abraham, a quien la verdad le fue revelada? &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s necesitamos? La aserci&oacute;n de los &ldquo;jud&iacute;os&rdquo; se centra en una libertad negativa, en aquello que una supuesta ascendencia nos garantiza: la libertad de la esclavitud. Pero Jes&uacute;s se refiere a una libertad positiva, aquello <em>para<\/em> lo cual somos liberados y liberadas. La libertad no es algo que nos fue otorgado, sino a lo que somos llamados y llamadas: a dejar que la verdad, la palabra, la imagen de Dios, &ldquo;prenda,&rdquo; se &ldquo;haga espacio,&rdquo; &ldquo;habite&rdquo; en nosotros y nosotras.<\/p>\n<p>Por ello la esclavitud aparece en el evangelio de Juan no tanto relacionada con una instituci&oacute;n social, pol&iacute;tica o econ&oacute;mica, sino con algo m&aacute;s fundamental: el pecado. &ldquo;De cierto os digo que todo aquel que practica el pecado, esclavo es del pecado&rdquo; (v. 34b). No es que el evangelista desestime las realidades sociales y la opresi&oacute;n, sino que dichas realidades tienen su ra&iacute;z en el fracaso de nuestra vocaci&oacute;n humana y del llamado a la transparencia que implica ser imagen de Dios. Pecado es lo que se opone a que la palabra se haga carne en nosotros, es permanecer en una existencia cerrada&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;A partir de estas nociones juaninas podemos hacer referencia al evento que conmemoramos este Domingo, el d&iacute;a de la Reforma. M&aacute;s que una fecha que marca el inicio de una nueva denominaci&oacute;n o corriente dentro del cristianismo, la Reforma debe entenderse como un intento hist&oacute;rico de vivir, de caminar, de hacerle espacio al llamado evang&eacute;lico de Jes&uacute;s. No nos celebramos a nosotros mismos, sino que nos recordamos cuan f&aacute;cilmente la promesa de Jes&uacute;s puede ser opacada por nuestro dudoso sentido de la libertad, por un falso sentido de autonom&iacute;a. Podr&iacute;amos parafrasear el v. 33 e inclusive leerlo de la siguiente manera desde el p&uacute;lpito este domingo: &ldquo;Nosotros somos herederos de Lutero [Calvino, Wesley, etc.] y desde entonces no hemos sido esclavos de nadie. &iquest;Acaso no somos libres?&rdquo;<\/p>\n<p>Se trata de entender el mensaje de la Reforma en la clave presentada por las palabras de Jes&uacute;s en el evangelio de Juan. La libertad no nace de una supuesta &ldquo;verdad&rdquo; revelada en el pasado. Tampoco es una autonom&iacute;a de aquello que nos coacciona exteriormente&ndash;sobre todo cuando lo que nos coacciona se manifiesta como las necesidades del pr&oacute;jimo. M&aacute;s bien la libertad tiene que ver con esa verdad que ha &ldquo;prendido,&rdquo; que se ha &ldquo;hecho espacio&rdquo; haciendo de nuestras vidas un camino del Esp&iacute;ritu. Son hartamente conocidas las palabras de Lutero en su tratado &ldquo;La Libertad Cristiana&rdquo; de 1520: &ldquo;El cristiano es libre se&ntilde;or de todas las cosas y no est&aacute; sujeto a nadie. El cristiano es servidor de todas las cosas y est&aacute; supeditado a todos.&rdquo; Cristo no solo nos libera <em>de<\/em>, sino que nos libera <em>para<\/em>. La libertad cristiana no significa una autonom&iacute;a que se desentiende de las presiones y demandas del mundo ni tampoco una heteronom&iacute;a donde nos sometemos a una nueva ley que cumplimos a rega&ntilde;adientes. Por el contrario, se trata de vivir en la fe, en esa libertad por el cual la verdad se hace camino en nosotros y nosotras. Por eso es que Lutero entiende la fe como esa &ldquo;venida&rdquo; de Cristo a nuestra existencia mediante la cual nuestro pecado es absorbido por Dios y a cambio se nos da una vida &ldquo;agraciada,&rdquo; que camina &ldquo;agradecidamente.&rdquo; Las palabras m&aacute;s contundentes de Lutero aparecen al final de su tratado sobre la libertad cristiana, cuando dice que &ldquo;el cristiano no vive en s&iacute; mismo sino en Cristo y el pr&oacute;jimo; en Cristo por la fe, en el pr&oacute;jimo por el amor.&rdquo; La verdad de la palabra se traduce as&iacute; en esa apertura de nuestra vida a Cristo, y puesto que se trata del Cristo que viene a los dolientes y sufrientes, nuestro vivir en Cristo no puede expresarse aparte de nuestra vivencia como pr&oacute;jimos de los otros y las otras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El texto de Juan nos servir&aacute; en esta oportunidad para conmemorar el d&iacute;a de la Reforma concentr&aacute;ndonos en tres temas que aparecen en boca de Jes&uacute;s: verdad, libertad y esclavitud. 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