{"id":28984,"date":"2016-10-04T20:43:00","date_gmt":"2016-10-05T01:43:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-1132-44-comentario-por-osvaldo-vena\/"},"modified":"2016-10-04T20:43:00","modified_gmt":"2016-10-05T01:43:00","slug":"san-juan-1132-44-comentario-por-osvaldo-vena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-1132-44-comentario-por-osvaldo-vena\/","title":{"rendered":"San Juan 11:32-44 Comentario por Osvaldo Vena"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">En Juan 11:21-27 Jes&uacute;s y Marta mantienen una conversaci&oacute;n de proporciones teol&oacute;gicas semejante a las que Jes&uacute;s mantuviera con Nicodemo en el cap&iacute;tulo 3 y la mujer de Samaria en el 4.<\/p>\n<p>Los temas aqu&iacute; son la resurrecci&oacute;n de los muertos y el car&aacute;cter mesi&aacute;nico de Jes&uacute;s. Marta va al encuentro de Jes&uacute;s y le reprocha abiertamente no haber llegado antes para evitar la muerte de L&aacute;zaro. Jes&uacute;s le asegura que su hermano resucitar&aacute; y ella piensa que se refiere a la resurrecci&oacute;n final, pero Jes&uacute;s le dice que se est&aacute; refiriendo a otro tipo de resurrecci&oacute;n, una que tiene que ver con un creer en &eacute;l como el dador de la vida, algo que ya el pr&oacute;logo del evangelio hab&iacute;a anunciado (1:4). Sin llegar a negar la realidad de la resurrecci&oacute;n final escatol&oacute;gica, el Jes&uacute;s juanino parece enfatizar la dimensi&oacute;n presente y existencial de la misma.<\/p>\n<p>En cambio con Mar&iacute;a Jes&uacute;s ni siquiera conversa. Mar&iacute;a va al encuentro de Jes&uacute;s, se arroja a sus pies llorando y le reprocha, al igual que Marta, su inexplicable tardanza en llegar a tiempo para sanar a L&aacute;zaro y evitar su muerte (11:32). Lo que sucede a continuaci&oacute;n puede interpretarse de varias maneras. El texto nos dice que Jes&uacute;s, al ver a Mar&iacute;a y a las personas que hab&iacute;an ido a darle el p&eacute;same, &ldquo;se estremeci&oacute; en esp&iacute;ritu y se conmovi&oacute;&rdquo; (v. 33). Las palabras griegas que se utilizan aqu&iacute; significan que se indign&oacute;, se inquiet&oacute; internamente y se llen&oacute; de ansiedad. Y le sucedi&oacute; no solo una vez, sino dos (vv. 33 y 38). &iquest;Por qu&eacute;? Quiz&aacute;s por el hecho de que se le cuestionara el no haber estado all&iacute; a tiempo como para impedir que L&aacute;zaro muriera (cf. vv. 21, 32 y 37). N&oacute;tese que no solamente son las hermanas, sino tambi&eacute;n la gente que las acompa&ntilde;aba, quienes le hacen este reproche. Esto demostrar&iacute;a que Jes&uacute;s no era un verdadero amigo, y estar&iacute;a poniendo en juego su reputaci&oacute;n, al no haber cumplido supuestamente con uno de los valores m&aacute;s importantes del mundo antiguo, el del honor. Impl&iacute;cito est&aacute; el hecho de que Jes&uacute;s hab&iacute;a actuado de manera vergonzosa.<\/p>\n<p>Mar&iacute;a va al encuentro de Jes&uacute;s, quien se halla a&uacute;n en las afueras del pueblo. Aparentemente la intenci&oacute;n de Jes&uacute;s no es visitar a las hermanas en su casa, sino ir directamente a la tumba de L&aacute;zaro. Mar&iacute;a llega en compa&ntilde;&iacute;a de &ldquo;los jud&iacute;os,&rdquo; un t&eacute;rmino que en el evangelio de Juan puede referirse a las autoridades religiosas, o a los habitantes de Judea, o simb&oacute;licamente a los que no creen. Aqu&iacute; probablemente est&eacute; describiendo a un grupo de mujeres cuya funci&oacute;n era lamentar p&uacute;blicamente la muerte de alguien en el pueblo. En la Argentina se las conoce con el nombre de lloronas. Estar acompa&ntilde;ado por un grupo de mujeres as&iacute; en ocasi&oacute;n de la muerte de un ser querido era una se&ntilde;al de estatus social, de modo que el evangelista nos est&aacute; informando que L&aacute;zaro y sus hermanas eran considerados personas de honor en el pueblo.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s les pide a Mar&iacute;a y a los jud&iacute;os que le muestren el lugar donde hab&iacute;an puesto el cuerpo de L&aacute;zaro y en lo que se conoce como el vers&iacute;culo m&aacute;s corto de toda la Biblia, se nos dice que &ldquo;Jes&uacute;s llor&oacute;&rdquo; (v. 35). El verbo utilizado para &ldquo;llorar&rdquo; en el v. 35 es <em>dakruo<\/em>, y es diferente al que se utiliza en los vv. 31 y 33 para referirse al llanto de Mar&iacute;a y de los jud&iacute;os, que es <em>klaio<\/em>. &iquest;Es importante esta diferencia? Creemos que s&iacute;. Mientras que el verbo <em>klaio<\/em> puede referirse espec&iacute;ficamente al llanto producido por una p&eacute;rdida irreparable, <em>dakruo<\/em> es m&aacute;s general. En este contexto pareciera significar el llanto producido al reconocer el sufrimiento que la muerte acarrea para el ser humano. N&oacute;tese que Jes&uacute;s llora cuando le muestran el sepulcro. Aventuramos entonces una opini&oacute;n: Jes&uacute;s llora al ver el sufrimiento que la muerte de L&aacute;zaro ha producido en las hermanas y sus amigos, pero no llora por L&aacute;zaro, a quien est&aacute; a punto de resucitar. El llanto de Jes&uacute;s es un llanto de solidaridad, no de impotencia ante lo inevitable. Y Jes&uacute;s derrama sus l&aacute;grimas a pesar de sentirse deshonrado y cuestionado en sus intenciones. En su defensa podr&iacute;amos decir que el prop&oacute;sito de su tardanza en llegar era manifestar claramente el plan de Dios, un plan de vida en medio de la muerte. As&iacute; lo afirma el v. 4: &ldquo;Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios.&rdquo;<\/p>\n<p>Cuando Jes&uacute;s les pide que remuevan la piedra que cubr&iacute;a la entrada al sepulcro Marta lo objeta, haci&eacute;ndole notar que llevaba ya cuatro all&iacute; y que por lo tanto el proceso de descomposici&oacute;n hab&iacute;a ya comenzado (v. 39). Adem&aacute;s, algunos escribas sosten&iacute;an que la fuerza vital rondaba el cad&aacute;ver de una persona durante tres d&iacute;as, y que al cuarto part&iacute;a. De manera que ya no hab&iacute;a esperanzas para L&aacute;zaro. Su cuerpo hab&iacute;a comenzado a deteriorarse y el esp&iacute;ritu de vida ya lo hab&iacute;a abandonado.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s les pide a las hermanas que crean que &eacute;l es la resurrecci&oacute;n y la vida para que as&iacute; pudieran tener vida eterna en el futuro y ver la gloria de Dios que se manifestar&iacute;a en la vuelta a la vida de su hermano. Les pide que crean en algo presente, algo que est&aacute; a punto de ocurrir. El creer aqu&iacute; no debe entenderse solamente como un asentimiento intelectual, sino tambi&eacute;n como confianza. El verbo <em>pisteuo<\/em>, que se utiliza aqu&iacute;, puede tener tambi&eacute;n esa connotaci&oacute;n. Pero Marta y Mar&iacute;a no lo entienden. Primero piensan que la resurrecci&oacute;n es algo meramente escatol&oacute;gico, futuro; y despu&eacute;s piensan que ya es demasiado tarde para milagros. El Jes&uacute;s juanino va a aprovechar estos malentendidos para ense&ntilde;arles que el tiempo de la resurrecci&oacute;n y de la vida abundante no es el futuro, sino que es ahora. No hay que esperar a que venga el Mes&iacute;as a inaugurar la edad mesi&aacute;nica. La misma ya ha comenzado en la persona de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>Lo que las acongojadas hermanas y su grupo de lloronas no saben es que las expectativas culturales estaban a punto de ser derogadas, ya que un profeta de Nazaret, una regi&oacute;n sin distinci&oacute;n en Israel (Jn 1:46), aparentemente deshonrado por su falta de respeto a los valores de la gente del pueblo, habr&iacute;a de dar la prueba m&aacute;s alta de honor. Dios, el Creador, el dador de toda vida, hab&iacute;a escuchado la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s aun antes de que este la dijera (v. 41), y por eso el milagro supremo, crear vida de la muerte, estaba a punto de suceder. En un sentido Jes&uacute;s est&aacute; actuando aqu&iacute; como Dios en G&eacute;nesis 1. El milagro sucede, y la consecuencia es que muchos de los que presenciaron el hecho creyeron en &eacute;l (v. 45).<\/p>\n<p>Este relato nos ense&ntilde;a, entre otras cosas, que Dios tiene una forma de actuar que es impredecible. Dios tiene sus propios planes para el ser humano. Solo hay que saber entenderlos. Hay veces en que es imposible hacerlo, ya que los planes divinos contradicen toda l&oacute;gica y sobrepasan toda expectativa. Pero nadie dijo que Dios tiene que ser humanamente l&oacute;gico o predecible. Todo lo contrario. Dios act&uacute;a siempre de acuerdo con una l&oacute;gica divina que afirma que la vida es m&aacute;s fuerte que la muerte y que los c&oacute;digos sociales que el ser humano ha construido, tales como los de distinci&oacute;n y de estatus, de honor y de verg&uuml;enza, no son inviolables. Si bien es cierto que muchas veces Jes&uacute;s se atuvo a ellos, tambi&eacute;n es cierto que muchas otras veces los transgredi&oacute;, sobre todo cuando atentaban contra la autenticidad y la libertad de los individuos. Por eso dijo: &ldquo;Y conocer&eacute;is la verdad y la verdad os har&aacute; libres&rdquo; (Jn 8:31). En el evangelio de Juan, Jes&uacute;s es la verdad absoluta y como tal es vida, y as&iacute; lo demuestra este pasaje.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Juan 11:21-27 Jes&uacute;s y Marta mantienen una conversaci&oacute;n de proporciones teol&oacute;gicas semejante a las que Jes&uacute;s mantuviera con Nicodemo en el cap&iacute;tulo 3 y la mujer de Samaria en el 4. Los temas aqu&iacute; son la resurrecci&oacute;n de los muertos y el car&aacute;cter mesi&aacute;nico de Jes&uacute;s. 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