{"id":29007,"date":"2016-10-04T20:44:00","date_gmt":"2016-10-05T01:44:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-131-17-31b-35-comentario-por-amanda-olson-de-castillo\/"},"modified":"2016-10-04T20:44:00","modified_gmt":"2016-10-05T01:44:00","slug":"san-juan-131-17-31b-35-comentario-por-amanda-olson-de-castillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-131-17-31b-35-comentario-por-amanda-olson-de-castillo\/","title":{"rendered":"San Juan 13:1-17, 31b-35 Comentario por Amanda Olson de Castillo"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\"><strong>Jes&uacute;s Lava los Pies de sus Disc&iacute;pulos<\/strong><\/p>\n<p>Puesto en el contexto de una cena, Jes&uacute;s demuestra c&oacute;mo ama a sus disc&iacute;pulos hasta el fin a trav&eacute;s del acto de lavarles sus pies. Como una manifestaci&oacute;n de su dominio (v. 3), Jes&uacute;s se levant&oacute; de la mesa y empez&oacute; a actuar con amor en la forma de servicio. Lo que contin&uacute;a es una conversaci&oacute;n interesante entre Sim&oacute;n Pedro y Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>Sim&oacute;n Pedro no entend&iacute;a porqu&eacute; Jes&uacute;s necesitaba lavarle sus pies y quiso evitarlo. La respuesta de Jes&uacute;s fue dura pero clara: &ldquo;Si no te lavo, no tendr&aacute;s parte conmigo&rdquo; (v. 8b). Y Pedro pidi&oacute; entonces que no s&oacute;lo le lavara los pies, sino tambi&eacute;n las manos y la cabeza (v. 9). Pero Jes&uacute;s le explic&oacute; que solo necesita lavarle los pies (v. 10).<\/p>\n<p>Durante mis a&ntilde;os como pastora en Guatemala, recibimos a muchos grupos de la ELCA en nuestras iglesias con el prop&oacute;sito de acompa&ntilde;arnos mutuamente. Y muchas veces estos grupos que ven&iacute;an de visita de los EEUU ten&iacute;an la misma dificultad que Pedro. Una de las cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles para los extranjeros que nos visitaban era aprender a recibir de sus hermanas y hermanos guatemaltecos. Los extranjeros muchas veces ten&iacute;an la idea de que la misi&oacute;n era un camino de una sola v&iacute;a y de que ellos llegaban para servir y no para ser servidos. Pero s&oacute;lo cuando eran capaces de tener la humildad de dar y tambi&eacute;n de recibir, pod&iacute;a nacer una relaci&oacute;n verdadera de amor basada en Cristo.<\/p>\n<p>Una vez abierto este espacio de recibir y de dar, recuerdo que como parte del acompa&ntilde;amiento mutuo, los miembros de una iglesia hermana del extranjero tuvieron la oportunidad de lavar los pies de un grupo de mujeres ind&iacute;genas en una de las iglesias de Guatemala. No puedo olvidar ese d&iacute;a. Invitamos a las mujeres a la iglesia y ten&iacute;amos sillas para ellas en frente del altar. Las mujeres visitantes se arrodillaron frente a las mujeres de Guatemala y empezaron a lavarles los pies. Sus pies eran hermosos y grandes, por la falta del uso de zapatos por muchos a&ntilde;os, con grietas, llenos de lodo y duros despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os de trabajo para beneficiar a sus familias y a su comunidad. Las mujeres de Guatemala se sintieron estimadas. El hecho de lavar los pies de sus hermanas en Cristo transcendi&oacute; la frontera del idioma y de la cultura, y comunic&oacute; el respeto entre ambos grupos. Las mujeres de uno y de otro pa&iacute;s eran muy distintas, pero estaban unidas en una misma vocaci&oacute;n de servicio a otras personas.<\/p>\n<p>Cuando Jes&uacute;s termin&oacute; de lavar los pies de sus disc&iacute;pulos, les pregunt&oacute; si hab&iacute;an entendido lo que acababa de hacer (v. 12). Jes&uacute;s era su Maestro y su Se&ntilde;or, pero no obstante les hab&iacute;a lavado los pies (vv. 13-14). Lo interesante es que Jes&uacute;s no les pidi&oacute; a sus disc&iacute;pulos que le lavaran los pies a &eacute;l &ndash; pues sus pies ya hab&iacute;an sido ungidos por Mar&iacute;a en preparaci&oacute;n a su muerte (Jn 12:3) &ndash; sino que se lavaran los pies los unos a los otros (v. 14). Es decir, servir a Jes&uacute;s no es lavar sus pies, sino lavar los pies de nuestro pr&oacute;jimo, y al hacerlo as&iacute; estaremos lavando los pies de Jes&uacute;s. Servir a nuestro pr&oacute;jimo es servir a Jes&uacute;s. No somos iguales a Jes&uacute;s, pues como dice Jes&uacute;s seg&uacute;n el v. 16, &ldquo;el siervo no es mayor que su se&ntilde;or, ni el enviado es mayor que el que lo envi&oacute;.&rdquo;<\/p>\n<p>El Verbo se hizo carne y est&aacute; con su pueblo (Jn 1:14), pero &eacute;l va a servirnos en una forma en que nosotros y nosotras no podemos servirlo a &eacute;l. Tampoco podemos ir con &eacute;l a donde &eacute;l va (v. 33). Hay una distinci&oacute;n importante entre seguir y acompa&ntilde;ar. Los disc&iacute;pulos siguen a su amo y nosotros y nosotras como disc&iacute;pulos y disc&iacute;pulas de Cristo tenemos el camino preparado para nuestra salvaci&oacute;n a trav&eacute;s de la pasi&oacute;n y la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s. Nuestro papel con nuestro pr&oacute;jimo en cambio es de acompa&ntilde;ar y compartir la palabra de Dios, sirvi&eacute;ndonos mutuamente. Esto significa que s&oacute;lo una relaci&oacute;n bilateral, un camino de doble v&iacute;a, es de verdadero amor. Como dice Jes&uacute;s:&ldquo;En esto conocer&aacute;n todos que sois mis disc&iacute;pulos, si ten&eacute;is amor los unos por los otros&rdquo; (v. 35).<\/p>\n<p>No debemos confundirnos con el mensaje que estamos compartiendo. Al servir, nuestro prop&oacute;sito no es nuestra propia gloria, sino que debemos servir al pr&oacute;jimo para la gloria de nuestro maestro y Se&ntilde;or, quien hace por nosotros y nosotras lo que no podr&iacute;amos hacer por nosotros y nosotras mismas sin &eacute;l. La explicaci&oacute;n que Cristo nos da es muy clara: &ldquo;El que reciba al que yo env&iacute;e, me recibe a m&iacute;; y el que me recibe a m&iacute;, recibe al que me envi&oacute;&rdquo; (Jn 13:20), o sea que recibir al mensajero es recibir a Cristo y recibir a Cristo es recibir al Padre. Como l&iacute;deres y miembros de la iglesia de Cristo, debemos recordar siempre que somos los mensajeros y no el mensaje. Nuestro &uacute;nico prop&oacute;sito es que nuestro pr&oacute;jimo conf&iacute;e en Cristo.<\/p>\n<p><strong>Motivo para Traicionar<\/strong><\/p>\n<p>En este pasaje de San Juan, el diablo, Satan&aacute;s, tiene su parte en la historia. Seg&uacute;n el v. 2, el diablo incit&oacute; a Judas Iscariote a traicionar a Jes&uacute;s. Pero lo importante es recordar que Jes&uacute;s sab&iacute;a que el Padre hab&iacute;a puesto todas las cosas bajo su dominio y le hab&iacute;a dado todas las cosas en las manos (v. 3), incluyendo al Se&ntilde;or de las tinieblas. Seg&uacute;n San Juan 13:18-30, Jes&uacute;s predijo la traici&oacute;n de Judas. Lo curioso es que Jes&uacute;s sab&iacute;a qui&eacute;n lo traicionar&iacute;a; dijo que lo entregar&iacute;a el disc&iacute;pulo a quien le diera el pan mojado, y Jes&uacute;s se lo dio a Judas y Judas lo recibi&oacute; (v. 26), mientras los dem&aacute;s disc&iacute;pulos no entend&iacute;an exactamente qu&eacute; es lo que estaba pasando (v. 28). Pero para nosotros y nosotras, que estamos leyendo la historia ahora, est&aacute; claro qui&eacute;n es el traidor. Dice el evangelio que Satan&aacute;s entr&oacute; en Judas tan pronto como recibi&oacute; el bocado que le ofreci&oacute; Jes&uacute;s. A diferencia de lo que sucede seg&uacute;n los evangelios sin&oacute;pticos, el motivo de Judas para entregar a Jes&uacute;s no fue la ambici&oacute;n de dinero, sino la acci&oacute;n del diablo. Una vez que el diablo entr&oacute; en Judas, Jes&uacute;s le dijo: &ldquo;Lo que vas a hacer, hazlo pronto&rdquo; (v. 27b). Jes&uacute;s no s&oacute;lo sab&iacute;a qui&eacute;n lo iba a traicionar, sino que tambi&eacute;n ten&iacute;a dominio sobre las circunstancias. Al darle el pan mojado a Judas, Jes&uacute;s pr&aacute;cticamente estaba decidiendo que la hora de su pasi&oacute;n hab&iacute;a llegado, y como la traici&oacute;n era parte del inicio de su pasi&oacute;n, lo recibe con entendimiento. A diferencia de lo que sucede en los evangelios sin&oacute;pticos en que Jes&uacute;s pidi&oacute; a Dios que lo liberara, de ser posible, de tomar ese c&aacute;liz, aqu&iacute; en el evangelio seg&uacute;n Juan, Jes&uacute;s no pone objeciones, sino que afronta con entereza lo que tiene por delante. Cuando Judas sali&oacute;, era de noche (v. 30). Judas dej&oacute; la luz y se adentr&oacute; en la oscuridad.<\/p>\n<p>En Guatemala, frecuentemente se habla del ataque que el diablo realiza en las vidas de las personas. Es por esto que nosotros y nosotras debemos recordar siempre la necesidad de orarle a nuestro Padre: &ldquo;No nos dejes caer en la tentaci&oacute;n, mas l&iacute;branos del mal.&rdquo; Por supuesto que tambi&eacute;n depende del contexto de cada predicador o predicadora, pero si no se habla del papel de diablo en la traici&oacute;n y la muerte de Jes&uacute;s la historia estar&iacute;a incompleta. Uno puede tomarlo desde el punto de vista de que la traici&oacute;n llev&oacute; Jes&uacute;s a su cruz y de que Jes&uacute;s en la cruz Jes&uacute;s puso al diablo debajo de sus pies. Podemos dar consuelo a nuestros miembros anunci&aacute;ndoles que Jes&uacute;s hizo algo eficaz y permanente en contra del diablo y lo cumpli&oacute;. Cuando sentimos la presencia o la presi&oacute;n del diablo, todos y todas podemos aferrarnos a Jes&uacute;s, que es el Se&ntilde;or de todos los se&ntilde;ores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes&uacute;s Lava los Pies de sus Disc&iacute;pulos Puesto en el contexto de una cena, Jes&uacute;s demuestra c&oacute;mo ama a sus disc&iacute;pulos hasta el fin a trav&eacute;s del acto de lavarles sus pies. 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