{"id":29023,"date":"2016-10-04T20:44:44","date_gmt":"2016-10-05T01:44:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-148-17-25-27-comentario-por-efrain-agosto\/"},"modified":"2016-10-04T20:44:44","modified_gmt":"2016-10-05T01:44:44","slug":"san-juan-148-17-25-27-comentario-por-efrain-agosto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-148-17-25-27-comentario-por-efrain-agosto\/","title":{"rendered":"San Juan 14:8-17 [25-27] Comentario por Efra\u00edn Agosto"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Este domingo de Pentecost&eacute;s nos dirigimos al evangelio seg&uacute;n San Juan y su visi&oacute;n del Esp&iacute;ritu (y no necesariamente a la acostumbrada historia del &ldquo;D&iacute;a de Pentecost&eacute;s&rdquo; en Hechos 2:1-4).<\/p>\n<p>Estamos en la parte del discurso de despedida de Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos en la que les asegura que sus corazones no se deben &ldquo;turbar&rdquo; aunque pronto ya no estar&aacute; con ellos f&iacute;sicamente, porque les estar&aacute; preparando una morada celestial (14:1-4). Un disc&iacute;pulo, Tom&aacute;s, pregunta sobre el camino que deben seguir para llegar al lugar en donde Jes&uacute;s se encontrar&aacute; (14:5). La respuesta de Jes&uacute;s es bien conocida: Jes&uacute;s es &ldquo;el camino, la verdad y la vida&rdquo; (14:6). Se llega al Padre Celestial a trav&eacute;s de Jes&uacute;s, quien provee conocimiento y visi&oacute;n de ese Padre (14:6-7).<\/p>\n<p>Sin embargo, permanece la duda. Otro disc&iacute;pulo, esta vez Felipe, pregunta: &ldquo;Se&ntilde;or, mu&eacute;stranos el Padre y nos basta&rdquo; (v. 8). Este es el mismo Felipe que al ser llamado por Jes&uacute;s al discipulado originalmente, da testimonio a otro, diciendo: &ldquo;Ven y ve&rdquo; (Juan 1:43-46). Parece que a Felipe todav&iacute;a le falta ver m&aacute;s. Jes&uacute;s le responde que para ver al Padre deber&iacute;a ser suficiente conocer a Jes&uacute;s (v. 9). Si uno ha visto a Jes&uacute;s, entonces ha visto tambi&eacute;n al Padre, reclama Jes&uacute;s. La relaci&oacute;n entre &ldquo;ver&rdquo; y &ldquo;conocer&rdquo; es digna de ser notada. Si los disc&iacute;pulos han podido conocerlo despu&eacute;s de tanto tiempo con &eacute;l, les dice Jes&uacute;s, deben saber entonces que han &ldquo;visto&rdquo; al Padre. &iquest;Por qu&eacute; piden m&aacute;s pruebas?<sup>1<\/sup><\/p>\n<p><strong>Ver, Conocer, Creer<\/strong><\/p>\n<p>Luego Jes&uacute;s introduce otro tema que se relaciona con &ldquo;ver&rdquo; y &ldquo;conocer,&rdquo; que es &ldquo;creer&rdquo; (v. 10). Los disc&iacute;pulos deben creer que en Jes&uacute;s se ve al Padre por la intimidad que existe entre Padre e Hijo: &ldquo;&iquest;No crees que yo soy en el Padre y el Padre en m&iacute;?&rdquo; (v. 10a). M&aacute;s adelante en su discurso Jes&uacute;s dir&aacute; que la expectativa de unidad en la comunidad debe basarse en la unidad de Padre e Hijo (17:21). Aqu&iacute;, la fe en Jes&uacute;s produce conocimiento del Padre precisamente porque ellos operan como uno. Es m&aacute;s, Jes&uacute;s habla las palabras que el Padre le hace decir (v. 10b). Hay tambi&eacute;n una conexi&oacute;n entre las palabras de Jes&uacute;s, que vienen del Padre, y sus hechos. Los hechos de Jes&uacute;s son los hechos de Dios el Padre (v. 10c). Este es el tema del &ldquo;Libro de Se&ntilde;ales&rdquo; en Juan 2 al 12, en donde Jes&uacute;s produce siete milagros, que en este evangelio se llaman &ldquo;se&ntilde;ales&rdquo; precisamente porque apuntan hacia el poder de Dios en diferentes esferas de la vida humana (poder sobre la naturaleza, la enfermedad e incluso la muerte). Jes&uacute;s hace estas obras porque el Padre &ldquo;radica&rdquo; en el Hijo. Por lo tanto hay que creer, insiste Jes&uacute;s, sea porque se ve a Dios en Jes&uacute;s, o porque se ve a Dios a trav&eacute;s de las obras de Jes&uacute;s (v. 11). La persona de Jes&uacute;s y las obras de Jes&uacute;s apuntan hacia al Padre.<\/p>\n<p><strong>Obras Mayores<\/strong><\/p>\n<p>La fe (&ldquo;creer&rdquo;) tambi&eacute;n produce obras a&uacute;n mayores que las que Jes&uacute;s hizo (vv. 12-13). &iquest;C&oacute;mo ser&aacute; esto posible? Primero, si t&uacute; crees, dice Jes&uacute;s, que las obras que Jes&uacute;s hizo fueron por el poder del Padre, las haremos tambi&eacute;n nosotros y nosotras porque creemos que el Padre radica en Jes&uacute;s (v. 12a). M&aacute;s bien, ser&aacute;n mayores porque Jes&uacute;s intercede por nosotros y nosotras ante el Padre (v. 12b). &ldquo;Todo lo que pid&aacute;is al Padre en mi nombre, lo har&eacute;&rdquo; (v. 13a). Bajo la autoridad (&ldquo;en mi nombre&rdquo;) de Jes&uacute;s, de quien m&aacute;s adelante (Juan 18 al 20) aprendemos que ser&aacute; &ldquo;glorificado&rdquo; a trav&eacute;s de su muerte y resurrecci&oacute;n (v&eacute;ase Juan 17:1-5), Dios responde a las plegarias de Jes&uacute;s por la humanidad porque traen a&uacute;n m&aacute;s gloria a Dios (v. 13). Con un Cristo glorificado, en su muerte y resurrecci&oacute;n, ense&ntilde;a Juan, cuya gloria trae m&aacute;s gloria a Dios, nuestro futuro como creyentes se asegura, y entonces, en esta vida, tal como Jes&uacute;s, hacemos grandes obras. Si nos fijamos en el factor tiempo (siglos de fe cristiana) y en los n&uacute;meros (m&aacute;s y m&aacute;s seguidores y seguidoras), podemos decir que la expectativa del evangelista de que los seguidores y seguidoras de Jes&uacute;s realizar&iacute;an &ldquo;obras mayores&rdquo; se ha cumplido. El tiempo de Jes&uacute;s en la tierra fue corto, aunque &ldquo;la mayor obra&rdquo; realizada por &eacute;l fue la de morir por nosotros y nosotras.<\/p>\n<p><strong>El Paracleto<\/strong><\/p>\n<p>Este pasaje declara que aun en la ausencia de Jes&uacute;s, sus disc&iacute;pulos y disc&iacute;pulas no estaremos sin compa&ntilde;&iacute;a. Con amor y en obediencia llevamos a cabo sus mandamientos (otra manera de hablar de sus &ldquo;obras&rdquo;) (v. 15), y el Jes&uacute;s que ruega al Padre que hagamos grandes obras (vv. 12-14), tambi&eacute;n rogar&aacute; para que tengamos ayuda. Jes&uacute;s orar&aacute; al Padre para que nos env&iacute;e &ldquo;otro Consolador&rdquo; que estar&aacute; con nosotros y nosotras siempre (v. 16). El griego de esta palabra traducida en Reina Valera 1995 como &ldquo;Consolador&rdquo; es &ldquo;Paracleto,&rdquo; que puede significar abogado, ayudador, el que viene a nuestro lado. Al usar la palabra &ldquo;otro,&rdquo; se nos est&aacute; queriendo decir que este Paracleto tiene las mismas caracter&iacute;sticas de Jes&uacute;s: aboga por nosotros y nosotras, nos consuela en momentos de dolor, camina con nosotros y nosotras para que hagamos el bien. Estar&aacute; con nosotros y nosotras siempre y, por lo tanto, representa al Cristo glorificado en su ausencia f&iacute;sica.<sup>2<\/sup><\/p>\n<p>Adem&aacute;s, este Paracleto que es &ldquo;Esp&iacute;ritu,&rdquo; nos dirige hacia la verdad (v. 17a). &ldquo;El mundo,&rdquo; o sea, el cosmos que se organiza en contra de Dios, no puede recibir al Esp&iacute;ritu; s&oacute;lo lo pueden hacer quienes creen, de acuerdo al pensamiento del evangelista, quien ha relacionado el &ldquo;ver&rdquo; y &ldquo;conocer&rdquo; con el &ldquo;creer&rdquo; (vv. 9-11). Quienes creen pueden &ldquo;ver&rdquo; y &ldquo;conocer&rdquo; al &ldquo;Esp&iacute;ritu de verdad&rdquo; (v. 17b). En Juan 15:18-21 se declara que el &ldquo;mundo&rdquo; que <em>no <\/em>conoce a Dios, &ldquo;odia&rdquo; a la persona creyente en ese Dios y a su enviado, Jes&uacute;s. En cambio, la fe produce una visi&oacute;n y entendimiento de la obra del Esp&iacute;ritu, especialmente para aquellos que vivir&aacute;n su fe sin la presencia f&iacute;sica de Jes&uacute;s (v. 17c). &ldquo;El Esp&iacute;ritu es la presencia y el poder de Dios con los disc&iacute;pulos [y disc&iacute;pulas] de manera ininterrumpida;&nbsp;sin embargo el mundo no reconoce la revelaci&oacute;n de Dios en Jes&uacute;s ni la presencia de Dios con los disc&iacute;pulos [y disc&iacute;pulas] a trav&eacute;s del Esp&iacute;ritu.&rdquo;<sup>3<\/sup> Tal ignorancia de la obra de Jes&uacute;s y la presencia del Esp&iacute;ritu se remedia, por lo tanto, con la fe. De nuevo, creer produce entendimiento.<\/p>\n<p><strong>Esp&iacute;ritu Santo de Paz<\/strong><\/p>\n<p>Con la frase &ldquo;Os he dicho estas cosas estando con vosotros&rdquo; (v. 25, que puede compararse con 13:21; 17:1 y 18:1) se introduce un resumen de los temas principales de este cap&iacute;tulo del evangelio, entre ellos los siguientes dos, que son parte de nuestra lectura para este domingo: (1) el rol del Paracleto, quien ahora es llamado Esp&iacute;ritu Santo (v. 26); y (2) el regalo de Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos: la paz (v. 27), que es tambi&eacute;n aquello con lo que comenz&oacute; esta parte del discurso de Jes&uacute;s, cuando dijo a sus disc&iacute;pulos: &ldquo;no se turbe vuestro coraz&oacute;n&rdquo; (14:1), o sea, &ldquo;tengan paz.&rdquo;<\/p>\n<p>El Consolador, como Dios, Santo y Esp&iacute;ritu, tendr&aacute; tambi&eacute;n la tarea de ense&ntilde;ar y &ldquo;recordar&rdquo; lo que Jes&uacute;s ha dicho (v. 26). Jes&uacute;s dijo &ldquo;palabras&rdquo; claves (v. 10); el Esp&iacute;ritu sigue ense&ntilde;&aacute;ndolas y nos ayudar&aacute; a recordarlas como &ldquo;enviado&rdquo; de Dios, tal como lo ha sido tambi&eacute;n Jes&uacute;s (17:23, 25). Y Jes&uacute;s no se va sin dejarnos a sus disc&iacute;pulos, y a nosotros y nosotras, el regalo de la paz, que no es una paz cualquiera, pasajera o &ldquo;mundana,&rdquo; sino duradera, eterna, salv&iacute;fica (paz como &ldquo;Shalom&rdquo;). Por lo tanto, estar turbado, atormentado, con miedo, no debe ser nuestra reacci&oacute;n ante la falta de un Jes&uacute;s f&iacute;sico. El Esp&iacute;ritu de Dios, enviado una vez que Jes&uacute;s se convierta en el &ldquo;Cristo Glorificado,&rdquo; nos acompa&ntilde;a. Es el Paracleto.<\/p>\n<p><strong>Pautas para la Predicaci&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>Este pasaje para el D&iacute;a de Pentecost&eacute;s nos invita a considerar las ense&ntilde;anzas del evangelista Juan sobre el Esp&iacute;ritu Santo (v&eacute;anse los cinco discursos sobre el Paracleto en Juan: 14:15-17; 14:25-26; 15:26-27; 16:7-11; 16:12-15) y la relaci&oacute;n entre Dios, Jes&uacute;s y Paracleto. Tambi&eacute;n podemos considerar la relaci&oacute;n entre ver, conocer, creer y hacer. Jes&uacute;s, en este pasaje, pide que sus disc&iacute;pulos lo vean con entendimiento para conocer y creer en Dios y hacer su voluntad. Su voluntad incluye traer a otros y otras al conocimiento de Dios en Cristo a trav&eacute;s de la obra del Esp&iacute;ritu en nosotros, y llevar paz a un mundo turbado, confundido y temeroso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Notes:<\/h3>\n<p>1. V&eacute;ase una elaboraci&oacute;n sobre el tema de &ldquo;ver, conocer y hacer&rdquo; en Daniel Stevick, <em>Jesus and His Own: A Commentary on John 13-17<\/em> (Grand Rapids: Eerdmans, 2011), 142-149.<\/p>\n<p>2. V&eacute;ase 1 Juan 2:1, que se refiere a Jes&uacute;s como Paracleto (&ldquo;abogado&rdquo; es la palabra que usa la versi&oacute;n Reina Valera 1995), que aboga por nosotros y nosotras en favor del perd&oacute;n de nuestros pecados.<\/p>\n<p>3. Marianne Meye Thompson, <em>John: A Commentary<\/em> (Louisville, KY: Westminster John Knox, 2015), 313 (traducci&oacute;n m&iacute;a).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este domingo de Pentecost&eacute;s nos dirigimos al evangelio seg&uacute;n San Juan y su visi&oacute;n del Esp&iacute;ritu (y no necesariamente a la acostumbrada historia del &ldquo;D&iacute;a de Pentecost&eacute;s&rdquo; en Hechos 2:1-4). 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