{"id":29024,"date":"2016-10-04T20:44:46","date_gmt":"2016-10-05T01:44:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-148-17-25-27-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/"},"modified":"2016-10-04T20:44:46","modified_gmt":"2016-10-05T01:44:46","slug":"san-juan-148-17-25-27-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-148-17-25-27-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/","title":{"rendered":"San Juan 14:8-17 [25-27] Comentario por Nancy Elizabeth Bedford"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">El pasaje comienza con una intervenci&oacute;n de Felipe, que m&aacute;s que una pregunta parece casi una demanda tanto individual como colectiva: &ldquo;&iexcl;Lo que queremos es ver al Padre!&rdquo;<\/p>\n<p>El pedido de Felipe representa el de muchos y muchas a trav&eacute;s de los siglos: si Jes&uacute;s nos pudiera mostrar a Dios de tal o cual manera, nos dar&iacute;amos por satisfechos y satisfechas. &iquest;Por qu&eacute; no podemos tener acceso a Dios de un modo m&aacute;s palpable y claro? &iquest;Acaso si as&iacute; fuera no ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil el asunto de la fe?<\/p>\n<p>La respuesta de Jes&uacute;s es sumamente significativa. Jes&uacute;s le recuerda de inmediato que hace ya tiempo que &eacute;l est&aacute; con Felipe y con el resto del grupo de disc&iacute;pulos y disc&iacute;pulas. &iquest;Es que Felipe y el resto (que de hecho nos incluye) todav&iacute;a no se dan cuenta a qui&eacute;n tienen delante? No habr&aacute; una &ldquo;muestra&rdquo; o una &ldquo;d&aacute;diva&rdquo; del Padre sin el Hijo, ni del Hijo sin el Padre. Si &ldquo;vemos&rdquo; a uno estamos &ldquo;viendo&rdquo; al otro, y si reconocemos a uno estamos reconociendo al otro. No habr&aacute; una revelaci&oacute;n todav&iacute;a oculta, secreta y contundente, que Jes&uacute;s pueda exhibirle a Felipe para terminar de convencerlo. Ya est&aacute; ante el modo de mostrarse y de darse a conocer caracter&iacute;stico de Dios. De hecho, la manera en que el Dios profesado y confesado por Jes&uacute;s elige acercarse a cada uno de nosotros y de nosotras no es otra que por este camino humilde y sencillo que Felipe ya viene recorriendo hace tiempo. Las palabras y las obras de Jes&uacute;s ya constituyen la muestra que Felipe (o que cualquiera) quisiera. &iquest;Ser&aacute; capaz de aceptarlo?<\/p>\n<p>En el desaf&iacute;o de Jes&uacute;s a Felipe podemos descubrir al menos tres dimensiones importantes de la buena nueva del acercamiento amoroso de Dios a cada uno de nosotros y de nosotras:<\/p>\n<p>En primer lugar, establece que el &ldquo;Padre&rdquo; no es una figura que cimiente el poder patriarcal, sino que aquel que llamamos &ldquo;Padre&rdquo; no es otro que el Dios nos ama tiernamente a la manera de Jes&uacute;s (vv. 9-10). No hay una expresi&oacute;n o revelaci&oacute;n del &ldquo;Padre&rdquo; que sea contradictoria al compromiso profundo de Jes&uacute;s de Nazaret con los m&aacute;s sencillos y las m&aacute;s sencillas (v. 11). El poder de Dios se manifiesta en la aparente debilidad del amor y de la bondad del camino de Jes&uacute;s. Si bien Dios siempre es &ldquo;m&aacute;s&rdquo; de lo que podamos imaginar como seres humanos, ese &ldquo;m&aacute;s&rdquo; nunca ha de contradecirse con el regalo de s&iacute; mismo que Dios nos hace en Jes&uacute;s. Por lo tanto, la forma de obrar y de ser de Jes&uacute;s nos &ldquo;muestra&rdquo; todo lo que necesitamos saber en esta vida acerca del Dios que Felipe llama &ldquo;Padre&rdquo;.&nbsp;<\/p>\n<p>En segundo lugar, nuestra relaci&oacute;n con Jes&uacute;s es simult&aacute;neamente una relaci&oacute;n con su &ldquo;Padre&rdquo;, por lo que nuestras oraciones son un di&aacute;logo con Dios que acontece &ldquo;en el nombre&rdquo; y por el camino de Jes&uacute;s. La gloria de Dios se manifiesta en el compromiso del Hijo con el Padre, del Padre con el Hijo, y del Padre por el Hijo con nosotros y nosotras (v. 13-14). Lo maravilloso es que al proseguir por el camino de Jes&uacute;s nos promete que vamos a poder seguir construyendo lo que comenz&oacute; e inclusive podremos hacer obras &ldquo;a&uacute;n mayores&rdquo; (v. 12) que las de &eacute;l. Se nos hace muy dif&iacute;cil creer que lo que hacemos hoy pudiera ser en alguna medida mayor o mejor de lo que Jes&uacute;s mismo hizo. La mejor manera de interpretar este texto es entender que Jes&uacute;s sab&iacute;a que el tiempo que tuvo para realizar su ministerio fue corto. Hubo muchas cosas que no tuvo tiempo de hacer en su corta vida. Pero nos dej&oacute; su legado y el don de imaginar nuevas posibilidades en los contextos hist&oacute;ricos y culturales que nos toquen. Quiere decir que no estamos congelados y congeladas en el pasado, sino que Dios nos regala la posibilidad de hacer cosas nuevas en su nombre, por ejemplo abolir la esclavitud, promover nuevas posibilidades de realizaci&oacute;n y servicio para las mujeres o cuestionar a los imperios de turno.<\/p>\n<p>En tercer lugar &ndash;y esto es lo que celebramos de manera muy especial en este d&iacute;a de Pentecost&eacute;s- todo esto no es algo que tengamos que lograr de manera solitaria, pues nuestra relaci&oacute;n con Dios-Hijo y Dios-Padre conlleva tambi&eacute;n una profunda relaci&oacute;n con Dios-Esp&iacute;ritu. El Esp&iacute;ritu de verdad, el Esp&iacute;ritu que nos consuela ante las dificultades que sobrellevamos, el Esp&iacute;ritu de la vida abundante estar&aacute; con nosotros &ldquo;para siempre&rdquo; (v. 16). La ida de Jes&uacute;s al Padre no nos dejar&aacute; hu&eacute;rfanos y hu&eacute;rfanas (v. 18), sin nuestro Dios paternal y maternal. Gracias a la presencia activa, vital y eterna del Esp&iacute;ritu de Dios, nuestro recuerdo de lo que Jes&uacute;s hizo y dijo sigue vivo, nuestra relaci&oacute;n con el Hijo y con el Dios Padre que nos muestra se profundiza cada vez m&aacute;s, y la posibilidad de que Jes&uacute;s nos &ldquo;muestre&rdquo; a Dios, como Felipe le ped&iacute;a, se realiza de maneras inesperadas y maravillosas.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s no siempre nos &ldquo;muestra&rdquo; al Padre como quisi&eacute;ramos. Dios no siempre se ajusta a nuestras expectativas. El consuelo que trae el Esp&iacute;ritu no siempre nos resuelve todas las dudas ni nos cura de inmediato las heridas absurdas y profundas de la vida. A veces, como Felipe, le pedimos a Dios que se manifieste sin darnos cuenta que lo tenemos delante nuestro. Otras veces queremos ponerle condiciones o pedirle que se muestre de un modo diferente al camino humilde y sencillo de Jes&uacute;s. Sin embargo, cuando aprendemos a ver a Dios en Jes&uacute;s y a recibir el regalo inefable de su Esp&iacute;ritu en nuestras vidas, se nos va abriendo el camino a esas &ldquo;obras mayores&rdquo; (v. 12) de justicia y de amor que son el desaf&iacute;o de nuestro tiempo y de nuestro lugar. Como iglesia en Pentecost&eacute;s nos compete pedirle al Padre en el nombre de Jes&uacute;s (v. 13) que nos muestre c&oacute;mo irlas haciendo por el Esp&iacute;ritu de acuerdo con su voluntad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pasaje comienza con una intervenci&oacute;n de Felipe, que m&aacute;s que una pregunta parece casi una demanda tanto individual como colectiva: &ldquo;&iexcl;Lo que queremos es ver al Padre!&rdquo; El pedido de Felipe representa el de muchos y muchas a trav&eacute;s de los siglos: si Jes&uacute;s nos pudiera mostrar a Dios de tal o cual manera, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-148-17-25-27-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/\" class=\"more-link\">Continue reading<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;San Juan 14:8-17 [25-27] Comentario por Nancy Elizabeth Bedford&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-29024","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sermons"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29024","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=29024"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29024\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=29024"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=29024"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=29024"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}