{"id":29029,"date":"2016-10-04T20:44:56","date_gmt":"2016-10-05T01:44:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-1415-21-comentario-por-ismael-leon\/"},"modified":"2016-10-04T20:44:56","modified_gmt":"2016-10-05T01:44:56","slug":"san-juan-1415-21-comentario-por-ismael-leon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-1415-21-comentario-por-ismael-leon\/","title":{"rendered":"San Juan 14:15-21 Comentario por Ismael Le\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">&ldquo;No os dejar&eacute; hu&eacute;rfanos&rdquo;<\/p>\n<p>Al experimentar en la cotidianidad de la vida momentos de despedida, casi siempre anhelamos volver a ver a las personas de las que nos separamos. Por eso decimos: &ldquo;regresar&eacute; pronto,&rdquo; o &ldquo;nos veremos luego,&rdquo; o algunas veces incluso dejamos algo como muestra de nuestro cari&ntilde;o, como regalos, recuerdos, etc. Jes&uacute;s promete volver a los suyos porque no quiere que se sientan como hu&eacute;rfanos. Hu&eacute;rfano\/a no es &uacute;nicamente aquella persona que perdi&oacute; a alguno de sus padres o a ambos; hu&eacute;rfano\/a es tambi&eacute;n quien no cuenta con afecto y protecci&oacute;n. Y no hay una situaci&oacute;n mayor de orfandad que la de no conocer ni tener la posibilidad de mantener una relaci&oacute;n de fidelidad con el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p><strong>a) Vendr&aacute; el Consolador (vv. 15-17)<\/strong><\/p>\n<p>El escritor b&iacute;blico juanino, fiel a su estilo, comienza el discurso de Jes&uacute;s con una oraci&oacute;n condicional: &ldquo;Si me am&aacute;is, guardad mis mandamientos&rdquo; (v. 15), es decir, el amor hacia Cristo es un requisito que debe cumplirse por medio de la obediencia y la pr&aacute;ctica de sus mandamientos (v&eacute;anse Mt 22:37-40 y Jn 13:34). A quienes amen a su Se&ntilde;or, se les promete un Consolador. En el original griego se usa la palabra <em>Paracleto<\/em>, que tambi&eacute;n se puede traducir como Ayudador. Tradicionalmente se lo ha identificado con la tercera persona de la Trinidad. Es tambi&eacute;n el &ldquo;Esp&iacute;ritu de verdad,&rdquo; que a la vez da cuenta de la deidad de Jesucristo (v&eacute;ase Jn 14:6).<\/p>\n<p>Seg&uacute;n el evangelista Juan, el Consolador puede ser visto y recibido por quienes conocen a Jes&uacute;s, es decir, por quienes mantienen con &eacute;l una relaci&oacute;n fraternal en el estado de hijos\/as de Dios. Y aunque parece que el evangelista se muestra exclusivista o excluyente, en realidad lo que est&aacute; haciendo es marcar la diferencia tajante que hay entre el bien y el mal. Cuando dice que &ldquo;el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce,&rdquo; la palabra en griego que usa para &ldquo;mundo&rdquo; es <em>kosmos. Kosmos<\/em>, para el evangelista, significa sistema, y en su contexto se refiere al sistema impuesto por el imperio romano que generaba injusticias, desigualdades y opresi&oacute;n.<\/p>\n<p>Los sistemas de dominaci&oacute;n e injusticia no se han terminado; m&aacute;s bien han agrandado su poder destructivo. Todos los d&iacute;as podemos vivir y contemplar las consecuencias del ejercicio injusto y abusivo del poder, y por todas partes pululan los signos de muerte y dolor. Entre muchos ejemplos, podemos mencionar la agon&iacute;a de nuestro planeta tierra que flota en el espacio como una &ldquo;burbuja azul&rdquo; y sufre el rigor del cambio clim&aacute;tico con sus secuelas dram&aacute;ticas (inundaciones, olas de calor, sequ&iacute;as, tormentas de nieve), las hecatombes econ&oacute;micas en muchos pa&iacute;ses, los dramas humanos expresados en &eacute;xodos forzados y desplazamientos de refugiados que huyen de las guerras, as&iacute; como las pandemias que d&iacute;a en d&iacute;a diezman a la poblaci&oacute;n mundial. A todo ello se suman la hambruna, el desempleo y muchos otros dramas y crisis humanitarias.<\/p>\n<p><strong>b) &ldquo;Vosotros me ver&eacute;is&rdquo; (vv. 18-19)<\/strong><\/p>\n<p>La promesa de no dejarlos solos se repite; es m&aacute;s, Jes&uacute;s les asegura que volver&aacute; a ellos. Se adelanta a lo que se va a materializar en el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, cuando &eacute;l mismo presente a su iglesia, no en forma de instituci&oacute;n o denominaci&oacute;n, sino como &ldquo;cuerpo vivo,&rdquo; testificando de su amor, en la plenitud del Ayudador y Esp&iacute;ritu de verdad. Jes&uacute;s espera ser visto por medio de su iglesia en el mundo, por la simple raz&oacute;n de que &eacute;l vive en y por su iglesia.<\/p>\n<p>En la vida suele suceder que quienes por diversas circunstancias han quedado hu&eacute;rfanos\/as, al ser reconocidos como hijos\/as adoptivos\/as por alguien, alcanzan un grado important&iacute;simo de empoderamiento social. Es lo que pasa por ejemplo con ni&ntilde;os\/as hu&eacute;rfanos, quiz&aacute;s abandonados\/as por sus padres, y que al ser reconocidos\/as, adquieren derechos que les permiten salir de a poco de los temores y de los aislamientos psicol&oacute;gicos y sociales.<\/p>\n<p>La iglesia del Se&ntilde;or ser&aacute; empoderada en el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, y a partir de all&iacute; irrumpir&aacute; en el mundo con el poder testimonial del amor y del servicio. &iexcl;Cu&aacute;nta raz&oacute;n ten&iacute;a Jes&uacute;s cuando les aseguraba a los disc&iacute;pulos que nunca estar&iacute;an solos, y que adem&aacute;s ellos vivir&iacute;an porque &eacute;l mismo estar&iacute;a con ellos! Para nosotros\/as, &iexcl;qu&eacute; maravillosa noticia es la promesa de que nuestro Se&ntilde;or vivir&aacute; como el resucitado entre nosotros\/as para darnos vida abundante (Jn 10.10)!<\/p>\n<p>Y al preguntarnos si realmente podremos ser iglesia, ser una comunidad de testigos\/as, nos damos cuenta de que es imperioso que recuperemos nuestras ra&iacute;ces b&iacute;blicas de servicio, comuni&oacute;n, edificaci&oacute;n y acompa&ntilde;amiento. S&oacute;lo as&iacute; ser&aacute; cre&iacute;ble nuestra identidad (v&eacute;ase Jn 17:21).<\/p>\n<p><strong>c) &ldquo;Yo estoy en mi Padre, y vosotros en m&iacute;&rdquo; (vv. 20-21)<\/strong><\/p>\n<p>Como se describe en Hechos 2, la venida del Esp&iacute;ritu Santo produce un impacto social conmovedor. Dicho impacto se muestra en las lenguas como de fuego que se asientan sobre los ap&oacute;stoles, en el milagro de que el mensaje salv&iacute;fico de las maravillas de Dios es o&iacute;do en muchas lenguas, as&iacute; como en el primer gran serm&oacute;n p&uacute;blico pronunciado por Pedro, todo lo cual nos confirma la presencia de Jes&uacute;s en el Padre y el empoderamiento de la iglesia.<\/p>\n<p>Hechos 2:42-47 nos habla de la vida de los\/as primeros\/as creyentes, en comuni&oacute;n, servicio, unanimidad y alabanza. En contrapartida, dice el texto, &ldquo;el Se&ntilde;or a&ntilde;ad&iacute;a cada d&iacute;a a la iglesia los que hab&iacute;an de ser salvos.&rdquo;<\/p>\n<p>A veces, la apertura de esp&iacute;ritu y la disponibilidad de compartir, no son posibles por voluntad propia del ser humano; tiene que haber un motivo que genere un proceso de solidaridad y desprendimiento sincero. El milagro de la unidad se da en virtud de la presencia del Se&ntilde;or del reino entre los suyos. Jes&uacute;s se manifiesta, conforme a su promesa (v. 21), a quienes guardan sus mandamientos. Y los mandamientos del Se&ntilde;or son amar a Dios (Mt 22:37-38), amar al pr&oacute;jimo (Mt 22:39), y amarse mutuamente (Jn 13:34-35).<\/p>\n<p>Sin duda, esto es lo que el mundo de hoy est&aacute; esperando de nosotros y nosotras los\/as seguidores\/as del Se&ntilde;or. Al pensar en nuestras posibles acciones contempor&aacute;neas, necesitamos en primer t&eacute;rmino reconocernos como el pueblo del Se&ntilde;or y como su iglesia, lo cual, adem&aacute;s de ser un gran privilegio, es una oportunidad para hacer algo. O dicho de otro modo, la promesa del Se&ntilde;or de manifestarse a los suyos, o sea, a nosotros y a nosotras, nos impulsa al servicio como expresi&oacute;n concreta de su amor, a ser medios e instrumentos en las manos del Se&ntilde;or. Dicho amor no se proyectar&aacute; &uacute;nicamente a los de &ldquo;adentro&rdquo; de las congregaciones locales, sino fundamentalmente hacia los de &ldquo;afuera,&rdquo; es decir, hacia las v&iacute;ctimas de los sistemas de dominaci&oacute;n y de pecado. Entonces, aunque seamos de alguna manera c&oacute;mplices de tales sistemas, el mundo sabr&aacute; que Jes&uacute;s est&aacute; presente con la misma intensidad de los primeros siglos. Y para que tambi&eacute;n hoy veamos que el Se&ntilde;or a&ntilde;ade cada d&iacute;a a la iglesia a los que habr&aacute;n de ser salvos (Hch 2:47), no hace falta que nos obsesionemos con masificar la iglesia, sino que esperemos el resultado concreto de la puesta en pr&aacute;ctica del amor sacrificial al estilo de Jesucristo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;No os dejar&eacute; hu&eacute;rfanos&rdquo; Al experimentar en la cotidianidad de la vida momentos de despedida, casi siempre anhelamos volver a ver a las personas de las que nos separamos. 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