{"id":29035,"date":"2016-10-04T20:45:14","date_gmt":"2016-10-05T01:45:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-1423-29-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/"},"modified":"2016-10-04T20:45:14","modified_gmt":"2016-10-05T01:45:14","slug":"san-juan-1423-29-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-1423-29-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/","title":{"rendered":"San Juan 14:23-29 Comentario por Nancy Elizabeth Bedford"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">El contexto del pasaje es el llamado &ldquo;discurso de despedida&rdquo; de Jes&uacute;s, que abarca de Juan 13:31 a 16:33.<\/p>\n<p>Se trata de una secci&oacute;n que en la estructura narrativa del evangelio comienza justo despu&eacute;s del anuncio de la traici&oacute;n de Judas y concluye poco antes del arresto de Jes&uacute;s. El discurso como un todo sirve para que los seguidores y las seguidoras de Jes&uacute;s encuentren aliento y esperanza. Nuestro texto espec&iacute;fico aparece como respuesta a una pregunta que plantea Judas (no el Iscariote) acerca de porqu&eacute; Jes&uacute;s no se manifiesta al &ldquo;mundo&rdquo; (v. 22). En &uacute;ltima instancia, la r&eacute;plica de Jes&uacute;s es que Dios se manifiesta en amor a quienes reciben su palabra y se lanzan con la ayuda del Esp&iacute;ritu Santo por el camino que Jes&uacute;s ha demostrado concretamente. Sus palabras reflejan el coraz&oacute;n mismo de la vida trinitaria del Dios confesado por la fe cristiana.<\/p>\n<p>En el v. 23 Jes&uacute;s enlaza su palabra con la de Dios Padre. Escucharlo a Jes&uacute;s y responder a sus palabras nos permite vivir en armon&iacute;a con Dios, pues Dios hace su &ldquo;morada&rdquo; en las personas que aman a Jes&uacute;s y guardan sus palabras. Esas palabras est&aacute;n tan vinculadas a Dios que Jes&uacute;s puede afirmar que sus palabras no le pertenecen de manera exclusiva, sino que provienen de Dios (v. 24). El pr&oacute;logo del evangelio nos anuncia que la Palabra de vida arma su &ldquo;tienda de campa&ntilde;a&rdquo; en medio nuestro (es lo que literalmente dice Juan 1:14 y que la versi&oacute;n RV95 traduce como &ldquo;habit&oacute; entre nosotros&rdquo;), comprometi&eacute;ndose &iacute;ntegramente con nuestra realidad hasta las &uacute;ltimas consecuencias. Ahora Jes&uacute;s promete una &ldquo;morada&rdquo; permanente de Dios con nosotros y con nosotras, sellada &ndash;en la ausencia f&iacute;sica de Jes&uacute;s&ndash; por la presencia del Esp&iacute;ritu Santo (vv. 25-26).<\/p>\n<p>El Esp&iacute;ritu ha de vivificar el sentido de las palabras de Jes&uacute;s, record&aacute;ndonoslas y tambi&eacute;n ense&ntilde;&aacute;ndonos todo lo que sea necesario para que sigamos las pisadas de Jes&uacute;s. La obra del Esp&iacute;ritu est&aacute; tan compaginada con la de Jes&uacute;s que se puede decir que el Esp&iacute;ritu act&uacute;a en su nombre, y que es enviado por el Padre de la misma manera en la que fue enviado Jes&uacute;s (v. 26). El env&iacute;o, las palabras, las ense&ntilde;anzas y la presencia de Dios entre nosotros y nosotras se entretejen de manera inseparable entre Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>En el &ldquo;env&iacute;o&rdquo; del Hijo y del Esp&iacute;ritu por el Padre encontramos la ra&iacute;z de la misi&oacute;n de la iglesia cristiana. Quienes siguen a Jes&uacute;s por la fuerza del Esp&iacute;ritu, escuchan las palabras de Jes&uacute;s y recuerdan sus ense&ntilde;anzas, experimentan el amor y la presencia de Dios, y descubren que est&aacute;n en el camino del env&iacute;o o de la misi&oacute;n de Dios en el mundo. No se trata de convertir a la fuerza a nadie, aunque la historia del cristianismo ha dejado muchos testimonios de ese tipo de falsa &ldquo;misi&oacute;n&rdquo;. Lo que se requiere es simplemente aprender a amar a Dios y al pr&oacute;jimo a la manera de Jes&uacute;s (v. 23), prosiguiendo en sus caminos de paz y justicia por la fuerza del Esp&iacute;ritu (v. 26).<\/p>\n<p>Por cierto, este camino de Jes&uacute;s poco tiene que ver con los razonamientos que priman en el mundo. Promete una paz con justicia muy diferente a la del sistema preponderante (v. 27). La l&oacute;gica imperante en el mundo es la de la ley del m&aacute;s fuerte y la del miedo. Jes&uacute;s, en cambio, propone un camino sorprendente, marcado por su inquietante &ldquo;ida&rdquo; al Padre y la simult&aacute;nea &ldquo;venida&rdquo; de su Esp&iacute;ritu (v. 28): esas idas y venidas, sin embargo, no le quitan validez a la promesa de que Dios har&aacute; su morada en quienes guarden las palabras de Jes&uacute;s. Jes&uacute;s, entonces, nos presenta aqu&iacute; con la paradoja de que se est&aacute; por ir y a la vez de que se compromete a vivir en y con nosotros y nosotras. Se trata de una l&oacute;gica extra&ntilde;a vista desde afuera, y sin embargo perfectamente reconocible para quienes conocen a Jes&uacute;s y conf&iacute;an en &eacute;l (v. 29): Dios est&aacute; con nosotros y nosotras, pero tambi&eacute;n est&aacute; &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; de nuestra realidad. Dios se compromete nada menos que a vivir en y con nosotros y nosotras, no por un tiempito, sino eternamente, y sin embargo, Dios no puede ser contenido solamente por nuestra realidad. Jes&uacute;s ha &ldquo;ascendido&rdquo; o ha &ldquo;subido al Padre&rdquo; y sin embargo al mismo tiempo por el Esp&iacute;ritu est&aacute; m&aacute;s cerca nuestro que nosotros de nosotros mismos.<\/p>\n<p>Una pregunta que suele surgir en la interpretaci&oacute;n de este pasaje es: &iquest;qu&eacute; significa aquello de que el Padre sea &ldquo;mayor&rdquo; que el Hijo (v. 28)? Agust&iacute;n, en su tratado <em>De Trinitate <\/em>II.1<em>,<\/em> dec&iacute;a que desde la perspectiva de su verdadera humanidad bien puede decirse que el Hijo es &ldquo;menor&rdquo; que el Padre y que el Esp&iacute;ritu Santo, mientras que desde la perspectiva de su verdadera divinidad, debemos hablar de la &ldquo;igualdad&rdquo; del Hijo al Padre y al Esp&iacute;ritu Santo. Agrega que podr&iacute;amos decir inclusive que el Hijo (en cuanto humano) es &ldquo;menor&rdquo; a s&iacute; mismo (en cuanto divino). Su comentario refleja el hecho de que es imposible hablar de los misterios de Dios sin entrar en alguna medida en la paradoja. Jes&uacute;s dice que &eacute;l y el Padre son &ldquo;una sola cosa&rdquo; pero tambi&eacute;n que el Padre es &ldquo;mayor&rdquo; que &eacute;l. Tambi&eacute;n dice que se &ldquo;va&rdquo; y que se &ldquo;queda&rdquo; o que nos deja con su &ldquo;paz&rdquo; y tambi&eacute;n con la &ldquo;espada&rdquo;. Dios Padre est&aacute; cerca y est&aacute; lejos; Dios Esp&iacute;ritu es inmanente y transcendente; Dios en Cristo es verdaderamente Dios pero tambi&eacute;n verdaderamente ser humano; el Dios trino es Tres y es Uno. La realidad de Dios no puede expresarse en f&oacute;rmulas matem&aacute;ticas ni reducirse a definiciones precisas. Hablar de Dios &ldquo;Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo&rdquo; tal como nos ense&ntilde;a este pasaje no significa que podamos abarcar a Dios con la raz&oacute;n. Sin embargo conocemos &iacute;ntimamente a Dios ya que &ndash;aunque no siempre amemos muy bien ni superemos nuestros temores&ndash; mora entre nosotros y nosotras, tal como Jes&uacute;s nos lo ha prometido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El contexto del pasaje es el llamado &ldquo;discurso de despedida&rdquo; de Jes&uacute;s, que abarca de Juan 13:31 a 16:33. Se trata de una secci&oacute;n que en la estructura narrativa del evangelio comienza justo despu&eacute;s del anuncio de la traici&oacute;n de Judas y concluye poco antes del arresto de Jes&uacute;s. 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