{"id":29070,"date":"2016-10-04T20:46:39","date_gmt":"2016-10-05T01:46:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-1720-26-comentario-por-efrain-agosto\/"},"modified":"2016-10-04T20:46:39","modified_gmt":"2016-10-05T01:46:39","slug":"san-juan-1720-26-comentario-por-efrain-agosto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-1720-26-comentario-por-efrain-agosto\/","title":{"rendered":"San Juan 17:20-26 Comentario por Efra\u00edn Agosto"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Juan 17 es la culminaci&oacute;n de los &ldquo;discursos de despedida&rdquo; de Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos que comienzan en Juan 13 y anticipan la &ldquo;glorificaci&oacute;n&rdquo; de Jes&uacute;s, o sea, su muerte y resurrecci&oacute;n (Juan 18-20).<\/p>\n<p>Todo el cap&iacute;tulo 17 es una oraci&oacute;n por los disc&iacute;pulos que est&aacute;n junto con Jes&uacute;s en el momento en que la pronuncia. Y ahora, nos llega el turno a los lectores de Juan &mdash;y a nosotros y nosotras: &ldquo;Pero no ruego solamente por estos, sino tambi&eacute;n por los que han de creer en m&iacute; por la palabra de ellos&rdquo; (v. 20).<\/p>\n<p>El &ldquo;ruego&rdquo; [<em>er<\/em><em>o<\/em><em>t<\/em><em>o<\/em>, &ldquo;yo oro&rdquo;] de Jes&uacute;s es por la unidad de todas las personas creyentes, incluyendo a las presentes con Jes&uacute;s y a las futuras: &ldquo;para que [<em>hina<\/em>] todos sean uno&rdquo; (v. 21a). Con esto comienza una serie de cl&aacute;usulas de prop&oacute;sito o resultado, se&ntilde;alados por la preposici&oacute;n <em>hina<\/em>: &ldquo;para que todos sean uno, como [<em>kath<\/em><em>os<\/em>] t&uacute;, Padre, est&aacute;s en m&iacute; y yo en ti, para que [<em>hina<\/em>] tambi&eacute;n ellos puedan estar en nosotros, para que [<em>hina<\/em>] el mundo [<em>kosmos<\/em>] pueda creer que [<em>hoti<\/em>] t&uacute; me enviaste&rdquo; (v. 21; mi traducci&oacute;n). La unidad de las personas creyentes &mdash;presentes y futuras&mdash; se aprende de la unidad de Padre e Hijo. Estar el uno en el otro implica una mutualidad e intimidad que tambi&eacute;n se espera de las personas creyentes, especialmente en su relaci&oacute;n con Jes&uacute;s. El gran esfuerzo moderno de buscar la unidad ecum&eacute;nica entre iglesias y religiones se basa en parte en este pasaje.<sup>1<\/sup> En Juan, Jes&uacute;s espera que la unidad entre creyentes convenza al mundo de que su misi&oacute;n viene de Dios (v. 21c).<\/p>\n<p><strong>&ldquo;Gloria&rdquo; Para Todos\/as<\/strong><\/p>\n<p>&ldquo;Gloria&rdquo; [<em>doxa<\/em>] en el mundo antiguo greco-romano se relacionaba con el honor. En las Escrituras Hebreas era una reflexi&oacute;n de la luz divina entre humanos.<sup>2&nbsp; <\/sup>En Juan, el t&eacute;rmino toma un sentido ir&oacute;nico porque el honor de Jes&uacute;s &mdash;su luz divina&mdash; se refleja a trav&eacute;s de servicio y sacrificio, incluso la muerte (v&eacute;ase, por ejemplo, Juan 17:1-5), y no a trav&eacute;s de valores t&iacute;picos del honor en la antig&uuml;edad, tales como estatus social, riquezas, triunfos militares, poder pol&iacute;tico, etc. Adem&aacute;s, el conocimiento de la gloria divina &mdash;incluso el servicio y sacrificio&mdash; se comparte con los disc&iacute;pulos contempor&aacute;neos y con las personas creyentes del futuro: &ldquo;Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, as&iacute; como nosotros somos uno&rdquo; (v. 22). De nuevo, la unidad de las personas creyentes es el resultado del don de &ldquo;gloria,&rdquo; pero es una unidad basada en palabras y hechos que conllevan una gloria sacrificial, no un triunfo humano superficial. La gloria de Jes&uacute;s, como aprendemos desde el comienzo de este evangelio, se basa en la unidad con el Padre. En Juan 1:1-14, el Verbo [<em>logos<\/em>] preexistente viene a ser la &ldquo;luz de los hombres&rdquo; (1:4) y, por ende, es un Verbo &ldquo;lleno de gracia y de verdad&rdquo; y de gloria divina (1:14).<\/p>\n<p>En el v. 23 se repite la b&uacute;squeda de unidad, con &eacute;nfasis en el ministerio de Jes&uacute;s: &ldquo;Yo [<em>ego<\/em>, Jes&uacute;s] en ellos y tu [Dios] en m&iacute;.&rdquo; La mutualidad entre Hijo y Padre, quiere decirnos Juan, es lo que ense&ntilde;a la perfecci&oacute;n que debe haber entre las personas creyentes. La expresi&oacute;n que la versi&oacute;n Reina Valera 1995 traduce como &ldquo;sean perfectos&rdquo; [en el original griego es <em>osin <\/em><em>teteleiomenoi<\/em>, que literalmente significa &ldquo;se hagan completos&rdquo;] refleja el proceso en el que han entrado los disc&iacute;pulos y las personas creyentes a quienes Juan dirige su evangelio (4:36; 5:34; 17:4) &mdash;hacia una unidad completa, aunque todav&iacute;a en proceso.<sup>3<\/sup> Jes&uacute;s, en su mutualidad con el Padre, comenz&oacute; este proceso.<\/p>\n<p>De nuevo, el proceso tiene una meta: conocimiento para el mundo (quienes todav&iacute;a no son creyentes) del env&iacute;o [<em>apesteilas<\/em> en el original griego del v. 21 que Reina Valera 1995 traduce como &ldquo;enviaste&rdquo;] divino de Jes&uacute;s. Jes&uacute;s tiene un ministerio apost&oacute;lico y su env&iacute;o demuestra el amor de Dios para la humanidad (explicado en Juan 3:16). Este amor preexiste en el amor del Padre a su Hijo: &ldquo;tal como me <em>amaste<\/em> a mi&rdquo; (v. 23c en mi traducci&oacute;n y &eacute;nfasis).<sup>4<\/sup> En esta misma oraci&oacute;n, Jes&uacute;s hab&iacute;a reconocido antes que &eacute;l y sus disc&iacute;pulos no eran del mundo y que incluso el mundo los odiaba (17:11-19). Sin embargo, aqu&iacute;, al completar la oraci&oacute;n y terminar el discurso entero, el mundo es un lugar de ministerio, env&iacute;o y demostraci&oacute;n del amor.<sup>5<\/sup> Como lo prueba el env&iacute;o de Jes&uacute;s, Dios no ha terminado con el &ldquo;mundo,&rdquo; ni le importa la actitud negativa del mundo sobre Dios, Jes&uacute;s y sus seguidores. Tampoco nosotros ni nosotras debemos darnos por vencidos.<\/p>\n<p><strong>El Futuro de Los Futuros Disc&iacute;pulos<\/strong><\/p>\n<p>Juan concluye la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s por sus futuros disc&iacute;pulos con dos &uacute;ltimas plegarias al Padre (v. 24 y vv. 25-26). Primero, el Padre no solo da &ldquo;gloria&rdquo; al Hijo, a trav&eacute;s de su muerte y resurrecci&oacute;n, sino tambi&eacute;n a sus disc&iacute;pulos. Por lo tanto, el Hijo tiene un &ldquo;deseo&rdquo; para ellos, una &ldquo;voluntad&rdquo;: &ldquo;Padre, quiero [<em>thelo<\/em>] que los que t&uacute; me diste [<em>dedokas moi<\/em> &ndash; &ldquo;los que me regalaste&rdquo;] est&eacute;n conmigo donde yo est&eacute;&rdquo; (v. 24a; mi traducci&oacute;n). Aqu&iacute;, Jes&uacute;s mira hacia el futuro m&aacute;s all&aacute; de su muerte y resurrecci&oacute;n y m&aacute;s all&aacute; de los primeros lectores de este evangelio &mdash;la comunidad juanina a fines del primer siglo de la era com&uacute;n. En el v. 24, Jes&uacute;s tiene en mente la gloria <em>venidera<\/em> cuando desea que los disc&iacute;pulos &mdash;corrientes y futuros&mdash; vean la gloria que Dios le dio, una gloria, o sea, una victoria, en su forma final (v. 24b). Es verdad que hubo una gloria preexistente (&ldquo;antes de la fundaci&oacute;n del mundo;&rdquo; v. 24c, como en Juan 1:1 &ndash; &ldquo;en el principio [ya] <em>era <\/em>el Verbo&rdquo;). Pero al mirar hacia el momento cuando las personas creyentes <em>est&eacute;n<\/em> con &eacute;l, Jes&uacute;s est&aacute; haciendo referencia a la gloria en su plenitud futura y escatol&oacute;gica, que es tambi&eacute;n la misma gloria que se le dio a Jes&uacute;s desde el principio por el amor de Dios (&ldquo;pues me has amado desde antes de la fundaci&oacute;n del mundo&rdquo; &ndash; v. 24c). En el presente del evangelio de Juan, esta gloria se demostr&oacute; por la vida de Jes&uacute;s en servicio y sacrificio (17:1-5; 22), e incluso con pasi&oacute;n y muerte (Juan 18 y 19). En la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s (Juan 20) se vislumbra el futuro final. Y <em>ser&aacute; <\/em>en esta gloria final donde Dios, Cristo y sus seguidores y seguidoras estar&aacute;n juntos un d&iacute;a disfrutando todo la gloria <em>presente <\/em>de Jes&uacute;s (vida, muerte y resurrecci&oacute;n). Es lo que se&ntilde;al&oacute; Jes&uacute;s anteriormente en el discurso a los disc&iacute;pulos cuando prometi&oacute; <em>ir<\/em> a preparar lugar celestial (14:1-4).<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, Jes&uacute;s indica que su Padre ser&aacute; el juez de ese futuro, o sea, quien practicar&aacute; la justicia final para todos y todas: &ldquo;Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conozco y estos saben que t&uacute; me enviaste&rdquo; (v. 25; mi traducci&oacute;n). Despu&eacute;s de enfatizar la importancia de creer, de la unidad, la gloria, el env&iacute;o y el amor, el pasaje a&ntilde;ade otro tema t&iacute;picamente juanino: el conocimiento [<em>gnosis<\/em>; v&eacute;anse 7:29; 10:15]. Jes&uacute;s conoce a Dios y sus disc&iacute;pulos conocen a Dios, gracias a que envi&oacute; a Jes&uacute;s. Jes&uacute;s espera que, aunque el mundo no haya conocido directamente a Dios, el trabajo de las personas creyentes del futuro tenga fruto y que el mundo conozca a Dios a trav&eacute;s de ellas. A trav&eacute;s de lo ya completado en la vida y ministerio de Jes&uacute;s, pero especialmente a trav&eacute;s de lo que vendr&aacute; &mdash;la gloria de la muerte y la resurrecci&oacute;n (Juan 18 al 20), Jes&uacute;s hace su parte para posibilitar el conocimiento del amor de Dios. El nombre de Dios se dar&aacute; &ldquo;a conocer a&uacute;n&rdquo; (v. 26a).<\/p>\n<p>En fin, el amor de Dios reina en el ministerio de Jes&uacute;s y en el futuro ministerio de sus disc&iacute;pulos y disc&iacute;pulas. De nuevo, una cl&aacute;usula de prop&oacute;sito indica hacia d&oacute;nde se dirige esta oraci&oacute;n final: &ldquo;<em>para que<\/em> [<em>hina<\/em>] el amor con que t&uacute; [Dios] me amaste [a Jes&uacute;s] est&eacute; en ellos [los seguidores de Jes&uacute;s]&rdquo; (v. 26b; mi traducci&oacute;n). La unidad y el amor entre las personas creyentes dan testimonio del amor de Dios ante el mundo de los y las no-creyentes. Conociendo a Jes&uacute;s e incluso teni&eacute;ndolo en nosotros y nosotras (&ldquo;y yo en ellos&rdquo; &ndash; v. 26c) se genera una intimidad mutua de conocimiento con la ayuda del Esp&iacute;ritu de Dios que se dirige firmemente hacia la verdad (14:17; 17:17-19) y que asegura un sentido de misi&oacute;n para toda persona creyente, tal como nos ense&ntilde;&oacute; &mdash;y or&oacute;&mdash; Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Notes:<\/h3>\n<p><sup>1<\/sup> De acuerdo con Daniel B. Stevick, <em>Jesus and His Own: A Commentary on John 13-17<\/em> (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans, 2011), 368-369, el pasaje es m&aacute;s un reto que una soluci&oacute;n espec&iacute;fica.<\/p>\n<p><sup>2 <\/sup>V&eacute;ase la historia y descripci&oacute;n del termino en Stevick, <em>Jesus and His Own<\/em>, 369-375.<\/p>\n<p><sup>3 <\/sup>&ldquo;Perfeccionar&rdquo; [<em>telei&oacute;<\/em><em>o <\/em>en el original griego] en Juan usualmente se refiere a la terminaci&oacute;n de la obra divina por parte de Jes&uacute;s. V&eacute;ase Gail R. O&rsquo;Day, &ldquo;The Gospel of John&rdquo; en <em>The New Interpreter&rsquo;s Bible<\/em>, Vol. IX (Nashville: Abingdon, 1995), 495.<\/p>\n<p><sup>4<\/sup> En la versi&oacute;n Reina Valera 1995 dice: &ldquo;como tambi&eacute;n a m&iacute; me has amado.&rdquo;<\/p>\n<p><sup>5 <\/sup>&ldquo;El env&iacute;o del Hijo ha sido la expresi&oacute;n por excelencia del amor de Dios al mundo (3:16),&rdquo; dice Xavier Leon-Dufour en <em>Lectura del Evangelio de Juan: Jn 13-17<\/em>, Vol. III. Segunda Edici&oacute;n (Salamanca: Ediciones Sigueme, 1998), 249.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan 17 es la culminaci&oacute;n de los &ldquo;discursos de despedida&rdquo; de Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos que comienzan en Juan 13 y anticipan la &ldquo;glorificaci&oacute;n&rdquo; de Jes&uacute;s, o sea, su muerte y resurrecci&oacute;n (Juan 18-20). 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