{"id":29071,"date":"2016-10-04T20:46:41","date_gmt":"2016-10-05T01:46:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-1720-26-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/"},"modified":"2016-10-04T20:46:41","modified_gmt":"2016-10-05T01:46:41","slug":"san-juan-1720-26-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-1720-26-comentario-por-nancy-elizabeth-bedford\/","title":{"rendered":"San Juan 17:20-26 Comentario por Nancy Elizabeth Bedford"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">En este texto, Jes&uacute;s ora espec&iacute;ficamente por las personas &ldquo;que han de creer&rdquo; en &eacute;l (v. 20) por el testimonio de quienes lo conocen.<\/p>\n<p>En otras palabras, est&aacute; rog&aacute;ndole a Dios por cada uno de nosotros y de nosotras. Pide algo muy particular: la uni&oacute;n de todos sus disc&iacute;pulos entre s&iacute; y con Dios de una manera an&aacute;loga nada menos que a la forma de relacionarse de las Tres Personas Divinas. Ser&iacute;a tentador tratar de justificar con este texto la implementaci&oacute;n de alguna estructura eclesial universal que garantizara esa uni&oacute;n de un modo formal. Sin embargo, lo que plantea Jes&uacute;s aqu&iacute; no es una estructura eclesial sino una manera profunda de relacionarnos que permite el reconocimiento de nuestras particularidades y&nbsp; caracter&iacute;sticas propias. No se trata de una propuesta eclesiol&oacute;gica episcopal o congregacional, por ejemplo. M&aacute;s bien, Dios nos invita a compartir nada menos que su propia vida trinitaria. Desde all&iacute; nos abre caminos para que nuestro testimonio sea veraz y el mundo pueda comprender y creer en el env&iacute;o de Jes&uacute;s (v. 21). El ecumenismo m&aacute;s profundo, entonces, no depende de nuestras estructuras eclesiol&oacute;gicas ni de los acuerdos formales entre las denominaciones, sino que emerge de nuestra com&uacute;n-uni&oacute;n en Dios, con Dios y por Dios.<\/p>\n<p>En el v. 22 Jes&uacute;s afirma que nos ha dado la misma &ldquo;gloria&rdquo; que su Padre le dio a &eacute;l. &iquest;En qu&eacute; consiste esta &ldquo;gloria&rdquo;? La expresi&oacute;n aparece varias veces en el evangelio de Juan, comenzando por el pr&oacute;logo donde se afirma que &ldquo;vimos su gloria&rdquo; (1:14). Luego en Can&aacute;, al transformar el agua en vino, Jes&uacute;s manifiesta su gloria (2:11). En m&aacute;s de una ocasi&oacute;n expresa que no busca la gloria de los seres humanos ni que tampoco la quiere recibir, sino que solamente busca la gloria de Dios (7:18; 8:50; 8:54; 12:43). Es una gloria que ha compartido con el Padre desde antes de la fundaci&oacute;n del mundo (17:5). La palabra &ldquo;gloria&rdquo; (en griego <em>doxa<\/em>) puede significar la opini&oacute;n o el juicio que se tiene de alguien, pero en el Nuevo Testamento suele vincularse con la idea del esplendor o la luz de Dios. Se trata de una adaptaci&oacute;n del concepto hebreo de <em>kabod, <\/em>es decir, de la luz inefable que caracteriza la magnificencia y la perfecci&oacute;n de Dios (ver 2 Co 3:7-8) as&iacute; como de la <em>shekinah <\/em>o la presencia de Dios en la tierra acompa&ntilde;ando a su pueblo (Ex 24:17). Jes&uacute;s ofrece compartir esa gloria divina con cada uno de nosotros y de nosotras.<\/p>\n<p>Sin embargo, no debemos confundir la gloria que nos promete Jes&uacute;s en el v. 22 con un halo de luz ni con una coronita de santos, a la manera del arte cristiano tradicional. Tampoco es la promesa de vivir rodeados de una luz inefable que no nos deje ver la dureza y complejidad de la realidad&nbsp; que nos toca. M&aacute;s bien, es una invitaci&oacute;n a compartir una manera justa de vivir que es propia de Jes&uacute;s. Lo que caracteriza a la gloria de Jes&uacute;s es su justicia, su misericordia, su amor y su fidelidad. Compartir esa &ldquo;gloria&rdquo; es algo que solamente se logra gracias al empoderamiento del Esp&iacute;ritu Santo. Por eso es tan apropiado este pasaje como manera de ir acerc&aacute;ndonos al d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, que celebraremos el pr&oacute;ximo domingo. La gloria de Dios es que andemos en justicia a la manera de Jes&uacute;s y que la vida de toda la hermosa creaci&oacute;n de Dios florezca por la obra del Esp&iacute;ritu Santo. Es un regalo que Dios nos da por su Esp&iacute;ritu y a la vez es un compromiso que asumimos en fe.<\/p>\n<p>Cuando nuestra comuni&oacute;n est&aacute; marcada por este tipo de &ldquo;gloria&rdquo; el mundo se da cuenta y toma nota de ello (v. 23). Facilita la fe de los dem&aacute;s y los &ldquo;evangeliza&rdquo; en el sentido m&aacute;s profundo de la expresi&oacute;n: el mensaje de Jes&uacute;s se torna una buena noticia de Dios. En cambio, cuando nos vivimos peleando y no somos coherentes con el camino de Jes&uacute;s, se hace muy dif&iacute;cil que el mundo pueda creer que la fe que profesamos tenga que ver con la vida abundante. M&aacute;s bien, nos volvemos una &ldquo;mala noticia&rdquo; para el mundo. El hecho es que a veces nos dar&iacute;a verg&uuml;enza invitar a alguien a nuestras iglesias porque sabemos que no le damos la bienvenida de coraz&oacute;n a la gente &ldquo;de afuera&rdquo; y que nuestras actitudes colectivas no transmiten en absoluto la forma de ser de Jes&uacute;s. En lo te&oacute;rico hablamos del evangelio como buena noticia, pero en lo pr&aacute;ctico no se nota en nuestras vidas. Lo que nos ofrece Jes&uacute;s en este pasaje es un criterio concreto y pr&aacute;ctico a la hora de evaluar nuestra conducta eclesial. Nuestra forma de ser, &iquest;refleja la vida trinitaria de Dios? La &ldquo;gloria&rdquo; que nos da Jes&uacute;s (v. 22) no consiste solamente de nuestro entusiasmo en la alabanza,&nbsp; la perfecci&oacute;n de nuestra liturgia o la capacidad de preparar un buen serm&oacute;n. Es una forma de vivir que se compromete en todas sus dimensiones -ya sean p&uacute;blicas o privadas, individuales o colectivas- con el camino de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>En el v. 26 Jes&uacute;s promete algo m&aacute;s, que es un gran consuelo dadas nuestras incoherencias e imperfecciones: que seguir&aacute; dando a conocer el nombre de Dios y el car&aacute;cter de Dios. En otras palabras, Jes&uacute;s se compromete a persistir e insistir; no se da por vencido, sino que por su Esp&iacute;ritu sigue revel&aacute;ndonos el car&aacute;cter del amor de Dios. A pesar de nuestros fracasos y del hecho de que muchas veces el mundo detecta poco y nada de la forma de ser de Dios en nuestras vidas, Jes&uacute;s quiere que estemos con &eacute;l y demos testimonio al mundo (v. 24). Desea que conozcamos a Dios de manera profunda y vivificante (v. 25). Su invitaci&oacute;n a participar de la unidad y de la vida misma de Dios sigue abierta, pues fluye por la gracia de su amor infinito e incontenible.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En este texto, Jes&uacute;s ora espec&iacute;ficamente por las personas &ldquo;que han de creer&rdquo; en &eacute;l (v. 20) por el testimonio de quienes lo conocen. En otras palabras, est&aacute; rog&aacute;ndole a Dios por cada uno de nosotros y de nosotras. 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