{"id":29119,"date":"2016-10-04T20:48:45","date_gmt":"2016-10-05T01:48:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-2019-31-comentario-por-miriam-lizeth-bermudez\/"},"modified":"2016-10-04T20:48:45","modified_gmt":"2016-10-05T01:48:45","slug":"san-juan-2019-31-comentario-por-miriam-lizeth-bermudez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermons\/san-juan-2019-31-comentario-por-miriam-lizeth-bermudez\/","title":{"rendered":"San Juan 20:19-31 Comentario por Miriam Lizeth Berm\u00fadez"},"content":{"rendered":"<p class=\"p_call_out\">Despu&eacute;s de la aprehensi&oacute;n, crucifixi&oacute;n y posterior sepultura de Jes&uacute;s, los disc&iacute;pulos permanecen ocultos por temor a sufrir la misma suerte que su maestro.<\/p>\n<p>Son las mujeres las que se atreven a salir. Es el d&iacute;a domingo, muy temprano; a&uacute;n est&aacute; oscuro, Mar&iacute;a Magdalena (aunque los Sin&oacute;pticos mencionan que fueron varias las mujeres que acudieron al sepulcro esa ma&ntilde;ana) se da cuenta de que el cuerpo del maestro ya no est&aacute;. Regresa a casa y da el aviso. Dos disc&iacute;pulos dan algo de cr&eacute;dito a la noticia y van a corroborar con sus propios ojos lo dicho por la mujer; ciertamente el cuerpo del Se&ntilde;or no est&aacute; en el sepulcro. Mientras ellos vuelven a casa, ella se queda llorando junto al sepulcro. Jes&uacute;s se le aparece y ella regresa emocionada al lugar donde est&aacute;n los disc&iacute;pulos y les dice que ha visto al Se&ntilde;or, pero ellos no le creen.<\/p>\n<p>De los vers&iacute;culos 19 al 31 es interesante notar la forma en que el Jes&uacute;s resucitado se dirige a sus disc&iacute;pulos: <em>&ldquo;Paz a vosotros<\/em>&rdquo;. Aunque es un saludo usual entre los orientales, en este contexto lleva un peso m&aacute;s profundo, porque esta porci&oacute;n nos dice que estaban reunidos en esa casa, con las puertas cerradas, por miedo a los jud&iacute;os.<\/p>\n<p>Las circunstancias que rodean a los seguidores y seguidoras del maestro tienen un peso tal que les hace olvidar todas las maravillas vividas al lado de Jes&uacute;s a&ntilde;os atr&aacute;s. Parece que ya no recuerdan que Jes&uacute;s aliment&oacute; a multitudes con tres peces y cinco panes, que resucit&oacute; a L&aacute;zaro y a la hija de Jairo, que calm&oacute; el viento y la tempestad, que sac&oacute; los demonios que atormentaban al gadareno, etc. Ahora la zozobra, el miedo, la inseguridad, la falta de libertad para moverse y expresarse, son algunas de las cadenas que los atan y les impiden disfrutar la paz. El temor est&aacute; gobernando sus vidas. El fantasma de la crucifixi&oacute;n los persigue. Con su actitud est&aacute;n corroborando la tesis de quienes cre&iacute;an que con destruir al l&iacute;der habr&iacute;an acabado con el movimiento.<\/p>\n<p>En nuestros d&iacute;as la p&eacute;rdida de la paz es una verdad cotidiana cuando escuchamos, leemos o vemos noticias que nos recuerdan que nuestro mundo est&aacute; convulsionado. Asesinatos, secuestros, robos, desempleo, enfermedades, alto costo de la vida, corrupci&oacute;n, contaminaci&oacute;n, mal uso de los recursos naturales, violencia en todos sus niveles, etc., nos han llevado al l&iacute;mite de nuestras fuerzas, y la ansiedad rige nuestras vidas.<\/p>\n<p>En un informe reciente se dice que entre las cinco ciudades m&aacute;s violentas del mundo, Acapulco (M&eacute;xico) ocupa el segundo lugar y San Pedro Sula (Honduras) el primer lugar; podemos imaginarnos el grado de ansiedad y estr&eacute;s que viven los habitantes de estas ciudades. Estas personas permanecen encerradas en sus casas con miedo a ser asaltadas, secuestradas, asesinadas o simplemente agredidas. Son rehenes de la sociedad, pues han perdido la libertad de poder disfrutar una caminata en la noche. Sus casas est&aacute;n enrejadas. Hay temor al salir a la calle con sus hijos e hijas. No adquieren un buen veh&iacute;culo, pues eso los volver&iacute;a objeto de secuestro. Son muy pocas las personas que ostentan sus posesiones por temor a perderlas o perder su propia vida, y adem&aacute;s de esto, el turismo se ve gravemente afectado y por ende la econom&iacute;a de la ciudad y pa&iacute;s.<\/p>\n<p>Nuestra realidad no es tan diferente a la de los ap&oacute;stoles y seguidores de Jes&uacute;s. Ellos y ellas estaban doblegados\/as a causa del temor que les inspiraban sus enemigos. Nosotros y nosotras estamos siendo doblegados\/as por diversos males sociopol&iacute;ticos. Pero as&iacute; como Jes&uacute;s se present&oacute; ante ellos y ellas y les llev&oacute; la buena noticia de su resurrecci&oacute;n, as&iacute; tambi&eacute;n hoy se presenta ante nosotros y nosotras y nos dice: &ldquo;Paz a vosotros&rdquo;.<\/p>\n<p>La paz es uno de los m&aacute;s grandes regalos de Dios a la humanidad y debemos reclamarla, porque es nuestra. Esa paz es diferente a la que ofrece el mundo. El mundo entiende la paz como ausencia de conflicto, pero la paz del Se&ntilde;or es aquella en que, aun existiendo un conflicto, podemos vivir en armon&iacute;a con los que est&aacute;n a nuestro alrededor, con Dios y con nosotros y nosotras mismos\/as.<\/p>\n<p>Aunque algunas personas sostienen que la paz no tiene precio, en ocasiones debemos pagar un precio para mantener la paz y restaurar relaciones. La humillaci&oacute;n, la tolerancia, la paciencia y la generosidad, entre otros, son algunos costos que debemos erogar a favor de la paz.<\/p>\n<p>En nuestra vida cotidiana somos retados a promover la paz cuando un vecino o vecina ensucia la acera o banqueta de nuestra casa, cuando vamos tarde al trabajo y hay un accidente que impide que avancemos, cuando un compa&ntilde;ero o compa&ntilde;era de trabajo o estudio a quien hemos apoyado se convierte en nuestro detractor, cuando la irresponsabilidad de algunas personas al cumplir sus asignaciones o compromisos pone en peligro nuestras metas, cuando estamos con un fuerte dolor de cabeza y alguien escucha la m&uacute;sica en un volumen muy alto que nos exaspera, cuando debemos entregar un reporte y perdemos la informaci&oacute;n o la impresora no funciona. Estas y miles de otras situaciones pueden llevarnos a perder la paz.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo nos convertimos en promotores de la paz?<\/p>\n<p>1) Primer lugar: Debemos reconocer el valor que tiene la paz.<\/p>\n<p>2) Segundo lugar: Debemos estar dispuestos a mantener la paz a cualquier costo, siempre y cuando est&eacute; en nuestras manos hacerlo.<\/p>\n<p>3) Tercer lugar: Debemos reconocer que vale la pena humillarnos si con ello restauramos la relaci&oacute;n con nuestro pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p>4) Cuarto lugar: Debemos establecer un balance y decidir qu&eacute; vale m&aacute;s, nuestra paz o lo que tengamos que pagar por ella.<\/p>\n<p>5) Quinto lugar: Debemos tomar la iniciativa para buscar la paz, aun cuando estemos conscientes de que el distanciamiento no ha sido provocado por nosotros o nosotras.<\/p>\n<p>Podemos concluir esta meditaci&oacute;n tomando una porci&oacute;n de la oraci&oacute;n de san Francisco de As&iacute;s que dice:<\/p>\n<p><strong>&iexcl;Se&ntilde;or, haz de m&iacute; un instrumento de tu paz!&nbsp;Que all&iacute; donde haya odio, ponga yo amor; donde haya ofensa, ponga yo perd&oacute;n; donde haya discordia, ponga yo uni&oacute;n; donde haya error, ponga yo verdad; donde haya duda, ponga yo fe; donde haya desesperaci&oacute;n, ponga yo esperanza; donde haya tinieblas, ponga yo luz; donde haya tristeza, ponga yo alegr&iacute;a.<\/strong><strong><sup>1<\/sup><\/strong><\/p>\n<p>Porque el Se&ntilde;or nos ha ense&ntilde;ado el camino para alcanzar la paz, nosotros y nosotras estamos en la obligaci&oacute;n ineludible de promover la paz para nuestro bien y el de nuestro pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p><br clear=\"all\" \/><\/p>\n<p><sup>1<\/sup>http:\/\/www.franciscanos.org\/oracion\/orarpaz.html<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu&eacute;s de la aprehensi&oacute;n, crucifixi&oacute;n y posterior sepultura de Jes&uacute;s, los disc&iacute;pulos permanecen ocultos por temor a sufrir la misma suerte que su maestro. 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