Biblia

Un Dios inquebrantablemente feliz

Un Dios inquebrantablemente feliz

“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea completo .” (Juan 15:11)

Dios es absolutamente soberano.

“Nuestro Dios está en los cielos; hace todo lo que quiere” (Salmo 115:3).

Por lo tanto, no se frustra. Se regocija en todas sus obras cuando las contempla como colores del magnífico mosaico de la historia redentora. Es un Dios inquebrantablemente feliz.

Su felicidad es fundamentalmente el deleite que tiene en sí mismo. Antes de la creación, se regocijó en la imagen de su gloria en la persona de su Hijo, su Hijo amado en quien tenía complacencia (Mateo 3:17). Entonces el gozo de Dios “se hizo público” en las obras de creación y redención.

Estas obras deleitan el corazón de Dios porque reflejan su gloria. Los cielos cuentan la gloria de Dios (Salmo 19:1). “Que la gloria del Señor permanezca para siempre; que el Señor se regocije en sus obras” (Salmo 104:31). Él hace todo lo que hace para conservar y exhibir esa gloria, porque en esto su alma se regocija.

Todas las obras de Dios culminan en las alabanzas de su pueblo redimido. “Alabadle por sus proezas; alábenlo conforme a su excelente grandeza!” (Salmo 150:2). El clímax de su felicidad es el deleite que siente por los ecos de su excelencia en las alabanzas de los santos. “Su deleite no está en la fuerza del caballo, ni en las piernas del hombre su placer, sino que el Señor se complace en los que le temen, en los que esperan en su misericordia” (Salmo 147:10-11) .

Pero nuestra alabanza no es sólo el deleite de Dios, como eco de su excelencia; es también el ápice de nuestra alegría. La alabanza es la consumación del gozo que tenemos al ver y saborear la grandeza de Dios.

Por lo tanto, la búsqueda de la alabanza de parte de Dios y nuestra búsqueda del placer en él son la misma búsqueda. ¡Este es el gran resultado del evangelio de la gloria de la gracia de Dios en Cristo!