CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios (gr. ho amnós toú Theoú). Tí­tulo con que Juan el Bautista presentó a Jesús ante Israel como el Mesí­as, el Hijo de Dios (Joh 1:29-36). Esta designación para Cristo no aparece en el AT, pero la expresión probablemente estaba basada en las palabras de Isa 53:7, “como cordero fue llevado al matadero”. El tí­tulo “Cordero de Dios” presenta a Jesús como el Mesí­as sufriente e implica que los sacrificios del AT lo simbolizaban como el sacrificio divino por el pecado. En los tiempos antiguos, un cordero* -o un cabrito (Gen 22:7; Exo 12:3)- era uno de los principales sacrificios que se podí­a presentar. El holocausto diario, un cordero sin mancha (Exo 29:39-42), simbolizaba apropiadamente el ministerio 250 perpetuo de Cristo en favor de los pecadores. El apóstol Pablo se refiere a Cristo como “nuestra pascua” (1Co 5:7); Pedro, como “un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 P, 1:19); y Juan, como el “Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Rev 13:8). En el Apocalipsis, Juan nombra a Cristo como el “Cordero” un total de 28 veces. Cordón. Véase Cuerda.

Fuente: Diccionario Bíblico Evangélico

siempre el c. fue el animal preferido para los sacrificios, Gn 22, 8; Ex 12, 5; Nm 28, 3-4; Nm 6, 14.

Cuando Juan el Bautista ve venir a Jesús dice †œHe ahí­ el C. de D. que quita el pecado del mundo†, Jn 1, 29 y 36. El cordero inmolado es sí­mbolo de Jesús que se entregó al sacrificio por la salvación de los hombres, prefigurado en el sacrificio de Isaac, Gn 22. El apóstol Felipe interpreta el pasaje del profeta, Is 53, 7, como referido y cumplido en Jesucristo, pasaje al que alude también el Precursor Juan el Bautista. Por esto, el apóstol Pablo llama a Cristo †œnuestro cordero pascual†, 1 Co 5, 7; Pedro le dice †œcordero sin mancha y sin mancilla†, 1 P 19. Por su muerte, el C. recibe toda gloria y así­ como el dominio sobre el mundo y el hombre, y quita el pecado del mundo, Jn 12, 31; Ap 5, 12.

Coré, nombre de varón. 1. Hijo de Esaú con Oholibamá, mujer cananea, Gn 36, 1-5/14/18; 1 Cro 1, 35. 2. Hijo de Yishar, descendiente de Leví­, Ex 6, 21; 1 Cro 6, 22; quien junto con los rubenitas Datán y Abirón y doscientos cincuenta israelitas, se rebeló contra Moisés, cuando el pueblo atravesaba el desierto, y Yahvéh los castigó, el suelo debajo de ellos se abrió y se los tragó, Nm 16, 1-35; 17, 5 y 14; 26, 9-11; 27, 3; Si 45, 18. En 1 Cro 6, 7, C. aparece como hijo de Amminadab y nieto de Quehat.

Los hijos de C. fueron cantores en el templo de Yahvéh puestos por el rey David, 1 Cro 6, 18-22; 2 Cro 20, 19; los coreí­tas cuidaban los umbrales de laTienda, eran porteros, 1 Cro 9, 18-20; 26, 1-3; 2 Cro 31, 14. Algunos salmos, once, se les atribuyen a los coreí­tas, cantores del Templo, del Sal 42 al 49 y 84, 85, 87 y 88. El levita Mattití­as, hijo de Sallum el corita, estaba en el Templo al cuidado de las cosas que se freí­an en sartén, 1 Cro 9, 31. 3. Hijo de Hebrón, descendiente de Caleb, 1 Cro 2, 42-43.

Los falsos doctores se dice en Judas 1, 11, han perecido en la rebelión de C.

Diccionario Bí­blico Digital, Grupo C Service & Design Ltda., Colombia, 2003

Fuente: Diccionario Bíblico Digital

Juan el Bautista llamó a Jesús el Cordero de Dios (Joh 1:29, Joh 1:36), enfatizando así­ el caracter redentor de la obra de Cristo.

Como más de 20 veces en el libro del Apocalipsis el cordero se usa como sí­mbolo de Cristo. El cordero pascual (Exo 12:3-6) llegó a ser una figura de la redención del pecado (1Co 5:7). El uso sustitucionario en holocaustos del cordero sin defecto resultó en la idea del Siervo Sufriente, el cual, como un cordero, murió en lugar del pecador (Isa 53:4-7).

Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano

Así­ lo llama el Bautista a Jesús en Jua 1:29, Jua 1:36; poniendo de relieve su misión redentora profetizada porIsaí­as 53.

– El Apocalipsis lo llama así­ a Jesús 28 veces. La primera en 5:6, “El cordero de pie, como degollado”. Es el sacrificio eterno de Num 28:3, que, como es eterno, existe ahora, en la tierra, como el “Cordero Eucarí­stico”, y también en el cielo, “eternamente”, siendo la razón de todo el gozo del cielo, nos cuenta Juan en 5:6-14.

– Cristo es el Cordero de la Pascua, de Exo 12:3-5, que tipificaba al verdadero “cordero” de Jua 1:29, Jua 1:36 y de Rev 5:6.

Diccionario Bí­blico Cristiano
Dr. J. Dominguez

http://biblia.com/diccionario/

Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano

Frase que utilizó Juan el Bautista para señalar la persona y obra del Señor Jesús, que es †œel C. de D. que quita el pecado del mundo†. La reiteró de nuevo frente a Juan y †¢Andrés (Jua 1:29, Jua 1:36). La figura de un c. sacrificado, tan repetida en el AT, señalaba al Señor Jesús, †œquien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero† (1Pe 2:24). Los creyentes han sido redimidos †œcon la sangre preciosa de Cristo, como de un c. sin mancha y sin contaminación† (1Pe 1:19). Pablo dice que †œnuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros† (1Co 5:7). Veintiocho veces se llama a Cristo †œEl c.† en el libro de Apocalipsis. En la primera ocasión (Apo 5:5) se le anuncia a Juan que †œel León de la tribu de Judá, la raí­z de David† habí­a vencido †œpara abrir el libro y desatar sus siete sellos†, pero cuando el apóstol se vuelve para mirar lo que ve †œen medio del trono … y en medio de los ancianos† es †œun c. como inmolado†, a quien se rinde el mismo homenaje que a Dios (Apo 5:6-14).

Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano

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Nombre dado a Jesús en diversos pasajes bí­blicos sobre todo en S. Juan (Jn. 1.29; Jn. 1.36) y que alude a su carácter de ví­ctima humilde, pobre y voluntaria, con resonancias proféticas y pascuales.

De las 35 veces que se cita la palabra cordero en el Nuevo Testamento (“amnos” 4 y “arnon” 31) 30 se refieren a Jesús como Cordero. Y, de ellas, 24 están en el Apocalipsis. La idea de cordero es eco de sacrificio, pero también de pobreza y humildad. El sacrificio de un cordero era más popular y que el del toro o ví­ctima mayor.

Al decir “cordero de Dios” se alude a un destino y a una procedencia. El destino es el sacrificio, la expiación, la reconciliación; la procedencia es divina. El Padre es el que enví­a la ví­ctima para el sacrificio mismo. La ví­ctima es el mismo Jesús que se presenta como “cordero silencioso ante el que lo trasquila” (Is. 53. 7 y Hech 8. 32).

Lo dirá el autor de la Carta a los Hebreos, recogiendo el texto profético del Salmo 40 (7-9): “Sacrificios por el pecado no te agradaron; por eso aquí­ estoy yo, oh Dios, para hacer tu voluntad.” (Hebr. 10. 9)

Además la figura del Cordero es metáfora que se presenta como resonancia del “cordero pascual”, el cual sacramentalizaba en el pueblo de Israel el recuerdo de la liberación de Egipto y la celebración de la “Pascua” o paso del Señor. (Jn. 19. 36). Su resonancia profética, sobre todo referente a Is. 57.3, en el contexto del “Libro del Siervo de Yaweh”, hacen a la comparación prioritaria entre las metáforas cristológicas de la Biblia.

Es interesante, e importante, formar la mente del catequizando para que maneje e interprete los signos y los sí­mbolos. Pero es preciso hacerle caer en la cuenta de que algunos, como el del “Cordero de Dios”, son prioritarios en la expresión de la fe.

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa

DJN
 
Tras el Prólogo que lo encabeza solemnemente en 1,1-18, el Cuarto Evangelio desarrolla uno de los motivos introducidos ya en el citado Prólogo: el testimonio del Bautista (1,6-8.15). En un primer momento dicho testimonio es respuesta a los enviados desde Jerusalén: El no es el Cristo, ni Elí­as, ni el profeta; es sólo la voz del que clama en el desierto invitando a conversión y anunciando al que vení­a después de él aunque era mayor que él (cf. Jn 1,19-28). La voz del Precursor se vuelve a oí­r al dí­a siguiente y precisará los términos del testimonio ofrecido el dí­a anterior sobre Jesús, a quien ve caminando hacia él; su testimonio inicia de forma sorprendente: “He ahí­ el Cordero de Dios” (1,29); a esta afirmación inicial sigue otra serie que describe el ser más profundo de Jesús: existí­a antes que Juan, que ha visto descender el Espí­ritu sobre él como signo del futuro bautismo en el Espí­ritu que administrará aquel a quien se presenta finalmente como “Elegido (Hijo) de Dios” (1,30-34). La presentación de Jesús como “Cordero de Dios” se repite un dí­a después, cuando el Bautista se hallaba con dos de sus discí­pulos (1,35s). Pese a lo sorprendente de esta identificación de Jesús, única en el conjunto de los Evangelios, su ubicación precisamente en medio de la afirmación sobre su condición mesiánica y de Hijo de Dios preexistente se convierte en un signo más de que la llamada “cristologí­a alta” representada por el Cuarto Evangelio; no abandona el terreno sobre el que se fundaba toda la primera predicación cristiana, sino que constituye en realidad un esfuerzo acabado por traducirla en nuevas formas de expresión. La que nos ocupa es de hecho un modo indirecto de referirse a la Pascua de Jesús; situada al principio del Evangelio, inmediatamente después del Prólogo y de las primeras afirmaciones del Bautista, orienta claramente al lector hacia el lugar del “Calvario, que en hebreo se dice Gólgota” (19,17), es decir, al lugar de la crucifixión y muerte de Jesús. En efecto, el sustantivo griego aµvoS, que el Cuarto Evangelista escoge entre los varios sinónimos con que se puede denominar a un “cordero”, se refiere en concreto al que tiene un año; por esta razón, es uno de los términos usados en la traducción griega de la Biblia (los LXX) cuando se refiere a estos animales hablando de los sacrificios del templo (cf. p. ej., Ex 29,38; Lev 9,3). Junto con esto, a.tvoS se utiliza en la famosa descripción del Siervo sufriente en Is 53,7s, un texto que el NT ve realizado en Cristo, a quien se lo aplican expresamente, como hace Felipe en su encuentro con el eunuco (cf. Hech 8,26-35). Sobre esta base, no es difí­cil imaginar que al presentar a Jesús como Cordero de Dios al principio de su obra, Juan está pensando en su condición de Siervo de Dios que cargará en su muerte los pecados del pueblo (cf. Is 53,10ss). Que Juan, y Lucas en el texto citado de Hechos, estén pensando en la muerte de Cristo al presentarlo como Cordero lo muestra con claridad otro de los pocos textos del NT que, como se ha indicado más arriba, recurren a tal designación: 1 Ped 1,9; en su condición de sin-pecado, Cristo es el cordero sin mancha con cuya sangre hemos sido redimidos.

Ahora bien, el Cántico del Siervo sufriente constituye el punto de partida para descubrir que, junto a tal referencia el “Cordero de Dios” con que el Bautista señala a Jesús en los preludios de la revelación del Padre en la persona y en la obra de su Hijo (cf. Jn 1,18) incluye también el simbolismo del cordero de la Pascua. Contra esta posibilidad de evocación suele invocarse el hecho de que, cuando los LXX hablan del cordero pascual no utilizan nunca el término aµvoS sino su sinónimo. Pues bien, el texto de Is 53,7s, evocado expresamente por Lucas en Hech 8,28 para hablar de Jesús, muestra que se trata de términos sinónimos: de hecho, las dos afirmaciones iniciales se construyen en claro paralelismo: “Fue llevado como oveja (npo(3atov) al matadero; y como cordero (aµvog) mudo delante del que lo trasquila”. De acuerdo con esto, mediante la designación de Jesús como “Cordero de Dios”, el Cuarto Evangelista quiere presentarlo como quien cumplirá con su muerte el destino del Siervo de Dios y, al propio tiempo, como el Cordero de la nueva Pascua. En lí­nea con esta consideración, sólo en este Evangelio se dará cuenta de que, tras la crucifixión, al ver que Jesús habí­a muerto, los soldados “no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza…”; para el Evangelista, el sentido de este hecho es evidente, y lo transmite expresamente: “Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: “No se le quebrará hueso alguno” (Jn 33-37); la cita une en una sola frase Sal 34,21, donde se describe la protección divina sobre el justo perseguido, cuyo tipo es el Siervo sufriente de Isaí­as, y una norma ritual sobre el cordero de la Pascua recogida en Ex 12,46. > sacrificio.

. M. Dí­az Rodelas

FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jesús de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001

Fuente: Diccionario de Jesús de Nazaret

En diversos libros del NT (Jn, Act, lPe y, sobre todo, Ap) se identifica a Cristo con un cordero; este tema proviene del AT según dos perspectivas distintas.

1. El siervo de Yahveh. El profeta Jeremí­as, perseguido por sus enemigos, se comparaba con un “cordero, al que se lleva al matadero” (Jer 11,19). Esta imagen se aplicó luego al siervo de Yahveh, que muriendo para expiar los pecados de su pueblo, aparece “como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante los trasquiladores” (Is 53,7). Este texto, que subraya la humildad y la resignación del siervo, anunciaba de la mejor manera el destino de Cristo, como lo explica Felipe al eunuco de la reina de Etiopí­a (Act 8,31.35). Al mismo texto se refieren los evangelistas cuando recalcan que Cristo “se callaba” delante del sanedrí­n (Mt 26,63) y no respondí­a a Pilato (Jn 19,9). Es posible que también Juan Bautista se refiera a él cuando, según el cuarto evangelio, designa a Jesús como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29; cf. Is 53,7.12; Heb 9,28). La Vulgata, cuyo texto ha pasado al ecce agnus Dei de la misa, acentúa la afinidad con Isaí­as sustituyendo el singular por el plural: “…los pecados del mundo”.

2. El cordero pascual. Cuando decidió Dios libertar a su pueblo *cautivo de los egipcios, ordenó a los hebreos inmolar por familia un cordero “sin mancha, macho, de un año” ($x 12,5), comerlo al anochecer y marcar con su sangre el dintel de su puerta. Gracias a este “signo”; el ángel exterminador los perdona-rí­a cuando viniera a herir de muerte a los primogénitos de los egipcios. En lo sucesivo la tradición judí­a, enriqueciendo el tema primitivo dio un valor *redentor a la sangre del cordero : “A causa de la sangre de la alianza, y a causa de la sangre de la pascua, yo os he libertado de Egipto” (Pirque R. Eliezer, 29; cf. Mekhilta sobre Ex 12). Gracias a la *sangre del cordero *pascual fue-ron los hebreos rescatados de la *esclavitud de Egipto y pudieron en consecuencia venir a ser una “nación consagrada”, “reino de sacerdotes” (Ex 19,6), ligados con Dios por una *alianza y regidos por la ley de Moisés.

La tradición cristiana ha visto en Cristo “al verdadero cordero” pascual (prefacio de la misa de pascua), y su misión redentora se describe ampliamente en ‘la catequesis bautismal que está ‘implí­cita en la l.a ‘epí­stola ‘de Pedro, a la que hacen eco :os escritos joánnicos y la ep. a los Hebreos. Jesús es el cordero (IPe 1,19; Jn 1,29; Ap 5,6) sin tacha (Ex 12,5), es decir, sin pecado (lPe 1,19; Jn 8,46; Un 3,5; Heb 9,14), que rescata a los hombres al precio de su sangre (lPe 1,18s; Ap 5,9s; Heb 9,12-15). Así­ los ha liberado de la “tierra” (Ap 14,3), del *mundo malvado entregado a la per-versión moral que proviene del culto de los í­dolos (lPe 1,14.18; 4,2s), de manera que en adelante puedan ya evitar el pecado (IPe 1,15s; Jn 1,29; lJn 3,5-9) y formar el nuevo “reino de sacerdotes”, la verdadera “nación consagrada” (lPe 2,9; Ap 5,9s; cf. Ex 19,6), ofreciendo a Dios el *culto espiritual de una vida irreprochable (lPe 2,5; Heb 9,14). Han abandonado las tinieblas del paganismo pasando a la luz del *reino de Dios (IPe 2,9): ése es su *éxodo’ espiritual. Habiendo, gracias a la sangre del cordero (Ap 12,11), vencido a Satán, cuyo tipo era el faraón, pueden entonar “el cántico de Moisés y del cordero” (Ap 15,3: 7,9s.14-17; cf. Ex 15), que exalta su liberación.

Esta tradición, que ve en Cristo al verdadero cordero pascual, se remonta a los orí­genes mismos del cristianismo. Pablo exhorta a los fieles de Corinto a vivir como ázimos, “en la pureza y la verdad”, puesto que “nuestra *pascua, Cristo, se ha inmolado” (1Cor 5,7). Aquí­ no propone una enseñanza nueva sobre Cristo cordero, sino que se refiere a las tradiciones litúrgicas de la pascua cristiana, muy anteriores, por tanto, a 55-57, fecha en que escribí­a el Apóstol su carta. Si prestamos fe a la cronologí­a joánnica, el acontecimiento mismo ‘de la muerte de Cristo habrí­a suministrado el fundamento de esta tradición. Jesús fue entrega-do a muerte la ví­spera de la fiesta de los ázimos (Jn 18,28; 19,14.31), por tanto, el dí­a de pascua por la tarde (19,14), a la hora misma en que, según las prescripciones de la ley, se inmolaban en el templo los corderos. Después de su muerte no le rompieron las piernas como a los otros ajusticiados (19,33), y en este hecho ve el evangelista la realización de una prescripción ritual concerniente al cordero pascual (19,36; cf. Ex 12,46).

3. El cordero celestial. El Apocalipsis, aun conservando fundamentalmente el tema de Cristo cordero pascual (Ap 5,9s), establece un impresionante contraste entre la debilidad del cordero iñmolado y el *poder que le confiere su exaltación en el cielo. Cordero en su muerte redentora, Cristo es al mismo tiempo un león, cuya *victoria libertó al pueblo de Dios, cautivo de los poderes del mal (5,5s; 12,11). Compartiendo ahora el trono de Dios (22,1.3), recibiendo con él la adoración de los seres celestiales (5,8.13; 7,10), aparece investido de poder di-vino. El es quien ejecuta los decretos de Dios contra los impí­os (6,1…), y su *ira los estremece (6,16); él es quien emprende la *guerra escatológica contra los poderes del mal coligados, y su victoria, le ha de consagrar “rey de los reyes y señor de los señores” (17,14; 19,16…). Sólo volverá a recobrar su primera mansedumbre cuando se celebren sus nupcias con la Jerusalén celestial, que simboliza a la Iglesia (19,7.9; 21,9). El cordero se hará entonces *pastor para conducir a los fieles hacia las fuentes de *agua viva de ‘la bienaventuranza celeste (7,17; cf. 14,4).

–> Exodo – Expiación – Pascua – Pastor – Sacrificio – Servidor de Dios.

LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teologí­a Bí­blica, Herder, Barcelona, 2001

Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas

Esta expresión aparece sólo dos veces en el NT (Jn. 1.29, 36). También se encuentra la voz amnos en Hch. 8.32 y 1 P. 1.19; amnos aparece en Lc. 10.3, y arnion una vez en Jn. 21.15, además de 28 veces en el libro de Apocalipsis. La expresión “he aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1.29) se atribuye a Juan el Bautista cuando aclama a Jesús. Se han propuesto muchas interpretaciones del término “cordero”.

Algunos sugieren que se refiere al cordero de la ofrenda por el pecado, y la frase “que quita el pecado del mundo” tiende a apoyar esta tesis. El hecho de que aparentemente no hay ideas de propiciación en otras partes del cuarto evangelio no es razón suficiente para rechazar esta posibilidad.

Otros creen que hay una referencia al cordero pascual. Las fiestas judías tienen gran significación en Juan, y Jn. 19.36 bien puede ser una alusión al cordero de la pascua. Pero esto no explicaría toda la frase, ya que el cordero pascual no quitaba los pecados. Algunos sostienen que aquí tenemos una referencia al siervo sufriente de Is. 53. La palabra amnos aparece en Is. 53.7 en la LXX. El Bautista citó de Is. 40 el día anterior, y bien puede haber estado meditando sobre estos capítulos. La función de llevar los pecados está clara en Is. 53. La sugerencia de que amnos es una mala trad. del arm. ṭalyā’, con el significado “sirviente”, “siervo” es ingeniosa, pero no ha podido ser demostrada.

Otra posible referencia es al macho cabrío con cuernos que iba a la cabeza del rebano. “Cordero de Dios” podría así significar lo mismo que “rey de Israel”. Este parecer sólo puede aceptarse si se supone que ho airōn tēn hamartian no tiene signficado propiciatorio.

Parece probable que, cualquiera sea el significado que quiso darle el Bautista, el propósito del evangelista fue que sus lectores pensaran en el cordero que se ofrecía en el templo, el cordero pascual, y el siervo sufriente. El “Cordero de Dios” también nos recuerda la provisión por Dios de un cordero para el sacrificio de Abraham (Gn. 22.8, 13–14).

Bibliografía. °C. H. Dodd, Interpretación del cuarto evangelio, 1978; J. Gess, R. Tuente, “Oveja”, °DTNT, t(t). III, pp. 230–234; O. Cullmann, Cristología del Nuevo Testamento, 1965; R. Schnackenburg, El evangelio según Juan, 1980, t(t). I; R. E. Brown, El evangelio según Juan, 1979, t(t). I; J. Mateos, J. Barreto, Vocabulario teológico del evangelio de Juan, 1980.

Arndt; J, Jeremias, TDNT 1, pp. 338–340; R. Tuente, NIDNTT 2, pp. 410–414; comentarios corrientes sobre el Evangelio de Juan; C. H. Dodd, The Interpretation of the Fourth Gospel, 1953, pp. 230–238; L. Morris, The Apostolic Preaching of the Cross³, 1965, pp. 129ss.

R.E.N.

Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico

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