Biblia

H2450

H2450

Diccionario Strong

חָכָם

kjácám

de H2449; sabio, (i.e. inteligente, diestro o ingenioso): astuto, avisado, excelente, experto, hábil, maestro, perito, prudente, saber, sabio.

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Diccionario Chávez

חָכָם

1) Experto o experimentado en alguna actividad (Isa 40:20).

2) Sabio, persona capacitada y acreditada para dar un consejo atinado (Gén 41:8).

3) Sabio, persona que procede de acuerdo con la ley de Dios (Sal 107:43). — Const. חֲכַם; Fem. חֲכָמָח; Const. חַכְמַת; Pl. חֲכָמִים; Const. חַכְמֵי; Suf. חֲכָמָיו; Fem. חֲכָמוֹת; Const. חַכְמוֹת.

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Diccionario Vine AT

jakam (חָכָם, H2450), «sabio; hábil; práctico». Esta palabra más el nombre jakemah y el verbo «ser sabio» (jakam) indica un elemento importante desde el punto de vista religioso del Antiguo Testamento. La experiencia religiosa no era rutinaria, ni ritualística ni siquiera de fe. Se percibía como el dominio del arte de vivir en conformidad con las expectativas divinas. En esta definición, los términos «dominio» y «arte» significan que la sabiduría es un proceso de satisfacción y no un logro en sí. La experiencia secular comprueba la importancia de estas observaciones.

Jakam se encuentra 132 veces en el Antiguo Testamento hebreo. Aparece con mayor frecuencia en Job , Proverbios y Eclesiastés, de ahí que a estos libros se les conozcan como «literatura sapiencial». El primer caso de jakam está en Gén 41:8 (RVA): «Sucedió que por la mañana su espíritu estaba perturbado, por lo que mandó llamar a todos los magos de Egipto y a todos sus sabios. El faraón les contó sus sueños, pero no había quien se los interpretase al faraón».

En su uso secular, un jakam era un artífice «hábil». Los que manfacturaron los objetos pertenecientes al tabernáculo se conocían como sabios, o sea, experimentados en su arte (Éxo 36:4). Aun el hombre «hábil» en fabricar ídolos se le reconocía como artífice (Isa 40:20 RVA; cf. Jer 10:9) por su destreza y habilidad, independientemente del tipo de objetos fabriados. A los experimentados en la vida se les conocía como «sabios», si bien esta sabiduría no se debe confundir con el uso religioso. Las características de esta sabiduría eran inteligencia y sagacidad.

Amnón consultó a Jonadab, conocido como un hombre «astuto» (2Sa 13:3), y siguió su plan de seducir a su hermana Tamar. Joab contrató a una mujer «astuta» para que David cambiara de parecer en cuanto a Absalón (2Sa 14:2).

Dentro de la perspectiva de sabiduría como habilidad fue surgiendo una casta de consejeros conocidos como hombres «sabios». Los encontramos en Egipto (Gén 41:8), Babilonia (Jer 50:35), Tiro (Eze 27:9), Edom (Abdías 8) y en Israel. En las culturas paganas los «sabios» practicaban hechicería y adivinación: «Entonces llamó también Faraón sabios y hechiceros, e hicieron también lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos» (Éxo 7:11); «que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su sabiduría» (Isa 44:25).

El sentido religioso de jakam excluye ilusionismo, artimañas, astucia, y magia. Dios es la fuente de sabiduría, porque él es «sabio»: «Pero él también es sabio y traerá el mal, y no se retractará de sus palabras; sino que se levantará contra la casa de los malhechores y contra la ayuda de los que obran iniquidad» (Isa 31:2 LBA). Los que, temiendo a Dios, viven de acuerdo a lo que él espera de ellos y según lo que una sociedad temerosa de Dios espera, se ven como personas íntegras.

Son «sabios» porque su estilo de vida proyecta el temor de Dios y la bendición de él reposa sobre ellos. De la misma manera que se considera «hábil» a un artesano en su oficio, los jakam en el Antiguo Testamento aprendían y aplicaban la sabiduría en cada situación de la vida y el nivel de su exito servía de barómetro para marcar el avance en el camino de la sabiduría.

Lo contrario de jakam es el «necio» o malo que se obstina en rechazar consejos y depende de su propio entendimiento: «¡Su descarrío e inexperiencia los destruirán, su complacencia y necedad los aniquilarán!» (Pro 1:32 NVI; cf. Deu 32:5-6; Pro 3:35).

Fuente: Varios Autores