INTENTIO FACIENDI QUOD FACIT ECCLESIA

DicEc
 
Es una fórmula clásica elaborada a partir del siglo XIII por Prepositino de Cremona (1217), sistematizada por santo Tomás como cuestión general referida a todos los sacramentos (así­ en ST III, q.64, a.8, ad 1), que puede ser útil también para una eclesiologí­a enraizada en la sacramentalidad. Tal fórmula se encuentra presente en el Decreto para los armenios y es recogida por el concilio de Trento cuando, al tratar de los sacramentos, afirma que “se requiere intención por lo menos (saltem) de hacer lo que hace la Iglesia”. El Vaticano II la ha sustituido por la que exige administrar debidamente el sacramento según la institución del Señor.

Posteriormente, la declaración Inter insigniores de 1976 la ha usado como equivalente a la fórmula medieval in persona Ecclesiae, así­: “El sacerdote, sobre todo cuando preside las funciones litúrgicas y sacramentales, representa a la Iglesia, obra en nombre de ella, “con intención de hacer lo que ella hace”. En este sentido, los teólogos de la Edad media decí­an que el ministro obra también in persona Ecclesiae, es decir, en nombre de toda la Iglesia y para representarla” (n 5) (>Nomine Ecclesiae).

La reflexión reciente ve muy ligada esta fórmula a la cuestión de la “validez” de la ordenación a partir de la “intención” en las ordenaciones anglicanas (>Ordenes anglicanas). Igualmente se ha replanteado, con motivo de las ordenaciones celebradas por Mons. M. >Lefebvre, su no “licitud” y, para algunos, también su no “validez”. Sobre las ordenaciones en 1975 en el Palmar de Troya (Sevilla) por parte de un antiguo arzobispo de Vietnam, fueron declaradas ilegí­timas por la Congregación para la doctrina de la fe (CDF) en 1976 así­: “sea lo que fuera de la validez de las órdenes, quienes ya recibieron de esta forma ilegí­tima la ordenación deben saber que la Iglesia ni reconoce ni reconocerá su ordenación”.

La discusión histórica sobre la fórmula intentio faciendi quod facit Ecclesia se debate entre dos posturas: la “interiorista” y la “exteriorista”. La primera postura ve en el ministro el eje del sacramento que, gracias a su intención subjetiva, penetra el signo objetivo, determinándolo y orientándolo. La segunda postura subraya que el rito tiene su propia significación objetiva e intrí­nseca, portadora de una voluntad finalizada que es la voluntad de Cristo y de la Iglesia. A partir de esta segunda postura, pero en una clave más teológico-sacramental que quiere superar una visión puramente “extrinsecista” ya que articula el signo externo (sacramentum: exterior) y su significado (res: interior), la teologí­a actual tiende a recuperar “la dimensión eclesial del ministerio sacramental (con) toda su importancia. Si (la fórmula) se entiende bien, muestra que es la Iglesia, tal y como se realiza en la asamblea local jerárquicamente estructurada, reunida para el sacramento, la que hace efectivo el gesto que la lleva hasta su Señor y la que actualiza su intención por medio del ministro que el Espí­ritu le da. El ministro lo es dentro de la Iglesia y para la Iglesia”.

Además, la fórmula intentio faciendi quod facit Ecclesia, inicialmente forjada para la teologí­a sacramentaria, si se aplica a la eclesiologí­a, manifiesta una dimensión eclesial decisiva, ya que expresa que existen huellas de la Iglesia sacramental más allá del radio de la acción del ordenamiento eclesiástico. Así­, alguien puede tener laintención de hacer lo que hace la Iglesia (por ejemplo, bautizar una persona) a pesar de que al hacerlo no observe de hecho la forma prescrita (>Supplet Ecclesia). En esta comprensión podrí­an también verse quizá algunas experiencias eclesiales de “frontera” (ciertas suplencias “ministeriales” de laicos, algunos testimonios y compromisos, etc.), realizadas, a pesar de todo, pero con firme voluntad y decidida “intención de hacer lo que hace la Iglesia”.

Christopher O´Donell – Salvador Pié-Ninot, Diccionario de Eclesiologí­a, San Pablo, Madrid 1987

Fuente: Diccionario de Eclesiología